De rabietas y antídotos

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Una vez más la crianza nos conecta con nuestra propia sombra. Una vez más debemos llamar a nuestra consciencia para atravesar este nuevo camino con seguridad, paciencia y paladeándolo a cada paso. Si. Saboreándolo. Si algo estoy aprendiendo con la maternidad es que ningún momento o etapa es un trámite que debamos atravesar de puntillas, sin que nos vean y sin ver. Tapándonos los oídos, contando hasta diez y esperando que haya pasado al abrir los ojos, como una mala pesadilla. Es un patrón que se repite, esperamos que el parto “sea una horita corta”, que el bebé se mantenga sentado y nos sonría cuanto antes mejor y que “los terribles dos” pasen raudos, como un ciclón que olvidaremos cuando nos embarquemos en otra “fase”.

Por aquí ya han aterrizado las subidas de carácter. Comprobé con horror que Marco solo tiene 19 meses ¿acaso me han robado la tranquilidad? Una vez más con información y compartiendo experiencias el sosiego me acompaña. Cuántos mitos se nos arraigan y qué necesidad tan grande de culpabilizar al niño por el solo hecho de comportarse como lo que es, un niño pequeño, muy pequeño, que tan solo unos meses atrás era un bebé.

De este modo, acabo de terminar con la lectura de Ni rabietas ni conflictos de Rosa Jové (aquí tenéis el enlace a la estupenda reseña de @Alexia_Stark  para @MundoTueris), libro altamente recomendable, de lectura sencilla y muy clarificador. Paso a comentar algunas ideas que me ha ayudado a desmadejar:

La idea de que esta etapa de auto-afirmación es un proceso deseable y natural para el desarrollo de la autonomía del niño, es tranquilizador. Todos sabemos que los bebés se vinculan con su cuidador principal de tal manera que comprenden el mundo a través de él, no son capaces de contemplarse como un ser independiente, al igual que no se reconocen en un espejo. Es por ello que cuando su capacidad de razonamiento es mayor, para comprobarse y asegurarse como seres libres, necesitan experimentar la idea contraria a la que se les propone. Está de mas, por tanto, asociar con este comportamiento etiquetas de rebeldía que encierran molestar al adulto o a otros niños, como si este fuera el objetivo en sí, molestar, demonizando a los niños y adjudicándoles adjetivos peyorativos como terribles, insoportables, molestos, pesados, malos, bichos… La maldad es una actitud bastante más elaborada y no encontramos esta premeditación hasta pasados los tres años.

Hemos de empatizar con nuestros hijos, comprender por qué se sienten tan frustrados como para patalear, gritar, llorar, morder o pegar. En el libro de Rosa Jové encontramos pautas de actuación para todas las edades, pero en este caso, hablamos de un niño que no domina el lenguaje, apenas utiliza tres palabras, aunque el abanico de gorjeos en lenguaje “marquiano” es muy amplio. Con los niños que aún no comprenden los códigos de comunicación como para hacerles razonar, con los que no podemos mantener un diálogo y ofrecerles alternativas a sus deseos, solo podemos abrazarles y si es preciso, esperar a que termine el pataleo para hacerlo, ofrecerles nuestra presencia, con cariño, con paciencia y explicarles que no podemos entendernos mutuamente, nos faltan las palabras, pero que siempre estaremos ahí, intentando encontrar una solución satisfactoria para todos.

Un carácter apasionado, tenaz, decidido, con capacidad de elección y que no calla cuando siente la injusticia es muy deseable en un adulto, sin embargo estos valores se gestan en algún momento y acallarlos para esculpir lo que pensamos que es un niño deseable, es quebrantar su libertad y su esencia si lo hacemos mediante el chantaje o la autoridad. Por supuesto no hablo de evitar la educación, debemos propiciar una buena actitud e insuflar nobles valores y normas de convivencia.

Otro factor importante para conectar con nuestros niños es conocer su nivel de desarrollo, en demasiadas ocasiones les exigimos objetivos que son incapaces de comprender, por lo que saber que podemos esperar en cada edad nos ahorraría bastantes enfados, cuando entiendan las cosas, las harán. Al igual que entender las características propias de los niños, impaciencia, volumen de voz, movimiento continúo y el juego como prioridad, tener esto en cuenta nos ayudará a tener mas paciencia. Saber lo que esperar, comprenderlo y aceptarlo.

Cuando un niño está frustrado, sus herramientas para gestionarlo son limitadas, solo cuenta con nosotros, si es un recién nacido llora desconsolado, si tiene dos años grita y patalea, ¿y si tiene treinta y un años? ¿qué hace en ese caso “un niño”? A esta edad ya somos responsables de gestionar nuestro propio estrés y frustración. Y en no pocas ocasiones la alteración de ánimo de nuestros hijos resuena con nuestra propia alteración, dejamos de tener paciencia y de ser resolutivos, aparece la culpa, la propia y la que vertemos en los niños. De nosotros depende gestionar el malestar y el abatimiento. Nosotros deberíamos ser capaces de aceptar la situación que nos encontramos, vivir su cara positiva, aprender también de nosotros mismos y no caer en nuestra propia “pataleta” y ansiar algo que no podemos tener en ese momento. Un niño tiene dificultades para aceptar que la tarde de juego en el parque se ha terminado, pero un adulto debería aceptar mejor un café interrumpido o no tan apacible como esperaba.

Con esto no niego que como padres no nos merezcamos un margen, la oportunidad de errar, perdonar y modificar. Pero también los niños merecen esa manga ancha, no son ciudadanos de segunda y no deberían pagar nuestros platos rotos. Aprovechemos la oportunidad para mejorar como personas y no pasemos de puntillas por ningún lugar que habiten nuestros niños.

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  1. Lo difícil a veces cuando nuestro hijo tiene una rabieta es no entrar al trapo y tener nosotros otra. Si a veces nos cuesta a nosotros, imaginemos lo que les cuesta a ellos que todavía no saben gestionar sus emociones.
    Me leí el libro hace tiempo, hable de él también en el blog, muy recomendable. Este sábado asistiré a una conferencia de Rosa Jové sobre ese tema, me vendrá muy bien recordar algunas cosillas.
    Un abrazo

    • Desde luego, no hay nada como reconocer los mecanismos de la frustración en nosotros mismos para poder hacer uso de la paciencia con ellos.
      Qué bien que la puedas ver en persona. Siempre es bueno reciclarse. Es el tercer libro que leo de ella y aún así, refrescar conceptos y encontrar otros nuevos viene muy bien.
      Un abrazo guapa!

  2. Este sí que es un tema peliagudo. Yo, de verdad, no sé como actuar. El padre, sin embardo, siempre, siempre acaba claudicando. Cosa que yo veo totalmente desafortunada.

    • Si, es un tema delicado, pero romperé una lanza por el padre, yo pienso que claudicar, siempre que no ponga en peligro al niño, es deseable. La falsa creencia de que no aprenderán normas y de “que se salen con la suya”, nos enfrenta a los niños y nos les da herramientas para gestionar mejor su frustración. Es una batalla sin sentido, todos sufrimos, además jugar con objetos cotidianos desarrolla muchísimo la imaginación de los niños. El mundo y sus normas ya nos pone demasiados límites a todos, no hay que inventar otros nuevos.
      Desde luego, esa es solo mi opinión. Esta es una difícil etapa y a mi me funcionan libros como el de Rosa Jové, pero cada “maestrillo tiene su librillo”.
      Un abrazo primor!

  3. Vaya etapa esta de las rabietas…mi último post trata justo de eso pq estoy igual q tú.. Al final lo único q saco en claro es paciencia y acompañar que poco a poco irá a mejor :)

  4. Excelentes reflexiones, este libro tiene muy buenas recomendaciones, aunque he de confesar que no lo he leído. suscribo al 100% todo lo que expones.
    En mi experiencia, tengo que decir que lo mejor es anticiparse a las rabietas, pues normalmente antes de producirse ya hay señales, que debemos interpretar y evitar llegar a lo peor, que no siempre es posible, por supuesto. Muchas rabietas se producen por puro cansancio, hemos de estar atentos.

    Me ha encantado lo que dices de pasar de puntillas, es que solo queremos lo agradable! pero la realidad es así, con sus momentos apurados también, hemos de saber gestionar todo tipo de situaciones y si no sabemos, aprenderemos, con derecho al error, por supuesto.
    Un abrazo!

    • Cierto! Se me pasó comentar ese punto. Cuando voy con prisas al centro, cojo un camino alternativo para no pasar por el parque, por ejemplo, y frustrarlo si no voy a parar.
      Me pasa esto, si, que sigue siendo un bebé, pero como es alto y corre y corre, parece mayor, pero sin lugar a dudas el modo en que repite las acciones dan buena cuenta de la edad que tiene.
      Muchas gracias por tus aportaciones María. Un beso!

  5. Muy interesante. Aún me quedan unos meses para llegar a la fase de rabietas, pero tomo nota. Yo leí hace poco el libro de Rosa Jové sobre sueño infantil y me gustó mucho. Supongo que pasa como con las rabietas; entender que son fases normales, que forman parte del proceso madurativo del niño (sea sobre “sueño” o “manejo de la frustración”), y que además se pasan solas, ayuda bastante.

    • Desde luego, comprender los mecanismos es muy importante para vivir las situaciones con calma. También leí el libro sobre el sueño, a raíz de unos despertares terribles, terrores nocturnos y tuvo el mismo efecto sobre mi, tranquilidad y normalización.
      Un beso muy grande!

  6. Qué maravilla leerte, muchas gracias. Últimamente este libro me ronda por varios lados, será una señal… Sí había escuchado hablar de la negación como medida de identidad y me pareció de una lógica aplastante, como tantas otras cosas relacionadas con la crianza. Por supuesto es sólo una apreciación personal que puede o no compartirse, no son dogmas como algunas personas apuntan, para algo hay mentes de todo tipo y teorías para sustentar casi cualquier práctica, para bien o para mal.
    Un gran abrazo, bonita!

    • Hay muchos caminos, en realidad tantos como personas. Pero a mi me gusta sustentarme en este tipo de textos que ante todo velan por el respeto del niño, aceptándolo como un ciudadano de primera. Demasiado tiempo llevamos limitando sus necesidades tanto básicas como de expresión mediante un autoritarismo totalmente fuera de lugar.
      Me gusta tanto coincidir contigo!
      Un abrazo amiga!

  7. Hola guapa. La verdad es que el tema rabietas es complejo, en su mayor parte nace de la lógica frustración de ellos ante cosas que desean y no pueden conseguir o fruto del cansancio, el temor… y nosotros también nos frustramos porque es difícil darles respuesta y porque tenemos muchos prejuicios heredados y miedo a ser juzgados. Yo me estoy leyendo La crianza feliz, también de la Jové y me está gustando y ayudando. Prometo también resumen. Un abrazo

    • El omnipresente miedo a ser juzgados, bien apuntado, con la prensa que tienen los límites, si permites de buen grado, hacer algo “poco usual” a tus hijos, raudas vienen las miradas y comentarios, a veces, por miedo a eso evitamos seguir nuestros instintos. Quizás ese miedo viene de tantas veces que fuimos juzgados cuando ocupábamos el otro lado, el de la infancia, y no toleramos bien la crítica, la eludimos.
      También he leído La crianza feliz, que buena es la Jové, cómo aclara y tranquiliza. Pero no está demás releer, espero tu resumen.
      Un beso muy grande Mousikh

  8. ufff! gracias, hoy justo necesitaba leer esto!!!
    El libro me lo leí hace tiempo, cuando las rabietas era algo que ni imaginaba, y ahora, sumergida de lleno en esta etapa, todo recordatorio de empatía y comprensión es bienvenido.
    Abrazos paz-ciencia!

    • Si, a mi me pasa igual, me gusta recordar y releer. Refrescar en suma para no caer en modelos antiguos o sufrir más de lo necesario. Una buena inyección de empatía es crucial.
      Bienvenida! Gracias por comentar! Un gran abrazo!

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