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Vuela el tiempo

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Esta imagen es de la semana pasada, Maia tomando biberón ¡y en mi presencia!

Estuvo malita y tenía muchas aftas en la boca, perdió el apetito, le dolía al mamar y esto desencadenó una huelga de lactancia. Para los que no sepáis qué implicaciones puede tener en la madre, las huelgas de lactancia suponen la no ingesta de la leche que se produce y provocan hinchazón y dolor en el pecho por la sobreabundancia. Esta situación puede provocar mastitis y otras molestias y la mejor manera de evitarlas es utilizar el sacaleches para vaciar el pecho.

Por un lado contaba con el mejor sacaleches del mundo, mi niño mayor, pero como os contaba en el Post anterior, nos encontramos en pleno destete y no me parecía ético ofrecerle el pecho cuando casi ni se acuerda de él, porque a mi me viniera bien.

Y por otro lado, la niña llevaba muchas horas sin comer apenas, así que su padre le ofreció un biberón con cereales. Ella se lo acopló en una esquinita de la boca y se lo tomó enterito probando dos cosas: que la succión del biberón es mucho más sencilla, (de ahí el peligro de ofrecer tetinas a recién nacidos ya que se pueden confundir y perder el interés por la teta) y que dar el biberón es placentero, o eso cuenta su padre.

Mi pareja me narró con entusiasmo cómo se había sentido, “Silvia ha sido tan bonito… me acariciaba el pelo, me miraba con ternura a los ojos, notaba como se iba relajando…” De nuevo comprobé dos cosas: estaba celosa, eso era justo lo que yo sentía dando el pecho, ésa era mi parcela, mi lugar, mis sensaciones, mi oasis,  mi divina conexión, ¿se habría acabado? ¿implicaría algo importante ese biberón? Neurosis total. Y no estaba aprovechando mi tiempo.

Desde entonces trato de estar más presente en cada tetada. Era y es algo tan cotidiano que lo hago andando por la calle, cocinando, haciendo puzzles con Marco, tuiteando… hay días que casi a cada hora doy el pecho. De tan orgánico, familiar y frecuente estaba perdiendo su magia. De nuevo me detengo y me conecto en ése, nuestro acto de intimidad y amor. Soy más consciente que nunca de lo fugaz del momento, pronto dejará de ser un bebé y comenzaremos otro tipo de lactancia, llena de conversaciones cómplices y sosiegos compartidos, y después… después habremos de descubrirnos y reencontrarnos en seno tibio sin leche que nos riegue.

Cada acto cotidiano merece nuestra atención y presencia, apuesto por ello y lo convierto en objetivo. Al menos la enfermedad de Maia ha servido para algo, traer conciencia y tiempo pausado.

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Destete

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la fotoÉste es uno de esos Post que cuesta, de los que escribes y re-escribes en tu cabeza sin valentía para publicarlo ni teclearlo. Este Post es sobre el destete. Experiencia tremenda que ha llegado a nuestras vidas.

La lactancia es una forma de vida, es un modo de criar que habla de disponibilidad, de amor, de comunicación, de entrega, de consuelo, que nutre, que nos nutre, que inmuniza y minimiza. Pero ¿y cuándo se acaba? ¿cómo se acaba?

En mis pronósticos cuando mis hijos quisieran, cuando estuvieran preparados, de forma progresiva, orgánica y pacífica. Abanderé y abandero la lactancia materna, no dejaré de escribir entradas que promuevan sus beneficios y denuncien los efectos de la desinformación, el rencor de los “no practicantes” y la desnaturalización del cuerpo femenino.

Por éstas y por otras muchas razones me resulta tan duro hablar de mis flirteos con el destete.

La alegría que supuso la llegada de Marco a nuestra vida, la plenitud que sentía, el modo en el que me descubría y reafirmaba como persona y mujer me alentaron a quedarme embarazada de nuevo y vivir una crianza doble. Una llama de confianza y deseo; quería construir una familia de cuatro, con tándem en todo, lactancia, colecho, porteo si era preciso, amor y caricias multiplicadas. Y así fue; pero lo que era confianza se tornó en duda y agotamiento. El famoso “puerperio de sombras” postulado por Laura Gutman me golpeaba en la cara con mi segundo hijo.

La Agitación del amamantamiento llegó para quedarse en el segundo trimestre de embarazo, cuando Marco contaba dos años. Por etapas, cada toma se hacía más dura que la anterior y nuestro camino ya no era más un sendero, subimos y bajamos montañas, escalamos escarpadas paredes y nos deslizamos también por hermosas laderas.  Noe del Barrio lo explica a piel descubierta en esta entrada, que siempre me emociona al verme entre sus líneas, qué es y qué se siente con la agitación del amamantamiento.

¿Cómo era posible? ¿Cómo podía ocurrirme algo así? Aún no he encontrado respuesta, solo he conseguido cierta aceptación de la circunstancia.

Un año después, este verano, inicié un destete progresivo. Había llegado el momento, Marco tenía casi tres años, pero  la tristeza inundaba el momento porque él no había tenido la iniciativa.

Mis razones: sin duda la principal era la intermitente y subterránea agitación,  hacer algo que no me apetecía estaba perdiendo su esencia, no quería hacerlo por obligación, pero hay algo que sí tenía muy claro debía ser de la manera más respetuosa posible. También quería ganar terreno en cuanto a su independencia, ya que habíamos decidido escolarizarlo este otoño. Otro tema era la angustia que me causaba que se despertasen los dos a la vez, ya que en la práctica, en la cama no podían lactar los dos simultáneamente sin acrobacias con cojines que terminaban de espabilar a uno o a los dos, cuando eres madre de dos, parece que siempre le fallas a alguien.

El procedimiento: la primera fase, sin duda, fue el destete nocturno, y fue relativamente fácil, cuando se despertaba le ofrecía agua y le explicaba que las “tetitas” tenían sueño, hubo algún llanto pero imperaba el cansancio. Para reducir las tomas diurnas recurrí al consabido “no ofrecer, no negar” y a la técnica del “chupito“, ésto no fue tan sencillo de comprender al principio, yo ponía el final a la toma y a los dos nos costó trabajo digerirlo, hubo llantos, enfados bilaterales y mucha negociación. Mantuvimos en el tiempo y en la duración la toma previa al sueño, siesta y noche, ésos seguían siendo nuestros momentos. Pero con el tiempo la ansiedad por que este momento no se acabara terminó tiñéndolo todo, cuando parecía dormido y sacaba el pezón de su boca, Marco se despertaba enajenado por la rabieta, las tomas podían durar más de 40 minutos en los que otra persona debía cuidar de Maia, fue un tiempo muy complicado, duro, difícil, no quiero engañar a nadie, escribo este Post por si alguna madre se ve reflejada, compartir este tipo de experiencias siempre ayuda entre comadres. Empecé a temer la hora del sueño, dormir sin peleas era una gran victoria porque nunca era suficiente. Esta situación duró unos tres complicados meses.

Sin embargo hubo un click en su cabeza y un buen día se olvidó de pedir “tetita” antes de dormir, aproveché la coyuntura  y cuando sí se acordaba le ofrecía un “chupito” que él aceptaba con deportividad.

En ese punto estamos, chupito a chupito cuando él los considera necesarios. Admitiré que las primeras  veces que no pedía me sentía terriblemente triste, entré en un estado de psicosis, cualquier cosa que sucediera, cualquier enfado, cualquier rabieta me la achacaba, “era fruto de la frustración y el enfado que yo le causaba con el destete”.

Me faltan las palabras para describiros cómo me he sentido. Admito haber estado en un limbo emocional, agridulce, dulce-salado, amargo.

La nebulosa se empieza a aclarar y ya puedo expresarme al respecto. Volveré sobre el tema con la venia de la audiencia.

Os recomiendo la lectura de Destetar sin lágrimas de Pilar Martínez, sabios consejos y normalización del tema.

Y ahora, ¡a comer!

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¿Qué es el Baby Led Weaning (BLW)? Muchos ya lo sabréis pero algunos no os prodigáis demasiado por las redes maternales, así que lo explico.

Baby Led Weaning es un término inglés que en esencia nos habla de la alimentación complementaria a demanda. Parece lógico que tras seis meses de lactancia a demanda, (materna o de fórmula eso no viene al caso, ya que en mi opinión la lactancia artificial también debería ser a demanda, y para muestra este fantástico artículo de Ibone Olza), prosigamos respetando los ritmos del bebé e introduzcamos los alimentos de manera respetuosa, ¿y eso cómo se hace? pues poniéndolos a su alcance para que ellos mismos se sirvan.

Os hablo como madre de un niño de 3 años con el que utilizamos el método, nos fue tan bien que estamos repitiendo con la pequeña que ahora tiene 8 meses.

Para mí lo más importante es que los bebés comparten mesa y tiempo durante la comida. O lo que es lo mismo, se sientan en una trona sin bandeja que los incluye en la mesa y no comen antes o después que los adultos.

La comida se ofrece en trozos convenientemente preparados para que ellos mismos los puedan manipular, para los más pequeñitos es conveniente que sea en tiras. Aquí tenéis algunos ejemplos.

La duda más frecuente es el miedo al ahogamiento, pero los niños que controlan lo que se llevan a la boca tienen menos probabilidad de atragantarse que cuando son alimentados con cuchara, la habilidad de masticar es simultánea a la capacidad de coger objetos, si están preparados para coger trozos grandes y llevárselos a la boca también podrán masticarlos y presionarlos con las encías. Para más información sobre el tema. Cómo es lógico no ofreceremos semillas o frutos secos a bebés, si no verduras hervidas o frutas maduras, en definitiva alimentos blanditos o que puedan ablandarse con la saliva, como el pan, o las galletas, biscotes, etc.

Otro inconveniente es la limpieza, pero seamos francos alimentando a un bebé ¿quién espera limpieza?

¿Y qué pasa con la cantidad? Hemos de ser realistas con el tamaño del estómago de un bebé, y también hemos de considerar que la base de su alimentación sigue siendo la leche, al menos hasta el año.

¿Qué ganamos a cambio? El respeto de sus ritmos, al fin y al cabo nosotros ofrecemos los alimentos y poco a poco el bebé va aumentando la cantidad de sólidos que ingiere, esto puedo atestiguarlo.

La hora de la comida no es tediosa, el bebé gana autonomía y refuerza con ello su autoestima. Comer es parte del camino del aprendizaje y de la experimentación, es divertido, aprende sobre las texturas, sobre los sabores, inicia la masticación, no deglute mezclados los alimentos, los diferencia, los elige. No vamos a ofrecerle chocolate, le vamos a dar aguacate, manzana, arroz chafado que podrá coger con las manos. El hecho es que la actitud de los niños ante la comida es positiva, tienen interés en probar cosas nuevas, jamás se les presiona con un alimento, pero sí damos buen ejemplo, “si yo como verdura, ellos comerán verdura”. Se ha de adaptar en la medida de lo posible el menú de todos para que sea muy similar y para que todos compartamos alimentos, tiempo y espacio.

Las personas no suelen desfallecer de hambre, cuando tienen hambre y hay alimentos, sencillamente se alimentan. Esto es así, por eso debemos relajarnos y no presionar, si un día comen menos, tendrán poco apetito y que ¡fluya la leche! que también es a demanda.

Reconozco que cuando la madre trabaja y la “fluidez” de leche baja, hemos de encontrar soluciones intermedias. Hasta los seis meses leche materna o maternizada. ¿Y después? Os cuento nuestra experiencia, preparamos un poco de mi leche con papilla de cereales, a cucharadas o si está muy líquida en un vasito de bebés. Podemos chafar arroz, patata, zanahoria… la verdad es que si no está mamá y el hambre aprieta el bebé lo ingiere con maestría, y siempre, siempre dejar leche y agua. Además los bebés esperan a mamá estoicamente, esto también es así, si es un periodo de tiempo razonable, por supuesto. Es un hecho que en nuestra sociedad muchas mujeres trabajamos fuera de casa y hemos de encontrar soluciones intermedias. Mi consejo es que nunca dejéis de ofrecer comida para que se sirvan por sí mismos, que siempre les permitáis comer con las manos, ellos mismos estarán ansiosos de usar los cubiertos como mamá y papá cuando estén preparados, que no tengáis miedo de limpiar los perímetros de las tronas y bueno, que los restaurantes pueden esperar si son de etiqueta.

Solo puedo añadir que funciona y que es altamente recomendable, la hora de la comida es fantástica.

Os dejo aquí las experiencias de otras mamás y no dejéis de buscar fotos y vídeos en la red de Baby led weaning, ¡son tan lindos los bebés!

Aprendiendo a comer solos. De Cantando a mamá.

La divertida monstruita.

Y el clásico referente Una maternidad diferente.

Libro: El niño ya come solo de Gill Rapley y Tracey Murkett.

Conversaciones con la teta

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20130923-220648.jpgUna bonita iniciativa de ECVLactando me incentivó para hablar de la lactancia prolongada o a término, pero esta vez desde la perspectiva del niño. El tema es Frases de niños: Lactancia. Marco habla desde hace un tiempo ¿qué ha supuesto eso para nuestra lactancia? ¿En qué términos se refiere a ella?

Primero llegó el nombre, “tetita” y con él la cosificación de la demanda. Ni un llanto, ni un tirón de escote más fueron necesarios, solo un “mami tetita”. Unas veces por hambre, otras por sed, quizás por sueño, o tal vez consuelo, recogimiento, conexión. También me atrevería a invocar al placer, si señores, bebés y niños también se benefician del placer cuando lo encuentran y lo encuentran con la succión.

El pecho de una madre es algo único y maravilloso, polivalente, que contiene y llena a la vez. El único “problema” es que va unido a una mujer, que veces está enferma, cansada, ausente, enfadada, impaciente, o que sencillamente no está.

La expresión oral nos ha traído la petición concreta, pero también nos ha traído la negociación. En nuestro caso no siempre coincide mi disponibilidad con su necesidad. Este desfase de conexión se unió al discurso una vez embarazada, pues Marco desarrolló el lenguaje cuando ya contaba dos años. De este modo teníamos que llegar a acuerdos, naciendo así la modalidad del “chupito”, muy socorrido para unas prisas o para quitar el gusanillo, aunque no quedó exento de disputas hasta que unificamos el concepto. O para las tetadas largas que inducen al sueño, “marco, ya es pis pas”, “no, yo quiero más”, “cuando mamá dice pis pas es pis pas”, “no, yo quiero más”, “bueno venga…”. ¡No iba a ser tan fácil! Ésta es sin duda la parte más dura de “las conversaciones con la teta” y el mejor negociador de la familia no soy yo precisamente.

Bueno, ¿y a qué sabe la teta?, “es dulce y está calentita, me gustaaaaa y yo quiero más!” Vale, esto ya me lo has dicho.

Cuando Maia nació volvieron los chorros a borbotones y en uno de éstos, Marco apartó la boca y ¡oh prodigio! “¡Hay leche, sale leche de bebé!”, si, ¿quién lo hubiera imaginado? Algo que hacía a diario cobró otro nivel de consciencia.

Siempre que me ve con el sacalaches se asegura de que estoy bien, “¿tienes pupita mami?”, no, pero podría, ¡vaya instrumento de tortura!

Los tres primeros meses de Maia, o quizás más, siempre había una pregunta para mi pequeño: ¿y la hermanita? A lo que él siempre contestaba, “está tomando tetita” parecía un mantra, lo uno y lo otro.

Pero lo más inquietante sucede desde hace un par de meses, a la pregunta de ¿Marco, tomas tetita? “no, yo soy un niño grande”. Una vez superado el pasmo inicial, ahora lo interpreto como una disputa interna entre el deseo de crecer y la necesidad real en los momentos de vulnerabilidad. Fantasía y realidad se mezclan en la psique de los niños pequeños. También cuando necesita protección o está triste, como estos días de inicio del cole, me dice “quiero tetita mami, soy un bebé, cuídame, no quiero ir al cole”.

Para no acabar con tristeza, y aún a riesgo de estropear mi imagen personal, ayer estábamos gamberreando y le dije a Marco “¡huele aquí!” indicando mi axila, “¿cómo huele?” Risas. “Huele a tetita” Estupefacción. Risas de nuevo. El verano está siendo duuuro.

Lactancia en tándem

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Siesta a tresMás de cinco meses llevamos en el sendero de la lactancia en tándem, ¿y qué es esto de la lactancia en tándem? pues amamantar a dos bebés o más en el mismo periodo de tiempo.
El entorno de la Semana Mundial de la Lactancia Materna 2013, me parecía la excusa idónea para contaros nuestra experiencia hasta el momento.
Una decisión consciente y un deseo irrefrenable de ser madre nos embarcó en el puzle de cuatro que somos ahora. Mi bebé tenía un año y medio cuando la vida de su hermana comenzaba a latir en mí. Marco no estaba preparado, ni debía estarlo, para ser destetado, así que no interferí en el proceso y atravesamos un embarazo con lactancia materna, con sus luces y sus sombras.
Yo había visto imágenes maravillosas de mujeres dando el pecho a sus dos hijos y me parecían de un poder intenso y femenino. Quería compartir con mis hijos esa experiencia tan llena de amor, ternura y generosidad.
Por otro lado, la salud es un tema que me preocupa muchísimo, sobretodo después de vivir el ingreso de mi bebé recién nacido. Esa sensación de que aquello que no se puede ver, miles de microorganismos, te ganan la partida y te hacen más y más pequeño, cuando no puedes controlar nada, cuando nada depende de ti. De este modo pensé que si me esperaba demasiado, Marco se habría destetado para cuando tuviera un hermano y éste estaría en contacto con virus y bacterias condecoradas, ¿cómo podría defender a mi pequeño bebé? Yo lo tenía claro, con la lactancia en tándem, mi cuerpo fabricaría anticuerpos para mis dos bebés y la llegada al mundo sería más llevadera para todos, (por si acaso y para no tentar mi suerte la guardería también quedaba fuera de la ecuación).
Otro de los motivos fue suavizar, en el plano emocional, la llegada del bebé para su hermano mayor, que los cambios fueran mínimos, que continuara en casa con nosotros, no era el momento de la escolarización, que continuara en la cama con nosotros y que continuara su lactancia.
También tenía entendido que se amortiguaban los celos, ya que el mayor tendría lo mismo que el pequeño.
Al margen de mi tendencia a controlarlo todo, o intentarlo, debo decir que es una experiencia brutal, no la describiría desde un solo punto de vista. La entrega es muy intensa, siempre estás atendiendo a alguien, y cuando estás con uno crees que deberías estar con el otro y al revés. Hemos tenido episodios de agitación del amamantamiento ya desde el embarazo y esto traía consigo un concepto totalmente novedoso, que amamantar a mi hijo mayor me suponía un esfuerzo y no del tipo “ya llevas una hora y media, necesito que termines” o del tipo “en lo mejor del sueño me has despertado” si no del tipo “puff es la hora de la siesta y ahora tengo que darte teta”. Ese “tengo que” merece otro Post, o incluso varios, ha supuesto la ambivalencia más grande que he vivido nunca.
Así que sí, esto también nos ha acompañado. Es complicado a nivel físico y emocional. Pero sí, también hay muchas ventajas, desde que conoces a tu bebé la lactancia y todo lo que la rodea ha sido el modo en el que nos hemos relacionado, ha sido el bálsamo para los momentos difíciles, como la incorporación al trabajo, el miedo a la separación, el estrés que supone para un niño crecer, cambiar y conocer el mundo, la enfermedad… y qué duda cabe, la llegada de un nuevo miembro a la familia es también muy difícil de encajar. Así, después de una rabieta o de un día duro de incertidumbre volvía a mi pecho, al sosiego, a la calma primigenia, a sentirse amado como siempre.
¿Cómo ha resultado el tema de la salud? Pues según lo previsto, para la bebé solo han supuesto algún que otro episodio de mocos. Ya tiene cinco meses y no será lo mismo enfermar ahora. No conseguiremos retrasar la primera fiebre tanto como con Marco, ya que los factores del entorno cambian mucho teniendo un bebé, o teniendo dos, pero estamos muy contentos con el resultado hasta ahora. La leche materna funciona y mucho.
¿Qué ocurre con los celos? Los hay, pero no en el contexto de la lactancia, si toman a la vez incluso se acarician y si lo hacen por separado encuentran ese momento de exclusividad con mamá que tanto necesitan. Además debo decir que habíamos iniciado un destete gradual que no ha hecho otra cosa que incrementar la inestabilidad del niño, así que seguimos en la senda del tándem. Para nuestra familia es la solución que mejor funciona.
No obstante, si os planteais la lactancia en tándem, no quiero engañar a nadie, es dura y complicada, aunque tiene muchas ventajas. Y claro, también depende de la personalidad de los integrantes.
Aún así tener algo que calma y reconforta siempre a tus hijos es un arma muy poderosa y “un gran poder, conlleva una gran responsabilidad”.

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La primera fotografía es de la revista Time y la segunda de la fotógrafa Isa Sanz.

No podría haberlo hecho sin el apoyo tan grande que tengo, y que espero siga estando. Así que comulgo cien por cien con el lema de la SMLM 2013 “Apoyo a las madres que amamantan, cercano, continuo y oportuno”.

Un pequeño gran paso

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20130714-095857.jpg Quería hablaros de algo que me sucedió hace algunas noches. Un atisbo de independencia. Marco es cada día más y más mayor. Respetando su ritmo todo llega, con dulzura, tiempo y comprensión, aunque no siempre es fácil, hace tanto tiempo que dejamos de ser niños que en ocasiones confundimos necesidades genuinas con simples caprichos.

Marco siempre duerme a la tibieza de mi pecho, al arrullo de mi voz, enroscaditos, como trenzas, suaves y enredados. Las honrosas excepciones son las noches que pasamos en el hospital, cuando Maia anunció su llegada y cuando realmente lo hizo. Desde entonces los rituales que anteceden al sueño se suceden o se superponen, pero siempre se acompañan. El éxito de tal empresa es variado y siempre, siempre imprevisible. Hemos atravesado cólicos de recién nacido o llantos de desahogo al terminar el día, según se mire y la respuesta de Marco podía discurrir en dos sentidos, o bien se unía al desconsuelo, o bien esperaba paciente su porción de mamá.

Sin embargo, hace algunas noches, Maia conoció el bochorno de las noches de verano y su hermano con actitud resuelta, cogió a su padre de la mano y le pidió dormir, juntos, en su cuarto, mientras nosotras nos entendíamos con el abanico y con el lloro.

“¿Pero qué invento es este? No se dormirá sin mí”. Y sí, se durmió.

Como podéis ver, este post, habla más de mí que de él. Cuando hube dormido a la benjamina, con sigilo me robé a mi niño y lo llevé a mi vera, a mi otro costado, así pegadito a mí, oliendo su cabello, sintiendo su menudez serena. Y cuando estuvo, así, en su lugar, salí fuera con mi compañero, y me expliqué, aunque no sabía como hacerlo, sólo fingía tener motivos racionales, y lloré y me abrumé, cual niñita, ¿es posible querer tanto? La sensación de pérdida era tan intensa, no lo había imaginado así. Quiero un acuerdo convencido, meditado, compartido y feliz. Que lo vivamos como un logro y no como una rendición resignada, y así, mientras tanto, me voy haciendo a la idea.

Me aferro a no perderme ni un minuto de mis pequeños. Esquivo el hecho de que tan solo se llevan dos años y cuatro meses, quiero darles lo mismo que a dos hijos únicos, pero multiplicando la diversión. No es justo que tengan que resentirse sus periodos de fusión, el intenso vínculo que une a un bebé con su madre, especialmente en el caso de Marco, el hermano mayor. Ese es mi gran objetivo.

Sin embargo, y al margen de la circunstancia de tener una hermanita, el proceso de independencia habría empezado en algún momento, eso es impepinable pero ya nunca sabré cuanto habría durado nuestra lactancia sin Maia, ni hasta cuándo habríamos colechado, sólo tenemos las variables que tenemos.

Pero hay algo que sí se, he de soltar, he de permitir y he de acompañar de una forma nueva y diferente. He de escucharle y dejarme guíar por su sabiduría, esa que tienen los niños, esa que es instintiva e inagotable, para poder discurrir por caminos separados y sin embargo sembrados de puentes a cada paso.

Y es que este Post habla más de mi que de él.

“Gracias Antonio por no juzgarme en ese momento, por permitirme hacer, sin juicios,
lo que entonces me pedían las entrañas. Yo también daré ese pequeño gran paso, sólo dame tiempo”.

De percentiles, cuerpos, kilos y yardas

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percentilesLos percentiles, esa guía, línea o límite que designa la normalidad y en la que buscamos más bien la excelencia. Desde fetos ya hay un concepto de lo adecuado y de lo mejor. En esta carrera de fondo, de alta competición que es nuestra enferma sociedad, es motivo de orgullo pensar en un bebé intrauterino de grandes dimensiones, aunque a esto haya que sumar los bienintencionados comentarios que vaticinan una cesárea o un heroico parto.

Después viene el gran momento del bebé. Pesarlo semanalmente y “consultas de niño sano” donde el todopoderoso pediatra nos da la “absolución” y pone nombre a lo que nosotros ya vemos, que está sano. ¿Qué se espera socialmente? Que el bebé sea un “bebote”, rollizo, gordito, con preciosos michelines y roscas en toda articulación que se precie. Empezando el calvario de madres con niños delgaditos, “va a ser que tu leche no alimenta”, escucharán continuamente. En el caso del biberón también comenzarán los sudores fríos, “el envase ha de estar vacío”.

De este modo entramos en la etapa de los sólidos, papillas para algunos y trocitos para otros. Este tema da para mucho y lo dejaremos para otro momento, pero la percepción general sigue siendo casi la misma, los bebés que comen todo cuanto se les ofrece sin rechistar son adorados, con puntos extra si comen espinacas, aunque el “look rollizo” empieza a caer lentamente.

Y así, casi sin enterarnos llegamos al  niño pequeño, digamos a partir de los dos años. Todos podemos ver como los niños sienten predilección por dulces e hidratos de carbono. ¡A quién se le ocurre!. Además pasan por fases en las que pierden el apetito. En cada hogar se resuelve de una manera, algunos optan por que coman cualquier cosa que les guste y mañana será otro día, otros empiezan contiendas muy duras para ambas partes y otros últimos se conforman con el ayuno que el momento trae consigo.

Puedo observar que la correlación entre lo que a los padres les gustaría que sus hijos comieran y lo que de verdad comen empieza a distanciarse. Pero hay un fenómeno curioso, al margen de la alimentación, de repente, en algún punto de esta secuencia de etapas se integra al niño en esta locura del “cuerpo perfecto/cuerpo delgado”. Ya está, ¿y lo mono que es? si parece un hombrecito. Ya no nos importan los percentiles, ni falta que hace, ni ahora, ni antes.

¿Y qué pasa con los niños que comen con normalidad? Con los que prueban alimentos nuevos, con los que se terminan el plato, con los que quieren repetir. Son “raros” y parecen tener un foco. Y tener un foco es tan, tan molesto. Estar en la misma línea del percentil que ya te caracterizaba en el propio útero de tu madre es un problema, y esto no, hasta ahí podríamos llegar.

Los niños aún son puros, inocentes, están aprendiendo del entorno y el entorno debe proporcionarles respeto. Adultos del mundo, ¿a cuántos de vosotros os gusta que la gente que os rodea esté pendiente de la cantidad que ingerís? “Come más, no tanto”. ¿Cuántos de vosotros, un día especial, coméis más de lo habitual u otro tipo de alimentos? ¿Y qué os hace pensar que un niño de dos años no pueda hacerlo? “Yo comeré un pastel de postre, o dos, pero tú una manzana” o mejor aún ” tu hermanita se come tres porque no ha probado la sopa, pero tú ya tienes suficiente”.

Ese foco que no para de alabar lo bien que comes, lo campeón que eres o lo “mucho” que te gusta comer. Y todos comentamos los hábitos alimentarios delante del interesado. Pero resulta que el interesado no tiene madurez suficiente para atravesar críticas o valoraciones y por agradar, por responder a una expectativa o por llamar la atención puede modificar su conducta natural frente a los alimentos. No hay  nada mejor que  poner una etiqueta para que se responda a ella.

Cómo nos relacionamos los adultos con la comida no es algo libre de subjetividad. Todos tenemos nuestra personal e íntima relación con  la alimentación y es nuestra obligación permitir a los niños que vivan su propia vida para que establezcan hábitos saludables. Ellos no tienen la culpa de que te sintieras el gordito de la clase, o de que fueras el bajito, o el flacucho.

La comida es todo un tema, cómo nos socializamos en torno a ella, cómo impacta en nuestro cuerpo, en nuestra mente, en nuestra salud. La excelencia no existe, simplemente somos y la variedad es un hecho, fijémonos en los juegos olímpicos, personas altamente saludables que no se parecen entre sí, una jugadora de baloncesto o una gimnasta rítmica.

Pongamos alimentos saludables al alcance de los niños y lo demás que lo hagan ellos, libres de etiquetas o preconceptos.

¿Qué piensas tú?

¿El conocimiento nos hace felices?

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amar_sin_miedo_a_malcriarMe gustaría hablaros del último libro sobre crianza que he leído, Amar sin miedo a malcriar de Yolanda González Vara.

Es un libro extenso que habla de múltiples temas relacionados con la crianza, pasando por la concepción, el embarazo, el parto natural y los primeros años del niño por mencionar los más generales. Se trata de una mirada desde la Teoría del apego. Su autora es psicóloga y utiliza un lenguaje mas elaborado que otros autores como Carlos González o Rosa Jové, ya que no solo va dirigido a padres, también habla para profesionales de la educación.

Me parece un libro muy completo, que leería más veces. Se pueden saborear cada uno de sus capítulos porque lo que prima a través de sus páginas es la capacidad para hacernos pensar y cuestionárnoslo todo, pero este hábito de pensar tiene sus consecuencias y más cuando buceas en la raíz psicológica de nuestros actos, la influencia de nuestros padres sobre nuestra conducta y influencia futura que tendrán nuestras decisiones sobre la personalidad de nuestros hijos. Tremendo.

Todos sabemos ya en qué consiste la Teoría del apego, desarrollada por el psicoanalista J. Bowlby y que más tarde retomaría Mary Ainsworth, y es en que “el estado de seguridad, ansiedad o zozobra de un niño o un adulto está determinado en gran medida por el grado de accesibilidad y capacidad de respuesta empática de sus padres o principales figuras de afecto”. Lo que del título del libro se desprende, como después subraya a lo largo de sus páginas, es que el amor es la vía más directa para desarrollar la autonomía y la identidad personal, en contra de lo que pudiera parecer. Alegato que se defiende de los ataques de la corriente conductista imperante. Y es que debemos amar sin miedo a malcriar, nunca es demasiado amor.

El libro nos da consejos prácticos para “poner en práctica un modelo saludable, favoreciendo un continuum en la relación, un hilo simbólico invisible, sólido y amoroso sin fisuras ni rupturas en la formación del vínculo padres-bebé y niño. No se trata de ser padres perfectos, porque no existe tal perfección y, mucho menos, en una sociedad neurótica como la nuestra. Lo único real es el deseo y el intento de aproximarnos a la creación de una relación que sea lo más saludable posible, desde la presencia emocional y la capacidad de dar amor”. Aboga por una serie de renuncias temporales que representarán la mejor inversión a largo plazo para lograr una sólida salud emocional en nuestros hijos.

Hay un capítulo revelador y es el de la sexualidad infantil. He leído mucho sobre crianza, apego, lactancia a término, colecho, porteo, pedagogía blanca, abordaje respetuoso de rabietas y un largo etc. pero hasta ahora no había leído nada sobre el sexo en estos términos, es un tema que sigue siendo tabú y necesita un mayor abordaje. Ahí lo dejo da para un post en sí mismo.

Sin embargo, a través de mi andanza por sus páginas no puedo desprenderme de una molesta sensación de culpabilidad, si bien no existe la perfección, y hasta ahí llegamos, toda decisión presente, consciente o inconsciente tiene sus repercusiones futuras. Y yo que soy una pecadora, me declaro culpable de sentir culpa. Es éste un importante defecto que tengo, que debo trabajar, pero que no puedo evitar. Ya antes de ser madre sentía el peso sobre mis hombros del movimiento mismo de la Tierra, como una gran narcisista que aspira a expiar los pecados del mundo. Así pues hay ciertas lecturas como ésta o la célebre Laura Gutman que me colman de preocupación. No se si me estoy volviendo cobarde, si no estoy preparada para enfrentarme a los fenómenos psicológicos que conforman nuestros patrones de conducta o si el modo de expresar ciertos contenidos, aún sin pretenderlo son culpabilizadores.

Pondré un ejemplo fascinante, el estrés o el miedo durante el embarazo pueden mantener contraído el útero propiciando un entorno hostil que podría provocar en algunos casos un parto prematuro y en otros que no se produzca la versión cefálica previa al nacimiento. Si bien esto es posible, es aterradora la sensación de que de alguna manera tenemos lo que construimos con nuestras emociones. Pienso que “descubrir” que sentimos miedo nos puede ayudar para trabajarlo, pero “conocer” que el miedo puede tener consecuencias en nuestro bebé quizás nos podría predisponer a sentirlo, nos atraparía. Entrar en una casa oscura y estar en la obligación de no titubear es demasiado.

No censuro el libro en absoluto, es muy inspirador, pero sí hablo de las reflexiones que ha despertado en mi. La madre sigue pagando, y quizás deba pagar, pero también merece un profundo abrazo porque no es fácil ponerse en su piel.

“Toc, toc. Mastitis”

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Asimetría“Toc, toc. Mastitis” Y así, sin mas, se presenta en nuestros senos esta desagradable invitada, una de las complicaciones de la lactancia materna.

Después de dos años y seis meses de lactancia en la que Marco y yo hemos atravesado incluso un embarazo, solo vivimos un episodio que pudo ser una mastitis pero que afortunadamente solo duró un fin de semana con fiebre muy leve, sin embargo si recuerdo una tremenda tristeza, pesadumbre, debilidad y decaimiento.

Desde siempre, con el reflejo de eyección (compresión de la leche que ya está lista, esperando en el lumen alveolar, que no se produce más rápido si no que fluye más rápido), o como se conoce popularmente, “subida de la leche” sentía molestias, o más bien, podía percibirla claramente, (al principio de las tomas y cuando empecé a trabajar y pasábamos horas separados). Sin embargo, no se decir claramente desde cuando, con esta nueva lactancia el reflejo de eyección era muy fuerte, cada vez más doloroso y punzante, como una oleada que fluía quemando hasta el pezón, duraba apenas unos segundos así que fui aguantando hasta que era insoportable. Pensé que sería por el tándem, ya que la cantidad de leche que generaba mi cuerpo era muy grande, y lo consulté en Twitter. Encontré una respuesta que a estas alturas ya debería tener clara, la lactancia materna no duele, en caso de ser así había algún problema. Aconsejada por @Pilar_Mtnez  solicité a mi matrona en el centro de salud un cultivo de mi leche para descartar o diagnosticar una mastitis. Nunca había escuchado que se hicieran cultivos de leche, ni sabía dónde se podían solicitar, no todos los centros de salud tienen matrona, pero entiendo que al menos un enfermero en funciones.

El procedimiento que seguimos fue realizar el cultivo y a la espera de resultados iniciar un tratamiento con probióticos. La mastitis es una inflamación de la mama que puede ser causada por obstrucción, infección o alergia. En este caso hablamos de infección. INFECCIÓN, menudo término, lleno de grandilocuencia, negatividad y dolor. Imaginas purulencia, hedor y rojo sangre. ¿Cómo puedo dar a mis hijos una leche infectada? El desconocimiento te puede confundir una vez mas. La leche materna como tejido vivo es portadora de un elevado número de bacterias mas de 700 tipos. Cuando la cantidad de cada tipo se desequilibra se produce la infección, una descompensación de la flora bacteriana que en muchas ocasiones mejora con probióticos, bacterias activas que colonizan el ecosistema devolviendo el orden. El probiótico recomendado es el lactobacillus reuteri. Si no es suficiente con esto habrá que recurrir al antibiótico, pero para mi esta es la última opción ya que ataca a “buenos y malos” en una guerra sin cuartel que puede terminar invitando a los hongos a la fiesta, al dejar el sistema vulnerable a su proliferación. Qué grandes dramas se desarrollan en nuestro propio cuerpo sin que seamos conscientes, es fascinante, nuestra consciencia apenas acierta a sentir el abatimiento y la desgana que traen consigo.

La leche que se produce durante este trance no solo es apta para los bebés sino que es muy recomendable para el bienestar de la madre, ya que la acumulación de este oro blanco es lo que puede producir los desequilibrios bacterianos y no hay nada mejor para el vaciado de las mamas que la succión.

Es normal que al principio de la lactancia se produzcan desfases entre la leche que se produce y la que se consume, propiciando acumulaciones que derivan en mastitis y en el caso del tándem más ya que el cuerpo debe medir las demandas de dos bebés, que así mismo varían sus necesidades en función del día.

Francamente, creo que tuve suerte porque mi matrona es fantástica, cualquier médico de cabecera, ginecólogo o enfermero al “uso” te recomendaría abandonar la lactancia materna, la infección iría ligada al destete, por eso he querido escribir este post y contar mi experiencia, sería una pena sacrificar una lactancia por un tema tan común como este. Se puede amamantar con mastitis, superarla y despedir el dolor de nuestra agenda cotidiana.

Acerca de las BACTERIAS en la leche materna: “¿Por qué la leche materna tiene tantas bacterias?”

Sobre la mastitis: “Lactancia materna: mastitis por infección bacteriana” por Pilar Martinez asesora de lactancia y autora del blog Maternidad Continuum.

Nota: la imagen está asociada al texto en la medida de su asimetría.

Los celos. “Ese monstruo de ojos verdes”

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Oh! mi señor, cuidado con los celos. Son el monstruo de ojos verdes que se burla de la carne de la que se alimenta. Otelo. William Shakespeare.

Totum sumiderum

Los celos vienen a resumirse como el temor a la pérdida de una relación interpersonal importante. Observamos amenaza sobre lo que sentimos como propio porque entra en juego alguien nuevo. En el caso de los niños, invariablemente, cuando nace un nuevo hermano es necesario un periodo de confirmación, reafirmación, adaptación… Aparece el temor, por supuesto, yo diría que es la característica principal de ese estado emocional que son los celos, necesitas confirmar que todo sigue en orden, que el amor de mamá y papá sigue intacto. Reafirmar que eres valioso y adaptarte a compartir el tiempo de los que amas con el nuevo miembro de la familia.

En nuestro caso en particular se dan varias circunstancias: Marco tiene dos años y cinco meses, sigue siendo un bebé en muchos aspectos, se encuentra en una etapa evolutiva en la que se siente el centro del universo, hecho esperable y saludable a su edad, empieza a desvincularse de mamá (esto suele ocurrir a partir de los dos años), y comienza a sentir mucha curiosidad por otros niños, sin que esto suponga aún necesidad de socialización (será a partir de los tres años). Añadimos a esto que la etapa oral corresponde al menos hasta los tres años. ¿Qué supone todo esto? Que el niño no va a la guardería, comenzará el colegio el año que viene, y que sigue siendo un lactante. ¡Practicamos lactancia en tándem! Hemos decidido que era lo mejor para los niños, para los dos, por diversas razones.

Pues bien, esto debe ser muy exótico, porque vengo encontrándome con muchos comentarios desafortunados, tanto en el embarazo como ahora, que no respetan las opciones personales y adolecen de un gran desconocimiento. Destacaré además un fenómeno curioso que estoy notando, la fascinación por los celos y el morbo que levantan. Frecuentemente nos preguntan ¿qué tal Marco?  Sin interesarse apenas, o nada, por la recién nacida, acto seguido la curiosidad se dirige específicamente a “la tetita”, ¿cómo lleva Marco que la bebita lacte? No puedo evitar sentirme incómoda con estas actitudes. Me ponen en sobre alerta, más de la que ya tengo, “si todo el mundo me pregunta por algo será”, me planteo y acto seguido me indigno, pareciera que no me preocupo por mis hijos y que tomo decisiones inadecuadas a la ligera, decisiones que los pueden dañar. Luego vienen las historias míticas de hermanos celosos que terminan de ponerme nerviosa. Y es que la curiosidad por lo desagradable es un defecto muy humano, la casi certeza de una complicación familiar levanta mas curiosidad de la que debiera y es que con los celos en los niños y la infidelidad en los adultos la expectación está servida.

Me saldré un poco del guión, si os interesa el tema del “morbo” no os perdáis el primer capítulo de la primera temporada de Black Mirror, da que pensar y mucho.

A vueltas con el miedo y la culpabilidad vuelvo sobre los celos. Miedo a que mi niño sufra más de lo imprescindible, o a que lo imprescindible en sí ya sea mucho. Y culpabilidad, ya que la ocurrencia de traer un factor estresante a su vida ha sido mía. Este párrafo es fruto de la irracionalidad, obviamente, pero es que el puerperio me mueve bajo sedas subjetivas y mi percepción de lo que me rodea es infinitamente emocional. No es un factor estresante lo que ha llegado a casa, sino una persona preciosa que llena de amor con su presencia cada segundo que está despierta y cada segundo que está dormida.

Algunas lecturas indican que: “debemos reconocer los celos como un sentimiento humano y aceptarlos… es importante darle nombre y desarrollar toda la paciencia posible… Usarlos como herramienta para averiguar qué está necesitando, tiempo, atención… y establecer un diálogo breve no recriminatorio. Los menores de tres años necesitarían dos mamás y dos papás ante la llegada de un hermanito” Yolanda González Vara

Rosa Jové indica que son aconsejables los mínimos cambios posibles en la esfera del niño, es decir, que pase el mismo tiempo en casa que solía pasar, que no lo mandemos a dormir a otra habitación; también es buena idea incluirle en las actividades con el bebé y no usar la discriminación positiva, todo lo que se salga de la normalidad crea recelo y alerta y eso es precisamente la base de los celos. Y nunca minusvalorar al pequeño, aunque no nos entienda, porque queremos que se quieran, no que compitan entre ellos.

Para Carlos González los celos “son totalmente normales, y es absurdo (y muchas veces contraproducente) pretender negarlos, reprimirlos o erradicarlos.” Cuando “pedimos” lo que necesitamos y encontramos una respuesta empática, nos adaptamos, se trata de una respuesta desde el punto de vista del evolucionismo. Los niños que han mostrado sus celos “han tenido más posibilidades de sobrevivir, y sus genes se han extendido por el planeta.”

Otra costumbre, muy humana también, es la negación del problema o simplemente de lo complicado. Nos gusta pensar que lo que contamos es lo que vivimos, y bueno ¿quién soy yo para negar este recurso si a alguien le funciona?

¿Qué supone para los padres? doble trabajo para satisfacer las necesidades de sus hijos. Cuando empiezas una empresa de este tipo, sabes que el esfuerzo es grande pero la satisfacción también. A veces flaquean las fuerzas, pero siempre flaquean, tengamos hijos o no, la diferencia es que la capacidad de reacción debe ser alta porque eres responsable de las emociones de más personas. Sin duda es una etapa para aprender sobre nosotros, mejorar y no perdernos lo bueno e irrepetible que te dan los niños pequeños.

En definitiva los celos infantiles son un problema adaptativo, no una celotipia, y la solución es la adaptación, de ellos y de nosotros al nuevo núcleo familiar.