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¿El conocimiento nos hace felices?

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amar_sin_miedo_a_malcriarMe gustaría hablaros del último libro sobre crianza que he leído, Amar sin miedo a malcriar de Yolanda González Vara.

Es un libro extenso que habla de múltiples temas relacionados con la crianza, pasando por la concepción, el embarazo, el parto natural y los primeros años del niño por mencionar los más generales. Se trata de una mirada desde la Teoría del apego. Su autora es psicóloga y utiliza un lenguaje mas elaborado que otros autores como Carlos González o Rosa Jové, ya que no solo va dirigido a padres, también habla para profesionales de la educación.

Me parece un libro muy completo, que leería más veces. Se pueden saborear cada uno de sus capítulos porque lo que prima a través de sus páginas es la capacidad para hacernos pensar y cuestionárnoslo todo, pero este hábito de pensar tiene sus consecuencias y más cuando buceas en la raíz psicológica de nuestros actos, la influencia de nuestros padres sobre nuestra conducta y influencia futura que tendrán nuestras decisiones sobre la personalidad de nuestros hijos. Tremendo.

Todos sabemos ya en qué consiste la Teoría del apego, desarrollada por el psicoanalista J. Bowlby y que más tarde retomaría Mary Ainsworth, y es en que “el estado de seguridad, ansiedad o zozobra de un niño o un adulto está determinado en gran medida por el grado de accesibilidad y capacidad de respuesta empática de sus padres o principales figuras de afecto”. Lo que del título del libro se desprende, como después subraya a lo largo de sus páginas, es que el amor es la vía más directa para desarrollar la autonomía y la identidad personal, en contra de lo que pudiera parecer. Alegato que se defiende de los ataques de la corriente conductista imperante. Y es que debemos amar sin miedo a malcriar, nunca es demasiado amor.

El libro nos da consejos prácticos para “poner en práctica un modelo saludable, favoreciendo un continuum en la relación, un hilo simbólico invisible, sólido y amoroso sin fisuras ni rupturas en la formación del vínculo padres-bebé y niño. No se trata de ser padres perfectos, porque no existe tal perfección y, mucho menos, en una sociedad neurótica como la nuestra. Lo único real es el deseo y el intento de aproximarnos a la creación de una relación que sea lo más saludable posible, desde la presencia emocional y la capacidad de dar amor”. Aboga por una serie de renuncias temporales que representarán la mejor inversión a largo plazo para lograr una sólida salud emocional en nuestros hijos.

Hay un capítulo revelador y es el de la sexualidad infantil. He leído mucho sobre crianza, apego, lactancia a término, colecho, porteo, pedagogía blanca, abordaje respetuoso de rabietas y un largo etc. pero hasta ahora no había leído nada sobre el sexo en estos términos, es un tema que sigue siendo tabú y necesita un mayor abordaje. Ahí lo dejo da para un post en sí mismo.

Sin embargo, a través de mi andanza por sus páginas no puedo desprenderme de una molesta sensación de culpabilidad, si bien no existe la perfección, y hasta ahí llegamos, toda decisión presente, consciente o inconsciente tiene sus repercusiones futuras. Y yo que soy una pecadora, me declaro culpable de sentir culpa. Es éste un importante defecto que tengo, que debo trabajar, pero que no puedo evitar. Ya antes de ser madre sentía el peso sobre mis hombros del movimiento mismo de la Tierra, como una gran narcisista que aspira a expiar los pecados del mundo. Así pues hay ciertas lecturas como ésta o la célebre Laura Gutman que me colman de preocupación. No se si me estoy volviendo cobarde, si no estoy preparada para enfrentarme a los fenómenos psicológicos que conforman nuestros patrones de conducta o si el modo de expresar ciertos contenidos, aún sin pretenderlo son culpabilizadores.

Pondré un ejemplo fascinante, el estrés o el miedo durante el embarazo pueden mantener contraído el útero propiciando un entorno hostil que podría provocar en algunos casos un parto prematuro y en otros que no se produzca la versión cefálica previa al nacimiento. Si bien esto es posible, es aterradora la sensación de que de alguna manera tenemos lo que construimos con nuestras emociones. Pienso que “descubrir” que sentimos miedo nos puede ayudar para trabajarlo, pero “conocer” que el miedo puede tener consecuencias en nuestro bebé quizás nos podría predisponer a sentirlo, nos atraparía. Entrar en una casa oscura y estar en la obligación de no titubear es demasiado.

No censuro el libro en absoluto, es muy inspirador, pero sí hablo de las reflexiones que ha despertado en mi. La madre sigue pagando, y quizás deba pagar, pero también merece un profundo abrazo porque no es fácil ponerse en su piel.

“Toc, toc. Mastitis”

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Asimetría“Toc, toc. Mastitis” Y así, sin mas, se presenta en nuestros senos esta desagradable invitada, una de las complicaciones de la lactancia materna.

Después de dos años y seis meses de lactancia en la que Marco y yo hemos atravesado incluso un embarazo, solo vivimos un episodio que pudo ser una mastitis pero que afortunadamente solo duró un fin de semana con fiebre muy leve, sin embargo si recuerdo una tremenda tristeza, pesadumbre, debilidad y decaimiento.

Desde siempre, con el reflejo de eyección (compresión de la leche que ya está lista, esperando en el lumen alveolar, que no se produce más rápido si no que fluye más rápido), o como se conoce popularmente, “subida de la leche” sentía molestias, o más bien, podía percibirla claramente, (al principio de las tomas y cuando empecé a trabajar y pasábamos horas separados). Sin embargo, no se decir claramente desde cuando, con esta nueva lactancia el reflejo de eyección era muy fuerte, cada vez más doloroso y punzante, como una oleada que fluía quemando hasta el pezón, duraba apenas unos segundos así que fui aguantando hasta que era insoportable. Pensé que sería por el tándem, ya que la cantidad de leche que generaba mi cuerpo era muy grande, y lo consulté en Twitter. Encontré una respuesta que a estas alturas ya debería tener clara, la lactancia materna no duele, en caso de ser así había algún problema. Aconsejada por @Pilar_Mtnez  solicité a mi matrona en el centro de salud un cultivo de mi leche para descartar o diagnosticar una mastitis. Nunca había escuchado que se hicieran cultivos de leche, ni sabía dónde se podían solicitar, no todos los centros de salud tienen matrona, pero entiendo que al menos un enfermero en funciones.

El procedimiento que seguimos fue realizar el cultivo y a la espera de resultados iniciar un tratamiento con probióticos. La mastitis es una inflamación de la mama que puede ser causada por obstrucción, infección o alergia. En este caso hablamos de infección. INFECCIÓN, menudo término, lleno de grandilocuencia, negatividad y dolor. Imaginas purulencia, hedor y rojo sangre. ¿Cómo puedo dar a mis hijos una leche infectada? El desconocimiento te puede confundir una vez mas. La leche materna como tejido vivo es portadora de un elevado número de bacterias mas de 700 tipos. Cuando la cantidad de cada tipo se desequilibra se produce la infección, una descompensación de la flora bacteriana que en muchas ocasiones mejora con probióticos, bacterias activas que colonizan el ecosistema devolviendo el orden. El probiótico recomendado es el lactobacillus reuteri. Si no es suficiente con esto habrá que recurrir al antibiótico, pero para mi esta es la última opción ya que ataca a “buenos y malos” en una guerra sin cuartel que puede terminar invitando a los hongos a la fiesta, al dejar el sistema vulnerable a su proliferación. Qué grandes dramas se desarrollan en nuestro propio cuerpo sin que seamos conscientes, es fascinante, nuestra consciencia apenas acierta a sentir el abatimiento y la desgana que traen consigo.

La leche que se produce durante este trance no solo es apta para los bebés sino que es muy recomendable para el bienestar de la madre, ya que la acumulación de este oro blanco es lo que puede producir los desequilibrios bacterianos y no hay nada mejor para el vaciado de las mamas que la succión.

Es normal que al principio de la lactancia se produzcan desfases entre la leche que se produce y la que se consume, propiciando acumulaciones que derivan en mastitis y en el caso del tándem más ya que el cuerpo debe medir las demandas de dos bebés, que así mismo varían sus necesidades en función del día.

Francamente, creo que tuve suerte porque mi matrona es fantástica, cualquier médico de cabecera, ginecólogo o enfermero al “uso” te recomendaría abandonar la lactancia materna, la infección iría ligada al destete, por eso he querido escribir este post y contar mi experiencia, sería una pena sacrificar una lactancia por un tema tan común como este. Se puede amamantar con mastitis, superarla y despedir el dolor de nuestra agenda cotidiana.

Acerca de las BACTERIAS en la leche materna: “¿Por qué la leche materna tiene tantas bacterias?”

Sobre la mastitis: “Lactancia materna: mastitis por infección bacteriana” por Pilar Martinez asesora de lactancia y autora del blog Maternidad Continuum.

Nota: la imagen está asociada al texto en la medida de su asimetría.

Los celos. “Ese monstruo de ojos verdes”

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Oh! mi señor, cuidado con los celos. Son el monstruo de ojos verdes que se burla de la carne de la que se alimenta. Otelo. William Shakespeare.

Totum sumiderum

Los celos vienen a resumirse como el temor a la pérdida de una relación interpersonal importante. Observamos amenaza sobre lo que sentimos como propio porque entra en juego alguien nuevo. En el caso de los niños, invariablemente, cuando nace un nuevo hermano es necesario un periodo de confirmación, reafirmación, adaptación… Aparece el temor, por supuesto, yo diría que es la característica principal de ese estado emocional que son los celos, necesitas confirmar que todo sigue en orden, que el amor de mamá y papá sigue intacto. Reafirmar que eres valioso y adaptarte a compartir el tiempo de los que amas con el nuevo miembro de la familia.

En nuestro caso en particular se dan varias circunstancias: Marco tiene dos años y cinco meses, sigue siendo un bebé en muchos aspectos, se encuentra en una etapa evolutiva en la que se siente el centro del universo, hecho esperable y saludable a su edad, empieza a desvincularse de mamá (esto suele ocurrir a partir de los dos años), y comienza a sentir mucha curiosidad por otros niños, sin que esto suponga aún necesidad de socialización (será a partir de los tres años). Añadimos a esto que la etapa oral corresponde al menos hasta los tres años. ¿Qué supone todo esto? Que el niño no va a la guardería, comenzará el colegio el año que viene, y que sigue siendo un lactante. ¡Practicamos lactancia en tándem! Hemos decidido que era lo mejor para los niños, para los dos, por diversas razones.

Pues bien, esto debe ser muy exótico, porque vengo encontrándome con muchos comentarios desafortunados, tanto en el embarazo como ahora, que no respetan las opciones personales y adolecen de un gran desconocimiento. Destacaré además un fenómeno curioso que estoy notando, la fascinación por los celos y el morbo que levantan. Frecuentemente nos preguntan ¿qué tal Marco?  Sin interesarse apenas, o nada, por la recién nacida, acto seguido la curiosidad se dirige específicamente a “la tetita”, ¿cómo lleva Marco que la bebita lacte? No puedo evitar sentirme incómoda con estas actitudes. Me ponen en sobre alerta, más de la que ya tengo, “si todo el mundo me pregunta por algo será”, me planteo y acto seguido me indigno, pareciera que no me preocupo por mis hijos y que tomo decisiones inadecuadas a la ligera, decisiones que los pueden dañar. Luego vienen las historias míticas de hermanos celosos que terminan de ponerme nerviosa. Y es que la curiosidad por lo desagradable es un defecto muy humano, la casi certeza de una complicación familiar levanta mas curiosidad de la que debiera y es que con los celos en los niños y la infidelidad en los adultos la expectación está servida.

Me saldré un poco del guión, si os interesa el tema del “morbo” no os perdáis el primer capítulo de la primera temporada de Black Mirror, da que pensar y mucho.

A vueltas con el miedo y la culpabilidad vuelvo sobre los celos. Miedo a que mi niño sufra más de lo imprescindible, o a que lo imprescindible en sí ya sea mucho. Y culpabilidad, ya que la ocurrencia de traer un factor estresante a su vida ha sido mía. Este párrafo es fruto de la irracionalidad, obviamente, pero es que el puerperio me mueve bajo sedas subjetivas y mi percepción de lo que me rodea es infinitamente emocional. No es un factor estresante lo que ha llegado a casa, sino una persona preciosa que llena de amor con su presencia cada segundo que está despierta y cada segundo que está dormida.

Algunas lecturas indican que: “debemos reconocer los celos como un sentimiento humano y aceptarlos… es importante darle nombre y desarrollar toda la paciencia posible… Usarlos como herramienta para averiguar qué está necesitando, tiempo, atención… y establecer un diálogo breve no recriminatorio. Los menores de tres años necesitarían dos mamás y dos papás ante la llegada de un hermanito” Yolanda González Vara

Rosa Jové indica que son aconsejables los mínimos cambios posibles en la esfera del niño, es decir, que pase el mismo tiempo en casa que solía pasar, que no lo mandemos a dormir a otra habitación; también es buena idea incluirle en las actividades con el bebé y no usar la discriminación positiva, todo lo que se salga de la normalidad crea recelo y alerta y eso es precisamente la base de los celos. Y nunca minusvalorar al pequeño, aunque no nos entienda, porque queremos que se quieran, no que compitan entre ellos.

Para Carlos González los celos “son totalmente normales, y es absurdo (y muchas veces contraproducente) pretender negarlos, reprimirlos o erradicarlos.” Cuando “pedimos” lo que necesitamos y encontramos una respuesta empática, nos adaptamos, se trata de una respuesta desde el punto de vista del evolucionismo. Los niños que han mostrado sus celos “han tenido más posibilidades de sobrevivir, y sus genes se han extendido por el planeta.”

Otra costumbre, muy humana también, es la negación del problema o simplemente de lo complicado. Nos gusta pensar que lo que contamos es lo que vivimos, y bueno ¿quién soy yo para negar este recurso si a alguien le funciona?

¿Qué supone para los padres? doble trabajo para satisfacer las necesidades de sus hijos. Cuando empiezas una empresa de este tipo, sabes que el esfuerzo es grande pero la satisfacción también. A veces flaquean las fuerzas, pero siempre flaquean, tengamos hijos o no, la diferencia es que la capacidad de reacción debe ser alta porque eres responsable de las emociones de más personas. Sin duda es una etapa para aprender sobre nosotros, mejorar y no perdernos lo bueno e irrepetible que te dan los niños pequeños.

En definitiva los celos infantiles son un problema adaptativo, no una celotipia, y la solución es la adaptación, de ellos y de nosotros al nuevo núcleo familiar.

El día que nací yo

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ManosHoy es mi cumpleaños, han pasado 32 años desde aquel cambio de paradigma, pasé de sirena intrauterina a mamífera hipnotizada. Y de esto quería hablaros, de aquel parto que hoy conmemoro, de mi madre, protagonista y heroína de mi vida.

El parto continúa siendo propiedad de cualquiera menos de la madre que esta pariendo, pero hace tres décadas era una cuestión aún más peregrina.

Una jovencita de 21 años ingresa en el hospital, sola y asustada, cuatro días antes del alumbramiento, la razón “parto viejo”, supongo que haciendo referencia a un embarazo prolongado mas allá de la semana 40. La solución, cuatro días de pastillas sublinguales que desembocaron al quinto día en un parto de apenas dos horas y media. La situación hospitalaria fue la siguiente, habitaciones de siete pacientes obstétricas de todo tipo, madres recientes, madres inminentes, madres dilatando y mujeres que acaban de abortar, por citar algunos ejemplos. El tiempo de visita del que disponen estas “pacientes” es de dos horas al día, tiempo en el que no está incluido, por supuesto, el parto.

Un parto inducido y no informado me trajo a este mundo, nuestra valiente no contaba con el favor de la epidural para hacer frente a las tremendas contracciones que suponen la inducción, ni que decir tiene, no podía moverse de la cama mientras tanto, en la temida y dolorosa posición de litotomía (tumbada boca arriba) durante la dilatación y el expulsivo. Tampoco pensaba que tuviera derecho a gritar, entre susurros se agarraba a los barrotes de la cama para sobrellevar las contracciones, delante de sus compañeras que no dudaban ni un minuto en opinar: “eso no es nada… la que te espera”, siempre dando ánimos, somos así.

Rompió aguas en su cama, sin idea de lo que significaba aquello, aguas sucias que la avergonzaron, esperando reprimenda. Sin pedir ayuda, sin dar noticia de su estado, esperando que alguien se diera cuenta de que ya estaba de parto, sin molestar a los demás.

Cuando ya coronaba, la matrona la llevó a paritorio. En el potro le ataron las piernas, le realizaron la maniobra de Kristeller en varias ocasiones y la episiotomía, técnicas que se realizaban de serie. Entonces llegué yo. Me dieron un buen baño, me vistieron y me depositaron en la cuna mientras mi madre era “tricotada” sin anestesia. Ella jura que nunca me recuperé del frío que pasé ese 9 de enero.

Volvimos a nuestra acogedora habitación de siete más vástagos. Allí le dieron a mi madre la gran noticia de que su recién nacida sufría displasia de cadera, sin mas información que esta me llevaron para realizarme pruebas, y sola se quedó, llorando, preguntándose la envergadura de la noticia y sin nadie de confianza con quien compartir las grandes emociones vividas en las últimas horas. La estancia en el hospital aún se alargó otros cuatro días por protocolo, con las escasas dos horas de visita en rigor. A esto se sumaron “luminosos” consejos como: “no te duermas, cuida que no te desangres” y “cuidado, la niña puede vomitar y ahogarse”, consejos bienintencionados de las visitas, esos momentos en los que te podías comunicar con los tuyos en entorno de confianza.

Todo esto es lo que yo llamo un parto robado, época oscura en la que no se informaba a la mujer de sus derechos, no se le daba la oportunidad de “participar” en sus propios procesos. Mujeres infantilizadas y apocadas en medio de la vorágine de la sacrosanta medicina, y dando gracias.

Pero mi madre es una heroína, estableció la lactancia, superó un largo principio de lágrimas, culpa y dudas. Tan joven, tan bonita, tan vulnerable, tan inconsciente aún de todo lo que le robaron, tan sin saber lo fuerte que es y lo valiente que fue.

Te quiero mamá, porque tú me diste la vida, tú eres vida, tú fuiste mi alimento, mi refugio, mi consuelo y supiste encontrar el andamiaje que nos sostiene aunque tú no lo hubieras tenido, porque construir sin ayuda es muy complicado y tú has sabido cómo.

Hoy es tu 32 aniversario de madre, gracias por ello y por todo.

Inicios de nuestra lactancia

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Esta semana se celebra en España la Semana Mundial de la Lactancia Materna 2012, en el resto del mundo tiene lugar del 1 al 7 de agosto, este año el lema es “Comprendiendo el Pasado-Planificando el Futuro”. Esta circunstancia me ha animado a contar nuestra historia.

Tendida, sudorosa y en éxtasis, así me encontraba cuando me entregaron a Marco, desnudo y bañado en los fluidos que hasta ahora le habían dado la vida. Se que fue casualidad, pero me miró a los ojos y pareció verme, reconocerme. Estallé en lágrimas y el mundo se detuvo, aún tenía que parir mi placenta y recibir puntos y puntos, pero francamente ¿a quién le importa? Su cuerpo tibio se fundió en el mío. Así permanecimos dos horas, fugaces e intensas, en nuestro paritorio, en intimidad. Él se prendió al pecho y se enjugó con las primeras gotas color miel.

Llegamos a la habitación sobre las once y a las ocho  de la mañana tras una larga noche de quejidos y calor Marco fue ingresado en neonatos patológicos. Las órdenes de pediatría eran claras, quería saber de manera exacta cuanto líquido ingería el bebé, lo que excluía la lactancia materna de sus planes y así me los expuso, “eso no es importante ahora”, quizás no fuera importante pero era lo mejor que podía hacer por él, lo único que podía hacer por mi niño además de darle compañía. De manera que saqué una fuerza de la que no me sabía poseedora y me encomendé a los fantásticos sacaleches del hospital. Cercano a la tortura, aún no me había subido la leche, faltaban dos días para eso, pero conseguía sacar unos mililitros dorados y espesos, mi calostro. La cantidad que faltaba a lo prescrito se rellenaba con leche de fórmula, por suerte yo podía estar en todas las tomas, el modo de administración era el llamado “fingerfeeder”, con una jeringuilla que acaba con un tubito muy fino, se introduce en la boca del bebé el tubito y un dedo, de este modo el bebé succiona de un modo similar al pecho, manera muy distinta a la succión en un biberón, para que el esfuerzo y la sensación fuesen similares a la teta; por supuesto esto lo hacía mi compañero o yo. En la toma de las tres de la madrugada, el servicio sanitario daba la leche a Marco con un vasito especial, con la misma finalidad, evitar la confusión pezón-tetina.

Llegó el fin de semana y con él el cambio de pediatra, una buena enfermera me animó para aprovechando la coyuntura proponerle si el pecho directamente era una buena idea, le pareció bien y las puertas del cielo se abrieron, atesoré contra mi cuerpo a la razón de mi vida y el oro blanco empezó a fluir, se produjo la comunión, el gran vínculo que aún nos une, de nuevo lloré de alegría mientras me mecía y cantaba en una gran sala rodeada de cunas e incubadoras, y no había mejor lugar en el mundo.

A partir de ese momento el niño empezó a tener leche materna a demanda, lo que significaba que las tomas no se podían espaciar cada tres horas como marcaban los protocolos, así que mi móvil estaba disponible todo el tiempo, después tuve que cambiar el tono, se me saltaba el corazón cada vez que lo oía. Las normas de la planta de neonatos dictaban que ambos progenitores podían entrar casi las 24 horas del día, exceptuando el tiempo en el que los pediatras pasaban sala. En teoría, pero en la práctica el servicio sanitario, dependiendo de los turnos, prefería que durante la noche hubiera “mas quietud”. Así empezó mi pequeño calvario, cada turno con cuatro enfermeras/os y tres auxiliares, todo tipo de consejos, buenas y malas contestaciones, no se lo recomiendo a nadie, los problemas que no me ha dado ni familia ni vecinos me los dieron ellos: “este niño tiene mas hambre, no tienes leche” y que decir cuando me negué a que usara chupete me llegaron a decir que “estaba privando a mi hijo del único consuelo que tenía en un entorno en el que lo sometían pruebas cruentas”, pruebas cruentas, jamás olvidaré eso, tan poco tacto con una madre hiperhormonada y preocupada. Como mencionaba antes claudiqué con la toma de las tres, me sacaba la suficiente leche en dos o tres veces durante el día.

Once jornadas son muchas, tengo historias de todo tipo pero me quedo con las horas en la sala de lactancia, compartiendo con mujeres como yo, heridas pero luchando y mirando hacia el futuro, sufriendo, riendo, aprendiendo. Supongo que en este caso la clave del éxito estuvo muy relacionada con la testarudez y la tenacidad, siempre me he caracterizado por esto y en esta ocasión no iba a ser diferente, pero un cabezota sin cariño y respaldo se tambalea, doy fe, por eso, muchas gracias.

Esta leche es “la leche”

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Lechera VII de Concha Prada (2012)
 

Me gustaría hablaros hoy, del modo en el que la leche materna estimula el sistema inmune de los bebés y fomenta una flora intestinal saludable.

Médicos y científicos otorgaron a la leche humana, durante mucho tiempo, un valor meramente nutritivo, por lo que podía ser sustituida por leche de fórmula sin mayor inconveniente (negocio que mueve 3500 millones de dólares al año, sólo en EEUU).

El investigador Bruce German tomó cartas en el asunto y se dedicó a estudiar con mas detalle las características de la leche materna, para ser mas exactos, se centró en los OLIGOSACÁRIDOS que son unas moléculas de azúcar que abundan en la leche y que no se digieren. Dado que no se metabolizan su abundante presencia debía responder a alguna finalidad. German trabajó con biólogos moleculares aislando los oligosacáridos y exponiéndolos a diversas bacterias. Se han descubierto ya 150 tipos aunque se estima que podría haber unos 200. Estos azúcares podrían ser claves para la salud y enfermedad del ser humano.

Los fucosilados, por ejemplo, son un oligosacárido que sirve de alimento a la bacteria Bifidobacterium infantes. Esta bacteria evita problemas gastrointestinales, la presencia de los fucosilados (azúcares que no metaboliza el bebé) promueven su existencia y a su vez la B. infantes consume todos estos azúcares matando de hambre a otras bacterias nocivas.

Otro compuesto prometedor es  un azúcar llamado disialil-lacto-N-tetraosa.  Se cree que el compuesto actuaría estimulado el crecimiento de bacterias beneficiosas o reduciendo la inflamación del intestino, parece que esta familia de compuestos imita la estructura molecular de las células epiteliales del colon actuando de este modo: al no digerirse llegan intactas al colon adhiriéndose a sus paredes, cuando una bacteria parasítica, Entamoeba histolytica, trata de atacar las paredes del colón, en muchas ocasiones acaba pegándose a las moléculas que provienen de la leche, que entonces se desprenden facilitando la evacuación del microbio perjudicial. Este mecanismo, de confirmarse, podría tener importantes implicaciones tanto para la salud de los niños como para la de los adultos, ya que E.histolytica es la tercera causa global de muerte por parásitos.

Otras hazañas que podrían llevar a cabo los oligosacáridos incluyen la inhibición de Streptococos pneumoniae, la bacteria responsable de muchas infecciones del tracto respiratorio y del oído, lo que podría aclarar por qué los niños amamantados son más resistentes a este tipo de enfermedades que los alimentados con fórmula.

La experimentación con los oligosacáridos extraídos de leche humana están dando buenos resultados con el cólera, y E.coli. Así mismo, todo un cóctel de compuestos derivados de la leche podrían comenzar a salir de los laboratorios poniéndose al servicio de la medicina. Ya se han creado compañías encaminadas a testar estos efectos en humanos y a diseñar suplementos nutricionales destinados a países subdesarrollados, donde los trastornos relacionados con la diarrea matan a más de un millón de niños cada año.

También se trabaja con compuestos que puedan usarse en adultos cuyo microbioma interno haya resultado dañado por una enfermedad, por la edad o por el uso de antibióticos. La CD14, por ejemplo es una proteína abundante en la leche materna que está presente cuando el sistema inmune aprende a combatir los patógenos intestinales, podría servir para pacientes con enfermedad de Crohn. La Lactoferrina, una proteína que se adhiere al hierro, podría usarse para tratar la salmonelosis, E.coli y a otras bacterias que se alimentan de hierro.

Los datos utilizados en el Post pertenecen a Florence Williams, autora de Breasts: A natural and Unnatural History.

Por fin la ciencia se está encargando de estudiar la leche humana, no comprendo como se ha dejado de lado tanto tiempo, cuando son evidentes sus beneficios. Este interés responde a intereses comerciales, según lo veo yo, si con el tiempo son capaces de sintetizar y producir los componentes de la leche, los grandes laboratorios farmacéuticos se lucrarán sin duda, con leches de fórmula carísimas y grandes remedios contra enfermedades. No lo veo mal, el avance de la medicina es inexorable, pero dudo mucho que se haga un uso solidario con estos remedios, repartiendo complejos vitamínicos a niños del tercer mundo y evitando así sus muertes. Soy “algo” desconfiada en lo que a la generosidad humana se refiere y en particular a las grandes empresas regidas por “grandes hombres y mujeres”.

Por lo pronto estos estudios ponen de manifiesto la importancia de la lactancia materna y los grandes beneficios que encuentran con ella los bebés. Si el conocimiento de estos hechos fuese mas popular nadie se escandalizaría cuando te dispones a amamantar a tu hijo, ni se opondrían con falsos mitos a la continuación de una maravillosa lactancia “a término”.

Un nuevo camino que recorrer

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El ritmo lo impregna todo de nuevo. Mi corazón vive acelerado, vuelve a bombear sangre por dos.

Bullía en mi cabeza un sonsonete de amor, de vida. Un concepto, una idea, un deseo.

Y ya esta aquí, luchando por adherirse a su madre, aferrándose a mi cuerpo, multiplicándose sobre si mismo.

Vuelvo a sentirme madre, vuelvo a sentirme llena, vuelvo a sentirme embarazada.

Así me siento y así estoy. Puede que sea pronto. Puede que no sea definitivo, pero en la hora que me ocupa es mi realidad, es la realidad.

Que ansíes el momento, lo esperes y lo busques, no significa que cuando llegue no te abrume y desestabilice. De hecho el baile de hormonas te conduce vertiginosamente de una emoción a otra.

Pura felicidad y plenitud femenina desembocan en dudas y nervios. Tengo mis planes, siempre los tengo, pero la primera vez que fui madre pude comprobar como todas las ideas preconcebidas que tenía se desplomaban como naipes. El espíritu idealista que te mueve cuando quieres ser madre me presentaba una maravillosa lactancia en tándem, abrazos interminables y una cama por la que se “esturrea” el amor, la leche y el cariño.

Pero al cabo de la noticia Marco ha enfermado, un resfriado común con algo de fiebre, y no dejo de preguntarme si seré capaz de responder a las demandas de los dos, después de una noche difícil como esta me he sentido aterrada, ¿me habré precipitado, rechazará Marco el pecho? Pero como decía en Oscura es la nochela sombra es confusa y la falta de sueño aturde. Ahora, con el sol en la cumbre vuelvo a sentirme feliz porque se que me sobra amor, aunque no paciencia, pero como todo es cuestión de práctica y predisposición solo me queda sumergirme en esta nueva situación que esculpirá mi cuerpo y mi energía, estirando mis brazos, abrazando a mis hombres, llenándonos de vida y confiando en nuestra capacidad para ser familia, en nuestra plasticidad y en nuestras ganas de recorrer este camino nuevo que nos enseñará tantas cosas, buenas y malas, pero que sobre todo nos multiplicará y enriquecerá.

 

Oscura es la noche

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Las sombras hacen palidecer a la razón. La noche nos engulle, el tempo se hace eterno.

Cuando no podemos dormir los minutos son horas y las horas son eternos cismas que nos distancian y alejan del descanso. Nuestras preocupaciones se sobredimensionan, se engrosan como una gran bola de nieve que desciende ladera abajo. Llegamos incluso a vivir estados de vigilia somnolienta o sueños conscientes, que no comprendemos ni dominamos, entramos en una dimensión temporo-espacial diferente, irracional, subconsciente… Nuestra imaginación campa a sus anchas, como una semilla que se arremolina en el estómago y despliega sus tentáculos, sus ramificaciones; como un timbal que percute y percute, constante, obstinado, salimos del pensamiento, entramos en el pensamiento, salimos, entramos, salimos, y más… Un laberinto kafkiano, una opresión, un muro que se disipa con la luz del día.

Cuando el sol se alza todo es relativo, nos sorprendemos de la impotencia que nos atenazó y abrazamos soluciones y alternativas, propósitos y objetivos que mitiguen nuestro malestar. Un café humeante, aromático. Agua limpia, fresca. En la cara. Y todo gira.

No se si reconocéis una situación semejante, aislada o habitual. ¿Le puede ocurrir esto a niños y bebés? Un desequilibrio, una “semilla” no digerida ¿les puede aterrar en la noche?

Tres veces al año mi trabajo me separa de Marco bien entrada la noche, no regreso a casa hasta las 2 de la madrugada aproximadamente. Son fechas temidas por todos. Marco suele dormirse enroscado a mi, teteando y arrullado, los dos respirando a una, relajándonos juntos, oliéndonos y sintiéndonos. Pero cuando se vuelve a despertar (varias veces cada noche), necesita comprobar que todo está como lo dejó, así se siente seguro. Pero la noche del lunes mamá no estaba y en su capacidad de razonamiento no había señales de que volvería, como  vuelve día tras día a la hora de la comida. Esto era distinto, papá no era suficiente. Rabia y llanto hasta el vómito, solo los dibujos animados pudieron alejarlo de su pena. Algún que otro intento de cuento frustrado, de paseos en mochila frustrados. Pero significaba dormir, ¿dormir? ¿sin saber el paradero de mamá? No, eso era demasiado. De este modo solo la compañía de papá y las imágenes divertidas de la pantalla hicieron más llevadera la espera.

Por un lado comprendo la impotencia de un padre que entrega por entero su paciencia y su contacto. No lo puedo imaginar porque siempre soy consuelo y bálsamo. Solo le queda la empatía, conectar con un cerebro de 19 meses en pleno vínculo, extrañado, enfadado y aterrado. Ahora piensas que Marco “no se conforma contigo” pero él se ha sentido acompañado y comprendido en su espera y su delirio.

Dos pesadillas a lo largo de la noche, con mamá al lado, atestiguan el calibre del sufrimiento y la gestión del estrés por parte de nuestro bebé.

Todo esto ¿qué supone? Según mi punto de vista el vínculo está intacto, como es normal para su edad, hasta los dos años no se produce la ruptura de la díada, de forma progresiva y en virtud del carácter de cada niño. Si no estuviera criado “con apego”, ¿no notaría mi ausencia? Para que esta circunstancia se dé se habría deshabituado a mi presencia en cualquier otro momento, pero lo habría hecho, con todo el sufrimiento que conlleva para un bebé que aún no está preparado. Es obvio que nos podemos acostumbrar a cualquier cosa, pero particularmente no me compensa, no nos compensa, pasar por semejante trance que puede conllevar un destete precoz (si precoz, porque no significaría una lactancia a termino), por tres días al año, porque el resto del tiempo no tengo nada mejor que hacer que velar por el dulce sueño de mi bebé. No me cabe la menor duda de que cuando él esté preparado recuperaré mayor libertad nocturna. Pero todavía no es nuestro momento. Somos una perfecta díada que sobrevive gracias al soporte que nos brinda papá. Pero esto merece otra reflexión. El papel fundamental del padre durante la lactancia, cuando es toda nuestra tribu, al menos de noche.

Edad del destete. ¿Qué opinan los primatólogos?

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Este Post está escrito por Auberiv, compañero de trabajo y muy amigo mío. Muchas son las opiniones tras el revuelo que provocó la portada de TIME, este punto de vista era sin duda imperdible e interesantísimo. Gracias por colaborar con este blog y por tu inestimable aportación Auberiv.

Dato: el niño que apareció en la portada de TIME pronto cumplirá 4 años y es amamantado.

Más datos: las reacciones generadas van desde el rechazo extremo a la defensa inflamada, pasando por los intentos de ridiculizar esta práctica, o que la portada es bochornosa y desafortunada aunque lo de dentro está bien, o no entremos a trapo, o que la crianza de un hijo o hija no es una competición, etc., etc., etc.

Es decir, nos hemos lanzado, como buenos primates, a la confrontación de ideas y puntos de vista, proceso que, habitualmente, deriva en una ceremonia de polémica y de confusión en la que también se pueden acabar enredando quienes intentan poner calma en el asunto. Por un lado, los beneficios de la lactancia materna son tan claros que ni me molestaré en aportar enlaces; por otro, entre las opiniones en contra de amamantar hasta determinadas edades se han vertido, a raíz de esta portada, perlas tales como que se están causando “problemas psicosexuales devastadores” que acompañarán a estos niños y niñas a lo largo de su vida adulta, o que este tipo de crianza es “una receta para el desastre psicológico”; es decir, que estaríamos ante un acto aberrante.

En nuestras sociedades es frecuente asumir que una práctica es “natural” o “normal” simplemente porque no conocemos o no nos hemos expuesto a otros modos de llevarla a cabo. La sabiduría popular alcanza, en este sentido, elevados grados de sofisticación y detalle. Conozco a una madre que vive en un pueblo pequeño (muy pequeño) a la que han pasado de decirle “le estarás dando pecho, ¿no?” a “¡aún le estás dando pecho!” en el transcurso de unas pocas semanas, lo cual prueba lo mucho que somos capaces de afinar en nuestros criterios de lo que se debe y lo que no se debe hacer, de lo que es normal y no lo es, muchas veces no tanto en lo que atañe a nuestras vidas sino con respecto a las vidas de los demás. ¿Qué criterios se están usando aquí para definir “normalidad”? Yo quisiera centrar mi argumentación en el punto de vista biológico y así, como buenos primates, ¿cuál sería la edad natural a la que deberían destetar los humanos?

La mayoría de los datos que siguen los he extraído del blog The Primate Diaries, que aloja el sitio web de la revista Scientific American y que podéis también consultar. Confieso que hay muchas frases y la estructura de algún párrafo que he dejado sin cambiar con tal de mantener una claridad en la exposición original que no me siento capaz de mejorar.

Existe un estudio clásico, “Life History Variation in Primates” que los zoólogos británicos Paul H. Harvey y Tim Clutton-Brock  publicaron en la revista científica Evolution. En conjunto, se trata de la más completa recopilación de datos disponible sobre las sociedades primates (hasta 135 de ellas, incluida la humana) y los parámetros registrados abarcan desde el tamaño de la camada o la edad de su destete hasta el peso de la hembras o la duración de su período de celo. Al relacionar todos estos datos usando técnicas estadísticas, identificaron una serie de patrones que se mantienen a lo largo de todo el linaje primate.

Una de estas correlaciones, que se presenta de un modo especialmente consistente, es la que relaciona el peso de la hembra adulta con la de la edad de destete de sus crías, de modo que, conociendo el primer dato, es posible predecir el segundo con un rango de acierto del 91%. A raíz de esto, se puede calcular que la edad (en días) a la que un joven primate se destetará es igual a 2’51 veces el peso de su madre (en gramos) elevado a la potencia 0’56. Este cálculo, muy sencillo, predice que los humanos deberían destetar a una edad media de entre 2’8 y 3’7 años.

¿Hasta qué punto concuerda esta predicción con las prácticas de nuestra especie? Según los datos recopilados por UNICEF, la mitad de la población mundial prosigue con el amamantamiento hasta los dos años. Y, lo que es más, el destete es sólo parcial, ya que no supone el abandono completo de la lactancia. La ingesta de leche materna prosigue durante algunos meses más o incluso años. No obstante, estos registros estadísticos provienen del análisis de sociedades sedentarias y agrícolas que, en mayor o menor grado, se pueden haber visto influidas por las tendencias de crianza occidentales. ¿Qué ocurre con otras sociedades cuyos estilos de vida guardarían mayor similitud con la de nuestros ancestros del pleistoceno?

Para hallar la respuesta, el antropólogo Clellan Stearns Ford, de la Universidad de Yale, recurrió a la más amplia colección de registros antropológicos disponible, aglutinados bajo la denominación Human Relations Area Files, y averiguó la edad de destete de 64 sociedades tradicionales de pequeñas poblaciones cazadoras-recolectoras. Su análisis (como se observa en la siguiente gráfica) determinó que la edad promedio del destete es de, aproximadamente, 3 años. Resulta importantísimo hacer notar que, dado que estas sociedades se reparten por todo el globo y no tienen contacto unas con otras (a veces con nadie más, aparte del ocasional antropólogo o antropóloga que se pasean por allí) este comportamiento supone una muestra lo suficientemente amplia y variada como para pensar que, desde el punto de vista biológico, estamos ante lo más cercano a “natural” que podamos hallar.

Y no sólo esto. Además de por la lactancia materna habitual y mantenida en el tiempo, los grupos humanos cazadores-recolectores se caracterizan también por unos niveles extraordinariamente altos de contacto y proximidad entre padres e hijos. Las tendencias globales de estas sociedades serían, pues, muy claras y consistentes: los humanos destetan a una edad equiparable (de acuerdo con el cálculo basado en el tamaño de la mujer) a la de otros primates, 3 años, y a partir de ahí este período variaría ligeramente debido a factores ambientales o culturales.

En contraste con estas tendencias globales que se dan en las sociedades tradicionales y las no occidentales, los niveles de lactancia materna en Europa, EEUU y Canadá indican que sólo entre un 15 y un 25% de las madres continúan amamantando a sus bebés a los seis meses tras el parto. Las naciones occidentales se muestran, de este modo, como una desviación extrema de la media con respecto a lo que ha sido y sigue siendo mayoritariamente un comportamiento habitual para nuestra especie. Sobre este punto, tanto la Organización Mundial de la Salud como UNICEF, con sus recomendaciones sobre lactancia, se alinean con las predicciones basadas en nuestros parientes primates.

Podría parecer que el amamantamiento es un mero complemento o incluso un capricho en nuestras confortables y sobrealimentadas sociedades occidentales. Los beneficios de la lactancia se han comprobado ampliamente en las partes del mundo menos ricas y tecnificadas, donde supone el mejor remedio contra la malnutrición, la incidencia de enfermedades infecciosas o problemas como la diarrea que, sin tratamiento adecuado, pueden ser mortales; pero estos efectos son universales y también se observan en nuestros hijos. No sólo los bebés amamantados están mejor nutridos y protegidos contra las modernas epidemias de obesidad y diabetes asociadas con la sobreabundancia de alimentos, sino que la mejor salud general de estos niños y niñas supone un alivio para los saturados sistemas sanitarios de nuestros países.

Ahora bien, está claro que nuestras circunstancias han cambiado apreciablemente con respecto al entorno de una sociedad tradicional. Por nombrar algunas evidentes: podemos trabajar a muchos kilómetros del lugar que habitamos, las relaciones y exigencias sociales se han vuelto más complejas, la mujer prosigue su camino de incorporación en igualdad de condiciones al entorno profesional, existe una tecnología que ofrece alternativas alimenticias a los bebés, el tamaño de las familias se ha ido reduciendo hasta poder llegar ser monoparentales, o incluso se puede dar el caso en que el niño esté a cargo de alguien que no tenga pechos con los que amamantar. También cloramos el agua que bebemos, tomamos aspirinas y debemos esperar ante un semáforo en rojo. Y, por supuesto, se han producido cambios en el modo de criar a los niños. Ambiente y comportamiento se influyen y retroalimentan inevitablemente pero esto no debería impedirnos observar ambos con espíritu crítico para evaluarlos y decidir qué podría ser cambiado y mejorado desde el debate informado y el consenso.

La mayoría de las sociedades humanas no comparte nuestra traumática relación con la lactancia. Amamantar hasta los dos, tres o más años, lejos de ser meramente una rareza, un estilo de crianza más o menos caprichoso o incluso una perversión, como se apunta desde algunos grupos, es una norma natural que tiene implicaciones muy importantes para el desarrollo físico y emocional de madres y niños y también es relevante en cuestiones relativas a la salud pública y al bienestar global de una sociedad. Se trata de conocer cómo son nuestros cuerpos, cómo funcionan y qué es conveniente para ellos. Al igual que sabemos que pesar 140 kg midiendo 155 cm es perjudicial, sabemos que amamantar durante dos, tres o cuatro años es beneficioso. Toda mi argumentación ha estado encaminada a mostrar mi desagrado a que se usen justificaciones biológicas a la hora de rechazar este tipo de crianza cuando, en realidad, están operando otros motivos que pueden ir desde la desinformación o la imposibilidad hasta algunos que, desde mi parecer, resultan siniestros. En última instancia, corresponde a las madres (y a los padres) decidir cuánto (o cuán poco) quieren amamantar a sus hijos. Todas las decisiones, si son meditadas, informadas y buscan el mejor compromiso posible entre los intereses de todas las personas involucradas en ellas (teniendo en cuenta que no existen bebés capaces de decidir y opinar por y para sí mismos), deberían ser válidas. Sin embargo, creo que, como sociedad, deberíamos apoyar y garantizar que todos tengamos acceso a una información de calidad y asegurar un entorno en el cual las madres que decidan amamantar a sus hijos no se hallen expuestas a estigmatización y a juicios de valor por hacer algo que, al fin y al cabo, es sencillamente natural.

Detrás de la portada

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¿Por qué esta imagen? ¿Por qué este titular? ¿Por qué estas palabras al pie? No nos dejemos eclipsar por la polémica portada de TIME, buceemos en el interior del magazine antes de sacar conclusiones precipitadas.

Varios artículos tratan el tema de la “crianza con apego” (attachment parenting), de forma muy sensata e interesante, paso a relataros algunos contenidos:

Se aborda el tema de la lactancia materna desde una perspectiva desculpabilizadora, los problemas a los que se enfrenta la mujer a la hora de acceder y escalar en el sistema laboral son mucho más complejos. El paro no solo afecta a madres que dan el pecho. Dominique Browning nos acerca este tema a raíz de la publicación de un libro de Elisabeth Badinter que argumenta que la lactancia materna esclaviza a la mujer. Este es el artículo: Why Breast-Feeding Isn’t the Bugaboo.

Este me encanta. Cómo la maternidad “intensiva” también forma parte del movimiento feminista, ya que éste lo origina. How Feminism Begat Intensive Mothering (Belinda Luscombe). Las conquistas sociales de las mujeres han permitido que tomen decisiones, se hagan cargo de sus vidas y expriman al máximo sus potencialidades, ¿cómo no habrían de hacer lo mismo a la hora de criar a sus hijos? El aumento del poder económico y social de las mujeres no les ha quitado su deseo de ser madres, al contrario, les ha permitido abrazar ferozmente la maternidad.

También encontramos el punto de vista de un padre. En The Detached Dad’s ManifiestoNathan Thornburgh en clave de humor nos relata cómo el peso fundamental recae en la madre (él no tendrá nunca una mastitis). Añade a la ecuación, a la díada, un saludable sentido de la distancia, aún así siente que su papel es secundario. (Todos recordamos a un padre que confiado exclama “déjale el solo lo hará muy bien”).

Una madre de la Bahía de San Francisco, Erica Kain (One Family’s Experiment with Attachment Parenting), nos habla de su experiencia, en esa zona de California la tónica imperante es la crianza con apego y se vio permeabilizada por ello. Tuvo que reajustar sus expectativas en función de sus circunstancias, tiene tres niños y es difícil seguir los ideales de maternidad que te has impuesto, recomienda fluir con los niños y adaptarse a sus particularidades. Además su insignia es el “Homeschooling” (escolarización en casa).

También dedican un artículo al precursor del movimiento de la “Crianza con apego” en EEUU, William Sears. En el artículo, The Science Behind Dr. Sears: Does It Stand Up? se argumenta que si bien la ciencia respalda sus afirmaciones con respecto a la lactancia materna y “apego seguro”, no ocurre lo mismo con el colecho y el porteo, aún no existen estudios concluyentes que puedan demostrar “científicamente” su impacto en la personalidad adulta de los niños criados de este modo. Usa estudios que no son determinantes.

En Parents Do What’s Right for Them, Not for the KidsJudith Warner, otra madre, nos trae un tema muy interesante, las razones que nos llevan a elegir un camino y no otro, y para ella responden a hechos que hablan de nosotros mismos, de nuestras necesidades subjetivas que afloran a la hora de criar.

Encontramos también el testimonio de una madre, Susanna Schrobsdorff, que nos habla en Confessions of an Accidental Attachment Parent acerca de la importancia de la tribu, de la inseguridad que nos rodea durante la crianza y de la necesidad de empalizar con otras madres que se desenvuelven de manera similar.

Y en Extended Breast-Feeding: Is It More Common than We Think? por Bonnie Rochman, madre también, indaga en el activismo americano pro-lactancia, comentando campañas para reivindicar la lactancia materna y su práctica en público (no olvidemos que allí está prohibido) y apostilla que todas ellas palidecen ante “la portada” que nos ocupa. Critica la mojigatería americana, además dice no adherirse a ninguna corriente concreta salvo la humana.

Llegados a este punto, expresaré abiertamente mi punto de vista. Me parece fantástica la foto de la portada, transgresora, llamativa, polémica, además de artística y expresiva. No estoy tan de acuerdo con el texto que la acompaña, la foto en si ya vendería muchas revistas, y me parece fantástico, porque los lectores entrarán también dentro del magazine. Muchas personas se han sorprendido con estas prácticas, a muchos ciudadanos ha llegado este hecho y probablemente de otra manera ni hubieran imaginado que muchas madres amamantan a sus hijos hasta la edad que consideran oportuna.

Se ha levantado mucha polémica y también muchas han sido las críticas, las risitas. Los periódicos españoles que se han hecho eco de la noticia me han defraudado enormemente, se han dejado engañar por la portada y no han hecho el esfuerzo de comprender realmente a qué responde, no han leído ni uno solo de los artículos y han sido tendenciosos. Lamentable. Me duele especialmente el caso de El País.

Pero en TIME también podréis ver mucha belleza, salud, humanidad, orgullo, amor, a mamíferos relacionándose. Los artículos abordan el tema de la “crianza con apego” de manera poliédrica, desde muchos puntos de vistas, abordando diferentes cuestiones y voces, pero siempre de manera positiva. Me parece que se hacen eco de un modo de vida con respeto e informando.

Esta imagen también es de Jamie Lynne Grumet, protagonista de la portada y madre de un hijo de casi cuatro años, con una postura mas habitual en el amamantamiento.

Entiendo el uso de la sugerente fotografía que se utiliza en el exterior. Alza la voz, y ocupa su espacio. Estamos aquí, esto es lo que hacemos y es maravilloso. Miradnos y aceptadnos. Miraos y aceptaos. No reneguéis de vuestra esencia humana y mamífera. Era necesario un impacto, la educación de la ciudadanía vendrá lentamente, pero ya hay un primer paso.