A propósito de “Los descendientes”

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Cada semana intentamos hacer alguna actividad los dos solos, como cuando no éramos padres, para no perder la perspectiva, hablar sin interrupciones, tomar oxígeno y volver a casa llenos de energía. Gentileza de tita Mar, que presta acude a mi llamada para  jugar, y bailar, y jugar y volver a bailar con el pequeño Marco.

Pues bien, esta vez nos hemos permitido el lujo de “un cine”: Los descendientes, de Alexander Payne, director también de Entre copas. Muy en su línea nos ha mostrado un film agridulce, capaz de contar una historia harto dramática en clave cómica (la mayor parte del tiempo), con agilidad y humor pero repleta de reflexiones.

Se me viene a la cabeza el modo en que compara a la familia con un “archipiélago”, donde cada uno de los componentes son islas, tienen entidad e independencia aunque pertenezcan a un todo mayor y tiendan a separarse con el tiempo. Sencillamente me parece brillante; a eso aspiro. Cuán importante es el espacio particular de cada uno, donde nos podamos desarrollar en nuestra esencia sin relaciones complicadas de chantaje, dominación, dependencia o autoritarismo; donde podamos ser aceptados y valorados dentro de nuestra especificidad, sin ir todos a una, con nuestras preferencias; adoro el deporte, pues lo práctico; amo leer libros en mi sofá, pues me entrego a ello; me divierto en reuniones atestadas de gente, pues las propicio; y así, desde el respeto, coincidir donde tengamos que coincidir. ¿Y qué ocurre con la personita que levanta el vuelo? Pues a su entorno corresponde también observar de manera consciente sus inclinaciones, para al menos no molestar en el desarrollo de las mismas y, por supuesto, potenciarlas.

Otro aspecto de la película que me ha hecho reflexionar es la figura del protagonista, el gran George Clooney, padre de dos niñas de 10 y 17 años, confrontado ante una situación difícil, como es la enfermedad de la madre de sus hijas. Se observa, no sin humor, cómo el padre apenas conoce a sus retoños, incapacitado, sin herramientas, sin rodaje cotidiano y con circunstancias conflictivas que resolver. Me entristece pensar que un padre pueda pasar tan de puntillas por su hogar, aunque el personaje sea adorable y nos encante y le perdonemos todos sus errores, incluso los justifiquemos; por esto mismo, es una pena que no haya participado más en la vida de su familia, habría aportado muchas cosas. También se observa una importante incapacidad para expresar sus sensaciones, incluso cierto halo de autorepresión, no creo que sean éstos hechos desvinculados. Cuántos padres permanecen ajenos a su hogar, no solo por cuestiones laborales sino porque no tienen recursos para relacionarse, reflejo de niños heridos, criados para separarse de sus emociones entendidas como debilidad. El tema del rol tradicional del padre da para mucho más, lo retomaremos.

Y vosotros, ¿habéis visto la película?, ¿estáis de acuerdo con estas ideas?

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  1. Vale, ya te tengo, te sigo y aquí me quedo 🙂
    Nosotros no hemos hecho absolutamente nada solos desde que nació la niña. A mi hasta ahora me ha costado mucho despegarme de ella, la veo tan poco por el trabajo que cuando llego a casa solo quiero niña, pero es cierto que ahora con 22 meses se queda encantada con la gente y empezamos a plantearnos alguna cenita o escapadita al cine.
    Me ha encantado la comparación de los miembros de una familia con islas pertenecientes a un archipiélago. Que cierto y que importante es recordarlo y permitir que cada miembro tenga su propio yo, sin represiones ni imposiciones.
    Lo del padre ausente es cierto que da pena, sobretodo porque en muchos casos es tan real…
    Un abrazo!

    • Te entiendo perfectamente, recuerdo lo del “nudo en el estómago”, es normal y deseable aprovechar a tope el tiempo con ella.
      Nosotros tenemos unas circunstancias laborales deseables para la conciliación familiar. De todos modos solo salimos a comer al medio día o vamos a la sesión de cine de las 16:00 o las 17:00; de noche ni me lo planteo, el peque es muy muy dependiente para el sueño.
      Gracias por tu aportación.
      Un beso grande

  2. me encanta no solo poder compartir un rato con Marco sino que confíes en mí para poder cuidar de él, formando parte de su educación y de su corazoncito. Pudiendo así ser una de esas islas que conforman el archipiélago. un besazo!!!

  3. Gracias por este nuevo post.
    Me parece muy interesante tu análisis aunque a mi me intriga más lo que la peli no cuenta. Me sorprende la poca presencia que en la narración tiene la madre en un momento tan especial… Yo tengo la toería (infundada y sin contrastar, por supuesto) de que las relaciones madre e hija son más complejas que las relaciones padre hija, y me atrae ese lado de la historia. ¿Cómo se lleva ella con sus hijas?

    • Quizás el hecho de que la narración se trate desde el punto de vista del padre, incluso se usa su voz en off, propicia la marginalidad del papel de la madre desde dentro. Aunque ella esté en coma se podrían haber utilizado flash back para retratar esa parte de la historia, que sentía ella con respecto a sus hijas, como digo desde dentro. Sin embargo, desde fuera sí podemos ver como se comportan las hijas y como digieren la delicada situación. La mayor le guarda rencor y repite comportamientos autodestructivos, incluso se menciona que son muy parecidas; y la hija pequeña me da la impresión de que si tiene una relación mas estrecha en la actualidad, propiciada por la edad y el roce. Es por esto que tiene un lugar preferente como sufridora, en el sentido mas tierno de la expresión, se ceban con los primeros planos de su carita. Se desprende del film que la madre no trabaja y por tanto se dedica a sus hijas (mas bien su hija) y a sus “actividades”.
      Las relaciones con una madre siempre son complicadas, creo yo, por su exceso o por su defecto.
      Un abrazo y muchas gracias por tu comentario!

  4. Ya veo que esto va en serio… Ánimo desde el ARCHIPIÉLAGO DE ALBOLOTE 🙂 😉

    Un abrazo y me alegra que ya tengas más post que ANTROPONIO… Aunque parece que lo estás animando. UN BESO PARA LOS 3

  5. Silvia, acabo de entrar en el facebook después de un tiempo de abandono y he estado mirando por encima tu blog, voy muy ràpido pero no puedo dejar de decirte que me encanta.
    Cuando vengáis por Dos Hermanas no dejes de decírmelo, me encantaría veros.
    Un abrazo muy gordo.

  6. TOTALMENTE de acuerdo con esta frase: “Pues a su entorno corresponde también observar de manera consciente sus inclinaciones, para al menos no molestar en el desarrollo de las mismas y, por supuesto, potenciarlas.”

    Para mí, la pregunta clave siempre es ¿quién eres? y no ¿quién quieres ser? (y ya, ni pensar en ¿quién quiero que seas?) Porque al final, cada cual tiene sus habilidades, y creo que el mayor favor que se le puede hacer a un hijo es, en este contexto, enseñarle cómo sacar provecho de esas cualidades. Pero claro, para eso, primero hay que dejar que el niño se exprese a sí mismo. Hay que dejarle ser “isla”.

    🙂

    • Sí que es una pregunta clave, tantas veces difuminada y sustituida, como bien dices, por quién quieres ser y para qué o quién. Es una labor compleja, pero muy estimulante, te ayuda a conocerte mejor, para desactivar los mecanismos de chantaje y deseo que rodean la crianza de un niñ@.

      Muchas gracias por tu opinión.

  7. Yo, al igual que tú, planee una escapada al cine pues andaba bajona ya que cumplí años de muerto mi padre y claro no pude dejar de llorar toda la película. Es curioso como las relaciones con la edad cambian- la pequeña es una niña y el vínculo con el padre se da en base a la comida: el helado es el premio, la caricia, el cariño. La grande pasa por la adolescencia- un periodo duro para cualquier parte- y es ruptura ante todo. Es mas fuerte saber que la madre está en esas circunstancias y la chica quiere romper con su propio molde. Las relaciones son difíciles y las de dependencia- en este caso los hijos pues hasta cierta edad lo son- se complican aún más. Los descendientes se nos dan como un chorro de agua- los sostienes por poco tiempo pero debes dejarlos ir. Muy bueno tu blog, muchas felicidades y aquí nos leeremos!

    • No lo había pensado, que interesante ese vínculo a través de la comida, la incapacidad expresiva a las claras, los lleva a relacionarse de ese modo. Por supuesto, debemos dejarlos ir, y si no es así, ellos mismos rompen los lazos de dependencia, es posible que incluso estén preparados antes que nosotros. Debería ser lo normal confluir en paralelo.
      Nos leemos aquí y allí. 😉
      Muchas gracias

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