“Salir del armario” del maternaje

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Hace muy pocos días que tengo un blog, pero llevo experimentando una sensación de plenitud desde entonces, que quería compartir con vosotros.

Ha significado para mí una declaración de intenciones, una liberación de principios, una apertura de mi propio armario.

Desde que me quedé embarazada fui comprobando como todas mis previsiones mutaban, a medida que encajaba más y más información. Pasé de planear cuatro meses de lactancia a ser una ferviente defensora de la lactancia prolongada, dos años, tres, los que decidamos y acordemos sin hablarlo, solo sintiéndolo, Marco y yo.

Del mismo modo embalamos la cuna tras un tiempo de prueba, y plegamos la sillita, reservándola para contadas ocasiones.

SI, dormimos con nuestro bebé, lo porteamos siempre que quiere, nos organizamos para cuidarle en casa y tiene teta y cariño a demanda; y lo digo así, con la boca llena y el pecho henchido de orgullo.

Pero hablo de un orgullo que he tenido que elaborar poco a poco, porque siempre escuchas voces discordantes, que opinan invadiendo tu sentir y que se entrometen con demagogia. Demagogia rancia, sin contrastar, que no acepta la diferencia y se proclama conocedora de la única verdad.

Del día a día con mi hijo aprehendía un modo de funcionar con él, que sencillamente no podía ser otro, sin embargo una sensación de culpabilidad me atenazaba cuando me preguntaban, ¿y duerme ya en su cuarto? ¿Por qué no va en el carrito? ¿Aún le das teta? ¿Ylo duermes tú? Y así y así… y tu mundo se tambalea por un momento y no sabes si lo estás haciendo bien, si tendrán razón esas voces, si lo malcrías y será un terrorista sin remedio y tú una desgraciada para toda la vida. Temes el momento de las preguntitas, y te escondes en el armario, y las evitas o contestas a medias. Porque no te apetece dar explicaciones, porque tú no se las pides a nadie y no te sientes fuerte, no terminas de confiar en ti, hasta que lo haces.

Entonces sales del armario y pones widgets que te definen en los laterales de tu blog, te posicionas, y te sientes arropada por la “tribu”, desfilando por tu propio “Chueca” . Al fin eres libre y  sientes orgullo y plenitud con lo que haces.

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  1. Y muy bien qu ehas hecho! Quevuelvan al armario los no dispuestos a escuchar, analizar, investigar y aprender de otras personas, experiencias y maneras…tu lo ves como tu miedo a equivocarte pero ¿no será el de ellos por haberse equivocado?
    te quiero y aprendo todos los días de tí

    • Gracias Mandi! Yo me conformo con que nadie interfiera con mi modo de “maternar”. Es difícil esto de la crianza y me da pena pensar que alguien se tenga que esconder en el armario, todos actuamos pensando que hacemos lo mejor por nuestros hijos y descubrir que te has equivocado es tan aterrador, que sospecho que nadie lo descubre, todos pensamos que estamos en el buen camino.
      Gracias por escribir cariño, no dejes de hacerlo, me enriqueces.

    • Muchas gracias! Qué bueno tu club, las Madres Felices, a ratos lo consigo y es maravilloso. Me encanta pertenecer a la Tribu 2.0 y compartir con vosotros mis sentires.
      Un abrazo

  2. Querida prima, te leo y me parece una experiencia tan bonita. Ni siquiera te molestes en buscar respuestas. A preguntas necias, oídos sordos. ¿A quién le importa lo que haces tú con tu bebé? ¿A quién le importa dónde duerme o cómo come? Vamos, por favor, que cada uno se ocupe de su vida y tú disfruta como lo estás haciendo.
    Un fuerte abrazo.
    Ah, me encanta tu blog.

  3. Mi niño duerme en su cuarto desde los seis meses,va a la guarderia desde los ocho, dejo el pecho definitivamente a los cinco y va en su Maclaren con mucha frecuencia.Te dire tambien que anda desde los nueve,habla desde los once,es un niño sociable,seguro de si mismo y de sus posibilidades.Si esto es a los veinte meses imaginate en un futuro.No te confundas,simplemente en mi manera de entender la maternidad aparte del amor a demanda del que mi hijo disfruta intentamos inculcar otros valores.

    • Querida Pepi:
      El valor, y la oferta y la demanda no son conceptos estancos. Cada uno de nosotros ofrece lo que tiene, o así debería ser. Los niños vienen sin que los llamemos y ávidos de amor y encuentro, aceptan lo que les damos. Maravilloso “tu” niño ahora, maravilloso lo será siempre; como todos nosotros, diferentes y valiosos al margen de las tablas de méritos, vengan de donde vengan.

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