La temida fiebre

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El calor hace saltar las alarmas, siempre lo hace. Como en una central nuclear, o entre dos personas que se desean, cuando el calor aparece, se desata el torbellino y se pierde el control. El control, esa capacidad tan ansiada y tan sobrevalorada, saber a donde nos conduce el devenir de los acontecimientos, saber que estamos a salvo, que lo que nos rodea es harto conocido, familiar.

Pero cuando la temperatura se eleva…  nuestro cuerpo nos esta avisando de que algo no anda bien, y perdemos el control y el miedo nos atenaza, porque no hablamos de nuestro cuerpo, viejo conocido, sino del cuerpo de nuestro hijo, menudo y enrojecido; indefenso y mudo. La fiebre nos avisa de algo que es difícil de averiguar, el bebé se queja, llora y se inquieta pero no puede contarnos si algo le duele, qué le molesta o cómo podemos ayudarlo.

La explicación médica para la fiebre es que se trata de un mecanismo de defensa, no de una patología, con lo cual la primera reacción  debería ser esperar, favoreciendo la respuesta del organismo frente a los ataques virales o bacterianos. Se aconseja dar antitérmicos a partir de los 38,5º. ¿Pero podemos esperar? El miedo a la fiebre es ancestral en nuestra cultura, síntoma de infección con dramático final hasta la aparición de los antibióticos.

Aún así, circulan las excepciones también en nuestros días, con bebés de menos de seis meses, la alarma es importante; si la sintomatología que acompaña la subida térmica es de tipo respiratorio, o aparecen manchas en la piel, también hablamos de urgencias importantes. Con lo que cunde el pánico igualmente, imaginemos la situación: un bebé incómodo, que llora, se queja, se destempla, y unos padres que deben evaluar la gravedad del asunto, inmersos en un estado de estrés propiciado por el llanto, que en caso nocturno multiplica la ansiedad, ¿cómo decidir si salir corriendo?  Se hace necesaria una llamada a la cordura y al sosiego, para sostener y acompañar a nuestro hijo de manera mas eficaz.

Ahora hagamos un ejercicio de memoria, ¿cómo recordamos nuestros episodios febriles? No eran algo terrible, te absorbía un estado de sopor, un leve mareo, un regocijo animado al abrigarte, se diluían las obligaciones, te replegabas en tu cuerpo ganando consciencia sobre  el mismo, y todo era cuerpo y sensaciones físicas, que de tan físicas se tornaban en psíquicas y leve delirio. Entonces mamá te pasaba compresas frías de colonia por la espalda, por la frente y sentías cómo te cuidaba y cómo te gustaba su atención y sus mimos. La enfermedad eran episodios de intimidad y vínculo. El tiempo se detenía y nada mas era importante, ni el colegio, ni la música ni nada, solo mejorar y describir las sensaciones que te embargaban.

Difícil tarea cuidar cuando temes, ¿pero cómo no hacerlo?

Para mí en la falta de control esta la clave, ¿y para tí?

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  1. Ante estas situaciones la formula mágica de Panoramix que daba un poder especial….. y a la que Obelix cayó cuando era pequeño, el Dallsyyyyyyyyyyy

  2. Mamá corchea, me gusta como expresas la angustia ante la falta de control, el no saber qué es lo ocurre o podría ocurrir puesto que es precisamente lo que me provoca tensión cuando la fiebre de la Cereza es alta. No temo a la fiebre, temo no saber qué hay detrás. Se puede recurrir a los antipiréticos pero como eso no va a hacer que el foco de infección desaparezca, a no ser que deba ser así porque su cuerpo en lucha venza en ese espacio de tiempo, me quedo vagando en ese pozo de incertidumbre hasta creer recobrar el “control” de lo ya conocido. Mientras tanto los mimos, las canciones, el contacto, la presencia, la atención y los besos creo que nos ayudan a ambos, enfermos y cuidadores, a sentirnos más unidos los unos a los otros.
    Gracias por tu post. Un beso!

    • Tienes razón en lo que dices, el proceso febril nos envuelve a ambos, nos hace vulnerables en nuestra inquietud e ignorancia, pero nos une también, aún mas.
      Gracias Cocolina. Besos para ti.

  3. Me ha encantado el ejercicio de memoria.
    Nuestra nena sólo ha tenido fiebre en dos ocasiones, la primera antes de nada intentamos bajarle la temperatura quitándole ropita, dándode un baño y ya después le dimos algo. La última vez hace una semana era tan alta, rozando los 39 que le dimos un antitérmico, pero he de decir que no acudimos a urgencias, en tres días el virus se había marchado.
    Es difícil actuar con miedo, porque este paraliza. Creo que informándonos bien ayuda.
    Un abrazo

    • Hola Carol, bienvenida!
      Desde luego la información es fundamental, saber que un poco de “calor” es lo mejor para combatir la enfermedad y que es normal, tranquiliza.
      Haré ese ejercicio, calma, mimos y conjeturas mínimas.
      Un beso

  4. Que cierto, que cierto!
    Yo soy poco de química y mucho de mimos pero es cierto que los últimos meses, sobretodo el año pasado cuando el peque era muy peque, a menudo se me disparaba la ansiedad al pensar de golpe “y si he apurado demasiado?” “y si voy al médico y me dice que es un cuadro grabe de pulmonía o algo por el estilo?”
    Con mi hijo mayor tenía un pediatra (ya jubilado) que nos prohibía literalmente ir a la consulta antes de que pasaran los 3 primeros días con fiebre. El 3r día seguramente la fiebre se iba y en caso contrario, te permitía ir a visitarte. Si se me ocurría comentar que el peque tençia mocos, me decía “es un mamífero: los mamíferos somos mocosos por naturaleza”.
    Ahora no, el pediatra actual me alarma cada vez que voy y me dice que tengo que darle antitérmico a todas horas, combinando los dos tipos cada 4 horas y a la mínima antibiótico. Uff, no sé, yo creo que una imposición de manos maternales combinado con compresas semifrias, un buen cuento acurrucado en tus rodillas y esperar a ver hacia donde va la fiebre, también es un buen proceso curativo aunque es cierto que cuesta mucho tomar la decisión y arriesgar. Hasta cuando esperar?
    Gracias por el post, me ha hecho reflexionar!

    • Estoy de acuerdo contigo, mucho mejor dosis extra de mimos, paciencia y esperar. Es cierto que los derroteros pediátricos están tomando sendas demasiado medicalizadoras. Supongo, que en parte es culpa de las demandas de los padres, nos ponemos nerviosos y solo nos tranquiliza un buen tratamiento, algo tangible, por esto los médicos se quitan varias visitas insistentes de un plumazo.
      Es un tema polémico y delicado lleno de excepciones que siembran dudas.
      Seguiremos insistiendo en el cariño y el arrullo.
      Un abrazo!

  5. Ahora que estamos pasando por la primera fiebre me veo reflejada en lo que cuentas. Da angustia ver a mi pequeña pasarlo mal, pero no puedo perder la calma porque ella busca en mi su seguridad. Asísque se la estoy dando. Gracias a la red de madres 2.0 veo que lo que hago está bien, un baño tibio, el medicamento que corresponde y sobre todo mucho amor y teta. Muchas gracias por estar ahí, compartiendo las fiebres de mi retoño

    • Gracias a ti cariño porque cada experiencia compartida nos hace mas conocedoras y expertas para resolver situaciones tan estresantes como la enfermedad de un hijo.
      Inmersa en nuestra segunda fiebre valoro enormemente el apoyo de mi tribu 2.0. Gracias a ti también por estar.

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