El extraño caso de las galletas vacilantes

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Estoy participando en un reto repostero quincenal con compañeras de twitter. Hace dos semanas horneamos cupcakes de chocolate y naranja y en esta ocasión galletas con chocolate (receta libre, en mi caso extraída de un libro de cocina para niños, regalo de cumpleaños, gracias Oli).

Pues bien, nunca pensé que unas galletas me dieran tanto que pensar. Lo primero que se me pasa por la cabeza cuando cocino dulces es compartir. Su laboriosidad y artesanía me conectan con mi lado mas que maternal, fraternal; no pretendo proteger a nadie sino comunicarme por otros medios, repartir algo que he elaborado con mis manos, galletas de chocolate, ¿a quién no le gustan las galletas de chocolate? DULCE.

Me encargué de que las cantidades fueran propicias para el reparto y con mimo embalé en sobres de manufactura propia e individuales siete super galletas para mis compañeros de trabajo, un ensayo de sábado por la mañana se merecía una buena cookie. Reconozco que me quedaron buenas y también que tenían su enjundia. Ahora bien, que de siete que regalé, cinco de ellas tengan que comerse en dos veces, desayuno y merienda, ya sabéis, además de ser re-repartidas entre vástagos varios al llegar a casa, cuando supuestamente estaban ricas y bueno, era una galleta por cabeza… ¿Qué nos esta pasando? ¿inapetentes? ¿preocupados por nuestro aspecto? ¿en determinados contextos no es sofisticado comer? Ya se lo que estáis pensando, en serio, estaban muy buenas.

No puedo evitar pensar que de alguna manera castigamos nuestro cuerpo,¿ni una galleta nos merecemos? ¿tan férreo es nuestro control? ¡Fuera caprichos que la primavera se acerca inexorablemente! ¿En qué lugar quedamos los imprudentes que nos atrevemos? ¡Ya llorareis incautos!

En algún momento dejamos de amar lo que somos, lo que nos envuelve, sintiendo el cuerpo como algo ajeno que nos es injusto, buscando un perfil universal e impersonal al que nunca responderemos. Nos olvidamos del amor diario que necesitamos frente al espejo y que solo puede emanar de nuestros ojos. Pienso que esto nos incapacita para apreciar la belleza que nos rodea, no solo la nuestra, también las pequeñas cosas que hacen únicos a los demás, las que nos/los alejan de maniquíes huecos, haciéndonos/los humanos, queribles y diferentes. Tanto como para no poder disfrutar de una galleta.

Espero que se deba a que la repostería no es lo mío y aún tengamos esperanza como especie feliz.

Amenazo con un bizcocho marmolado.

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  1. Jajajajajajajaja! Yo me la comí casi entera, y lo que faltó no fue por inapetencia o control de mi cuerpo sino por educación, pensé que degustar tal delicia sin ofrecer a los que me rodeaban no era de buen gusto, pero me hubiese comido esa y tres más!!!! Eres una artistaza, neni!!!! Muuuuuuuuuuuuua

  2. Huummmm… Acerca esas galletas a esta mami de leche (con la lactancia tengo mucho hambre) y las devorará!!! Seguro que estaban buenísimas, así que de ellos es el problema si no quieren disfrutar de algo natural, buenísimo y hecho con tus manos!!

    • Hola Teresa81!! Cómo lo sabes! Menudo hambre el de las madres de leche, igual de ahí viene mi sorpresa, yo me las comería todas! Ojalá pudiera mandarte algunas.
      Besos

  3. Yo me la comí de una sentada, con mi cafelito, de escándalo…y es verdad que hay mucho reprimido…una galleta? Po tampoco se muere nadie y estaba rica rica! Besos y acuerdate de “amenazarme” 😉

  4. Bueno, desgraciadamente vivimos presos de nuestra imagen corporal o mas bien de la idea que otros tienen de esa imagen y tendemos a negarnos muchas veces el placer de degustar un exquisito bocado solo por el que diran o por los “terribles y temibles” efectos que ese fugaz momento pueda tener en nuestra figura…
    Por supuesto hay que cuidarse, pero mirando hacia otro lado: hacia nuestra salud y no hacia nuestra talla de pantalon.
    Y pensar que la vida son dos dias, que hay muchos placeres al alcance de nuestras manos que podemos y debemos disfrutar.
    Un abrazo!!

    • Hola Myriam! eso mismo pienso yo, tampoco se trata de olvidarnos del equilibrio para con nuestro cuerpo y entregarnos a la bacanal de la vida. Tan mala es una cosa como la otra. Pero ¿una galleta? Los grilletes sociales nos atenazan. De todos modos, hablo en general y hago suposiciones, puede que mis compañeros tuvieran razones particulares lejos de estos prejuicios. Aún así, sírvame como pretexto para analizar un potencial problema en nuestra sociedad.
      Un abrazo para ti!

  5. La falta de aceptación de nuestros cuerpos tal vez comenzara hace milenios con los tintes de pelo, rasurados faciales, adornos corporales diversos, maquillaje, depilación, abluciones espasmódicas, alzas plantares, etcétera, etcétera, etcétera. El resultado puede resultar positivo o negativo, dependiendo de cada cual y de si atendemos a criterios estéticos, sanitarios, emocionales, culturales, etcétera, etcétera, etcétera, también personales e intransferibles. Aunque esto que digo tal vez suponga complicar lo que ya se ha estado complicando (o simplificando, según cada cual) por los siglos de los siglos.

    • Si hablamos de la falta de aceptación, el resultado siempre es negativo, tal y como yo lo veo porque implica sufrimiento. Parece una inquietud humana ancestral como bien indicas.
      Gracias Auberiv

  6. El proceso de aceptación de nuestros cuerpos tal vez comenzara hace milenios con los tintes de pelo, rasurados faciales, adornos corporales diversos, bisoñés, maquillaje, perfumes, depilación, abluciones espasmódicas, alzas plantares, etcétera, etcétera, etcétera, como cuando se limpian por dentro y se enjalbegan por fuera las viviendas que habitamos. El resultado puede resultar positivo o negativo, dependiendo de cada cual y de si atendemos a criterios estéticos, sanitarios, emocionales, culturales, etcétera, etcétera, etcétera, impersonales y transferibles. Aunque esto que digo tal vez suponga complicar lo que ya se ha estado complicando (o simplificando, según cada cual) por los siglos de los siglos.

    • Quizás esta actitud responde a la cualidad creadora del ser humano, que bulle imaginando y transformando. ¿Por qué no hacerlo con lo mas inmediato? el propio cuerpo.
      Siempre aportas tanto, no dejes de opinar.

  7. Qué ricas galletas, qué pinta y qué delicia como lo cuentas también! Yo no dudo de que estuvieran para repetir! Sobre la preocupación por la apariencia física entiendo que muchas veces bajo conductas que se muestran superficiales se esconden otras sensaciones que no lo son tanto ni van directamente relacionadas con la belleza exterior aunque ésta sea su vía de escape. Aún sí, si creo que casi siempre el problema es la operación bikini o trikini! jajaja

    • Eso es lo que me preocupa, lo que esconde la superficie. Hablo desde el conocimiento tras muchos años de sufrimiento relacionados con la alimentación, y nunca es la alimentación. Por eso quizás me dio que pensar el extraño caso de las galletas vacilantes.
      Gracias por tus palabras. Un beso

      • Hola preciosa, te quería mandar un beso gigante porque veo que sabemos de lo que hablamos. Siento no haberlo entendido desde el principio. Ahora sí, esas galletas también me parecen bastante vacilantes… Un fuerte abrazo

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