Crisis acuática. Un delfín asustado

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Pues sí, hemos tenido una crisis acuática importante que se ha prolongado durante mas de un mes. Todo comenzó no sabemos muy bien como, tenemos nuestras teorías, pero el hecho es que Marco ha sufrido un miedo atroz a la hora del baño. (El enlace es de un artículo muy interesante y recomendable al respecto).

Os pongo en antecedentes: el momento del baño es placentero, lúdico y pausado. Sobre las 19:30 cada dos días en invierno, en una bañerita chulísima que colocamos en el plato de ducha, (el espacio es un bien preciado en estos tiempos) con todo lujo de pingüinos flotantes, botes de champú, canciones y aplausos. No obstante ya habíamos observado que el baño en otro lugar que no fuera en casa no era una posibilidad, le producía pavor el solo hecho de desvestirlo. A esto tengo que añadir que el niño va a natación dos veces por semana con su padre sin ningún problema en este aspecto, ya que se duchan juntos y felices.

Pues bien, un día aciago, al contemplar el agua preparada, calentita y espumosa se agarró a mi cuerpo y comenzó a llorar con auténtico pánico, al aproximarme a la ducha se agarraba a las puertas con auténtica desesperación, plegaba sus piernas y daba alaridos de terror si la punta de sus dedos tocaba el agua. Cundió el pánico.

Cuando todo va bien, todo es estupendo, pero cuando encuentras contratiempos, parece que se nubla la razón. El niño brama y nosotros, sus padres, empezamos a discutir, llegan las recriminaciones, ¿qué ha salido mal? ¿qué ha cambiado? ¿lo fuerzo, lo mojo? ¿cómo no lo baño? Mas que baño fue un leve lavado y a la próxima nos vemos las caras.

Después del impacto inicial, una vez calmados y sin llanto en derredor, acordamos tomárnoslo con mas calma, no obligarle, y si era necesario pasar por varios lavados antes de volver al ansiado baño. Así lo hicimos, en un par de ocasiones accedió a la bañera pero no a sentarse en ella, también nos metimos con él abrazadito, unas veces con su padre y otras conmigo. Compramos un “bote de burbujas” y fue bajando poco a poco la guardia, pero no fue hasta que llegó a nuestras vidas una canasta de ventosas, que el pequeño Marco se relajó a ratitos. Lentamente hemos recuperado la normalidad, pero hemos tenido momentos de ansiedad y pena, había un miedo real por parte del niño y eso es difícil de manejar y tratar, todavía no habla y no tengo manera de saber hasta que punto comprende mis explicaciones, aún así, pienso que no hay que dejar de dárselas ya que puede captar perfectamente el tono.

He aprendido muchas cosas atravesando este trance, hay que buscar la calma, sin culpabilidades por haberla perdido, siempre volver a ella para transmitírsela al niño. No menospreciar los miedos o sentimientos ajenos, siempre tienen una razón de ser que hay que respetar, tengas la edad que tengas. Y fijarse objetivos abiertos con mucha paciencia, nos planteamos darle todo el tiempo que necesitara y confiamos en él y en que cuando estuviera preparado volvería a disfrutar de sus pingüinos y de su nueva canasta.

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  1. Silvia, creo que lo habéis llevado a la perfección. Darle el tiempo, confiar en él, sin prisas… Es resultado está ahí. Los miedos de los niñ@s son reales, aunque para nosotros puedan parecer nimiedades porque nunca nos da miedo ducharnos, por ejemplo… pero quien sabe si un día soñó que se ahogaba, o resvaló un poco, o… lo que sea. Validar su miedo, entenderlo y acompañarlo en este trance es lo que creo que habéis hecho. Y con esto el miedo va desapareciendo, poco a poco, sin prisas pero sin pausa. Un beso.

    • Muchas gracias Míriam. Decidimos no tener prisa para esto, pero era muy difícil, porque siempre se quieren arreglar las cosas rápido y más si tu bebé esta sufriendo. Así que fue un proceso muy consciente de calma y de dejar fluir.
      Me encanta que comentes siempre aportas mucho.

  2. Cuanto tiempo tiene Marco? digo sólo por recordar. Estoy con Miriam que quizás fue una cuestión de haber visto o haber tenido alguna sensación no placentera que le remitiera al miedo. También es cierto que de normal la hora de la ducha es cuando todos estamos más cansados. Muy interesante el artículo y de acuerdo que lo han hecho muy bien. Es interesante pues no se puede generalizar y cada niño es un mundo. Completamente válido que para Marco sea más placentero otras cuestiones como un cuento que el baño. Ojalá pronto el delfín vuelva a nadar como pez en el agua. Un beso fuerte!

    • Hola Desmadreando! Marco tiene 17 meses y la pena era que siempre disfrutaba mucho y se quedaba jugando en el agua mientras estaba caliente y claro el cambio fue muy fuerte, no era llanto de cansado, era de auténtico pánico. Pensamos que se pudo originar un día que jugando quitó el tapón de la bañera y tuvimos que enjuagarlo con el agua del teléfono de ducha, quizás eso le impactó, o como dice Míriam tuvo algún sueño relacionado… no se… Pero ya lo hemos recuperado!! Disfruta de nuevo.
      Gracias por comentar.

      • Ah que bien!!!! El teléfono de la ducha impacta un huevazo sobre todo por que si sale a chorro les pica mucho— mi bestia sigue odiándolo pero cuando vamos de viaje y no hay bañera pues a la ducha sin más…y te estoy hablando que a penas tiene 10 jijiji 🙂 oyeeee podríamos emparentar en una de esas! besitos

  3. Precisamente sobre este tema llevo tiempo queriendo escribir un post. Lo haré ahora en un rato si puedo. A mi bichi le pasa lo mismo. Y es lo que dices su miedo es tan real… Que no sabes que hacer en ese momento. Para ellos ese miedo de tanta magnitud como para nosotros sería enfrentarnos a algo desconocido que creamos que nos pueda hacer daño. Lo preocupante es que ni siquiera ni mis palabras ni mis abrazos le reconfortan. Cada vez que lo meto en la bañera normal es como si viniera un tsunami. Y eso aunque yo me meta con él y lo abrace.

    • Lo siento, sé como te sientes, pero confía en tus abrazos, piensas que tus abrazos no le reconfortan pero seguro que si. No se, si tienes otra manera de bañarlo espera un poco hasta que se le olvide, distraerlo, e intentar no ponerte nerviosa, se que es difícil pero verás como lo lleváis bien. Leeré tu post para ver los detalles.
      Gracias y mucho ánimo!!

  4. Mamá corchea, ay vuestro pececillo de color!! Yo también creo que lo habéis llevado muy bien, con calma… me encanta tu reflexión final, porque cuando nos vemos en situaciones así no sólo saltan las emociones de nuestros hijos sino las nuestras propias, nuestros temores e inseguridades que sumadas al estrés del momento nos pueden meter en un enfrentamiento entre padres innecesario y fuera de lugar. Lo cuento así porque nos ha sucedido alguna vez.
    Poco a poco, fíjate, a la Cereza de chiquinina chiquinina estuvo un tiempo cruzada con la toalla y no había manera de secarla sin llanto.
    Un beso gigante para él y para vosotros

    • Ayyy mi niña! Bueno, no está mal, aprendemos mucho de nosotros mismos con los niños, es una gran experiencia, podemos ver nuestros propios límites, hasta donde llega nuestra paciencia, calma, control, capacidad de resolución… y si no nos gusta lo que encontramos podemos hacer el ejercicio de mejorar y crecer.
      A la espera del nuevo reto que encontraremos, en esta fase en la que el lenguaje no entra en acción, aunque supongo que con los niños aunque sean mas grandecitos y nos puedan contar cosas de las que les pasan, hay muchas otras que no saben expresar.
      Un abrazo mayúsculo

    • Muchas gracias Mousikh! Parece que ha ido bien, pero mucho me temo que cuando viajemos tendremos que seguir buscando soluciones creativas, le aterran los baños que no conoce.
      Un beso!!

  5. Creo que habéis reaccionado bien. No se trata de encontrar culpables sino de ir poquito a poco. Nosotros pasamos por algo parecido, pero le cogió miedo porque se resbaló y se hizo daño, entonces no quería bañarse. Nos lo tomamos con mucha calma, despacito, jugando y jugando, hciendo la reir, sin forzarla y todo volvió a la normalidad.
    Un abrazo

    • Parece increíble el delgado equilibrio que conforma el bienestar, son tan sensibles lo niños que con cualquier contratiempo se alteran. Ahí estaremos nosotros para sostenerlos y tratar de ayudarlos a su ritmo.
      Un beso Carol.

  6. Muchas gracias por recomendar mi artículo! Espero que te haya sido útil y me alegro de que cosiguierais poco a poco y con calma encontrar la solución! Un saludo! Rocío.

  7. Las fases y rachas de los niños son normales, las hay buenas, malas y regulares. Mira mi hijo empezó la matronatación a los 7 meses. Siempre estuvo en el agua, y de repente, rozando sus 2 años empezó a tener un miedo atroz a la piscina, ¿por qué? no lo supimos nunca. No hubo cambios ni nada que hubiera podido asustarle. Con mucha paciencia, ternura y calma conseguimos que retomara su gusto por el agua.
    Así que mucha paciencia. Un beso muy grande.

    • En el mundo en que vivimos de causa-consecuencia, se nos hace difícil no saber a que se deben los cambios de fase, por qué ahora como menos, por qué ya no le gusta la piscina… Pero me gusta mucho eso que señalas de la ternura, es todo lo que necesitan.
      Gracias!! Otro beso para ti.

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