Archivos Mensuales: abril 2012

Tengo dos amores

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Dos pasiones impregnan mi mente. La colman, la completan, la conforman.

Dos pasiones me mueven, el arte y la vida; la música y mi gente.

Dos pasiones que necesitan tiempo, mimo, constancia.

Mi amor por el arte culmina cuando consigo hacer de la música mi trabajo y mi adoración por las personas se consuma al convertirme en madre. Dos experiencias maravillosas que pugnan por mi presencia. Cuántas veces he pospuesto la maternidad por miedo a que mi habilidad con el clarinete se resintiera. Tocar un instrumento es como un deporte, la pericia que consigues se desvanece con un pestañeo, no existen las vacaciones, no existe casi la infancia, en el momento en el que te comprometes con tu instrumento se establece una relación de entrega, de paciencia, de constancia, de mimo. El niño músico tiene un trabajo doble, el aprendizaje que el resto de los mortales y la capacitación instrumental. Acostumbras a vivir pluriempleado, a volar de un sitio a otro, a exprimir cada minuto y cada hora. Con el tiempo he podido ver que quizás te alejas de tu esencia, convirtiendo una actividad en tu razón de ser, olvidando el ser en si mismo, la existencia por la existencia. Pero ya esta hecho, ya estás seducido por Orfeo y cual Sísifo empujas eternamente tu peñasco. Vislumbro que los coletazos de un sistema educativo rancio y manido contribuyen a que me refiera a un peñasco y no a un don, pero en el mundo de los mortales la pericia solo viene acompañada por la práctica.

Llegados a este punto emerge mi otro amor, el relacional, el que escucha, el que comparte, el que ríe, abraza y por qué no, también discute. Encuentro en las personas el tesoro del amor, la ventana a otros mundos, la diferencia y por ende la riqueza. Me asombro y fascino cada día al comprender otro comportamiento, ser espectador y partícipe de otras vidas, compartir alegrías y penas. Y así, de este modo, resuena en mi la substancia materna, asistir al milagro de la vida como testigo de excepción.

Borracha de amor el tiempo se detiene y el aire se espesa dulce. Pero la vida fuera avanza y tus músculos se olvidan. La incorporación al sonido duele, descubres tus resquicios e imploras por su transparencia.

La elección esta hecha y siempre que elegimos medramos para que haya sido la mejor opción. Y medrando estoy, comprendiendo la trascendencia que a veces otorgamos a hechos que no lo son tanto. Comprendiendo que “el tiempo de calidad” en esta etapa de mi vida es para la música y “el tiempo bruto” es para amar, para no perderme ni un segundo de la vida de mi hijo, de mi familia, de mis amigos o de mi cuerpo. En esta etapa necesito presencia, sabor, paz y adagio. Confío en la memoria de mis dedos, de mi boca, de mi lengua y evoco el sonido “lo suficiente” para que no duela, porque Sísifo nunca descansa, pero puede subir mas lentamente, llegamos al mismo sitio pero con mas vida y con más caricias.

De gatos, perros y bebés

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Vivir con animales es una gran experiencia,  es una llamada a lo primario, lo instintivo, lo natural, lo insignificante. Pasamos por el mundo con mucha prisa, sin fijarnos en los que nos rodea, sin apenas apreciar los pequeños detalles y observar a un gato acicalándose puede ser todo un espectáculo, una lección de elegancia, precisión, tranquilidad y narcisismo.

Pero sucede como siempre, el miedo a lo desconocido y todo lo relacionado con los bebés mueve los resortes de las personas que no han convivido con un animal  y ya, desde el embarazo, empieza la lluvia de juicios y prejuicios. Tengo que aclarar que, por supuesto, no es necesario deshacerse de tu lindo gatito si te quedas embarazada, solo debes seguir una serie de recomendaciones básicas que se resumen en una, no tocar las heces del arenero. La toxoplasmosis se desarrolla en gatos jóvenes sobre todo, cuando ingieren carne cruda que está infectada, para que se de este requisito tu gato ha de ser un cazador avezado, característica complicada cuando hablamos de un gato casero que apenas si conoce el balcón. El parásito se encuentra en las deposiciones con más de 24 horas, por lo que sería buena idea no dejarlas tanto tiempo, si es que a alguien se le ocurre lo contrario. El siguiente paso es que los excrementos entren en contacto con las manos y que después se ingiera un alimento, con una buena higiene, uso de guantes, uso de una paleta (que duda cabe), o simplemente que otra persona se ocupe de la higienización de la caja, lo tenemos resuelto, podemos acariciar a nuestro felino con total libertad. Para mayor información sobre el tema recomiendo este enlace.

La primera vez que observé que Marco ya concentraba su mirada en objetos lejanos en movimiento, fue cuando su carita siguió el recorrido de nuestro gato a través de su travesía por el salón. Sus ojos sorprendidos y audaces descubrieron al felino y desde entonces le apasiona su comportamiento. En cuanto al tema de las alergias cada vez mas estudios demuestran que convivir con animales durante el primer año de vida es un agente previsor y no de riesgo, además fortalece el sistema inmunitario de los niños.

Por otro lado, y lo que más me gusta de tener mascota en casa, es el aspecto relacional, Marco realiza un ensayo y error de comportamiento con ella, aprende a dar cariño, a recibirlo con condiciones (hablamos de un gato); a respetar el espacio felino, comprender que no es un juguete, tiene autonomía, sentimientos y percepciones; a aceptar el rechazo y regocijarse con la aceptación. En definitiva aprehende un tipo de relación esencial, sin máscaras ni elaboraciones intelectuales, la relación con el mundo animal, tan primario como él, en el histórico de su convivir, incluso hubo un momento en el que el gato contaba con mayor inteligencia que nuestra cría humana. Percibe como cuidamos y nos responsabilizamos de nuestra mascota y cuando sea mayor también podrá hacerlo él, se concienciará moralmente del valor de los animales, de su espacio en el mundo, de su valor como especie, amará la vida y espero, que nunca se vaya a Botswana a cazar elefantes.

Es todo un héroe nuestro Marco, seguro y osado, su amor por nuestro gato le lleva a acariciar y perseguir entre risas y emoción a todo perro y gato que se le cruce. No conoce el miedo (interesante Post sobre los niños y su miedo a los perros) y obtiene respeto de todos ellos, bueno a decir verdad, los gatos huyen y los perros se gustan de sus caricias hasta que los pisa por accidente, en cuyo caso también ponen pies en polvorosa. Adoro su actitud, apoya su cabecita sobre sus amigos canes y los acaricia con suma delicadeza hasta que le puede el deseo explorador.

Me remito a mi reflexión inicial, el mundo es pura belleza y me siento afortunada de tomarme tiempo para observar la nobleza y pristinidad de la interacción, el mutuo descubrimiento, la resolución de conflictos y el intercambio de amor que se produce entre un niño y su mascota.

 

En la planta de abajo

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Vengo comprendiendo desde hace un tiempo la necesidad de organizar mis ideas sobre los primeros días con Marco. Su hospitalización. La necesidad de adentrarme en ese dolor, buscar respuestas y darle forma a la herida profunda que se horadó en mi interior, en mi confianza y en mi inocencia. Suelo tener facilidad para contarme, para abrirme y desnudarme, pero ese tema es otro cantar, sé que sangra y que no está digerido, vuelvo la espalda a mis pensamientos y miro hacia delante notando una espina que roza y roza.

Aún a riesgo de ser muy triste a ello voy:

Llegamos a la habitación ebrios de hormonas y felicidad sobre las diez y media de la noche del 14 de Octubre de 2010. La noche transcurrió entre llanto, teta, llanto y un tenue quejío, continuo, que atribuí a sus pesadillas, al revivir de su paso por el estrecho canal del parto. Piel con piel nos encontrábamos cuando una auxiliar  vino muy temprano para bañar al bebé y mostrarnos como hacerlo, aún olía a sangre y gloria. Le tomó la temperatura, su rostro cambió y me lo arrebató. Subió apresuradamente las escaleras, nosotros la seguíamos y desapareció tras una puerta que yo debiera atravesar infinidad de veces a partir de entonces.

El veredicto, sepsis neonatal. Le ingresaron durante diez días, le administraron antibiótico intravenoso por una vía que a partir de entonces siempre le suministraba suero. En una cuna térmica, hermoso y tranquilo, parecía estar en un pesebre.

Como si el oxígeno desapareciera y entrara en otra dimensión, inconsciente, flotante, aturdida, asombrada. Como si las palabras fueran huecas, no significaran nada, zumbidos de abejas. Cual patada en el estómago. Así miraba a mi amor, con las manos vacías, estupefacta. Entonces empezaron a venir las visitas con su flores y sus sonrisas y nosotros en ese frío pasillo, pálidos… Pensando que explicación podíamos dar y de donde sacar las palabras.

En la planta de abajo, con la cuna vacía, con preguntas que no quería que me respondieran, con veinte puntos externos y no se cuantos internos. No sé de donde saque la fuerza, ni si alguna vez la tuve. No pregunté que era una sepsis, no quise saberlo hasta que tuve en mis brazos a Marco camino de casa. Lo viví como un robo perpetrado por el destino. Un robo de mis planes, de los arrullos, del piel con piel, de la lactancia a demanda, del acogerlo en nuestro mundo que tanto lo ansiaba.

Su padre y yo podíamos entrar siempre que quisiéramos, sentarnos junto a la cuna ayudar en su alimentación, (capítulo a parte merece nuestra historia de lactancia y cómo vencimos las vicisitudes, no sin sufrimiento), cambiarle el pañal, etc. Había un estricto horario de alimentación, siesta y baño. A las ocho de la mañana se bañaban los bebés. Los familiares podían atisbar al recién nacido, detrás de un cristal a unas horas concretas. Yo que estaba preparada para advertir a amigos y familiares de que los primeros días necesitábamos tiempo e intimidad para reencontrarnos, me pasaba el día subiendo y bajando escaleras, acompañando hasta el cristal y señalando, aquel de allí, el de la derecha, el gordito, ese es tu nieto.

Aquella misma tarde, la de su primer día de vida, descubrieron, que además tenía la clavícula rota, hubo que cambiar la vía de brazo, al no conocer la lesión estaba puesta en el brazo equivocado. No volvió a tener fiebre, ningún síntoma más. Lo cambiaron a una cuna normal, rodeada de incubadoras, mi sansón de cuatro kilos, parecía el hermano mayor. Así yo, madre primeriza, tenía que coger en brazos a un bebé con un suero en un brazo y el otro inmovilizado. Tenía pánico de hacerle daño pero tragaba saliva y lo apretaba contra mi cuerpo, en una sala llena de cunas, otros padres y personal médico, pero el tiempo parecía detenerse, y yo podía olerlo, besarlo, susurrarle una canción al oído y todo era maravilloso. Viví momentos inolvidables con él, que ahora me duelen y casi no me dejan escribir.

En la planta de abajo esperaba la llamada de la enfermera cuando Marco despertaba, pero no podía conciliar el sueño, creía escucharlo llorar en todo momento, subía las escaleras volando para comprobar que no fuera él, pero la culpabilidad me azotaba, yo era su madre y tenía que cuidarle, era mi única misión en el mundo. Dormía, pero yo recorría el pasillo de los cristales una y otra vez hasta que me daba por vencida y me metía en la cama, entonces recibía la llamada y me culpaba por cada segundo que nos separaba.

Todos los días le sacaban sangre de la cabeza, le hicieron una punción lumbar, buscando… Nunca encontraron, los resultados de las analíticas mejoraron, con antibiótico. Demasiados artículos y libros que hablan de la sensibilidad del neonato, que incluso sufre estrés en el vientre materno y yo todavía lloro por mi bebé que encontró un mundo de pinchazos, dolor, timbres y llantos ajenos y hermanos. Se abrió paso por mi cuerpo, caliente, húmedo y encontró hostilidad, sinrazón, ¿cómo había de entenderlo él? Pero claro, tengo que estar agradecida porque está bien y está con nosotros. Todavía duele, ¡y cuánto!

Stabat Mater. Iconos de mujer

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Las calles de medio mundo se encuentran colonizadas estos días por una familia rota de dolor, su iconografía. Jesús crucificado, hijo, y su madre dolorosa. Esta santa familia viene a ser espejo de una situación desesperada que por desgracia se repite en muchos hogares y que viene a erigirse en una de las circunstancias mas dolorosas de la vida, la muerte de un hijo. La muerte en general se convierte en un paradigma difícil de salvar y de comprender para el ser humano. Suele ser un concepto al que tendemos pero en el que nunca pensamos y quizás ésta, la muerte de un hijo, sea un cisma que trastoque el devenir de la existencia.

Para mayor énfasis del sacrificio de Cristo, se usa casi tanto como la crucifixión, el suplicio de su madre, subrayando el hecho, convirtiéndose en dos iconos indisolubles en la religión católica. Es aquí donde encontramos uno de los iconos marianos, que se establece como referente de madre y referente de mujer en la cultura occidental. La mujer sufriente, piadosa, abnegada, herida en lo más profundo de su existencia. Aquí termina el retrato de su calvario, desconozco si en su virtud es capaz de odiar a los asesinos de su hijo, la historia oscurece este aspecto, ya que la redención es el siguiente paso y el valor heroico del coste de esa vida ilumina el devenir.

En la iconografía cristiana del tema encontramos dos imágenes:

La piedad, cuando el cuerpo del hijo yacente se encuentra en los brazos de la madre. Qué mejor ejemplo para ilustrarlo que dos de las “piedades” de Miguel Ángel:

El expresionismo de la primera, La Pietà Rondanini (Castillo Sforzesco, Milán), siempre me ha ensimismado, no está terminada y es su última obra, trabajó en ella hasta tres días antes de morir. El recogimiento de la línea nos habla de una concepción del dolor vivida en la intimidad. Y por supuesto la segunda, magistral obra de juventud símbolo universal de la piedad, Pietà (Basílica de San Pedro del Vaticano) colmada de una serenidad que contrasta con el patetismo de la primera.

Y el Stabat Mater, representación plástica de la madre dolorosa caracterizada por contar con María y el apóstol San Juan a los pies de la Cruz. Para ilustrarlo nos valdremos de la versión de un maestro anónimo realizada para el castillo de Pahl (1410) y que hoy se encuentra en el Museo Nacional de Baviera (Munich).

Stabat Mater Dolorosa es una secuencia medieval (s. XIII) de veinte estrofas que relata la muerte de Cristo a través de los ojos de su madre. Fue escrita por el fraile franciscano Jacopone da Todi, con un lenguaje sencillo y directo. Como no podía ser de otra manera, semejante texto fue musicado por compositores de todos los tiempos como Pallestrina, Haydn, Vivaldi, Rossini, A. Scarlatti, Verdi y un largo etcétera, pero hoy nos detendremos en la versión del malogrado Pergolesi (1710-1736), estrenada en 1736, siete días después de su muerte. La obra se difundió ampliamente por Italia y el resto de Europa y se caracteriza por combinar el estilo religioso heredado de la tradición y las formas profanas propias del género operístico, costándole, este hecho, muchas críticas en su momento. Escrita  para orquesta de cuerda, bajo continuo y dos castrados (ya que su ejecución estaba destinada al ámbito eclesiástico), ahora por supuesto se interpreta con soprano y contratenor o contralto.

Me quedo con las palabras de Fernando Fraga, “lo que da a la obra su imperecedera vigencia es que el compositor supo sentir y comunicar el hecho religioso de la madre de Cristo contemplando a su hijo muerto en la cruz con sentimientos y emociones humanas, capaces de enternecer o impresionar a cualquiera que posea la mínima sensibilidad ante el dolor ajeno o simplemente ante el reconocimiento de uno de la existencia del otro. Éste es quizás el objetivo principal de la mayoría de las obras de arte, saber descubrir en nosotros lo mejor que lleva de sí el ser humano. Y Pergolesi lo consigue cada vez que escuchamos su obra.”

Escuchemos dos fragmentos:

Canto llano. Stabat Mater. Patricia Bovi (Soprano) y Pino de Vittorio (Tenor) 

Stabat Mater dolorosa            La Madre piadosa estaba
Iuxta crucem lacrimosa,         junto a la cruz y lloraba
Dum pendebat filius                 mientras el Hijo pendía (Lope de Vega, traducción)

Giovanni Battista PERGOLESI. “Vidit suum dulcem Natum” Stabat Mater. Patricia Bovi (Soprano), Le Poème Harmonique, Vicent Dumestre (Director).

Vidit suum dulcem natum        Vio morir al Hijo amado
Morientem desolatum               Que rindió desamparado
Dum emisit spiritum                 El espíritu a su Padre

Hasta aquí una esquinita de la representación en el arte de la Madre dolorosa. Pero la historia no deja de derramar mujeres dolientes, madres de soldados jóvenes y fuertes, víctimas de violencia, terrorismo, enfermedades que no se quiebran ante la juventud y accidentes que siegan la vida de hijos e hijas antes de lo esperado. No acierto a pensarme en una situación semejante, engullida por la sinrazón. Pero me gustaría ir un paso más hacia delante, no existe la figura del padre doliente, ¿acaso un padre no siente la vida de sus vástagos con igual fuego? Pienso que se ha mutilado esa capacidad de sufrir en los hombres, esa capacidad de expresión. Un hombre no llora, no siente, o al menos la sociedad vuelve la espalda a este hecho. Es cierto que una madre engendra en su interior y cría a sus hijos con mas voluntad los primeros años, además cuenta con el beneplácito del “quejío” público, pero el mundo está cambiando y el dolor compartido, al menos es eso, no menor pero mas acompañado. Siento en mi pecho una punzada y un enorme respeto, aflicción, por el dolor de esas madres y padres que alguna vez pasen por ese trance.

Fotografía de Samuel Aranda

Premio World Press Photo 2011