En la planta de abajo

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Vengo comprendiendo desde hace un tiempo la necesidad de organizar mis ideas sobre los primeros días con Marco. Su hospitalización. La necesidad de adentrarme en ese dolor, buscar respuestas y darle forma a la herida profunda que se horadó en mi interior, en mi confianza y en mi inocencia. Suelo tener facilidad para contarme, para abrirme y desnudarme, pero ese tema es otro cantar, sé que sangra y que no está digerido, vuelvo la espalda a mis pensamientos y miro hacia delante notando una espina que roza y roza.

Aún a riesgo de ser muy triste a ello voy:

Llegamos a la habitación ebrios de hormonas y felicidad sobre las diez y media de la noche del 14 de Octubre de 2010. La noche transcurrió entre llanto, teta, llanto y un tenue quejío, continuo, que atribuí a sus pesadillas, al revivir de su paso por el estrecho canal del parto. Piel con piel nos encontrábamos cuando una auxiliar  vino muy temprano para bañar al bebé y mostrarnos como hacerlo, aún olía a sangre y gloria. Le tomó la temperatura, su rostro cambió y me lo arrebató. Subió apresuradamente las escaleras, nosotros la seguíamos y desapareció tras una puerta que yo debiera atravesar infinidad de veces a partir de entonces.

El veredicto, sepsis neonatal. Le ingresaron durante diez días, le administraron antibiótico intravenoso por una vía que a partir de entonces siempre le suministraba suero. En una cuna térmica, hermoso y tranquilo, parecía estar en un pesebre.

Como si el oxígeno desapareciera y entrara en otra dimensión, inconsciente, flotante, aturdida, asombrada. Como si las palabras fueran huecas, no significaran nada, zumbidos de abejas. Cual patada en el estómago. Así miraba a mi amor, con las manos vacías, estupefacta. Entonces empezaron a venir las visitas con su flores y sus sonrisas y nosotros en ese frío pasillo, pálidos… Pensando que explicación podíamos dar y de donde sacar las palabras.

En la planta de abajo, con la cuna vacía, con preguntas que no quería que me respondieran, con veinte puntos externos y no se cuantos internos. No sé de donde saque la fuerza, ni si alguna vez la tuve. No pregunté que era una sepsis, no quise saberlo hasta que tuve en mis brazos a Marco camino de casa. Lo viví como un robo perpetrado por el destino. Un robo de mis planes, de los arrullos, del piel con piel, de la lactancia a demanda, del acogerlo en nuestro mundo que tanto lo ansiaba.

Su padre y yo podíamos entrar siempre que quisiéramos, sentarnos junto a la cuna ayudar en su alimentación, (capítulo a parte merece nuestra historia de lactancia y cómo vencimos las vicisitudes, no sin sufrimiento), cambiarle el pañal, etc. Había un estricto horario de alimentación, siesta y baño. A las ocho de la mañana se bañaban los bebés. Los familiares podían atisbar al recién nacido, detrás de un cristal a unas horas concretas. Yo que estaba preparada para advertir a amigos y familiares de que los primeros días necesitábamos tiempo e intimidad para reencontrarnos, me pasaba el día subiendo y bajando escaleras, acompañando hasta el cristal y señalando, aquel de allí, el de la derecha, el gordito, ese es tu nieto.

Aquella misma tarde, la de su primer día de vida, descubrieron, que además tenía la clavícula rota, hubo que cambiar la vía de brazo, al no conocer la lesión estaba puesta en el brazo equivocado. No volvió a tener fiebre, ningún síntoma más. Lo cambiaron a una cuna normal, rodeada de incubadoras, mi sansón de cuatro kilos, parecía el hermano mayor. Así yo, madre primeriza, tenía que coger en brazos a un bebé con un suero en un brazo y el otro inmovilizado. Tenía pánico de hacerle daño pero tragaba saliva y lo apretaba contra mi cuerpo, en una sala llena de cunas, otros padres y personal médico, pero el tiempo parecía detenerse, y yo podía olerlo, besarlo, susurrarle una canción al oído y todo era maravilloso. Viví momentos inolvidables con él, que ahora me duelen y casi no me dejan escribir.

En la planta de abajo esperaba la llamada de la enfermera cuando Marco despertaba, pero no podía conciliar el sueño, creía escucharlo llorar en todo momento, subía las escaleras volando para comprobar que no fuera él, pero la culpabilidad me azotaba, yo era su madre y tenía que cuidarle, era mi única misión en el mundo. Dormía, pero yo recorría el pasillo de los cristales una y otra vez hasta que me daba por vencida y me metía en la cama, entonces recibía la llamada y me culpaba por cada segundo que nos separaba.

Todos los días le sacaban sangre de la cabeza, le hicieron una punción lumbar, buscando… Nunca encontraron, los resultados de las analíticas mejoraron, con antibiótico. Demasiados artículos y libros que hablan de la sensibilidad del neonato, que incluso sufre estrés en el vientre materno y yo todavía lloro por mi bebé que encontró un mundo de pinchazos, dolor, timbres y llantos ajenos y hermanos. Se abrió paso por mi cuerpo, caliente, húmedo y encontró hostilidad, sinrazón, ¿cómo había de entenderlo él? Pero claro, tengo que estar agradecida porque está bien y está con nosotros. Todavía duele, ¡y cuánto!

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  1. No he podido evitar emocionarme.
    Cuanto siento que vuestro bebé y vosotros tuviéseis que pasar por aquello. Comprendo que todavía duela, cuantas mamás tenemos heridas (no físicas) tras el nacimiento de nuestros hijos, y desde luego las mías nada tienen que ver con lo que tuvistéis que pasar.
    Pero piensa que todo el amor que le dabas cuando podías estar con él y todo el amor que luego le has dado y le sigues dando cura cualquier herida, y estoy segura que mejor que la que tu sientes.
    Un fuerte abrazo

    • La herida de Marco no es cuantificable, supongo que nunca sabré que tipo de daños le pudo ocasionar la situación. La mía si tiene forma, puedo verla. Lo que también puedo ver es que tengo que pasar página para que el niño pueda disfrutar de una madre segura y feliz. Su sonrisa lo puede curar todo.
      Gracias cariño por pasarte.

  2. Silvia, con este post si que me has emocionado.
    Pobre Marco mio, pobre Silvia mia y pobre Antonio tambien, hombre, que tambien vivió lo suyo.
    Te entiendo en parte, cuando cuentas lo del pecho y la via, porque yo con mi nena lo pase fatal los dias que estuvo en el hospital para darle el pecho, con la via de los huevos, siempre pensando si salia sangre, si la ponias mas alta de la cuenta y se movia … y eso que ella era mas mayorcilla y no tenia un diagnostico tan grave.
    No siempre las cosas salen como deseamos, desde luego, pero es muchisima mala suerte vuestro caso.
    Ahora, viendo las fotos del chiquitin, tan gracioso corriendo y saltando, me da mucha alegria pensar que mi Marco es todo un campeon, que ha nacido luchando y ha ganado su primera, que no ultima, batalla al enemigo.
    Muchos besos

    • Cuánto me acordé de vosotras cuando estabais en el hospital, mis niñas guapas.
      Los contratiempos son desestabilizadores tremendos y cual ave Fenix debes surgir de las cenizas y buscar soluciones. Cuando eres madre no hay tiempo de lamentos, y a veces se necesitan.
      Un escalofrío me corre de arriba abajo de pensar que le quedan mas batallas. Pero esa es la realidad, hay que practicar la fortaleza!!
      Besos preciosa!

  3. Querida mamácorchea….hay veces que en el silencio se encuentra toda una melodía escondida. Has dejado mi corazón y mi alma heladas pero como siempre al final sacas ese bello clarinete y haces que todo vuelva a buen ritmo. Mas allá de excelsa y deliciosamente escrito agradezco que compartas algo tan íntimo como el dolor que aún te causa y ese miedo interno que nunca huye… Un beso grande….ENORME para los tres!

    • Gracias bonita!! Lo he compartido para ordenarme, dejarme sentir y comprender la magnitud de mi herida, y he descubierto que es muy grande. Pero siento vuestro apoyo, lo agradezco muchísimo y comienzo a sanar “in crescendo”.
      Un beso infinito.

  4. Querida amiga, he tenido escalofríos al leer vuestra historia y sentido tu dolor a través de las palabras. Espero que el tiempo y la sonrisa de tu hijo cicatricen tu memoria.
    Un abrazo enorme

  5. Y ahora no puedo ni hablar… ¿Cómo evitar el dolor de los que quieres? ¿Cómo hacer para curar tus heridas, sus heridas vuestras heridas? Te ayudaré siempre que quieras y me necesites con tu catarsis..porque te quiero y tienes tanto amor y profundidad, tanta “madre” dentro que tranquila, Marco tiene tanto amor y felicidad que olvida y olvidará lo pasado..es así como lo hacemos no? Lo positivo cura lo negativo…
    Y tu Catarsis ayuda estoy segura a tantisimas madres y futuras madres,,
    por cierto hoy mi amiga Gema está en el bonito y complicado proceso de dar a luz a su bebé.Le mando toda la energía que puedo.
    Gracias
    por tu dulzura,
    Y lo siento, no lo puedo evitar: Siento no haber estado ahí contigo…en esos momentos…lo siento.

    • Cariño, tú siempre estás conmigo y estuviste, son muchas las maneras de acompañar a una persona. Estoy convencida de que nuestras heridas del alma sanarán y me alegro tanto de que formes parte de nuestro círculo…
      Llevo todo el día pensando en Gema y pensando en ti, en como acompañas a tus amigas y te alegras con ellas.
      Un beso grandísimo y mucha energía también desde aquí.

  6. Igual que a tí te parecía oírlo llorar por las noches y subías, él os sentiría llegar y velar por él, sus papás estaban ahí, queriéndolo cada minuto. Mi Marco es un fortachón! Un besazo

    • Nunca sabremos lo que sintió, pero contamos con la certeza de que casi todo el tiempo que estaba despierto contó con nuestra compañía.
      Seguro que también sintió la bienvenida a casa que tuvo, tanta alegría, tanta ilusión, globos y pancarta incluida. Cómo lloramos de alegría y cómo nos emocionamos al recordarlo.
      Un beso linda

  7. Querida Silvia, no sabes lo mucho que comprendo cada una de las sensaciones que has descrito en tu post. Las comprendo porque las he vivido, yo también pasé la hospitalización de mi bebé recién nacido, las vías, los sueros, el tener a mi amor en brazos con miedo a dañarle….. el irme a casa y sentir que le abandonaba en aquella fría sala, entre extraños. Pero a pesar del dolor, debes enfrentarte a ello para poder seguir hacia adelante, para permitir que la herida cierre, para ser mejor para tu hijo.

    Mi hijo no tiene recuerdos de sus pasos por el hospital, y eso que la última intervención fue con 15 meses y fue un verdadero calvario para todos. Pero sí recuerda sensaciones, olores, sentimientos, miedo. No te lo voy a negar. Pero lo superamos con amor, amor y amor. Al principio fue un niño inseguro, desconfiado, pero hoy su autoestima y su poderío es grande.

    No te preocupes por él, si os tiene a vosotros, a su padre y a ti amándole sin condición, como hacéis, no tenéis de qué preocuparos.

    Y ahora tu, te toca a ti, enfrentar, asumir, aceptar. Repasar cada acontecimiento, cada sentimiento, cada gota de culpabilidad. Aceptar que no fue culpa tuya. Aceptar lo sucedido y ver cómo pudiste estar con tu hijo, el bien que le hiciste en esos difíciles momentos. Es decir, extraer lo positivo dentro de lo que fue inevitable, su ingreso.

    Ya sabes dónde encontrarme si me necesitas. Te mando un beso enorme.

    • Muchas gracias por tus palabras, me llegan al alma. He sufrido tanto recordando, escribiéndolo que llevo dos días realmente intensos, ya me estaba arrepintiendo de haber abierto esa puerta, pero ahora comprendo que es necesario y que tengo que reconciliarme con los acontecimientos que rodearon sus primeros días, sanarme como pueda y aceptar mis recuerdos sin esconderlos en la memoria.
      Muchas gracias de nuevo, tu experiencia me ayuda a sosegarme y a no buscar de nuevo una huida.

  8. Ay silvia, qué duro tuvo que ser, no puedo ni imaginarlo, esa preocupación por tu pequeño, la sensación de que las cosas no son como deberían, que eso no es lo que esperas ni tú ni él. Fuisteis unos valientes, lo superásteis y estoy segura que aunque tu herida aún no ha sanado la de Marco con tus caricias, tus canciones, tu amor en definitiva sí ha sanado. Un beso muy grande madraza!

    • En la medida en que voy reasimilando mis experiencias soy consciente de lo maravillosa que es la rutina, la tranquilidad, el día a día con mi familia, y de lo afortunados que somos de vivir la infancia de un niño, su alegría, su descubrimiento del mundo… por lo que debemos enfrentarnos a nuestros monstruos, asumirlos y mirar hacia delante.
      Gracias Silvia, un beso grande!

  9. Silvia… sólo puedo abrazarte y permanecer a tu lado el tiempo que lo desees, por si necesitas hablar, llorar, sacar lo que sea que brote de ti o simplemente permanecer en silencio. Sin duda debió ser algo muy grande, entiendo vuestra herida pero no soy siquiera capaz de imaginarme la desolación, tan sólo alcanzo a pensar que ese dolor agudo que asoma en tus palabras ha ido tomando forma con el tiempo.
    No sé qué decirte, desearía abrazar a la madre que se encuentra aún frente a ese cristal y felicitarla por su amor y su luz… Deseo que poco a poco logres sortear estas piedras y cubrirlas de paz. Tu hijo percibe y percibiría vuestro amor y contrariedad por lo ocurrido pero también estaba luchando por salir adelante. No sé si alcanzas a sentir que le fallaste, porque no fue así.
    Un millón de besos… estoy aquí.

  10. Wapisima! He empezado a leerte esta mañana via mòvil y ya me has emocionado. He tenido un día de esos para olvidar (cúmulo de pequeñas tonterías) pero tan buen punto he frenado me he acordado de tu post y me lo he releído en calma para poder “atenderte” como mereces. Nos has abierto el corazón y no puedo más que darte un abrazo virtual lleno de luz para que se diluyan todas las sombras, el dolor, los duros recuerdos…. Eres muy valiente poniendo esos momentos encima la mesa y adentrándote en el dolor. Aquí me /nos tienes para lo que haga falta! Un abrazo preciosa!

    • Me llega tu luz y me emociona, que con la vida tan ajetreada que llevamos podamos sacar tiempo para escuchar y compartir me parece todo un privilegio.
      Gracias por tus palabras y tu apoyo, un abrazo grandísimo.

  11. Silvia, preciosa… ¡Qué duro! No sabes cuánto he sentido cada palabra tuya, como si Marco fuera mi Marco,… Y claro que duele… ¿cómo no va a doler? en ese momento tan especial, tan vuestro, que te arranquen a tu hijo, no poderlo sostener, saber que le pinchan, que le duele… la hostilidad y la impotencia, aquello del “¿y por qué a él?” duele y mucho. Siento que tuvierais que pasar por esto. Gracias por compartir, por abrirte del modo que lo has hecho. Eres una valiente.
    Un abrazo reparador.

    • Abrí una ventanita contestando a uno de tus posts, y el dolor que me produjo escribir me rebeló que la herida era mas grande de lo que yo pensaba. Como dices en “El compromiso” debemos cruzar todo túnel que pueda entorpecer entregar lo mejor de nosotras.
      Gracias por tu apoyo y tus reflexiones.
      Un beso grande

  12. No sabes lo identificada que me siento al leer tus palabras. Me haces recordar cuando tuve a mis mellizos, y la mala suerte me robó prácticamente los dos primeros meses de vida de mi hija, después de pasarme todo el embarazo con el corazón en un puño ya que nadie sabía si llegaría a nacer.

    Yo tardé cuatro largos días en poder conocer a mi hija, toda mi familia la conoció antes que yo. Recuerdo el miedo que sentía al cogerla para practicar el método canguro, apenas pesaba un kilo, estaba tan llena de cables y me miraba con esos ojitos de no entender nada de lo que estaba pasando. La primera vez que ví su carita sin sonda ya tenía cuatro semanas, y la primera vez que pude ofrecerle mi pecho ya tenía cinco semanas. Fue tan doloroso recibir el alta e irme a casa con su hermano, dejándola allí solita…

    Aún tiene en su cabecita la marca de la vía que llevaba puesta, cada vez que la veo siento tanta pena por todo lo que ha tenido que pasar y por lo ajetreada que fue su llegada a este mundo.

    Casualmente, también colgué un post hace poco sobre el tema: Tú a casa y yo a la incubadora

    Un abrazo, espero que el tiempo cure nuestras heridas. A mí la experiencia me ha servido para valorar más si cabe el privilegio de ser madre.

    • Parezco conocerte, en el hospital había una madre que se encontraba en tus circunstancias y siempre escuchaba sus sentires. El destino nos expone a situaciones difíciles, pero realmente no podías elegir, diste todo lo que tenías y podías a los dos. La cicatriz es nuestra, nuestros niños aprenderán a confiar en la vida porque a cada paso les acompañamos y se harán fuertes. Solo nos queda asumir y perdonar a las circunstancias, reconciliarnos con el comienzo y gozar del presente. Debe ser maravilloso ver a dos niños tan chiquitos juntos compartiendo y descubriendo.
      Un abrazo grandísimo, conectadas quedamos!

  13. Las tres horas y media que tuve que esperar en REA tras la cesárea por la cual mi peque llegó al mundo se me hicieron eternas y aun hoy mi marido y yo nos sentimos culpables por esas horas que Pequico pasó en el nido, no puedo ni imaginar el dolor de no poder tener durante días a tu pequeño contigo y la preocupación por que todo salga bien. Pero hay cosas que escapan de nuestras manos, y las experiencias vividas nos hacen tabien ser las madres que somos!

    • En eso no había pensado, somos lo que somos por las experiencias que nos forjan, me gusta tu reflexión, quiero pensar que soy buena madre, y en buena medida las situaciones dolorosas que vivimos nos hacen apreciar lo que tenemos para exprimirlo y no perdernos un detalle de la veloz infancia de nuestros hijos.
      Gracias por comentar, un abrazo!

  14. Buenas noches, me he venido a pasar la noche por aquí un ratito y acabo de descubir que Marco nació justo una semana después que mi hijo. Creo que el sentimiento de culpabilidad hacia cualquier cosa negativa que suceda a nuestros hijos es inherente a la condición de padre, sobre todo en sus primeros años, cuando son tan indefensos y dependen 100% de nosotros. Sin embargo, y aunque suene muy básico, pienso realmente que hay cosas que no son culpa de nadie y debemos intentar no atormentarnos. Ojalá puedas pasar página pronto. Un besazo, escribes fenomenal, da gusto leerte.

    • Coetáneos a mas no poder, qué buena generación 😉
      Pienso que tienes razón, esa es una de las claves, la inherencia por la indefensión. Tanta dependencia de las crías humanas genera padres deliberadamente preocupados para la subsistencia. De todos modos , con la distancia, pienso que podría haber lidiado con el personal sanitario de otro modo, acaté demasiado sus consejos o imposiciones, no se… Para pasar mas tiempo con él. Pero claro, que se enfermara no fue mi culpa, es la sensación de impotencia y de injusticia, pero no hay nada mas inútil que pelear con el pasado. Ahora veo con claridad que necesitaba hacer este post para pensarlo seriamente y superarlo.
      Gracias por pasarte, es un honor.

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