Archivos Mensuales: mayo 2012

Edad del destete. ¿Qué opinan los primatólogos?

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Este Post está escrito por Auberiv, compañero de trabajo y muy amigo mío. Muchas son las opiniones tras el revuelo que provocó la portada de TIME, este punto de vista era sin duda imperdible e interesantísimo. Gracias por colaborar con este blog y por tu inestimable aportación Auberiv.

Dato: el niño que apareció en la portada de TIME pronto cumplirá 4 años y es amamantado.

Más datos: las reacciones generadas van desde el rechazo extremo a la defensa inflamada, pasando por los intentos de ridiculizar esta práctica, o que la portada es bochornosa y desafortunada aunque lo de dentro está bien, o no entremos a trapo, o que la crianza de un hijo o hija no es una competición, etc., etc., etc.

Es decir, nos hemos lanzado, como buenos primates, a la confrontación de ideas y puntos de vista, proceso que, habitualmente, deriva en una ceremonia de polémica y de confusión en la que también se pueden acabar enredando quienes intentan poner calma en el asunto. Por un lado, los beneficios de la lactancia materna son tan claros que ni me molestaré en aportar enlaces; por otro, entre las opiniones en contra de amamantar hasta determinadas edades se han vertido, a raíz de esta portada, perlas tales como que se están causando “problemas psicosexuales devastadores” que acompañarán a estos niños y niñas a lo largo de su vida adulta, o que este tipo de crianza es “una receta para el desastre psicológico”; es decir, que estaríamos ante un acto aberrante.

En nuestras sociedades es frecuente asumir que una práctica es “natural” o “normal” simplemente porque no conocemos o no nos hemos expuesto a otros modos de llevarla a cabo. La sabiduría popular alcanza, en este sentido, elevados grados de sofisticación y detalle. Conozco a una madre que vive en un pueblo pequeño (muy pequeño) a la que han pasado de decirle “le estarás dando pecho, ¿no?” a “¡aún le estás dando pecho!” en el transcurso de unas pocas semanas, lo cual prueba lo mucho que somos capaces de afinar en nuestros criterios de lo que se debe y lo que no se debe hacer, de lo que es normal y no lo es, muchas veces no tanto en lo que atañe a nuestras vidas sino con respecto a las vidas de los demás. ¿Qué criterios se están usando aquí para definir “normalidad”? Yo quisiera centrar mi argumentación en el punto de vista biológico y así, como buenos primates, ¿cuál sería la edad natural a la que deberían destetar los humanos?

La mayoría de los datos que siguen los he extraído del blog The Primate Diaries, que aloja el sitio web de la revista Scientific American y que podéis también consultar. Confieso que hay muchas frases y la estructura de algún párrafo que he dejado sin cambiar con tal de mantener una claridad en la exposición original que no me siento capaz de mejorar.

Existe un estudio clásico, “Life History Variation in Primates” que los zoólogos británicos Paul H. Harvey y Tim Clutton-Brock  publicaron en la revista científica Evolution. En conjunto, se trata de la más completa recopilación de datos disponible sobre las sociedades primates (hasta 135 de ellas, incluida la humana) y los parámetros registrados abarcan desde el tamaño de la camada o la edad de su destete hasta el peso de la hembras o la duración de su período de celo. Al relacionar todos estos datos usando técnicas estadísticas, identificaron una serie de patrones que se mantienen a lo largo de todo el linaje primate.

Una de estas correlaciones, que se presenta de un modo especialmente consistente, es la que relaciona el peso de la hembra adulta con la de la edad de destete de sus crías, de modo que, conociendo el primer dato, es posible predecir el segundo con un rango de acierto del 91%. A raíz de esto, se puede calcular que la edad (en días) a la que un joven primate se destetará es igual a 2’51 veces el peso de su madre (en gramos) elevado a la potencia 0’56. Este cálculo, muy sencillo, predice que los humanos deberían destetar a una edad media de entre 2’8 y 3’7 años.

¿Hasta qué punto concuerda esta predicción con las prácticas de nuestra especie? Según los datos recopilados por UNICEF, la mitad de la población mundial prosigue con el amamantamiento hasta los dos años. Y, lo que es más, el destete es sólo parcial, ya que no supone el abandono completo de la lactancia. La ingesta de leche materna prosigue durante algunos meses más o incluso años. No obstante, estos registros estadísticos provienen del análisis de sociedades sedentarias y agrícolas que, en mayor o menor grado, se pueden haber visto influidas por las tendencias de crianza occidentales. ¿Qué ocurre con otras sociedades cuyos estilos de vida guardarían mayor similitud con la de nuestros ancestros del pleistoceno?

Para hallar la respuesta, el antropólogo Clellan Stearns Ford, de la Universidad de Yale, recurrió a la más amplia colección de registros antropológicos disponible, aglutinados bajo la denominación Human Relations Area Files, y averiguó la edad de destete de 64 sociedades tradicionales de pequeñas poblaciones cazadoras-recolectoras. Su análisis (como se observa en la siguiente gráfica) determinó que la edad promedio del destete es de, aproximadamente, 3 años. Resulta importantísimo hacer notar que, dado que estas sociedades se reparten por todo el globo y no tienen contacto unas con otras (a veces con nadie más, aparte del ocasional antropólogo o antropóloga que se pasean por allí) este comportamiento supone una muestra lo suficientemente amplia y variada como para pensar que, desde el punto de vista biológico, estamos ante lo más cercano a “natural” que podamos hallar.

Y no sólo esto. Además de por la lactancia materna habitual y mantenida en el tiempo, los grupos humanos cazadores-recolectores se caracterizan también por unos niveles extraordinariamente altos de contacto y proximidad entre padres e hijos. Las tendencias globales de estas sociedades serían, pues, muy claras y consistentes: los humanos destetan a una edad equiparable (de acuerdo con el cálculo basado en el tamaño de la mujer) a la de otros primates, 3 años, y a partir de ahí este período variaría ligeramente debido a factores ambientales o culturales.

En contraste con estas tendencias globales que se dan en las sociedades tradicionales y las no occidentales, los niveles de lactancia materna en Europa, EEUU y Canadá indican que sólo entre un 15 y un 25% de las madres continúan amamantando a sus bebés a los seis meses tras el parto. Las naciones occidentales se muestran, de este modo, como una desviación extrema de la media con respecto a lo que ha sido y sigue siendo mayoritariamente un comportamiento habitual para nuestra especie. Sobre este punto, tanto la Organización Mundial de la Salud como UNICEF, con sus recomendaciones sobre lactancia, se alinean con las predicciones basadas en nuestros parientes primates.

Podría parecer que el amamantamiento es un mero complemento o incluso un capricho en nuestras confortables y sobrealimentadas sociedades occidentales. Los beneficios de la lactancia se han comprobado ampliamente en las partes del mundo menos ricas y tecnificadas, donde supone el mejor remedio contra la malnutrición, la incidencia de enfermedades infecciosas o problemas como la diarrea que, sin tratamiento adecuado, pueden ser mortales; pero estos efectos son universales y también se observan en nuestros hijos. No sólo los bebés amamantados están mejor nutridos y protegidos contra las modernas epidemias de obesidad y diabetes asociadas con la sobreabundancia de alimentos, sino que la mejor salud general de estos niños y niñas supone un alivio para los saturados sistemas sanitarios de nuestros países.

Ahora bien, está claro que nuestras circunstancias han cambiado apreciablemente con respecto al entorno de una sociedad tradicional. Por nombrar algunas evidentes: podemos trabajar a muchos kilómetros del lugar que habitamos, las relaciones y exigencias sociales se han vuelto más complejas, la mujer prosigue su camino de incorporación en igualdad de condiciones al entorno profesional, existe una tecnología que ofrece alternativas alimenticias a los bebés, el tamaño de las familias se ha ido reduciendo hasta poder llegar ser monoparentales, o incluso se puede dar el caso en que el niño esté a cargo de alguien que no tenga pechos con los que amamantar. También cloramos el agua que bebemos, tomamos aspirinas y debemos esperar ante un semáforo en rojo. Y, por supuesto, se han producido cambios en el modo de criar a los niños. Ambiente y comportamiento se influyen y retroalimentan inevitablemente pero esto no debería impedirnos observar ambos con espíritu crítico para evaluarlos y decidir qué podría ser cambiado y mejorado desde el debate informado y el consenso.

La mayoría de las sociedades humanas no comparte nuestra traumática relación con la lactancia. Amamantar hasta los dos, tres o más años, lejos de ser meramente una rareza, un estilo de crianza más o menos caprichoso o incluso una perversión, como se apunta desde algunos grupos, es una norma natural que tiene implicaciones muy importantes para el desarrollo físico y emocional de madres y niños y también es relevante en cuestiones relativas a la salud pública y al bienestar global de una sociedad. Se trata de conocer cómo son nuestros cuerpos, cómo funcionan y qué es conveniente para ellos. Al igual que sabemos que pesar 140 kg midiendo 155 cm es perjudicial, sabemos que amamantar durante dos, tres o cuatro años es beneficioso. Toda mi argumentación ha estado encaminada a mostrar mi desagrado a que se usen justificaciones biológicas a la hora de rechazar este tipo de crianza cuando, en realidad, están operando otros motivos que pueden ir desde la desinformación o la imposibilidad hasta algunos que, desde mi parecer, resultan siniestros. En última instancia, corresponde a las madres (y a los padres) decidir cuánto (o cuán poco) quieren amamantar a sus hijos. Todas las decisiones, si son meditadas, informadas y buscan el mejor compromiso posible entre los intereses de todas las personas involucradas en ellas (teniendo en cuenta que no existen bebés capaces de decidir y opinar por y para sí mismos), deberían ser válidas. Sin embargo, creo que, como sociedad, deberíamos apoyar y garantizar que todos tengamos acceso a una información de calidad y asegurar un entorno en el cual las madres que decidan amamantar a sus hijos no se hallen expuestas a estigmatización y a juicios de valor por hacer algo que, al fin y al cabo, es sencillamente natural.

De rabietas y antídotos

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Una vez más la crianza nos conecta con nuestra propia sombra. Una vez más debemos llamar a nuestra consciencia para atravesar este nuevo camino con seguridad, paciencia y paladeándolo a cada paso. Si. Saboreándolo. Si algo estoy aprendiendo con la maternidad es que ningún momento o etapa es un trámite que debamos atravesar de puntillas, sin que nos vean y sin ver. Tapándonos los oídos, contando hasta diez y esperando que haya pasado al abrir los ojos, como una mala pesadilla. Es un patrón que se repite, esperamos que el parto “sea una horita corta”, que el bebé se mantenga sentado y nos sonría cuanto antes mejor y que “los terribles dos” pasen raudos, como un ciclón que olvidaremos cuando nos embarquemos en otra “fase”.

Por aquí ya han aterrizado las subidas de carácter. Comprobé con horror que Marco solo tiene 19 meses ¿acaso me han robado la tranquilidad? Una vez más con información y compartiendo experiencias el sosiego me acompaña. Cuántos mitos se nos arraigan y qué necesidad tan grande de culpabilizar al niño por el solo hecho de comportarse como lo que es, un niño pequeño, muy pequeño, que tan solo unos meses atrás era un bebé.

De este modo, acabo de terminar con la lectura de Ni rabietas ni conflictos de Rosa Jové (aquí tenéis el enlace a la estupenda reseña de @Alexia_Stark  para @MundoTueris), libro altamente recomendable, de lectura sencilla y muy clarificador. Paso a comentar algunas ideas que me ha ayudado a desmadejar:

La idea de que esta etapa de auto-afirmación es un proceso deseable y natural para el desarrollo de la autonomía del niño, es tranquilizador. Todos sabemos que los bebés se vinculan con su cuidador principal de tal manera que comprenden el mundo a través de él, no son capaces de contemplarse como un ser independiente, al igual que no se reconocen en un espejo. Es por ello que cuando su capacidad de razonamiento es mayor, para comprobarse y asegurarse como seres libres, necesitan experimentar la idea contraria a la que se les propone. Está de mas, por tanto, asociar con este comportamiento etiquetas de rebeldía que encierran molestar al adulto o a otros niños, como si este fuera el objetivo en sí, molestar, demonizando a los niños y adjudicándoles adjetivos peyorativos como terribles, insoportables, molestos, pesados, malos, bichos… La maldad es una actitud bastante más elaborada y no encontramos esta premeditación hasta pasados los tres años.

Hemos de empatizar con nuestros hijos, comprender por qué se sienten tan frustrados como para patalear, gritar, llorar, morder o pegar. En el libro de Rosa Jové encontramos pautas de actuación para todas las edades, pero en este caso, hablamos de un niño que no domina el lenguaje, apenas utiliza tres palabras, aunque el abanico de gorjeos en lenguaje “marquiano” es muy amplio. Con los niños que aún no comprenden los códigos de comunicación como para hacerles razonar, con los que no podemos mantener un diálogo y ofrecerles alternativas a sus deseos, solo podemos abrazarles y si es preciso, esperar a que termine el pataleo para hacerlo, ofrecerles nuestra presencia, con cariño, con paciencia y explicarles que no podemos entendernos mutuamente, nos faltan las palabras, pero que siempre estaremos ahí, intentando encontrar una solución satisfactoria para todos.

Un carácter apasionado, tenaz, decidido, con capacidad de elección y que no calla cuando siente la injusticia es muy deseable en un adulto, sin embargo estos valores se gestan en algún momento y acallarlos para esculpir lo que pensamos que es un niño deseable, es quebrantar su libertad y su esencia si lo hacemos mediante el chantaje o la autoridad. Por supuesto no hablo de evitar la educación, debemos propiciar una buena actitud e insuflar nobles valores y normas de convivencia.

Otro factor importante para conectar con nuestros niños es conocer su nivel de desarrollo, en demasiadas ocasiones les exigimos objetivos que son incapaces de comprender, por lo que saber que podemos esperar en cada edad nos ahorraría bastantes enfados, cuando entiendan las cosas, las harán. Al igual que entender las características propias de los niños, impaciencia, volumen de voz, movimiento continúo y el juego como prioridad, tener esto en cuenta nos ayudará a tener mas paciencia. Saber lo que esperar, comprenderlo y aceptarlo.

Cuando un niño está frustrado, sus herramientas para gestionarlo son limitadas, solo cuenta con nosotros, si es un recién nacido llora desconsolado, si tiene dos años grita y patalea, ¿y si tiene treinta y un años? ¿qué hace en ese caso “un niño”? A esta edad ya somos responsables de gestionar nuestro propio estrés y frustración. Y en no pocas ocasiones la alteración de ánimo de nuestros hijos resuena con nuestra propia alteración, dejamos de tener paciencia y de ser resolutivos, aparece la culpa, la propia y la que vertemos en los niños. De nosotros depende gestionar el malestar y el abatimiento. Nosotros deberíamos ser capaces de aceptar la situación que nos encontramos, vivir su cara positiva, aprender también de nosotros mismos y no caer en nuestra propia “pataleta” y ansiar algo que no podemos tener en ese momento. Un niño tiene dificultades para aceptar que la tarde de juego en el parque se ha terminado, pero un adulto debería aceptar mejor un café interrumpido o no tan apacible como esperaba.

Con esto no niego que como padres no nos merezcamos un margen, la oportunidad de errar, perdonar y modificar. Pero también los niños merecen esa manga ancha, no son ciudadanos de segunda y no deberían pagar nuestros platos rotos. Aprovechemos la oportunidad para mejorar como personas y no pasemos de puntillas por ningún lugar que habiten nuestros niños.

Nana de “La Dolorosa” y madres solteras

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Quería traeros hoy dos fragmentos de la zarzuela de “La Dolorosa” (1930), compuesta por el maestro José Serrano (1873-1941), compositor valenciano que estudió con Bretón y Chapí y llegó a escribir un centenar de zarzuelas, de entre las que destaca ésta que nos ocupa.

Nos relata la historia de Dolores, madre soltera y abandonada. En el Acto I, aparece Rafael, acaba de ingresar en un monasterio y le vemos pintando una expresiva virgen dolorosa. En las inmediaciones, aparece tendida presa de un desmayo, una hermosa y apesadumbrada mujer  acompañada de un recién nacido. Aquellos que la encuentran, asombrados descubren que es el mismo rostro doliente que asoma su mirada desde los lienzos del joven fraile. Dolores es auspiciada en el convento y canta con dulzura y arrullo al hijo entre sus brazos.

José SERRANO. “Nana”La Dolorosa. Teresa Berganza (Soprano), Orquesta Sinfónica de Barcelona, Luis García Navarro (Dir.).

Letra: (Juan José Lorente)

Duerme, mi tesoro
que ya estoy contigo,
y ya no te faltan
besos ni calor.
Duerme en mi regazo,
rayito de luna,
duerme en esta cuna 
que te da mi amor.
Tu madre te vela,
estrellita mía,
que eres mi alegría
y eres mi dolor.
Ea, ea.

Al comienzo del Acto II Rafael y Dolores tienen un emotivo encuentro. Ella desmadeja sus andares desde que se separaron. El hombre con el que se fugó la abandonó para casarse con otra, dejándola sola con un hijo hermoso como el sol.

José SERRANO. “Dúo de Dolores y Rafael”, La Dolorosa. Teresa Berganza (Soprano), Plácido Domingo (Tenor), Orquesta Sinfónica de Barcelona, Luis García Navarro (Dir.).

Letra: (Juan José Lorente)

Dolores: Déjame besar tu mano generosa,
                  que a tus pies llore mi dolor.
Rafael:    Levanta del suelo, pobre Dolorosa,
                  y ten valor.
                  ¡Cuántas horas de pena
                  tendrás en tu largo camino!
Dolores: Lo quiere el destino,
                  y sufriré.
Rafael:   La impiedad de la gente,
                 la vida te hará en mil pedazos.
Dolores: Con mi hijo en los brazos
                  moriré.
Rafael: (Consigo mismo)
                 Ten piedad, Señor,
                 para la infeliz.
                 Con mi amor en otro tiempo
                pudo ser feliz.
                 Pero ¿a qué soñar,
                si aquel amor no puede ser?
                Alma mía, tu ilusión no ha de volver.
Dolores: ¡Pobre Rafael!
                  Sufres aún por mi,
                  sin pensar que mis locuras
                  le han traído aquí.
Los dos: Calla, corazón,
                  ya que feliz no puedes ser.
                  Alma mía, tu ilusión no ha de volver.
Rafael:    Dolores, no sufras.
Dolores: Tu pena me llena de pesar.
Rafael:    Mi dolor no te importe.
                  Pensemos tan solo en tu suerte.
Dolores: Soy madre y soy fuerte,
                  y sé luchar.
Rafael:   ¿Por qué no vas al hombre
                  que ayer te quiso
                 con tu aflicción?
                  Y, si es preciso,
                  pides perdón.
Dolores: ¡Jamás! ¡Jamás!
                  Maldito
                  el cobarde que manchó mi frente
                  y niega y miente
                  si le recuerdan su delito!
                 ¡Maldito sea! ¡Maldito sea!
                 Antes mendigar sin honra y nombre
                 que unirme a un hombre
                  de tal ralea.
                 Maldito
                  el canalla que, cruel y avaro,
                le niega amparo,
                 cariño y pan a ese angelito!
                             (Llora)
Rafael: ¡Pobre Dolores!
               ¡Pobre mujer!
               No sé qué hacer,
               por que no llores.
Dolores: Ya no tengo la esperanza
                  de volverte a ver.
Los dos: Basta de soñar.
                 Aquel amor no puede ser.
Dolores: Adiós, Rafael.
                           (Se aleja)
Rafael:   Adiós.
                 Alma mía, nuca más has de volver.
 

Pero no nos quedaremos con el corazón encogido. Rafael abandona el monasterio, con el beneplácito de sus superiores y el final queda abierto. Hay quién atribuye tanta emoción y dramatismo en una zarzuela, al hecho de que el maestro Serrano tuviera que afrontar la muerte de su hijo Lohengrin durante los trabajos de composición de la partitura.

Este fin de semana tocamos cuatro veces esta zarzuela y durante los ensayos, cuando he escuchado la nana me he emocionado muchísimo pensando que podría compartirla en este espacio. Pero lo más interesante ha sido este nuevo “icono de mujer”, la madre soltera, en este caso la madre abandonada, la Madama Butterfly española. Pero la nuestra es más guerrera, no espera al filo del mar, se agarra a su hijo, maldice y supera. Es orgullosa, aunque se nos muestre al principio vulnerable y desmayada. Su destino está escrito en su nombre, Dolores, su adorador, Rafael, la pinta cual virgen preciosa, pero dolorosa. Sin embargo su fuerza evita el final de la heroína romántica, no hay muerte, solo vida y alternativas.

Claro está que a nadie nos gusta que nos abandonen, todos sufrimos cuando nos excluyen de la ecuación. Pero como bien sabe Dolores, no todas las compañías son convenientes a cualquier precio. Debemos romper moldes y dar cabida a los nuevos modelos de familia, como lo son las monoparentales. Entiendo que las personas que cohabitan deben desenvolverse con armonía, deben comprenderse, compartir y amar el mismo modelo de construcción vital y si una de ellas no es feliz flaco favor nos hace permaneciendo a nuestro lado, por darnos nombre o pan, como reza la letra. Todos necesitamos sentirnos amados, pero esa categoría de relación, el amor, exige mucho de nosotros y no debemos conformarnos con cualquier cosa. Otro asunto distinto es que para la crianza de un niño es muy necesaria la tribu, soportes y apoyos cercanos que nos alienten, releven y enriquezcan con la variedad,  y que una persona sola encuentra dificultades para afrontar una situación con estas características de entrega, la crianza. Pero el soporte no tiene que ser necesariamente una pareja.

Por otro lado encontramos a la madre soltera y libre que no suspira por nadie, que no se siente abandonada y que ha buscado voluntariamente una maternidad exclusiva. Existen tantos modelos de familia como personas moran por la tierra. Es curioso observar y detectar los modelos antiguos de “soltera” por ejemplo, para trascenderlos, comprenderlos en su contexto, de 1930 es “La Dolorosa”, y construir algo diferente, sin etiquetas, sin compasión, sin ostracismo.

 
 

Detrás de la portada

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¿Por qué esta imagen? ¿Por qué este titular? ¿Por qué estas palabras al pie? No nos dejemos eclipsar por la polémica portada de TIME, buceemos en el interior del magazine antes de sacar conclusiones precipitadas.

Varios artículos tratan el tema de la “crianza con apego” (attachment parenting), de forma muy sensata e interesante, paso a relataros algunos contenidos:

Se aborda el tema de la lactancia materna desde una perspectiva desculpabilizadora, los problemas a los que se enfrenta la mujer a la hora de acceder y escalar en el sistema laboral son mucho más complejos. El paro no solo afecta a madres que dan el pecho. Dominique Browning nos acerca este tema a raíz de la publicación de un libro de Elisabeth Badinter que argumenta que la lactancia materna esclaviza a la mujer. Este es el artículo: Why Breast-Feeding Isn’t the Bugaboo.

Este me encanta. Cómo la maternidad “intensiva” también forma parte del movimiento feminista, ya que éste lo origina. How Feminism Begat Intensive Mothering (Belinda Luscombe). Las conquistas sociales de las mujeres han permitido que tomen decisiones, se hagan cargo de sus vidas y expriman al máximo sus potencialidades, ¿cómo no habrían de hacer lo mismo a la hora de criar a sus hijos? El aumento del poder económico y social de las mujeres no les ha quitado su deseo de ser madres, al contrario, les ha permitido abrazar ferozmente la maternidad.

También encontramos el punto de vista de un padre. En The Detached Dad’s ManifiestoNathan Thornburgh en clave de humor nos relata cómo el peso fundamental recae en la madre (él no tendrá nunca una mastitis). Añade a la ecuación, a la díada, un saludable sentido de la distancia, aún así siente que su papel es secundario. (Todos recordamos a un padre que confiado exclama “déjale el solo lo hará muy bien”).

Una madre de la Bahía de San Francisco, Erica Kain (One Family’s Experiment with Attachment Parenting), nos habla de su experiencia, en esa zona de California la tónica imperante es la crianza con apego y se vio permeabilizada por ello. Tuvo que reajustar sus expectativas en función de sus circunstancias, tiene tres niños y es difícil seguir los ideales de maternidad que te has impuesto, recomienda fluir con los niños y adaptarse a sus particularidades. Además su insignia es el “Homeschooling” (escolarización en casa).

También dedican un artículo al precursor del movimiento de la “Crianza con apego” en EEUU, William Sears. En el artículo, The Science Behind Dr. Sears: Does It Stand Up? se argumenta que si bien la ciencia respalda sus afirmaciones con respecto a la lactancia materna y “apego seguro”, no ocurre lo mismo con el colecho y el porteo, aún no existen estudios concluyentes que puedan demostrar “científicamente” su impacto en la personalidad adulta de los niños criados de este modo. Usa estudios que no son determinantes.

En Parents Do What’s Right for Them, Not for the KidsJudith Warner, otra madre, nos trae un tema muy interesante, las razones que nos llevan a elegir un camino y no otro, y para ella responden a hechos que hablan de nosotros mismos, de nuestras necesidades subjetivas que afloran a la hora de criar.

Encontramos también el testimonio de una madre, Susanna Schrobsdorff, que nos habla en Confessions of an Accidental Attachment Parent acerca de la importancia de la tribu, de la inseguridad que nos rodea durante la crianza y de la necesidad de empalizar con otras madres que se desenvuelven de manera similar.

Y en Extended Breast-Feeding: Is It More Common than We Think? por Bonnie Rochman, madre también, indaga en el activismo americano pro-lactancia, comentando campañas para reivindicar la lactancia materna y su práctica en público (no olvidemos que allí está prohibido) y apostilla que todas ellas palidecen ante “la portada” que nos ocupa. Critica la mojigatería americana, además dice no adherirse a ninguna corriente concreta salvo la humana.

Llegados a este punto, expresaré abiertamente mi punto de vista. Me parece fantástica la foto de la portada, transgresora, llamativa, polémica, además de artística y expresiva. No estoy tan de acuerdo con el texto que la acompaña, la foto en si ya vendería muchas revistas, y me parece fantástico, porque los lectores entrarán también dentro del magazine. Muchas personas se han sorprendido con estas prácticas, a muchos ciudadanos ha llegado este hecho y probablemente de otra manera ni hubieran imaginado que muchas madres amamantan a sus hijos hasta la edad que consideran oportuna.

Se ha levantado mucha polémica y también muchas han sido las críticas, las risitas. Los periódicos españoles que se han hecho eco de la noticia me han defraudado enormemente, se han dejado engañar por la portada y no han hecho el esfuerzo de comprender realmente a qué responde, no han leído ni uno solo de los artículos y han sido tendenciosos. Lamentable. Me duele especialmente el caso de El País.

Pero en TIME también podréis ver mucha belleza, salud, humanidad, orgullo, amor, a mamíferos relacionándose. Los artículos abordan el tema de la “crianza con apego” de manera poliédrica, desde muchos puntos de vistas, abordando diferentes cuestiones y voces, pero siempre de manera positiva. Me parece que se hacen eco de un modo de vida con respeto e informando.

Esta imagen también es de Jamie Lynne Grumet, protagonista de la portada y madre de un hijo de casi cuatro años, con una postura mas habitual en el amamantamiento.

Entiendo el uso de la sugerente fotografía que se utiliza en el exterior. Alza la voz, y ocupa su espacio. Estamos aquí, esto es lo que hacemos y es maravilloso. Miradnos y aceptadnos. Miraos y aceptaos. No reneguéis de vuestra esencia humana y mamífera. Era necesario un impacto, la educación de la ciudadanía vendrá lentamente, pero ya hay un primer paso.

Lesiones de tobogán

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Me gustaría hablaros sobre un accidente común y poco conocido. Se trata de la “lesión de tobogán”, así la he bautizado. Consiste en la rotura de la tibia del menor y se produce cuando se desliza en compañía de un adulto. Es realmente peligroso, cuando un niño baja por un tobogán, la suela de su zapato puede friccionar con el borde actuando como freno, hecho que no reviste la menor importancia cuando el niño juega solo ya que si se atasca, para, se libera y continúa. El riesgo lo encontramos cuando el niño desciende sobre el regazo de un adulto porque si la pierna queda bloqueda el peso del cuidador prosigue su camino y puede llegar a romper la pierna.

Espeluznante, yo he jugado muchas veces así con Marco y en contra de todo pronóstico, es más seguro que se deslice el solito. Esta información llegó a mis manos a través de un amigo,  me recorrió un escalofrío, pero lo dejé estar, únicamente no hemos vuelto a jugar así. Sin embargo, hablando con otro amigo, ayer en el parque, me contó que su pequeña había sufrido una rotura de tibia. Horror, estas cosas suceden y suceden a menudo. Me he visto en la obligación de comentarlo con todos vosotros.

La información que me había llegado viene de la mano del doctor Edward Holt, cirujano ortopédico del Cento Médico Anne Arundel en Annapolis (Maryland). Decidió diseñar un cartel para los centros de pediatría y publicar un vídeo para You Tube, alertando así de un accidente que se produce con demasiada frecuencia.

Este tipo de fractura es muy dolorosa, fractura en espiral, cuando el niño llega al suelo da muestras de dolor y no puede mantenerse en pie, la lesión requiere seis semanas de escayola desde el tobillo hasta la rodilla inclusive. No suele involucrar consecuencias posteriormente pero se pueden dar casos desafortunados que demanden cirugía posterior e incluso deformidad.

Pero no solo hablamos de daño físico, imaginad la situación de la persona que acompañaba al niño y que para salvaguardarlo provocó la lesión involuntariamente, te debes sentir terriblemente culpable y se pueden dar situaciones de rencor, resentimiento y reproche entre familiares y amigos. Muchas veces nos comportamos de manera irracional y cargamos con culpas que no nos corresponden, o arremetemos contra otros.

Al igual que el doctor Holt, pienso que es muy fácil prevenir este tipo de fractura y que sin embargo, no tiene la difusión adecuada.

Lo mejor es que los niños se deslicen solos con supervisión, y si son muy pequeños los podemos colocar en la mitad del recorrido. En caso de que sea totalmente imprescindible resbalarnos con ellos, debemos descalzarlos y evitar que sus pies rocen con el borde del tobogán.

Podeis encontrar más información aquí.

Y aquí podemos encontrar el testimonio de dos madres, el texto se encuentra en inglés.

Debemos dar salida a este hecho para evitar lesiones. Tanto es así, que me pregunto por qué no se ha hecho ya, no costaría ningún trabajo que se diera difusión en centros educativos infantiles, hospitales y centros de salud.

Gracias Auberiv por tu colaboración.

Nacimiento y dignidad

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La reciente emisión de Baby-Boom programa de La Sexta ha levantado ampollas abriendo la caja de Pandora.

Me resistí a verlo. Me aterraba verlo, polémicas a parte el acto de nacer levantaba en mi un miedo ancestral, de solo imaginarlo me estremecía, sangre, piel estirada, dolor, un óvalo peludo, piernas que exponen… ¿A qué se debe esto? ¿Por qué hemos desarrollado este pavor a un hecho tan consustancial a la humanidad como el mismísimo nacimiento? Nos alejamos a cada paso de nuestro instinto, llegamos a rechazarlo, volvemos la cara hacia gorritos y polainas, vivimos el parto como un trámite horrendo que nos acerca a nuestra criatura. Entiendo que esta actitud tiene consecuencias, el desconocimiento.

Al menos en mi caso, leí ávidamente libros de lactancia, crianza, apego, psicología, embarazo, yoga y embarazo, alimentación complementaria, desarrollo fetal intrauterino, pero entre tantas páginas ni un párrafo sobre partos. Decidí pasar de puntillas sobre este hecho, mi excusa era no sugestionarme, dormir tranquila, no maquinar situaciones problemáticas y confiar ciegamente en el equipo técnico sanitario. ¿Cuántas mujeres toman la misma decisión que yo? Me arrepiento. La situación que se precipita es una mujer infantilizada, indefensa, vulnerable, ignorante.

Al escuchar hablar sobre el programa afloró mi aprensión, pero comprendí que podría ser una manera de familiarizarme con el parto, asomarme por una ventana y participar del milagro. Reconciliarme con la vida. Pero ¿qué encontramos en este show? Innumerables razones para padecer y mas razones aún para aprender sobre la física de un parto y sobre mis derechos al respecto.

La comunidad bloguera no se hizo esperar y se ha pronunciado al respecto de manera ejemplar:

El Parto es Nuestro pone de manifiesto la opinión de los profesionales. Y la falta de evidencia científica que pone de manifiesto como funcionan por norma los partos en España.

Brillante Vivian Watson con su Baby Boom o el suplicio de parir.

La matriactivista e indignada Jesusa Ricoy-Olariaga.

El Impúdico Baby-Boom de Papá Conejo – Mamá Piojo, que resalta el sobrenombre del programa, “La crudeza de la vida real” cuando deberían hablar de “La crudeza de los paritorios en España”.

En Aprendiz de madre blog del periódico La voz de Galicia su autora nos relata de forma clara los errores cometidos y recoge un muestrario de frases para la “posteridad” pronunciadas en el programa.

Lactando Amando nos habla de La “resaca” del primer episodio de Baby-Boom y de lo decepcionante del tratamiento.

El fabuloso Post de Mimos y Teta que incluye el video de dos partos realmente respetados.

La doula Nuria Otero Tomera expresa sus pareceres al respecto.

En Habichuelas Mágicas se resalta el valor del “reality” a cualquier precio.

La tristeza e impotencia de Aprendiendo de Celia con Baby-Boom (Desastre de la Sexta).

La crónica de Mª Covadonga Mora Delgado de Criando Amando: Baby-Boom, o la triste realidad de muchos partos en España.

Mamá Novata y su Baby-Boom, siempre respetuosa y crítica a la vez.

Y la gran Ibone Olza con Violencia BABY obstétrica BOOM televisada que avanza hasta el activismo.

Y es que no es para menos. No me entretendré relatando una crónica más aunque se podría analizar cada plano y cada palabra. Llamo a la reflexión, las madres, las que parimos estamos protestando, estamos denunciando una situación de violencia obstétrica que se considera con total normalidad. ¿Qué responsabilidad tiene La Sexta? ¿No deberían informarse mucho más? Estoy muy decepcionada con el tratamiento que prima el morbo, que no hace la menor crítica al sistema pero si a las madres que prestan a los telespectadores un momento tan íntimo. Decepcionada con Gemma Nierga y sus declaraciones, tinta el reality con su voz en “off” con total subjetividad dejando mucho, muchísimo que desear. “Hay mujeres muy cobardes” dice, y mujeres muy insensibles para nuestra desgracia.

Las condiciones para que una mujer de a luz dignamente son otras, aconsejo este enlace con este propósito.

Los argumentos de que tenemos mucha suerte, en países del tercer mundo las cifras de muerte perinatal son tremendas, me parecen excusas. Que hay muchos problemas en la actualidad y hablamos de peticiones vacuas o secundarias es sangrante. La dignidad no puede esperar. La reflexión se hace urgente. La realidad solo se modifica alzando la voz, con la información, con el corazón, con empeño. No se puede, ni debe considerar normal parir de esa manera.

“El que llora mama”. Pues lloremos para que se nos escuche y no tengamos miedo a parir, reaprendamos y no dejemos que imágenes como esta dejen poso en nuestro imaginario.

El carnaval de blogs sobre Baby Boom ha sido organizado a través de twitter por un grupo de madres cansadas de ver como la violencia obstétrica se ha normalizado en nuestra sociedad hasta el punto de que sea considerada la práctica “normal” y deseable.

Quienes queráis uniros a la iniciativa y expresar vuestra opinión podéis hacerlo tanto a través de entradas en vuestros blogs como a través de twitter o facebook usando el HT propio del programa #Babyboom o el alternativo #babibun





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