Archivos Mensuales: julio 2012

Mi mente es un páramo

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Mi mente es un páramo, las ideas se me escurren por el pelo, se deslizan por mi cuerpo y se disuelven en el suelo. No es sopor, es una reunión insólita de energía que converge en mi abdomen, centro y espiral de movimiento, el resto de mi ser apenas está presente, mi cerebro ha bajado el volumen tanto que apenas lo percibo. Sentada, miro al vacío. Las únicas hipótesis que me permito buscan aliviar la constante desazón que me marea, miro hacia dentro buscando respuesta, ¿azúcar, sal, hidratos, jengibre? No me decido, todo me produce el mismo asco. Y sentada, miro al vacío.

No puedo dejar de observar la boca misma del estómago, si entra, si sale, si viene o si va. Suena mal, fatal, pero se siente peor.

El olor. El verano me parece nauseabundo, la ciudad apesta con el calor, el humo de los coches es aún mas venenoso, el tabaco contiguo escuece mas. Contengo la respiración para entrar en la cocina, contengo la respiración si estoy en el baño, contengo la respiración. Y así sin respirar, temerosa de cualquier aliento, brisa o cercanía me siento desfallecer.

Me muevo mas despacio, tan despacio. Minuto a minuto me voy apagando y es entonces cuando me atrapa el sueño, me mece y me dejo mecer y así, enroscada a Marco que bucea por su leche, dormimos dulcemente, juntos y rendidos. Solía resistirme ¿cómo habría de dormir tanto como un bebé? y tambaleándome alcanzaba el salón. Ya no me resisto más. Dormir es el estado mas saludable que vivo cada día, bienvenido sea.

Y es que un embarazo, mi embarazo, también tiene su oscuridad, y de esa parte quería hablaros, de este silencio. La energía vuelve por ráfagas y he aprovechado una.

El malestar físico nunca viene solo y la compañía emocional que trae consigo a veces me domina, es difícil no decaer cuando tu cuerpo lo hace. Me pregunto yo, por qué no tengo un embarazo de postal, activo, energético. Me pregunto yo, si tendrá algo que ver con mi subconsciente, si de alguna manera no acepto mi nuevo estado, si mi cuerpo se revela evidenciando situaciones internas que resolver y no puedo con esta nueva carga, tener la culpa de todo, incluso de mi malestar, la energía que me queda no me llega para sumergirme en mi sombra, ahora no, prefiero pensar que la superproducción de hormonas me conduce a este estado, que cuanto antes intente dejar de controlar, antes controlaré, antes pasará, es solo cuestión de tiempo.

La vida que crece en mi merece paz, y eso haré o intentaré. Acepto mis nuevos superpoderes, mis sentidos superdesarrollados, mi somnolencia embaucadora y abrazo la indigestión como mi estado natural. Qué puedo decir, no es la única indigestión con la que convivo, los vaivenes políticos y económicos se cronifican como una resaca indefinida, y a veces, a ratos, sacamos la cabeza y tomamos aire.

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