Inicios de nuestra lactancia

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Esta semana se celebra en España la Semana Mundial de la Lactancia Materna 2012, en el resto del mundo tiene lugar del 1 al 7 de agosto, este año el lema es “Comprendiendo el Pasado-Planificando el Futuro”. Esta circunstancia me ha animado a contar nuestra historia.

Tendida, sudorosa y en éxtasis, así me encontraba cuando me entregaron a Marco, desnudo y bañado en los fluidos que hasta ahora le habían dado la vida. Se que fue casualidad, pero me miró a los ojos y pareció verme, reconocerme. Estallé en lágrimas y el mundo se detuvo, aún tenía que parir mi placenta y recibir puntos y puntos, pero francamente ¿a quién le importa? Su cuerpo tibio se fundió en el mío. Así permanecimos dos horas, fugaces e intensas, en nuestro paritorio, en intimidad. Él se prendió al pecho y se enjugó con las primeras gotas color miel.

Llegamos a la habitación sobre las once y a las ocho  de la mañana tras una larga noche de quejidos y calor Marco fue ingresado en neonatos patológicos. Las órdenes de pediatría eran claras, quería saber de manera exacta cuanto líquido ingería el bebé, lo que excluía la lactancia materna de sus planes y así me los expuso, “eso no es importante ahora”, quizás no fuera importante pero era lo mejor que podía hacer por él, lo único que podía hacer por mi niño además de darle compañía. De manera que saqué una fuerza de la que no me sabía poseedora y me encomendé a los fantásticos sacaleches del hospital. Cercano a la tortura, aún no me había subido la leche, faltaban dos días para eso, pero conseguía sacar unos mililitros dorados y espesos, mi calostro. La cantidad que faltaba a lo prescrito se rellenaba con leche de fórmula, por suerte yo podía estar en todas las tomas, el modo de administración era el llamado “fingerfeeder”, con una jeringuilla que acaba con un tubito muy fino, se introduce en la boca del bebé el tubito y un dedo, de este modo el bebé succiona de un modo similar al pecho, manera muy distinta a la succión en un biberón, para que el esfuerzo y la sensación fuesen similares a la teta; por supuesto esto lo hacía mi compañero o yo. En la toma de las tres de la madrugada, el servicio sanitario daba la leche a Marco con un vasito especial, con la misma finalidad, evitar la confusión pezón-tetina.

Llegó el fin de semana y con él el cambio de pediatra, una buena enfermera me animó para aprovechando la coyuntura proponerle si el pecho directamente era una buena idea, le pareció bien y las puertas del cielo se abrieron, atesoré contra mi cuerpo a la razón de mi vida y el oro blanco empezó a fluir, se produjo la comunión, el gran vínculo que aún nos une, de nuevo lloré de alegría mientras me mecía y cantaba en una gran sala rodeada de cunas e incubadoras, y no había mejor lugar en el mundo.

A partir de ese momento el niño empezó a tener leche materna a demanda, lo que significaba que las tomas no se podían espaciar cada tres horas como marcaban los protocolos, así que mi móvil estaba disponible todo el tiempo, después tuve que cambiar el tono, se me saltaba el corazón cada vez que lo oía. Las normas de la planta de neonatos dictaban que ambos progenitores podían entrar casi las 24 horas del día, exceptuando el tiempo en el que los pediatras pasaban sala. En teoría, pero en la práctica el servicio sanitario, dependiendo de los turnos, prefería que durante la noche hubiera “mas quietud”. Así empezó mi pequeño calvario, cada turno con cuatro enfermeras/os y tres auxiliares, todo tipo de consejos, buenas y malas contestaciones, no se lo recomiendo a nadie, los problemas que no me ha dado ni familia ni vecinos me los dieron ellos: “este niño tiene mas hambre, no tienes leche” y que decir cuando me negué a que usara chupete me llegaron a decir que “estaba privando a mi hijo del único consuelo que tenía en un entorno en el que lo sometían pruebas cruentas”, pruebas cruentas, jamás olvidaré eso, tan poco tacto con una madre hiperhormonada y preocupada. Como mencionaba antes claudiqué con la toma de las tres, me sacaba la suficiente leche en dos o tres veces durante el día.

Once jornadas son muchas, tengo historias de todo tipo pero me quedo con las horas en la sala de lactancia, compartiendo con mujeres como yo, heridas pero luchando y mirando hacia el futuro, sufriendo, riendo, aprendiendo. Supongo que en este caso la clave del éxito estuvo muy relacionada con la testarudez y la tenacidad, siempre me he caracterizado por esto y en esta ocasión no iba a ser diferente, pero un cabezota sin cariño y respaldo se tambalea, doy fe, por eso, muchas gracias.

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    • Muchas gracias! Pero debo decir que también fue una manera de mantener mi mente ocupada, tenía mi propio objetivo, que la lactancia funcionara y de lo demás que se ocuparan los médicos, tenía verdadero pánico.
      Un beso muy muy grande!

  1. Qué duro tuvo que ser. A veces tenemos que luchar tanto por algo que debería ser tan simple… Cuanto me alegro de que todo saliese bien.
    Un besazo

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