Archivos Mensuales: noviembre 2012

El embarazo es como un inmenso océano

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Se me está haciendo muy complicado escribir, tengo el blog abandonado y no es por falta de temas. El tiempo es un bien preciado y no me estoy manejando demasiado bien, además sumaré a esto el color del contenido, tan gris que me cuesta aceptarlo.

El embarazo es como un inmenso océano, si bien el sol se refleja en sus aguas inundándome de paz, no esta exento de brumas, nieblas y tormentas. Vaivenes violentos y aguas picadas que me confunden y engullen. Vivo con una intensidad insólita lo que acontece a mi alrededor, lo agradable y lo “olvidable”. Un barniz de saturación física es mi compañero, la sensación de que no cabe nada mas, ni aire, ni alimento, ni agresión, ni descontento.

Una de las vivencias intensas que me abruma es la paulatina pérdida de control. Control de mi cuerpo y de mis habilidades tal y como estoy acostumbrada. Los límites me van cercando. Mi diafragma cada vez baja menos, el aire no encuentra sosiego y espacio, las frases musicales se entrecortan y las respiraciones se atosigan. No se cuando me inundarán las nauseas, no se cuando mis fluidos gástricos, en tropel ardoroso, llenarán mi boca de saliva, no se cuando sobrevendrá una contracción del gran Hicks o cuando Maia en su aleteo hará constar su presencia. No se. No lo se y esa incertidumbre me hace débil e insegura, no puedo garantizar un honroso devenir de mi música y eso me atormenta. Tampoco se cuando debo callar mi voz, o cuando puedo. En este entorno patriarcal que solo te da la opción de ser una “súpermujer” no hay espacio para la “debilidad” o el recogimiento. Un embarazo es una tarea de las muchas que desempeñamos y pobre de nosotras si no lo hacemos.

Llega un momento en el que tomas conciencia de cómo te has dejado invadir por la presión, por lo que se espera de ti, desoyendo a tu cuerpo, desoyendo a la vida que crece y se expande en ti. Entonces la sensación de tristeza es inmensa y la culpabilidad se instala. Añoras las horas que ya han pasado, que no volverán y en las que no has acompañado con presencia a la criatura que se deleita en su crecimiento. Desanimada porque ni con todo tu esfuerzo las corcheas fluyen como debieran. Enfadada y rabiosa porque el sistema no facilita el tránsito a la maternidad y además con “alegría” ya que muchas mujeres del panorama circundante ni se pueden plantear estas cuestiones. La solución no se acerca ni remotamente, tendemos a una explosión de competitividad que desprecia las emociones y sentimientos, y que promueve lo peor de lo andrógino, sin contrapeso, sin variedad, un ejército gris agradecido por el aire y el agua mientras haya.

Un pensamiento que me está ayudando mucho es la inclusión de Maia en mi actividad musical. Mi pericia no es la misma, ni tampoco mi precisión o concentración, pero ella me otorga una paz especial, me incita a priorizar y relativizar. Toca conmigo, me impregna con su ritmo, se integra en mi torrente sanguíneo y juntas contamos cosas nuevas, dotamos de otra emoción a la música, otro carácter y otro contenido. Esta será nuestra versión, nuestra interpretación, distinta a todas las demás.

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