Archivos Mensuales: diciembre 2012

Y para ti ¿qué es el feminismo?

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AutorretratoLlevo unos días pensando en qué es el feminismo. Las personas que no están familiarizadas con el tema huyen ante el propio concepto, tiene mala prensa y como siempre está rodeado de muchísimos prejuicios, pero bueno, a esta nefasta tendencia ya estoy acostumbrada. Lo que me crispa un poco mas es que desde el propio seno del feminismo, no se tengan en cuenta los preceptos del “feminismo de la diferencia” como válidos y qué decir de la opinión pública que directamente nos tacha de machistas. Así, he tenido que escuchar este tipo de cosas “si tu ginecóloga es feminista tendrás que trabajar hasta el parto, el embarazo no es una enfermedad”… y ya estamos a vueltas con lo mismo.

Es cierto que estoy siendo reduccionista, hay muchos mas matices, no es un “igualdad-vs-diferencia”, pero me serviré de este maniqueísmo para simplificar.

Quiero dejar clara mi postura. Ha hecho falta tiempo, mucho tiempo para que las mujeres optemos a lo mismo que los hombres y desgraciadamente aún no lo hemos conseguido. Si, en teoría podemos estudiar en la universidad lo que nos plazca, pero en la práctica las estadísticas nos gritan cómo los puestos de relevancia jerárquica están en manos masculinas. Todo esto y más es cierto e injusto hasta decir basta, pero nos esta llevando a un lugar de difícil retorno. Nos mimetizamos sin juicio crítico y todos a una anhelamos lo mismo: éxito y dinero; entendamos éxito como reconocimiento y pleitesía social. Esto supone para las personas que no son de “sangre azul” o casi, mucho esfuerzo en tan solo un plano personal y mucha frustración cuando no se consigue. Utilizaré la jerga, estos son los valores del patriarcado, decididos mucho tiempo atrás, radicalizados a cada paso y deseados por hombres y mujeres. Sin embargo estos valores tienen unos costes y no solo para las mujeres, aunque en nuestro caso sean mas evidentes, por lo que creo que urge un cambio de paradigma.

¿Qué supone el feminismo de la diferencia? Ni más ni menos que la aceptación de lo femenino, lo intrínsecamente femenino, no la objetualización del cuerpo, si no aceptar los “tempos” del ciclo femenino. Me estoy refiriendo concretamente a embarazo, parto y puerperio.

El embarazo lleva consigo la creación de un ser humano y esto no es una actividad más, que se pueda agendar en la trepidante vida de la mujer contemporánea. Mujer que rendida al capitalismo, al patriarcado y a su sistema de imagen y valores pasa de puntillas por una fase importantísima de su sexualidad con el objetivo de que el impacto de la gestación, en su vida y en su cuerpo, sea el mínimo. De este modo también he tenido que escuchar en múltiples ocasiones, como si fuera una gran gesta “de espaldas no dirías que está embarazada” o “trabajó hasta que rompió aguas”. Todo esto es estupendo, pero implica una negación de nuestra naturaleza. Permeables a estos comentarios y actitudes, emprendemos sin elegirlo, una lucha con nuestro cuerpo y nuestras emociones acalladas una vez más. ¿Hasta cuándo caeremos de red en red? ¿Hasta cuándo dejaremos que elijan por nosotras? ¿Hasta cuándo?

Hemos de humanizar nuestra sociedad sin que suponga que la mujer vuelva al hogar y se recluya en él a la par que el hombre permanezca fuera de sol a sol. Humanizar nuestra sociedad supone un reparto de actividad dentro y fuera casa, que tenga en cuenta las necesidades del ser humano que en sus primeros meses de vida permanece por subsistencia y prioridad cerca de mamá y que poco a poco necesita a un papá comprensivo, que sepa mirar dentro y que le guíe hacia la independencia. El cariño, el abrazo, el beso, la caricia, la canción, la escucha, la risa, el baile… no son propiedad de la mujer, son propiedad de todos; sin embargo están quedando en tierra de nadie, el hombre a lo suyo y la mujer también, ¿y bebés y niños?

Como mujer embarazada y directamente implicada con el tema, no siento que se respete ni el embarazo, ni sus consecuencias físicas. Si escucho mi cuerpo y los avisos directos que me transmite entro en pugna con la sociedad y el aparato burocrático, ni se nos cuida, ni se nos escucha, ni se nos entiende, a menos que agachemos la cabeza y “juguemos todos a lo mismo”.

Círculo de mujeres

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Danza de mujeres 2011Como ya os contaba en el Post anterior, este embarazo se desarrollaba más fuera de mí que dentro, mi cabeza estaba en el trabajo y en Marco y mi cuerpo saturado de náuseas fieles cada día.

Consciente de mi actitud y de que debía parar y reparar en mi pequeña interior decidí asistir a unas clases de relajación para embarazadas, con la grandísima suerte de que Mónica Felipe vive en Granada y es la persona que está dispuesta a llevarnos de la mano. Las sesiones se desarrollan en Esta por mamá que mas que una tienda es un proyecto, un espacio de encuentro, una maravillosa iniciativa, de esas que ves en las grandes capitales y que de pronto es un tesoro en tu pequeña ciudad, que no se duerme en lo antiguo. Muchas gracias grandes mujeres, por no solo pensar, si no también realizar y por tanto cariño a cada centímetro. Tenía que decirlo, es difícil de explicar pero cuando giro y tomo esa calle ya siento regocijo, ya me siento conectada y feliz.

Nos reunimos una vez por semana, una hora y media larga, nos sentamos en círculo con nuestras barriguitas y nuestras redondeces y tras la ronda del baño (ahí ya sientes que estas en tu sitio, cuando la micción es una urgencia generalizada) hablamos, una tras otra, narramos nuestros sentires, cada día mas confiadas, cada día mas expuestas, pero mas y mas escuchadas y comprendidas. Bálsamo de la montaña rusa, poder de la conversación empática, poder de un círculo de mujeres que no se saben poderosas pero que están a punto de descubrirlo.

Esta frase de Mónica produjo un click en mi consciencia “el bebé que encontrareis fuera es el mismo que ya esta dentro” sencillo, puede que obvio, pero era justo lo que necesitaba, una oleada de emoción me subió por la cara, calor y rubor ante el simple descubrimiento de que Maia estaba ahí conmigo y ya es ella, y ya me siente, y me escucha y hasta me padece. De forma súbita ya la noto más cerca, la noto casi en mis brazos, me estaba perdiendo esa magia y no nos lo merecíamos, acaricio mi vientre y lo miro impresionada todos los minutos que puedo y estoy tan fascinada como la primera vez, cuando lo único que tenía que hacer era dormir y sentir en un estado de ensoñación único.

La experiencia de compartir es única, el contagio de emociones, la atmósfera. Surgen ideas sobre las que pensar, el último día apareció el tema del contratiempo, cuando no sucede lo que esperamos, ¿estamos de algún modo preparados? Me aventuré a afirmar que ser madre es finalmente el “arte de la improvisación”, sé que es mucho más, pero esa grandeza inabarcable que es el descontrol subyace en su idiosincrasia. Siempre en movimiento, siempre sorprendiéndonos para bien y para mal, haciéndonos más flexibles y permitiéndonos aprender. Mi gran sobresalto fue su ingreso a escasas horas de llegar al mundo, pero ya solo queda lo bueno que hubo en esa vivencia. Y aquí sigo, moviéndome e improvisando.

Al hilo de la “danza femenina” subrayar su importancia, el empoderamiento que supone estar entre iguales. Es un recurso humano de sobra conocido pero que muy pocas veces ponemos en práctica. Miramos desde nuestros cubículos y en demasiadas ocasiones ni vemos. Los músicos necesitan encontrarse con músicos, los estudiantes con compañeros y las mujeres con otras mujeres. Necesitamos llamar a cada cosa por su nombre y el útero es el gran músculo que nos centra, nos da placer, deja espacio para nuestras crías en gestación y abre el camino a la vida. Hablemos de nuestro útero, sintámoslo y cuidémoslo.