Archivos Mensuales: enero 2013

Girar y girar

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Moxibustión caseraMomentáneamente es el tema de “moda”, la cesárea. Pero mas allá del mundo del famoseo, voy a contar mi historia. Estoy de casi 38 semanas de gestación y allá por la 33 pudimos ver en la ecografía que Maia se encontraba en posición transversa.  posicion-parto-bebe-transversal

Aún quedaba tiempo y aunque no era alentador pensarlo, aparqué la idea mientras tramitaba mi baja laboral y durante la Navidad. Pero los días corrían y el tiempo apremiaba por lo que la idea se instaló en mi cabeza y comencé a pensar en las consecuencias, la irremediable cesárea. Básicamente no deseo un parto de este modo, aún no tengo a la niña entre mis brazos y podría ocurrir cualquier cosa, pero mi energía se dirige hacia un parto vaginal. Sueño con una segunda oportunidad para vivir mis contracciones y sentir cómo a través de la expansión de mis fronteras se abre la vida y de cómo en virtud de la gravedad y de la fuerza que me dota y une a la tierra, puedo facilitar el trabajo que ella realizará para encontrarse de otro modo con nosotros.

Reinicié los encuentros con mi círculo de mujeres y empecé a sentirme incómoda. Bajo la espada de Damocles. No me sentía merecedora de realizar los ejercicios que me guiarían en los trabajos de parto, estaba obstaculizando a mi propia esperanza. Me llovían las sentencias, ya era demasiado tarde y ella no tenía espacio. En definitiva, era muy grande para girar.

Palabras de aliento oportunas y una lección para guardar en el joyero: conectarte con tu cuerpo, escucharlo, aprender a dejarte llevar, liberar la tensión y transformar el dolor no es algo que sólo sea útil durante un parto, son preceptos básicos para vivir una vida.

Pues bien, lo conseguimos, en tres días lo conseguimos, espero que de manera definitiva. Los ingredientes son los que siguen. Atraje a la esperanza de nuevo, abrazándola y guardándole un lugar en el sofá. Nos pusimos en manos de la moxibustión, una de las ramas de la medicina tradicional china que consiste en la estimulación de un punto de acupuntura mediante la aplicación de calor utilizando un puro de moxa (artemisa), en este caso el punto se encuentra en el dedo meñique del pie, se calienta durante quince minutos en cada pie a lo largo de cuatro días. Se puede realizar en casa, dada la imprecisión del foco de calor, no es como el pinchazo de una aguda aguja, es sencillo una vez se aprenden las premisas. Durante estos treinta minutos puse en práctica la meditación y la visualización aprendida en el taller de Mónica Felipe, entre otras cosas imaginaba mi parto ideal, con la cabecita de Maia buscando la luz, sintiéndola, conociéndola y guiándola. A todo esto, supongo, he de añadir la buena suerte, ¿por qué no? el azar también tiene su espacio en el devenir de los acontecimientos. Ahora contamos con tres semanas de “libertad” antes de la próxima ecografía, con las mismas preocupaciones que cualquiera en estado de “buena esperanza”.

Ha sido duro barajar opciones como cesárea programada, versión cefálica externa con todos lo riesgos que conlleva, o iniciar un parto de manera espontánea para terminarlo irremediablemente con cesárea. Difícil decidir cuando cada opción entraña riesgos y beneficios, ponderar qué es más importante, asumir la responsabilidad de las consecuencias de cada una de ellas.

Ahora me viene a la cabeza el tema de la semana, el nacimiento de Milan Piqué Mebarak y me quedaré con estos tres relatos. El análisis de El Parto es Nuestro con cuya escritora me siento totalmente identificada ya que se encuentra en una situación similar a la mía. La visión de Una maternidad diferente que apuesta por ser respetuoso con la opción de cualquier madre, si pedimos respeto por nuestras decisiones, debemos tenerlo con los demás. Y con la revisión de Miriam Tirado, no debemos olvidar que los famosos son un escaparate y tienen muchísima influencia.

Debo añadir que hoy es un gran día para mi, un respiro, una luz que me acerca aún más a mi bebé y así lo estoy viviendo.

El día que nací yo

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ManosHoy es mi cumpleaños, han pasado 32 años desde aquel cambio de paradigma, pasé de sirena intrauterina a mamífera hipnotizada. Y de esto quería hablaros, de aquel parto que hoy conmemoro, de mi madre, protagonista y heroína de mi vida.

El parto continúa siendo propiedad de cualquiera menos de la madre que esta pariendo, pero hace tres décadas era una cuestión aún más peregrina.

Una jovencita de 21 años ingresa en el hospital, sola y asustada, cuatro días antes del alumbramiento, la razón “parto viejo”, supongo que haciendo referencia a un embarazo prolongado mas allá de la semana 40. La solución, cuatro días de pastillas sublinguales que desembocaron al quinto día en un parto de apenas dos horas y media. La situación hospitalaria fue la siguiente, habitaciones de siete pacientes obstétricas de todo tipo, madres recientes, madres inminentes, madres dilatando y mujeres que acaban de abortar, por citar algunos ejemplos. El tiempo de visita del que disponen estas “pacientes” es de dos horas al día, tiempo en el que no está incluido, por supuesto, el parto.

Un parto inducido y no informado me trajo a este mundo, nuestra valiente no contaba con el favor de la epidural para hacer frente a las tremendas contracciones que suponen la inducción, ni que decir tiene, no podía moverse de la cama mientras tanto, en la temida y dolorosa posición de litotomía (tumbada boca arriba) durante la dilatación y el expulsivo. Tampoco pensaba que tuviera derecho a gritar, entre susurros se agarraba a los barrotes de la cama para sobrellevar las contracciones, delante de sus compañeras que no dudaban ni un minuto en opinar: “eso no es nada… la que te espera”, siempre dando ánimos, somos así.

Rompió aguas en su cama, sin idea de lo que significaba aquello, aguas sucias que la avergonzaron, esperando reprimenda. Sin pedir ayuda, sin dar noticia de su estado, esperando que alguien se diera cuenta de que ya estaba de parto, sin molestar a los demás.

Cuando ya coronaba, la matrona la llevó a paritorio. En el potro le ataron las piernas, le realizaron la maniobra de Kristeller en varias ocasiones y la episiotomía, técnicas que se realizaban de serie. Entonces llegué yo. Me dieron un buen baño, me vistieron y me depositaron en la cuna mientras mi madre era “tricotada” sin anestesia. Ella jura que nunca me recuperé del frío que pasé ese 9 de enero.

Volvimos a nuestra acogedora habitación de siete más vástagos. Allí le dieron a mi madre la gran noticia de que su recién nacida sufría displasia de cadera, sin mas información que esta me llevaron para realizarme pruebas, y sola se quedó, llorando, preguntándose la envergadura de la noticia y sin nadie de confianza con quien compartir las grandes emociones vividas en las últimas horas. La estancia en el hospital aún se alargó otros cuatro días por protocolo, con las escasas dos horas de visita en rigor. A esto se sumaron “luminosos” consejos como: “no te duermas, cuida que no te desangres” y “cuidado, la niña puede vomitar y ahogarse”, consejos bienintencionados de las visitas, esos momentos en los que te podías comunicar con los tuyos en entorno de confianza.

Todo esto es lo que yo llamo un parto robado, época oscura en la que no se informaba a la mujer de sus derechos, no se le daba la oportunidad de “participar” en sus propios procesos. Mujeres infantilizadas y apocadas en medio de la vorágine de la sacrosanta medicina, y dando gracias.

Pero mi madre es una heroína, estableció la lactancia, superó un largo principio de lágrimas, culpa y dudas. Tan joven, tan bonita, tan vulnerable, tan inconsciente aún de todo lo que le robaron, tan sin saber lo fuerte que es y lo valiente que fue.

Te quiero mamá, porque tú me diste la vida, tú eres vida, tú fuiste mi alimento, mi refugio, mi consuelo y supiste encontrar el andamiaje que nos sostiene aunque tú no lo hubieras tenido, porque construir sin ayuda es muy complicado y tú has sabido cómo.

Hoy es tu 32 aniversario de madre, gracias por ello y por todo.

Qué esperamos de nuestros hijos

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Fotografía de @antoniom_ortegaCuando decidí quedarme embarazada la primera vez también decidí que velaría por no esperar nada concreto de mi hijo. Si, potenciaría su libertad, le proporcionaría el espacio suficiente para que él encontrara su camino, sin presión. No tendría que ser ni el bueno, ni el listo, ni el valiente, ni tan siquiera el artista o el ingeniero, simplemente tendría que ser. Yo podía ver que esto no sería tan fácil la expectativa mora en nuestras ideas y amar sin condiciones es hartamente difícil, pero era optimista con mis facultades de autoconsciencia.

Entonces empieza la aventura y no solo existen nuestras expectativas también nos acompañan las de nuestro entorno. Digamos por ejemplo, “¿duerme toda la noche?” “¿ah si, llora por las tardes?” “¿solo se duerme en brazos?” Ufff y una gota fría se despeña donde acaba tu barbilla. Lees tus “librillos” de crianza, compruebas que todo es normal y te vuelves a relajar.

Entonces llega el turno de las tablas de habilidades: a los x meses el bebé se gira sobre si mismo, a los x puede permanecer sentado sin balancearse hacia los lados, a los x se suele embelesar mirando sus propias manos y esto supone un desarrollo de su inteligencia, atención, psicomotricidad… ay esta… Esta habilidad nos costó, ¿qué le pasaba a mi bebé? ¡no se miraba las manos, horror! Pasamos página, después viene el gateo y sus diversas fases, caminar, correr, saltar, el lenguaje. Stop. El lenguaje.

Marco comenzó muy pronto a decir mamá, papá, agua y yogur, pero de pronto frenó en seco y su discurso se diluyó en gorjeos ininteligibles, y así continuó mucho tiempo. De nuevo la gota fría. Y claro, si buscas encuentras, hay una gran diversidad de problemas lingüísticos. Se suma la presión externa, la sorna de unos que lo comparan con sus retoños y la preocupación de otros, entre los que me cuento. ¿Tenía que aceptar, como mínimo, que mi hijo no era tan inteligente como yo deseaba? Y ya nos hemos estrellado con la EXPECTATIVA a la que yo le había jurado odio eterno. Aún era pronto para un diagnóstico, así que me marqué un margen amplio de tiempo, el suficiente para no parecer una histérica, la madre primeriza angustiada, y bueno, como magia empezó a usar primero las palabras que le eran imprescindibles, después seleccionó otras que eran mucho más fáciles de pronunciar en inglés que en español, (ball vs. pelota, cookie vs. galleta, la verdad, no hay color), y así, poco a poco comenzó a hilar frases y a contar historias muy primitivas pero que dan buena muestra de su imaginario. Selecciona metáforas para nombrar algunos hechos, si el huevo Humpty-Dumpty cae al suelo, a partir de ese momento caer o tropezar es hacer un Humpty-Dumpty, aunque después nosotros renombremos el incidente Marco sigue usando sus metáforas, ¿es normal? ¿es síntoma de “menos inteligencia”? No lo se, lo que sé es que es SU inteligencia y a mi me vale.

En mis investigaciones me topé con el TEL o Trastorno Específico del Lenguaje, es interesante conocerlo, o no, eso va en función de lo alarmistas o hipocondríacos que seamos. En cualquier caso, un niño que presente este u otro trastorno lo que necesita es comprensión y amor, como todos ante los obstáculos que encontramos y no frustración o decepción por parte de su círculo íntimo, sin mencionar claro está, la burla o la satisfacción externa ante las dificultades ajenas.

¿Por qué necesitamos o esperamos que nuestros hijos sean mejores que nosotros? ¿Hemos dejado algo medias que deben terminar ellos? La presión se cuela por nuestra debilidad y por la necesidad que tenemos algunos de que los niños sean nuestra carta de presentación. Debemos aceptar en primer lugar nuestras grandezas y nuestras torpezas para después liberarlos de la mochila que nos pertenece. Descubriremos curiosos sus peculiaridades y aceptaremos también sus grandezas y torpezas.

Como siempre, Marco es mi maestro y me enseña día a día el valor de la paciencia, me enseña a toparme con mis propios límites, a no planear nada, a replantearme mis paradigmas morales y a amar sin límites per se, con independencia de quién sea o de como sea.