Del ritmo al silencio. In memoriam.

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Vuelvo a este espacio con la intención de rendir tributo a mi abuelo. Si, de nuevo. Y es que los dos hemisferios masculinos del árbol del cual provengo me han dejado en a penas un embarazo. Nueve meses que se abrían con una mala noticia y se cerraban con otra. Mis abuelos en sus largas vidas han sembrado e incluso recogido biznietos, pero a los que quedamos a este lado siempre nos parece pronto para una despedida.

Antonio, ese era su nobre, tímido y risueño, siempre detrás de su boina y sus gafas. Apenas te dabas la vuelta, hacía sonar su armónica para después esconderla con disimulo, no había nada mas divertido que un niño sorprendido, y él lo sabía. Siempre preocupado por todos, pasando lista y preguntando por las aventuras y desventuras de cada uno de nosotros.

No había nada que le gustase más que tenernos a todos en la misma habitación. Una gran comida y muchas mesas en fila. Pero con los años la dificultad para reunirnos crecía exponencialmente, y cuando lo conseguía rodaban por sus mejillas lágrimas de satisfacción. “Cuánto siento abuelito, no haberme dado cuenta antes de que el tiempo es una rueda que gira y gira sin mirar atrás, es una obviedad, lo sé, pero de repente es tarde y ya no se pueden recuperar una llamada, una visita, una mirada, una presencia, una palabra más”.

Los niños comprenden el mundo de un modo totalmente distinto al imaginario adulto. Cuando volví a casa me preguntaba si era necesario explicarle a Marco de dónde veníamos, si era necesario explicarle la ausencia. Así lo hice esta mañana, con palabras que él pudiera digerir. Muy serio y atento me escuchó y comprendió, aunque no volveremos a sacar el tema a menos que él lo haga. Pienso que los niños, incluso los pequeños, necesitan honestidad, necesitan escuchar y necesitan la verdad, porque la desconfianza y el recelo nunca deben ir aparejados al concepto de familia. Suerte que Marco no siente ese escozor adulto, esa sima que representa la muerte, todavía. Y entonces pensé en mi primita de diez años y en la perplejidad que sentiría al conocer la noticia, porque crecer en ciertos aspectos, duele.

Aún no he escrito sobre la adaptación de Marco a la nueva y más extensa situación familiar, sin embargo puedo decir que el hecho de que su padre, su nueva hermanita y su mamá se ausentaran tantas horas ayer, toda la tarde, ha dejado mella, ha vuelto la exigencia y la desconfianza. Aunque en compañía de su mejor amigo, ¿qué hipótesis habrán pasado por su mente? “¿Volverán con otro bebé? ¿Finalmente prefieren a mi hermanita y me han dejado?” Es difícil elegir bien la verdadera escena que no daña, ¿acaso cuatro horas de coche y encontrar un entorno triste donde siempre hay alegría no es desconcertante? Al menos se que con presencia, paciencia y amor restauraremos el bienestar, si es que se ha perdido, estoy segura.

La vida es ritmo. Rápido, rápido al principio; el corazón bombea veloz con la primera ecografía de una vida. Pero después viene el silencio, ese blanco y aterrador silencio, de tan solo imaginarlo me duele el alma. Pero el silencio también es calma, también descanso y también paz. Y sé que nos dejaste así, en paz, en manos de tu guía espiritual, conectado con lo que habías creído y bajo el consuelo del que fue tu Dios. Adiós abuelito, siempre te recordaremos con la sonrisa de niño travieso que nos regalabas con alegría.

 

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  1. Acabo de darte la enhorabuena en el post anterior y ahora te digo que sobran las palabras y que espero que en el dolor, al menos te sientas acompañada por las que te seguimos en este extraño mundo virtual. Mi más sentido pésame, un fuerte abrazo!

  2. Siento la pérdida de tu abuelo Silvia. Yo también perdí al mío hace no mucho, sin esperarlo y por sorpresa (aunque ya era mayor estaba bien de salud y tenía una vitalidad ejemplar), y estando lejos por lo que no pude despedirme de él. Y aún hoy me cuesta creerlo a veces, porque hay personas especiales en nuestras vidas que nos marcan más allá de la relación familiar. Y algunos abuelos son de esas personas. Y su silencio se nota especialmente. Yo no tuve que explicárselo a la peque porque aún es pequeña, pero yo también creo que lo mejor es un abordaje sincero y honesto. Ellos además son capaces de digerir estas cosas desde su mente abierta y curiosa de forma más coherente de lo que muchas veces se piensa. Un fuerte abrazo

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