Archivos Mensuales: mayo 2013

Pareja para un puerperio

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Este texto quisiera ser un alegato, pero a menudo me sucede que sé como empiezo pero no cómo acabo.

Es pronto para hacer un balance de mi segundo puerperio porque sencillamente tengo la sensación de no haber terminado el primero. Una especie de bruma lo envuelve todo.

Acompañar un puerperio es un acto de generosidad, empatía y buen hacer digno de la épica.

“Desde el espesor que me envuelve me miro en la claridad de tus ojos buscándome. Buscando un contorno, una definición, una boya para que no me arrastre la marea.

Acompañar es presencia, es mirada y escucha. Gracias por eso.

Juntos emprendimos una carrera de fondo, nuestra propia Ilíada con bosques y llanos y montes. Con cumbres, océanos, hielos y ríos.

A veces desfallezco y a veces desfalleces, pero esto no es como el ascenso al Mulhacén, no puedo sentarme en una roca y esperar a que vuelvas, tengo que subir contigo. Dame la mano.

Otras veces abres tu corazón y me muestras lo humano. Tus dudas, tu cansancio. Pero yo solo quiero ver lo divino, y no te brindo ese espacio que necesitas. Lo siento por eso. Te arengo sobre la necesidad de que nuestros hijos vivan también sus emociones negativas en un entorno seguro, en su hogar. Yo quedo eximida de toda responsabilidad porque yo soy la puérpera y debo vivirlo todo y aprender del proceso que me brinda la vida, encontrarme a mi misma y saborear la experiencia. ¿Y qué hay de ti? ¿Quién contiene al que contiene? ¿Acaso como hombre, yo, la mujer empoderada, te he asignado el rol mas antiguo del mundo? Hombre-pilar que ni siente ni padece, solo sonríe para nosotros. Perdóname por eso. Siento cada chantaje y siento haberte inculcado que si bien nosotros nos movemos con la marea, tú debes soportar sin moverte la fuerza del oleaje. Antes de que la erosión te hiera sube a nuestra pequeña barca, que juntos danzaremos la salida del sol.

Me pregunto si en mi cruzada contra la tradición patriarcal te he invitado a mi mundo, pero sin privilegios. Llora, canta, grita y ríe conmigo, con nosotros. Siente y déjate llevar.

Gracias por mirarnos y vernos.

Gracias por velar nuestro sueño, durmiendo a la pequeña para que yo acune al pequeño.

Gracias por recorrer parques, plazas y ríos; por correr y pedalear con Marco, por enseñarle el mundo.

Gracias por ayudarnos a estirar el vínculo que nos estrechaba y ofrecernos un cielo limpio en el que volar.

Gracias por mostrarme que la libido puede jugar con la prolactina. Y esperarme. Y viajar conmigo, a mi ritmo.

Gracias por combinar los alimentos con dulzura y creatividad.

Gracias por acercarme agua y chocolate cada noche. Por amar mi cuerpo de madre. Gracias.

Y gracias también por tu reducción de jornada, porque tras ponderar somos nosotros los que ganamos tu presencia.

Escuchas mi conversación aunque siempre hable de lo mismo, luces surcos de leche en tus camisas y las suelas de tus zapatos atesoran plastilina. No te puedo pedir más ni quiero, es así como me gusta”.

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¿El conocimiento nos hace felices?

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amar_sin_miedo_a_malcriarMe gustaría hablaros del último libro sobre crianza que he leído, Amar sin miedo a malcriar de Yolanda González Vara.

Es un libro extenso que habla de múltiples temas relacionados con la crianza, pasando por la concepción, el embarazo, el parto natural y los primeros años del niño por mencionar los más generales. Se trata de una mirada desde la Teoría del apego. Su autora es psicóloga y utiliza un lenguaje mas elaborado que otros autores como Carlos González o Rosa Jové, ya que no solo va dirigido a padres, también habla para profesionales de la educación.

Me parece un libro muy completo, que leería más veces. Se pueden saborear cada uno de sus capítulos porque lo que prima a través de sus páginas es la capacidad para hacernos pensar y cuestionárnoslo todo, pero este hábito de pensar tiene sus consecuencias y más cuando buceas en la raíz psicológica de nuestros actos, la influencia de nuestros padres sobre nuestra conducta y influencia futura que tendrán nuestras decisiones sobre la personalidad de nuestros hijos. Tremendo.

Todos sabemos ya en qué consiste la Teoría del apego, desarrollada por el psicoanalista J. Bowlby y que más tarde retomaría Mary Ainsworth, y es en que “el estado de seguridad, ansiedad o zozobra de un niño o un adulto está determinado en gran medida por el grado de accesibilidad y capacidad de respuesta empática de sus padres o principales figuras de afecto”. Lo que del título del libro se desprende, como después subraya a lo largo de sus páginas, es que el amor es la vía más directa para desarrollar la autonomía y la identidad personal, en contra de lo que pudiera parecer. Alegato que se defiende de los ataques de la corriente conductista imperante. Y es que debemos amar sin miedo a malcriar, nunca es demasiado amor.

El libro nos da consejos prácticos para “poner en práctica un modelo saludable, favoreciendo un continuum en la relación, un hilo simbólico invisible, sólido y amoroso sin fisuras ni rupturas en la formación del vínculo padres-bebé y niño. No se trata de ser padres perfectos, porque no existe tal perfección y, mucho menos, en una sociedad neurótica como la nuestra. Lo único real es el deseo y el intento de aproximarnos a la creación de una relación que sea lo más saludable posible, desde la presencia emocional y la capacidad de dar amor”. Aboga por una serie de renuncias temporales que representarán la mejor inversión a largo plazo para lograr una sólida salud emocional en nuestros hijos.

Hay un capítulo revelador y es el de la sexualidad infantil. He leído mucho sobre crianza, apego, lactancia a término, colecho, porteo, pedagogía blanca, abordaje respetuoso de rabietas y un largo etc. pero hasta ahora no había leído nada sobre el sexo en estos términos, es un tema que sigue siendo tabú y necesita un mayor abordaje. Ahí lo dejo da para un post en sí mismo.

Sin embargo, a través de mi andanza por sus páginas no puedo desprenderme de una molesta sensación de culpabilidad, si bien no existe la perfección, y hasta ahí llegamos, toda decisión presente, consciente o inconsciente tiene sus repercusiones futuras. Y yo que soy una pecadora, me declaro culpable de sentir culpa. Es éste un importante defecto que tengo, que debo trabajar, pero que no puedo evitar. Ya antes de ser madre sentía el peso sobre mis hombros del movimiento mismo de la Tierra, como una gran narcisista que aspira a expiar los pecados del mundo. Así pues hay ciertas lecturas como ésta o la célebre Laura Gutman que me colman de preocupación. No se si me estoy volviendo cobarde, si no estoy preparada para enfrentarme a los fenómenos psicológicos que conforman nuestros patrones de conducta o si el modo de expresar ciertos contenidos, aún sin pretenderlo son culpabilizadores.

Pondré un ejemplo fascinante, el estrés o el miedo durante el embarazo pueden mantener contraído el útero propiciando un entorno hostil que podría provocar en algunos casos un parto prematuro y en otros que no se produzca la versión cefálica previa al nacimiento. Si bien esto es posible, es aterradora la sensación de que de alguna manera tenemos lo que construimos con nuestras emociones. Pienso que “descubrir” que sentimos miedo nos puede ayudar para trabajarlo, pero “conocer” que el miedo puede tener consecuencias en nuestro bebé quizás nos podría predisponer a sentirlo, nos atraparía. Entrar en una casa oscura y estar en la obligación de no titubear es demasiado.

No censuro el libro en absoluto, es muy inspirador, pero sí hablo de las reflexiones que ha despertado en mi. La madre sigue pagando, y quizás deba pagar, pero también merece un profundo abrazo porque no es fácil ponerse en su piel.

El objeto transicional. Humpty Dumpty

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Humpty Dumpty sat on a wall

Humpty Dumpty had a great fall.

All the king’s horses

and all the king’s men

Couldn’t put Humpty together again.

Humpty Dumpty sat on a wall

Esta es la historia de Humpty Dumpty, huevo sin par que de un muro cayó, e irremediablemente hecho trizas quedó. Nadie pudo hacer nada por él. La idiosincrasia de su débil y vulnerable existencia tuvieron la última palabra.

Desgarradora historia. Sencilla y contundente. Ahora estás y ahora no estás. Mitología anglosajona del ámbito infantil que llegó a nosotros a través de un vídeo-canción de Baby-tv. La primera impresión sobre Marco fue de auténtico pánico, lloraba aterrado, imaginamos que por su oscura fotografía.

Humpty Dumpty (Baby Tv)

Pero un buen día volvimos a ver el vídeo por casualidad y comenzó a pedírnoslo una y otra vez. Le fascinaba, el momento de la caída era divertidísimo, además en esta versión una gentil hada lo restauraba con gracilidad. De este modo llegó a nuestras vidas el muñeco, el cuento, el puzzle, las infinitas versiones de la canción y las infinitas versiones en YouTube de la antológica caída. Tanto es así que en su particular argot tropezar o caer es “hacer humpty dumpty”.

Humpty Dumpty el muñeco, se ha convertido en su juguete favorito. El juego que más le entusiasma es fingir que tropieza o tirar a este u otro muñeco desde cualquier superficie, al tiempo que entona la melodía, por supuesto, es todo un ritual. ¿Y os imagináis cual es la canción que le gusta escuchar para conciliar el sueño? ¡Exacto! Pero no es tan sencillo, hay dos versiones predilectas y él mismo se encarga de pedirme la que prefiere cada siesta y cada noche. Le bajo el tempo, se la susurro y se relaja muchísimo. Es sin duda su objeto transicional.

¿Y qué es esto del objeto transicional ? Todos hemos visto a bebés con su mantita, su peluche, su chupete favorito, su objeto transicional en definitiva. Éste supone el puente entre el niño y la realidad, el área de transición que le separa de su madre o figura de apego y  que le sirve para experimentar de forma segura su autonomía. La formulación de este concepto viene de la mano de Winnicott, psicoanalista inglés y como todos los conceptos en este área, esconden senderos complicados. No me gustaría sumergirme en un lodazal, sólo puedo hablar de nuestra experiencia como madre, no como psicóloga ya que no lo soy.

Una de las caras del objeto transicional es su naturaleza como “zona intermedia de experiencia“, tiene un carácter objetivo, ya que hablamos de un objeto real, y otro subjetivo porque se le atribuyen valores imaginarios. Suele aparecer cuando el bebé comienza a tener conciencia de si mismo, conciencia que lo independiza de la díada poco a poco, esto puede suceder a partir de los cuatro meses, en función del bebé, y extenderse hasta los tres o cuatro años. Es totalmente normal, rasgo que caracteriza un correcto desarrollo psico-afectivo, “la primera posesión“si bien no todos los niños atraviesan esa fase de este modo.

Sin embargo hay otro modo de ver al objeto transicional como “consolador“, que ayuda a sobrellevar la ausencia de la madre, por lo que el niño proyecta en él características “maternizantes”, suele ser blandito y suave. Se habla de una proliferación de este concepto en las sociedades industrializadas, donde la madre no está siempre disponible y las lactancias son prolongadas por poco tiempo. Este último punto no lo veo muy claro, es una postura que  patologiza este comportamiento infantil. Y sin ir mas lejos, Marco sigue con lactancia materna, duerme con nosotros, no va a la guardería y tiene objetos favoritos desde mucho antes de la llegada de su hermanita, por lo que deduzco que su necesidad no nace de la ausencia,  es mas bien el origen de un aprendizaje del entorno  por medios comprensibles a su psique.

Tema fascinante y complejo que cada individuo vive su manera. Para Marco su juguete favorito es Humpty Dumpty pero cuando se extravía se conforma con otros objetos de su interés. Una dura caracola, una zanahoria de peluche, un caracol de plastilina,una mosca de plástico o una tortuga de pasta. Me gusta tanto verle jugar, agarra su objeto, lo llena de atributos que solo él conoce y por unas horas es inseparable amigo.

También se habla de “fenómenos transicionales” como chuparse el dedo, entonar repetidamente una melodía, mesar el pelo, ¿os suena alguna? En cualquier caso, si alguien, niño o adulto, haya consuelo y tranquilidad con un objeto o con un fenómeno lo mejor que podemos hacer es no interferir, “nadie pide lo que no necesita”.

Objeto-transicional

Enlaces de interés:

Objetos transicionales: el inicio del juego.

La teoría de la madre suave, experimento realizado con monos que nos habla de la necesidad de apego que tenemos los mamíferos por encima de la necesidad nutricional.

Objetos y fenómenos transicionales. Por D. W. Winnicott

Winnicott y la teoría de los fenómenos transicionales.

Nota: No quería dejar pasar la ocasión de rendir mi pequeño tributo a Humpty Dumpty, fiel compañero que caída tras caída sigue poniendo la mejor de sus sonrisas. “Por si algún día Marco, olvidas tu juguete”.