De percentiles, cuerpos, kilos y yardas

Estándar

percentilesLos percentiles, esa guía, línea o límite que designa la normalidad y en la que buscamos más bien la excelencia. Desde fetos ya hay un concepto de lo adecuado y de lo mejor. En esta carrera de fondo, de alta competición que es nuestra enferma sociedad, es motivo de orgullo pensar en un bebé intrauterino de grandes dimensiones, aunque a esto haya que sumar los bienintencionados comentarios que vaticinan una cesárea o un heroico parto.

Después viene el gran momento del bebé. Pesarlo semanalmente y “consultas de niño sano” donde el todopoderoso pediatra nos da la “absolución” y pone nombre a lo que nosotros ya vemos, que está sano. ¿Qué se espera socialmente? Que el bebé sea un “bebote”, rollizo, gordito, con preciosos michelines y roscas en toda articulación que se precie. Empezando el calvario de madres con niños delgaditos, “va a ser que tu leche no alimenta”, escucharán continuamente. En el caso del biberón también comenzarán los sudores fríos, “el envase ha de estar vacío”.

De este modo entramos en la etapa de los sólidos, papillas para algunos y trocitos para otros. Este tema da para mucho y lo dejaremos para otro momento, pero la percepción general sigue siendo casi la misma, los bebés que comen todo cuanto se les ofrece sin rechistar son adorados, con puntos extra si comen espinacas, aunque el “look rollizo” empieza a caer lentamente.

Y así, casi sin enterarnos llegamos al  niño pequeño, digamos a partir de los dos años. Todos podemos ver como los niños sienten predilección por dulces e hidratos de carbono. ¡A quién se le ocurre!. Además pasan por fases en las que pierden el apetito. En cada hogar se resuelve de una manera, algunos optan por que coman cualquier cosa que les guste y mañana será otro día, otros empiezan contiendas muy duras para ambas partes y otros últimos se conforman con el ayuno que el momento trae consigo.

Puedo observar que la correlación entre lo que a los padres les gustaría que sus hijos comieran y lo que de verdad comen empieza a distanciarse. Pero hay un fenómeno curioso, al margen de la alimentación, de repente, en algún punto de esta secuencia de etapas se integra al niño en esta locura del “cuerpo perfecto/cuerpo delgado”. Ya está, ¿y lo mono que es? si parece un hombrecito. Ya no nos importan los percentiles, ni falta que hace, ni ahora, ni antes.

¿Y qué pasa con los niños que comen con normalidad? Con los que prueban alimentos nuevos, con los que se terminan el plato, con los que quieren repetir. Son “raros” y parecen tener un foco. Y tener un foco es tan, tan molesto. Estar en la misma línea del percentil que ya te caracterizaba en el propio útero de tu madre es un problema, y esto no, hasta ahí podríamos llegar.

Los niños aún son puros, inocentes, están aprendiendo del entorno y el entorno debe proporcionarles respeto. Adultos del mundo, ¿a cuántos de vosotros os gusta que la gente que os rodea esté pendiente de la cantidad que ingerís? “Come más, no tanto”. ¿Cuántos de vosotros, un día especial, coméis más de lo habitual u otro tipo de alimentos? ¿Y qué os hace pensar que un niño de dos años no pueda hacerlo? “Yo comeré un pastel de postre, o dos, pero tú una manzana” o mejor aún ” tu hermanita se come tres porque no ha probado la sopa, pero tú ya tienes suficiente”.

Ese foco que no para de alabar lo bien que comes, lo campeón que eres o lo “mucho” que te gusta comer. Y todos comentamos los hábitos alimentarios delante del interesado. Pero resulta que el interesado no tiene madurez suficiente para atravesar críticas o valoraciones y por agradar, por responder a una expectativa o por llamar la atención puede modificar su conducta natural frente a los alimentos. No hay  nada mejor que  poner una etiqueta para que se responda a ella.

Cómo nos relacionamos los adultos con la comida no es algo libre de subjetividad. Todos tenemos nuestra personal e íntima relación con  la alimentación y es nuestra obligación permitir a los niños que vivan su propia vida para que establezcan hábitos saludables. Ellos no tienen la culpa de que te sintieras el gordito de la clase, o de que fueras el bajito, o el flacucho.

La comida es todo un tema, cómo nos socializamos en torno a ella, cómo impacta en nuestro cuerpo, en nuestra mente, en nuestra salud. La excelencia no existe, simplemente somos y la variedad es un hecho, fijémonos en los juegos olímpicos, personas altamente saludables que no se parecen entre sí, una jugadora de baloncesto o una gimnasta rítmica.

Pongamos alimentos saludables al alcance de los niños y lo demás que lo hagan ellos, libres de etiquetas o preconceptos.

¿Qué piensas tú?

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  1. Es una reflexión muy interesante Silvia. Por un lado parece que siempre tenemos que encasillarlo todo, hasta las medidas… Lo peor es que por esto sometemos a nuestros hijos a una presión externa innecesaria, comparaciones, etc.
    Un abrazo enorme

  2. Hola,
    Nosotros siempre hemos dejado que comiese la cantidad que quisiera, ha sido (y sigue siendo) alimentado con lactancia materna a demanda. Tiene dos años y come como uno más en casa, y cuando vamos a otra casa, bar, campo, o lugar que sea, come como uno más, lo mismo que los adultos. Hay días que le apetece comer más y otros que le apetece comer menos, como a todas las personas. No nos preocupamos nunca por los percentiles (el siempre lo ha tenido muy alto) porque sabíamos que son estadísticas simplemente, no una regla de marcar si tu hijo es sano o no es sano (además que las tablas de los pediatras no suelen ni estar actualizadas ni mucho menos sirven para bebés alimentados con leche materna a demanda).
    Así que ahora, con 2 años que tiene come de todo, como uno más, y nosotros como padres seguimos estando igual, nada preocupados por su alimentación ya que siempre le hemos dejado a él elegir lo que le gusta y lo que no, algo que debería ser lo normal, pero no lo és. He visto a madres “placando” a sus hijos para meterles en la boca la merienda, quiera o no quiera… eso sí es crear malos hábitos alimentarios…
    Saludos.

  3. Yo tengo un niño al que su ex pediatra diagnosticó en su día el “síndrome del niño mal comedor” (disparate donde los haya) y una niña que me comería hasta a mí. Una de cal y una de arena. El entorno presiona, entorpece y a veces influye mucho, porque un niño que come “bien”, sea lo que sea eso, es resultado de la excelente educación que recibe de sus padres.
    Y sí, dejarles a su aire sin presionar es la mejor manera de que coman lo que necesitan, aunque es más fácil alcanzar la tranquilidad mental cuando el niño está en el percentil 50 de la escala que cuando te amenazan con las temidas carencias.

  4. Ay amiga….¡ZAZ! verdades a puñaos….justo estoy en la etapa de “no comer” pero a pesar de que Critter siempre ha sido “grande”- de tamaño- de peso ha llegado a la media librándola así que digamos que no se que es eso de estar “rollizo” pero ahora todos dicen “que delgada y que mona” así que te entiendo….¡perfectamente!

    Un besote desmadroso

  5. Yo siempre he pasado de percentiles y la verdad es que no me he encontrado pediatras muy preocupados en ellos, la verdad. También es cierto que mis tres niñas han sido siempre rollizas y de buen comer, así que saltaba a la vista que todo iba bien y ni con las mellizas he vivido la angustia del si mi leche sería suficiente -salvo las primeras horas, con las hormonas disparadas y las inseguridades aprendidas-…

  6. Sabia reflexion, como siempre. Me encanta. Lo de los perceptiles me parece un sin sentido. De hecho, cualquier estadistico sabe lo que un percentil representa, y los medicos creo que en muchos casos no son conscientes de ellos. Y asumen que eso es “lo normal“ y lo que estar por debajo anormal preocupante, y por arriba anormal pero positivo. Y nada mas lejos de la realidad, teniendo en cuenta que el percentil nada tiene que ver con la normalidad como tal, sino con promedios y muestreo. En ese sentido me encanta mi pediatra, que nunca jamas me ha hablado de percentil y antes de pesarla siempre te pregunta: ¿come bien, le ves contenta, te preocupa algo de su alimentación? y la mira como juega unos segundos o reacciona, y te dice, se le ve feliz y sana, asi que eso es lo mas importante respecto a la alimentacion. A mi me resulta muy curioso como los padres se quejan de lo que comen sus hijos, y si miras a su nevera y la alimentacion de los padres, nada tiene que ver con lo que desean para sus hijos. Y la moda de los “bebes gorditos pero despues mejor niños monos delgados“ es ciertamente de asustar. Sobre todo porque al final los primeros años marcan mucho el futuro comportamiento de los niños, y la gente se sorprende de que cada vez haya mas trastornos a la temprana edad de 7 u 8 años pero no piensan en absoluto en lo que les dicen y transmiten cuando tienen 4, 5, 6 años. Un besazo!

  7. Me ha gustado mucho el post, es uno de los grandes miedos y temas con el nacimiento de un hijo… Te paso una entrevista que hice en mi blog a una madre que practica el baby led weaning, va en el hilo de tu post.
    besos!

  8. Mi sobrina de 20 meses es una fiera comiendo tanto sus cositas trituradas como toda “la comida de adultos” que se le pone al alcance de la mano. Entre lo mucho que come y lo mucho que duerme ¡los percentiles se le han quedado cortos! Porque ya sobrepasa las medidas de altura y peso de niñas de más de 2 años. Pero eso está sana, no está gorda ni tiene ningún problema, mejor no obsesionarse con toda esa supuesta “normalidad” de las tablas.

  9. Totalmente de acuerdo, adem´sa dejarles que se alimenten en las cantidades que ellos consideren me parece fundamental para que creen adecuados hábitos de alimentación. Acaso sientes tú las señales de su cuerpo? No verdad? pues entonces por qué se creerá la gente que sabe mejor que los niños cuánto deben comer? No lo entiendo de verdad. Yo estoy igual de tranquila cuando se zampa dos platos de “aloz” que cuando come un par de trocitos de pollo y no quiere más. Sin alabanzas ni malas miradas. Simplemente como dices, oner a su disposición alimentos sanos, que son listos y ya se encargan ellos de comer lo que necesitan. Incluso en niños con sobrepeso, lo que no puedes es darles de comer mierdas permanentemente, eso es lo que les perjudica, pero comer más o menos lentejas no lo veo sinceramente. Genial post como siempre 😀

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