Archivos Mensuales: julio 2013

Esos días

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El túnel
Esos días, sí, esos.
En los que tienes la cara hinchada y roja y la cabeza te va a estallar.
En los que quieres borrar, parar, desaparecer.
En los que cualquier muestra de cariño te parece un mundo. Una mirada a los ojos, reconocerte y querer llorar, llorar de encuentro, llorar de compañía.
En los que te sientes drama, te piensas drama y eres drama.
Y de nuevo quieres parar.
El aire apenas se puede respirar.
Y emponzoñas.
Y lo estropeas todo, aunque respires, aunque grites hacia dentro y murmures hacia fuera.
Aunque pienses soluciones, las inventes o las comiences.
Porque las personas son imprevisibles y cada universo se mueve despacio muy despacio.
Y para cuando has olvidado una ha llegado otra, y no, aún no habías olvidado.
Quizás no has olvidado ni cómo te aferrabas al origen, al cordón umbilical.
Y cuánto más piensas, más desdibujas, y cuánto más hablas, más emponzoñas y si no lo haces, puedes estallar.
Y ese agujero que todo lo engulle, negro y que duele.
Y quieres olvidar, borrar, parar.
Tiras una piedra al agua y las ondas vacilantes se convierten en tsunami.
Y rezas: para que mañana no sea uno de esos días, pero en el fondo sabes que depende de ti, no del calendario.

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Un pequeño gran paso

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20130714-095857.jpg Quería hablaros de algo que me sucedió hace algunas noches. Un atisbo de independencia. Marco es cada día más y más mayor. Respetando su ritmo todo llega, con dulzura, tiempo y comprensión, aunque no siempre es fácil, hace tanto tiempo que dejamos de ser niños que en ocasiones confundimos necesidades genuinas con simples caprichos.

Marco siempre duerme a la tibieza de mi pecho, al arrullo de mi voz, enroscaditos, como trenzas, suaves y enredados. Las honrosas excepciones son las noches que pasamos en el hospital, cuando Maia anunció su llegada y cuando realmente lo hizo. Desde entonces los rituales que anteceden al sueño se suceden o se superponen, pero siempre se acompañan. El éxito de tal empresa es variado y siempre, siempre imprevisible. Hemos atravesado cólicos de recién nacido o llantos de desahogo al terminar el día, según se mire y la respuesta de Marco podía discurrir en dos sentidos, o bien se unía al desconsuelo, o bien esperaba paciente su porción de mamá.

Sin embargo, hace algunas noches, Maia conoció el bochorno de las noches de verano y su hermano con actitud resuelta, cogió a su padre de la mano y le pidió dormir, juntos, en su cuarto, mientras nosotras nos entendíamos con el abanico y con el lloro.

“¿Pero qué invento es este? No se dormirá sin mí”. Y sí, se durmió.

Como podéis ver, este post, habla más de mí que de él. Cuando hube dormido a la benjamina, con sigilo me robé a mi niño y lo llevé a mi vera, a mi otro costado, así pegadito a mí, oliendo su cabello, sintiendo su menudez serena. Y cuando estuvo, así, en su lugar, salí fuera con mi compañero, y me expliqué, aunque no sabía como hacerlo, sólo fingía tener motivos racionales, y lloré y me abrumé, cual niñita, ¿es posible querer tanto? La sensación de pérdida era tan intensa, no lo había imaginado así. Quiero un acuerdo convencido, meditado, compartido y feliz. Que lo vivamos como un logro y no como una rendición resignada, y así, mientras tanto, me voy haciendo a la idea.

Me aferro a no perderme ni un minuto de mis pequeños. Esquivo el hecho de que tan solo se llevan dos años y cuatro meses, quiero darles lo mismo que a dos hijos únicos, pero multiplicando la diversión. No es justo que tengan que resentirse sus periodos de fusión, el intenso vínculo que une a un bebé con su madre, especialmente en el caso de Marco, el hermano mayor. Ese es mi gran objetivo.

Sin embargo, y al margen de la circunstancia de tener una hermanita, el proceso de independencia habría empezado en algún momento, eso es impepinable pero ya nunca sabré cuanto habría durado nuestra lactancia sin Maia, ni hasta cuándo habríamos colechado, sólo tenemos las variables que tenemos.

Pero hay algo que sí se, he de soltar, he de permitir y he de acompañar de una forma nueva y diferente. He de escucharle y dejarme guíar por su sabiduría, esa que tienen los niños, esa que es instintiva e inagotable, para poder discurrir por caminos separados y sin embargo sembrados de puentes a cada paso.

Y es que este Post habla más de mi que de él.

“Gracias Antonio por no juzgarme en ese momento, por permitirme hacer, sin juicios,
lo que entonces me pedían las entrañas. Yo también daré ese pequeño gran paso, sólo dame tiempo”.

Equilibrio

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Lactancia playera¿Cómo se siente una madre reciente en verano? O más bien, ¿cómo me siento yo, madre reciente, en verano?

Como una funambulista, que busca el equilibrio. Equilibrio entre las verdades profundas que me grita mi instinto y lo aprendido y vivido a lo largo de los años.

La brisa es fresca cuando cae la noche y sientes como algo se mueve. Las veladas musicales se suceden en Granada, el evento del año, el Festival de Música y Danza. Las corcheas se apresuran entre los insignes muros de la Alhambra. Las terrazas bullen entre conversaciones y cervezas, pero para mi un lunes de marzo no es distinto a un viernes de julio. Parece que se crea una elipsis y tu sigues flotando en tu propia burbuja balanceante. Yo he elegido y compensa, pero eso no me exime de tener sentimientos, deseos o añoranzas.

Después viene ese otro tema, la biología perfecta que se enfrenta al concepto de lo oportuno, la belleza oportuna, el cuerpo canónico en los tiempos que corren. El intelecto constata lo absurdo de la uniformidad, constata que todos tenemos un cuerpo adecuado, deseable y único. Llevas tiempo sin ver apenas publicidad, sin frecuentar tiendas de moda, pero el hábito hace al monje. Eres la típica mujer del s. XXI que no ha estado contenta con su contorno, con su tono de piel, con su altura, con su cabello, con sus pecas, con su ropa, con su, con su, con su… Y tu intelecto lo vuelve a constatar pero te imaginas en ropa de baño y te estremeces, quizás te avergüenzas.

Son muchos años preparando el momento que une la toalla con la orilla del mar y en este impás de debilidad, de sombra, te sientes blanda, blanca y redonda. La biología tiene maravillosos planes para ti,  has engendrado y alumbrado a un nuevo ser. Te ha cualificado para alimentarlo, protegerlo y amarlo con tu propia leche, se trata de un gran milagro ¿por qué pierdes el tiempo lamentando que no encajas en un contexto social que invisibiliza y menosprecia a las madres? Quizás porque siempre te lamentaste, al margen de una reciente maternidad, nunca encajaste en el molde que había en tu cabeza o en el que pusieron en tu cabeza, ahora eso ya no importa, el daño está hecho y la inseguridad camina de tu mano por cualquier sendero al que te expongas.

De nuevo mi intelecto constata que debe haber otros planes para mi. Que no puede ser tan malo estar a la sombra en la playa, porque así protejo a mi bebé del brillante sol. Que no puede ser tan mala la voluptuosidad, porque así proveo de alimento a mi bebé. Que no puede ser tan malo acompañar cada noche a mis hijos en el tránsito al sueño. No puede serlo.

La sombra está ahí, ¿por qué negarla? Aunque la luz se proclama vencedora, pero esa es otra historia. Amarnos como seres únicos que somos, amar nuestro cuerpo y nuestras circunstancias, no es algo que debamos hacer a propósito de nuestros hijos, si no a propósito de nuestra propia existencia.

Quiero traer a este espacio lecturas que me han conmovido e inspirado estos días.

La soledad de la crianza, de Madres Cabreadas, cuando el mundo gira y tú lo observas.

Un cuerpo bonito. Retratos de madres reales realizados por Jade Beall.

Modelos a seguir. El peso extra que va a parar a nuestras hijas. Estupenda reflexión de Kasey Edwards, que escribe una carta a su madre proponiendo una herencia del concepto corporal preconcebido.