Un pequeño gran paso

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20130714-095857.jpg Quería hablaros de algo que me sucedió hace algunas noches. Un atisbo de independencia. Marco es cada día más y más mayor. Respetando su ritmo todo llega, con dulzura, tiempo y comprensión, aunque no siempre es fácil, hace tanto tiempo que dejamos de ser niños que en ocasiones confundimos necesidades genuinas con simples caprichos.

Marco siempre duerme a la tibieza de mi pecho, al arrullo de mi voz, enroscaditos, como trenzas, suaves y enredados. Las honrosas excepciones son las noches que pasamos en el hospital, cuando Maia anunció su llegada y cuando realmente lo hizo. Desde entonces los rituales que anteceden al sueño se suceden o se superponen, pero siempre se acompañan. El éxito de tal empresa es variado y siempre, siempre imprevisible. Hemos atravesado cólicos de recién nacido o llantos de desahogo al terminar el día, según se mire y la respuesta de Marco podía discurrir en dos sentidos, o bien se unía al desconsuelo, o bien esperaba paciente su porción de mamá.

Sin embargo, hace algunas noches, Maia conoció el bochorno de las noches de verano y su hermano con actitud resuelta, cogió a su padre de la mano y le pidió dormir, juntos, en su cuarto, mientras nosotras nos entendíamos con el abanico y con el lloro.

“¿Pero qué invento es este? No se dormirá sin mí”. Y sí, se durmió.

Como podéis ver, este post, habla más de mí que de él. Cuando hube dormido a la benjamina, con sigilo me robé a mi niño y lo llevé a mi vera, a mi otro costado, así pegadito a mí, oliendo su cabello, sintiendo su menudez serena. Y cuando estuvo, así, en su lugar, salí fuera con mi compañero, y me expliqué, aunque no sabía como hacerlo, sólo fingía tener motivos racionales, y lloré y me abrumé, cual niñita, ¿es posible querer tanto? La sensación de pérdida era tan intensa, no lo había imaginado así. Quiero un acuerdo convencido, meditado, compartido y feliz. Que lo vivamos como un logro y no como una rendición resignada, y así, mientras tanto, me voy haciendo a la idea.

Me aferro a no perderme ni un minuto de mis pequeños. Esquivo el hecho de que tan solo se llevan dos años y cuatro meses, quiero darles lo mismo que a dos hijos únicos, pero multiplicando la diversión. No es justo que tengan que resentirse sus periodos de fusión, el intenso vínculo que une a un bebé con su madre, especialmente en el caso de Marco, el hermano mayor. Ese es mi gran objetivo.

Sin embargo, y al margen de la circunstancia de tener una hermanita, el proceso de independencia habría empezado en algún momento, eso es impepinable pero ya nunca sabré cuanto habría durado nuestra lactancia sin Maia, ni hasta cuándo habríamos colechado, sólo tenemos las variables que tenemos.

Pero hay algo que sí se, he de soltar, he de permitir y he de acompañar de una forma nueva y diferente. He de escucharle y dejarme guíar por su sabiduría, esa que tienen los niños, esa que es instintiva e inagotable, para poder discurrir por caminos separados y sin embargo sembrados de puentes a cada paso.

Y es que este Post habla más de mi que de él.

“Gracias Antonio por no juzgarme en ese momento, por permitirme hacer, sin juicios,
lo que entonces me pedían las entrañas. Yo también daré ese pequeño gran paso, sólo dame tiempo”.

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  1. Qué bonitas tus palabras.

    Aunque no he pasado por esto puedo imaginarme cómo te sientes. Cuando nos dicen que se van a acostumbrar, ¿y nosotros? Porque resulta que cuando ellos están preparados lo hacen sin mirar atrás, y somos nosotros los adultos a quienes nos cuesta dar ese paso. Y nos da tanta pena “perder” a nuestros bebés.

    Un besazo

  2. Te entiendo muy bien guapa. Pequico también pidió dormir sólo no hace mucho y su padre y yo nos sentíamos muy extraños en nuestra habitación sin él. Y recuerdo también la tristeza que sentía yo, las primeras noches en casa después de nacer Chiquico, que los teníamos a los dos malitos y se dormía con su padre, por primera vez.

  3. Me he emocionado con tus palabras. Me he reconocido en ellas. A veces en noches de cansancio y desvelo he deseado que dependa menos de mí pero después no me siento capaz ni de imaginar que llegue ese día. Cuando duerma sin necesitarme, sin mi pecho y mis abrazo, lo pasaré tan mal como cuando empezó a dormir en su propia cama. Van creciendo demasiado deprisa.
    Un abrazo

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