Me pongo en tus zapatos

Estándar

piececitosEstar vivo es enfrentarte cada día a muchas situaciones, buenas y malas, divertidas y tristes, plácidas o rabiosas.

Cada día hablas más y más pero lo que expresas con palabras no responde al código “adulto” que yo se manejar. Me declaro en prácticas, de momento no muy competente, espero me perdones, si no antes, al menos cuando leas esto.

Soy consciente de la dificultad que entraña ser hermano mayor, sin ni apenas contar tres años. ¿Pero soy consciente, o solo digo serlo? Sabía que sería difícil y tenía mi estrategia, sin embargo comprobar que no puedo evitarte todo sufrimiento, me desarma, sí Marco, me desarma, y no hago otra cosa que empeorarlo más.

Vigilo tus miradas. Espío tus reacciones. Te espero siempre razonable, contento, agradecido. Pero no puedes, ni debes darme eso, no es tu tarea.

Si, sabía que sería difícil, natural, previsible, pero saberlo no es vivirlo. Sonrío cuando os imagino pugnando por el mismo juguete, pero desde aquí me sincero, o mejoro mis prácticas de empatía infantil o cuando vivamos esa situación tan cotidiana, me parecerá otro drama griego. No sé si serán las hormonas, mi apasionamiento de “artista” o cansancio vulgar nada más, pero cuando veo esa sombra que cruza tu mirada, me desarmo.

Me pongo en tus zapatos, si acaso puedo: “Una bebé preciosa, que sonríe por doquier, que todos quieren tocar, que hipnotiza con su vitalidad, con sus ganas de salir corriendo, entusiasta donde las haya, que dice “tatatá”, ¡vaya novedad! Pero se les cae la baba, aunque deliberadamente disimulen, aunque minimicen. Una bebé preciosa que siempre está sobre mamá, que con suerte no está mamando o que a lo peor está jugando con papá, el nuevo héroe que me aleja de la escena. Eso en casa, con los propios, ¿pero qué pasa con los ajenos? ¿Por qué en la playa, en la compra o en el parque, todos quieren dirigirse a la pequeña, con voz aguda, melosa y ridícula? Tomo la iniciativa de participar de la actividad, me abalanzo sobre ella con voz dulzona y todos exclaman, ¡cuidado, con calma, ya es suficiente, no tan cerca! y mi frustración va en ascenso, entre triste y enfadado, y a la próxima, si puedo, apretaré más el abrazo o empujaré un poquito y a ver qué pasa, a ver cómo reaccionan aquellos que me guían.

¿Y qué hace mamá? Me observa a cada paso y traduce mi discurso buscando significados ocultos que le demuestren que algo hace mal, que no soy feliz. Me persigue intentando tener conversaciones profundas sobre emociones que apenas sé reconocer, o peor aún, que apenas sé controlar“.

Ay cariño, y es que te escruto, te escruto buscando la clave, buscando una pista que me ilumine para hacer más llevadera tu comprensión de que la familia ha crecido y de que esto no supone que recibas menos. Me declaro incapaz de verte sufrir, ni un poquito, y este es el gran trabajo que tengo que hacer, reconocer la frustración, la rabia, la tristeza, la confusión como emociones humanas, que vas a vivir, que yo no puedo evitar y que te harán de carne y hueso.

Eres una persona real, con recovecos, que paladea con intensidad todo lo que vive y que no puede dejarse chantajear por mí. El atajo al dolor es cosa mía, tú debes llorar, reír, sufrir, amar, vivir. Esta es mi lección, acompañarte permitiendo, admitiendo, sin miedo al llanto y sin miedo a nada.

Me pongo en tus zapatos y elijo caminar a pasos cortos, intuitivos y llenos, llenísimos de energía y curiosidad. Te quiero tanto que podría reventar.

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  1. Silvia, amor, me emocionas… Mucha dulzura para calzarte esos zapatos, eres una persona atenta y amorosa, seguro que vuestro pequeñín lo percibe. Millones de besos

    • Gracias cielo. No siempre encuentro la mejor manera de ponerme en su lugar, pero siento que estamos viviendo muchos momentos de armonía y que cada vez son más numerosos.
      Un abrazo emocionado de encontrarte entre mis palabras.

  2. Ay mamá corchea…menos mal q tenemos este espacio para desahogarnos y compartir nuestros sentires. Es un gran aprendizaje como madres dejar q nuestros hijos enfrenten solos la vida pero ahí estaremos para recibirlos con los brazos abiertos y nuestro corazón encendido para ellos. Un abrazo grande y mucha fuerza!
    Sonia

  3. Yo estoy esforzándome por aprender esa lección también, pero qué difícil me resulta. Me alegra poder compartirlo contigo. Ánimo guapa, lo conseguiremos. Un abrazo!

    • Estoy segura de que lo conseguiremos y de que lo conseguimos un poquito todos los días, pero sólo a la larga y con perspectiva disfrutaremos del precioso camino, lleno de aprendizajes, que es la crianza de dos. Dos que se miran, se reconocen, se comparten y se aman.
      Un abrazo grande grandísimo para ti preciosa.

  4. Te lei y fue como si me metiera en la piel de tu pequeño. que difícil para él, que difícil para ti. que difícil para todas nosotras madres que no podemos evitarle ningún sufrimiento a nuestros hijos y que tenemos que aprender que nuestra misión no es ser salvadoras sino las mejores compañeras de vida. Un abrazo enorme comadre!!!

  5. uuuf los pelos de punta.. precioso.. increible! que duro tiene que ser, yo lo llevo.. pero la mia tiene casi 18 meses y es distinto.. aun que su hermano tenga casi 6… Pero bueno es algo que esta y que nos toca vivir y afrontar con fuerza! y estoy segurisima de que vas a poder! 😀

  6. Sílvia,
    Precioso, real, profundo y emocionante. Qué grande eres! Te felicito por todo. Por ponerte en sus zapatos, por expresarlo tan bien y por acompañarlo como le acompañas.
    Besos

  7. Estoy segura de que el percibe y sabe de todo vuestro amor y lo que os preocupáis para que no sufra.
    Queremos hacerlo siempre lo mejor posible y eso ya lo dice todo. Eres una madre maravillosa.

    Un besazo

  8. Cuanta comprensión y empatía, me ha hecho pensar en que últimamente fallo un poco en ambas cosas con mi pequeña y me he sentido mal… Mi peque tiene casi 3 añitos y sé que es muy pequeñita todavía, no entiende tantas cosas… y a veces creo que es mayor… pero no lo es… en fin, me ha encantado tanta ternura en tus palabras… gracias por hacerme pensar, un saludo.

  9. ¡Hola Mamá Corchea!

    Me ha cautivado tu forma de empatizar, de ponerte en la piel de tu hijo, qué maravilla…qué afortunados son tus hijos. Destacar también la fluidez del relato, con qué delicadeza y habilidad has transmitido tus sentimientos.

    Un saludo, y encantada de conocerte.

    ¡Hasta la próxima!

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