Archivos Mensuales: octubre 2013

Y ahora, ¡a comer!

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¿Qué es el Baby Led Weaning (BLW)? Muchos ya lo sabréis pero algunos no os prodigáis demasiado por las redes maternales, así que lo explico.

Baby Led Weaning es un término inglés que en esencia nos habla de la alimentación complementaria a demanda. Parece lógico que tras seis meses de lactancia a demanda, (materna o de fórmula eso no viene al caso, ya que en mi opinión la lactancia artificial también debería ser a demanda, y para muestra este fantástico artículo de Ibone Olza), prosigamos respetando los ritmos del bebé e introduzcamos los alimentos de manera respetuosa, ¿y eso cómo se hace? pues poniéndolos a su alcance para que ellos mismos se sirvan.

Os hablo como madre de un niño de 3 años con el que utilizamos el método, nos fue tan bien que estamos repitiendo con la pequeña que ahora tiene 8 meses.

Para mí lo más importante es que los bebés comparten mesa y tiempo durante la comida. O lo que es lo mismo, se sientan en una trona sin bandeja que los incluye en la mesa y no comen antes o después que los adultos.

La comida se ofrece en trozos convenientemente preparados para que ellos mismos los puedan manipular, para los más pequeñitos es conveniente que sea en tiras. Aquí tenéis algunos ejemplos.

La duda más frecuente es el miedo al ahogamiento, pero los niños que controlan lo que se llevan a la boca tienen menos probabilidad de atragantarse que cuando son alimentados con cuchara, la habilidad de masticar es simultánea a la capacidad de coger objetos, si están preparados para coger trozos grandes y llevárselos a la boca también podrán masticarlos y presionarlos con las encías. Para más información sobre el tema. Cómo es lógico no ofreceremos semillas o frutos secos a bebés, si no verduras hervidas o frutas maduras, en definitiva alimentos blanditos o que puedan ablandarse con la saliva, como el pan, o las galletas, biscotes, etc.

Otro inconveniente es la limpieza, pero seamos francos alimentando a un bebé ¿quién espera limpieza?

¿Y qué pasa con la cantidad? Hemos de ser realistas con el tamaño del estómago de un bebé, y también hemos de considerar que la base de su alimentación sigue siendo la leche, al menos hasta el año.

¿Qué ganamos a cambio? El respeto de sus ritmos, al fin y al cabo nosotros ofrecemos los alimentos y poco a poco el bebé va aumentando la cantidad de sólidos que ingiere, esto puedo atestiguarlo.

La hora de la comida no es tediosa, el bebé gana autonomía y refuerza con ello su autoestima. Comer es parte del camino del aprendizaje y de la experimentación, es divertido, aprende sobre las texturas, sobre los sabores, inicia la masticación, no deglute mezclados los alimentos, los diferencia, los elige. No vamos a ofrecerle chocolate, le vamos a dar aguacate, manzana, arroz chafado que podrá coger con las manos. El hecho es que la actitud de los niños ante la comida es positiva, tienen interés en probar cosas nuevas, jamás se les presiona con un alimento, pero sí damos buen ejemplo, “si yo como verdura, ellos comerán verdura”. Se ha de adaptar en la medida de lo posible el menú de todos para que sea muy similar y para que todos compartamos alimentos, tiempo y espacio.

Las personas no suelen desfallecer de hambre, cuando tienen hambre y hay alimentos, sencillamente se alimentan. Esto es así, por eso debemos relajarnos y no presionar, si un día comen menos, tendrán poco apetito y que ¡fluya la leche! que también es a demanda.

Reconozco que cuando la madre trabaja y la “fluidez” de leche baja, hemos de encontrar soluciones intermedias. Hasta los seis meses leche materna o maternizada. ¿Y después? Os cuento nuestra experiencia, preparamos un poco de mi leche con papilla de cereales, a cucharadas o si está muy líquida en un vasito de bebés. Podemos chafar arroz, patata, zanahoria… la verdad es que si no está mamá y el hambre aprieta el bebé lo ingiere con maestría, y siempre, siempre dejar leche y agua. Además los bebés esperan a mamá estoicamente, esto también es así, si es un periodo de tiempo razonable, por supuesto. Es un hecho que en nuestra sociedad muchas mujeres trabajamos fuera de casa y hemos de encontrar soluciones intermedias. Mi consejo es que nunca dejéis de ofrecer comida para que se sirvan por sí mismos, que siempre les permitáis comer con las manos, ellos mismos estarán ansiosos de usar los cubiertos como mamá y papá cuando estén preparados, que no tengáis miedo de limpiar los perímetros de las tronas y bueno, que los restaurantes pueden esperar si son de etiqueta.

Solo puedo añadir que funciona y que es altamente recomendable, la hora de la comida es fantástica.

Os dejo aquí las experiencias de otras mamás y no dejéis de buscar fotos y vídeos en la red de Baby led weaning, ¡son tan lindos los bebés!

Aprendiendo a comer solos. De Cantando a mamá.

La divertida monstruita.

Y el clásico referente Una maternidad diferente.

Libro: El niño ya come solo de Gill Rapley y Tracey Murkett.

Sólo quiero dormirme al tic-tac de tu respiración

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PendientesHoy he vuelto a usar perfume. Dejé de hacerlo, las náuseas del embarazo me alejaban de almizcles dulzones . Después viniste tú, sirena. No quería confundirte, ni alejarte de tu esencia, la nuestra, la misma, porque somos una.

Pero he vuelto a trabajar. Me alejo poco tiempo, pero es el suficiente para oler otros perfumes cuando te abrazo. Y el corazón se me quiebra. Y es que te he perdido un poco, se que es poco, pero yo YA se que eso es principio y final de algo y he vuelto a usar perfume.

No se en que mundo siento como acude la leche que habrías de tomar y solo atino a escucharte llorar a través del teléfono. No se en que mundo, pero es el nuestro y lo he elegido.

Duele la despedida. Desde que empezó Septiembre siento que no hago otra cosa más que despedirme.

Me abro hacia fuera, despliego mis alas y vivo estados olvidados pero solo quiero llegar a casa y acurrucarme entre vosotros, y encontrar, besar, cantar, replegar.

Tengo miedo de hallarme sin vosotros y que no me guste lo que veo. Ya no soy la misma, ni puedo ni quiero.

Circulo por caminos desgastados, atuendos, peinados, prisas, agendas, pelos que sobran, sombras que faltan.

Paladeo lo que puedo y se hacer. Ese sabor ácido y excitante pero un peso me oprime el pecho. Es el cordón umbilical que aunque se estira y se estira mucho, aún nos envuelve.

Podría ser liberador, pero no quiero ser liberada, sólo quiero dormirme al tic-tac de tu respiración.

3 años de Marco

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Marco (3 años)Y aquí estamos una vez más. Octubre se deshoja, la noche se prolonga y el ocre se extiende.

Tres años ha que preñaste nuestra existencia de verdadera vida, convirtiendo cada acto cotidiano en algo único, en algo intenso. Tres años ha que tus ojos lo inundan todo.

Este último año te has ido transformando con esmero, dejaste que tus cuatro pelillos rubios se precipitaran en una brillante y rizada melena, esencia de tu aspecto, esencia de tu llama. Libre, enredada y luminosa tu alma y tu cabellera danzan por su espacio en el mundo.

Así, bailando y girando derrochabas tu energía, imprevisible, ligero. Cruzabas los parques, corrías las calles y al reír parecías engullir el aire para convertirlo en mil cristales de colores que te rodeaban con tu torbellino. Molinillo de café, ese era nuestro Marco de dos años.

Sin embargo, un elixir de plenitud te fue acallando. Empezaste a comprender los matices del lenguaje, empezaste a usarlo. Las palabras representaban realidades más complejas y necesitabas sentarte en el camino y respirar hondo para zambullirte en el lago de lo abstracto,  en el “digo una cosa, pero mi cuerpo indica otra”, el doble sentido, la percepción del entorno se complejiza, te sientes, te determinas, te configuras a ti mismo, se modifican los roles, nace en tu interior el deseo de independencia pero asomarse a la ventana asusta, ¿acaso puedes volar ya? Y es que, en otras palabras, ya piensas antes de actuar.

Me sorprendo cada día con tu sistema mental, con la elaboración de lo que bulle en ti,  relacionas fantasía, realidad y deseo y brotan maravillosas teorías que explican lo que ves.

Adoro tu lenguaje, las palabras que inventas, cuando no sabes que decir: “bocasica” y te vas por la tangente, tan fresco y tan resolutivo. Adoro tu lenguaje cuando hablamos de tu día, de la teta, del parque, de los niños, de los cuentos, de las historias que anidan en tus rizos. Adoro cuando preguntas a todo el mundo ¿y tú cómo te llamas? porque valoras a cada persona sin prejuicios y todos te parecen interesantes, adoro los bocetos de tus primeras preguntas que ya aparecen, adoro tu timbre, tu tono, tu voz y sobre todo, adoro tu risa.

Los temibles dos años, los terribles dos años. ¿Lo han sido? Sin duda complicados. Mi bebé nunca fue complaciente pero con mamá, contacto, presencia, todo fluía, ese remanso, ese limbo nuestro. Pero construir unas alas, separarnos progresivamente ha ido suponiendo grandes cambios. Puede que esté enfadado o frustrado y ya no es suficiente con un paseo piel con piel en nuestra desgastada mochila. Sus anhelos crecen con él y cambian su color. Si he de ser sincera, los terribles dos años no son un defecto o trámite de la edad, son un defecto o trámite que debe vivir el adulto. Con los años nos separamos de nuestra esencia mágica y cuando discutimos o debatimos con personas de nuestra edad son otras las estrategias. ¿Y ahora qué? ¿Cómo que no quieres? ¿Cómo que esa ropa no? ¿Cómo que no quieres dormir? ¡Cuánto aprendemos tu padre y yo cada día! ¡Cuántas veces nos pones ante el espejo! Ése en el que se proyecta un “yo” que no nos gusta y que no sabemos gestionar, o sí, pero que duele ver. Estoy convencida de que esta es una oportunidad única para ser mejor persona y sanar heridas olvidadas. Gracias por eso mi vida.

No ha sido un año fácil con la llegada de tu hermanita en pleno proceso de autoafirmación, por eso construimos unas alas más sólidas, quizás tardemos más, pero a cambio contamos los unos con los otros y somos cuatro, más opciones y más amor de distintos colores.

Este ha sido el año de Humpty Dumpty, Pedro y el Lobo, caracoles, tortugas y agua que se desliza. Tu imaginario crece y crece y nos dejamos llevar por él, brota la fantasía y brotan las historias que pueden surgir de una sencilla melodía.

Afortunados pasajeros que viajan contigo, agradecidos testigos de una vida que despierta.

Esta música sonaba en la sala de partos cuando pujábamos por el encuentro, no podía ser de otra manera.

Erik SATIE. Gnossienne Nº 5. Patrick Cohen (Piano).

#CrónicadeCole

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Salto al vacíoEste Post es muy difícil para mí. Si lo escribo por la mañana, estoy derrotada, abatida, deprimida. Si lo escribo por la tarde, la esperanza me ilumina, la ilusión me mueve, soy positiva y veo como caminamos por el sendero adecuado.

Ahora, en la mañana, hasta me siento ridícula, ¿a quién le pueden importar mis neuras? Le doy demasiada importancia. Puede que si, pero en verdad, el barniz que tinta ahora nuestra vida como familia es de color intenso.

Me ciño a los hechos. El primer día Marco fue con su papá, cada dos días se presentan dos niños nuevos en la asamblea matutina, con fotos, con historias, con palabras menudas, risas nerviosas y compañía, la compañía de la figura de apego durante una hora, mas otra hora sin la referencia cotidiana. Cuando papá recogió a  Marco, este constató un hecho: “papá me has dejado solito”,  y sobre este motivo hemos ido desarrollando el primer movimiento de nuestra particular sinfonía.

El segundo día hubo expectación, como la primera experiencia fue relativamente buena ya se quedó a comer y la hora de recogida pasó a ser las 13:30. Pero para el tercer día ya sabíamos qué esperar, cuáles serían los acontecimientos y apareció la resistencia, el llanto desde el despertar, la negación de la posibilidad y los mantras: “el cole está cerrado”, “cuídame, cuídame”. Me siento morir, por primera vez no remediamos su sufrimiento. Cuando necesitaba brazos, lo porteábamos; si necesitaba compañía para dormir, nos acurrucábamos; si necesitaba atención exclusiva y juego, se lo dábamos. Sus necesidades humanas básicas eran satisfechas en la medida en que podíamos brindárselas, cariño y mirada.

Pero ahora me mira con sus ojos verdes, enrojecidos y me lo pide: “mami no quiero cole, cuídame tú, en casa”, un día y otro día. Hoy es el día 11.

¿Y cómo está en clase? Ha evolucionado muchísimo, es cierto que el tercer día, sin duda el peor, estuvo muy bloqueado y llorando la mayor parte del tiempo, pero ya no llora allí, participa en las actividades, sonríe y juega. Es muy importante aclarar que el colegio es una maravilla y que merece un post por si mismo, fomenta el juego libre y la participación de la familia. La recepción de los alumnos es de nueve a nueve y media, momento en el que los padres entramos en el aula y departimos con la maestra y con la cuidadora, saludas a otros niños, a otros padres y nos integramos con naturalidad. Lo mismo se repite en el momento de la recogida, de tres y media a cuatro. Los niños duermen la siesta después de la comida y nosotros recogíamos a Marco para que descansara en casa, pero el quinto día su maestra nos propuso como estrategia pedagógica que permaneciese en el colegio con los demás, ya que esperaba con ansiedad la hora de la comida al comprobar que su padre le recogía tras esta. Muy a regañadientes accedí y se obró el milagro, duerme la siesta con otros niños, hasta el momento, sin necesidad de “teta” ni otros accesorios maternales. Deduzco que está tranquilo allí, pues el que pueda dormir me parece un gran medidor.

¿Cómo ha alcanzado la tranquilidad en el colegio? Pues sustituyendo a su figura de apego, buscando la complicidad adulta y en este sentido el centro ha sido impecable, necesitaba atención y se la han dado. Los primeros días llegó a hacer plastilina con los cocineros, charló con el director, cogía de la mano a su maestra y recibió y recibe besos y abrazos. Cuando llega a casa me cuenta de buen ánimo lo mucho que se divierte.

¿Pero qué ocurre por las tardes? Con abrumadora dulzura nos regala sus besos y nos reitera lo mucho que nos quiere, pareciera apreciarnos más por el tiempo que nos ha echado de menos. Pero conforme avanza la tarde y su cansancio empiezan sus elucubraciones y sus bucles, inventa excusas para no ir al colegio a la mañana siguiente, coge el teléfono y llama a su maestra para contarle que el colegio permanecerá cerrado, fabula con hacer las actividades programadas para la tarde por la mañana y se va angustiando cuando le presentamos la realidad de la situación, que tiene que ir al “cole”.

Duerme mucho peor, las noches son más ligeras y el despertar definitivo es cada vez más temprano. El desayuno supone la inminencia de salir de casa y vestirse le resulta insoportable, empieza el llanto, la súplica, que no rabieta, los abrazos, el CUÍDAME.

La idea de ganar autonomía y desvincularse de nosotros unas horas le angustia. Aunque la estancia en el colegio le resulte incluso gozosa a ratos, tiene miedo al abandono. ¿Y por qué no decirlo? Es tenaz, testarudo, expresivo, luchador, muy buenas cualidades, que si bien ahora nos lo ponen difícil, no quiero que las pierda, como tampoco quiero que piense que su opinión no cuenta o que no nos importa su bienestar.

Francamente, vivimos en una montaña rusa. Cuando vuelve tan contento y explicando que volverá feliz al colegio al día siguiente, respiramos aliviados. Pero cuando al día siguiente descubrimos que era una intención, no un hecho consumado nos frustramos terriblemente.

Los adultos han decidido. Sabemos lo que es mejor para ti, o eso quiero pensar. Pero la duda a veces se instala y flaquea mi alegría y mi paciencia, esa que tanto necesito ahora para responder a tus demandas y necesidades que se acentúan.

Las alternativas se arremolinan en mi cabeza y ninguna se me antoja ventajosa. Quiero acompañarte en el proceso y sufro cuando desespero. Perdóname Marco por pisar el acelerador de tu maduración. Yo también te quiero.