#CrónicadeCole

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Salto al vacíoEste Post es muy difícil para mí. Si lo escribo por la mañana, estoy derrotada, abatida, deprimida. Si lo escribo por la tarde, la esperanza me ilumina, la ilusión me mueve, soy positiva y veo como caminamos por el sendero adecuado.

Ahora, en la mañana, hasta me siento ridícula, ¿a quién le pueden importar mis neuras? Le doy demasiada importancia. Puede que si, pero en verdad, el barniz que tinta ahora nuestra vida como familia es de color intenso.

Me ciño a los hechos. El primer día Marco fue con su papá, cada dos días se presentan dos niños nuevos en la asamblea matutina, con fotos, con historias, con palabras menudas, risas nerviosas y compañía, la compañía de la figura de apego durante una hora, mas otra hora sin la referencia cotidiana. Cuando papá recogió a  Marco, este constató un hecho: “papá me has dejado solito”,  y sobre este motivo hemos ido desarrollando el primer movimiento de nuestra particular sinfonía.

El segundo día hubo expectación, como la primera experiencia fue relativamente buena ya se quedó a comer y la hora de recogida pasó a ser las 13:30. Pero para el tercer día ya sabíamos qué esperar, cuáles serían los acontecimientos y apareció la resistencia, el llanto desde el despertar, la negación de la posibilidad y los mantras: “el cole está cerrado”, “cuídame, cuídame”. Me siento morir, por primera vez no remediamos su sufrimiento. Cuando necesitaba brazos, lo porteábamos; si necesitaba compañía para dormir, nos acurrucábamos; si necesitaba atención exclusiva y juego, se lo dábamos. Sus necesidades humanas básicas eran satisfechas en la medida en que podíamos brindárselas, cariño y mirada.

Pero ahora me mira con sus ojos verdes, enrojecidos y me lo pide: “mami no quiero cole, cuídame tú, en casa”, un día y otro día. Hoy es el día 11.

¿Y cómo está en clase? Ha evolucionado muchísimo, es cierto que el tercer día, sin duda el peor, estuvo muy bloqueado y llorando la mayor parte del tiempo, pero ya no llora allí, participa en las actividades, sonríe y juega. Es muy importante aclarar que el colegio es una maravilla y que merece un post por si mismo, fomenta el juego libre y la participación de la familia. La recepción de los alumnos es de nueve a nueve y media, momento en el que los padres entramos en el aula y departimos con la maestra y con la cuidadora, saludas a otros niños, a otros padres y nos integramos con naturalidad. Lo mismo se repite en el momento de la recogida, de tres y media a cuatro. Los niños duermen la siesta después de la comida y nosotros recogíamos a Marco para que descansara en casa, pero el quinto día su maestra nos propuso como estrategia pedagógica que permaneciese en el colegio con los demás, ya que esperaba con ansiedad la hora de la comida al comprobar que su padre le recogía tras esta. Muy a regañadientes accedí y se obró el milagro, duerme la siesta con otros niños, hasta el momento, sin necesidad de “teta” ni otros accesorios maternales. Deduzco que está tranquilo allí, pues el que pueda dormir me parece un gran medidor.

¿Cómo ha alcanzado la tranquilidad en el colegio? Pues sustituyendo a su figura de apego, buscando la complicidad adulta y en este sentido el centro ha sido impecable, necesitaba atención y se la han dado. Los primeros días llegó a hacer plastilina con los cocineros, charló con el director, cogía de la mano a su maestra y recibió y recibe besos y abrazos. Cuando llega a casa me cuenta de buen ánimo lo mucho que se divierte.

¿Pero qué ocurre por las tardes? Con abrumadora dulzura nos regala sus besos y nos reitera lo mucho que nos quiere, pareciera apreciarnos más por el tiempo que nos ha echado de menos. Pero conforme avanza la tarde y su cansancio empiezan sus elucubraciones y sus bucles, inventa excusas para no ir al colegio a la mañana siguiente, coge el teléfono y llama a su maestra para contarle que el colegio permanecerá cerrado, fabula con hacer las actividades programadas para la tarde por la mañana y se va angustiando cuando le presentamos la realidad de la situación, que tiene que ir al “cole”.

Duerme mucho peor, las noches son más ligeras y el despertar definitivo es cada vez más temprano. El desayuno supone la inminencia de salir de casa y vestirse le resulta insoportable, empieza el llanto, la súplica, que no rabieta, los abrazos, el CUÍDAME.

La idea de ganar autonomía y desvincularse de nosotros unas horas le angustia. Aunque la estancia en el colegio le resulte incluso gozosa a ratos, tiene miedo al abandono. ¿Y por qué no decirlo? Es tenaz, testarudo, expresivo, luchador, muy buenas cualidades, que si bien ahora nos lo ponen difícil, no quiero que las pierda, como tampoco quiero que piense que su opinión no cuenta o que no nos importa su bienestar.

Francamente, vivimos en una montaña rusa. Cuando vuelve tan contento y explicando que volverá feliz al colegio al día siguiente, respiramos aliviados. Pero cuando al día siguiente descubrimos que era una intención, no un hecho consumado nos frustramos terriblemente.

Los adultos han decidido. Sabemos lo que es mejor para ti, o eso quiero pensar. Pero la duda a veces se instala y flaquea mi alegría y mi paciencia, esa que tanto necesito ahora para responder a tus demandas y necesidades que se acentúan.

Las alternativas se arremolinan en mi cabeza y ninguna se me antoja ventajosa. Quiero acompañarte en el proceso y sufro cuando desespero. Perdóname Marco por pisar el acelerador de tu maduración. Yo también te quiero.

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  1. Hola, te sigo en tu angustia, un día te aconseje vía twitter, que el período de adaptación es mucho más duro para los padres que para los niños, aunque no lo creas.Soy maestra de educación infantil de primer ciclo, he tenido alumnos desde los tres meses hasta los tres años y se como lo pasáis tanto unos como otros; una vez que los papás os vais de la clase, la actitud cambia, y la mayoría de los niños echan su jornada escolar tranquilos e integrados,quiero trasmitiros tranquilidad y mucha paciencia, porque aunque parezca lejano, llegara el día en que todo esto sea un mal recuerdo.MUCHO ÁNIMO PAPIS!!!!!!!!!

    • Hola Patri, no soy maestra pero soy mamá y he de decirte que los sentimientos de dolor se expresan con las figuras de apego.Es por eso que los niños dejan los llantos para casa, cuando se sienten seguros. El ser humano tiene muchas estrategias para bloquear el dolor y tirar para adelante….pero en mi opinión no es la forma mas sana de vivir.
      Un abrazo.

    • Recojo tu consejo con cariño, se que hablas desde la experiencia, pero no creo en la capacidad de manipulación a estas edades, más bien observo una expresión de malestar sin represión, con el tiempo los niños devenimos en adultos y aprendemos normas sociales que nos impiden gritar o llorar cada vez que algo no nos cuadra, aunque nos gustaría 😉 Su sufrimiento es genuino y el mío también, confío, como bien dices, que con el tiempo todo sea un mal recuerdo. Ahora bien, yo soy la adulta y debo guiarle, en la medida en que yo confíe en su capacidad de adaptación y me encuentre mas sosegada, él lo captará y bajará la guardia. Marco siempre lo capta todo, me impresiona su gran capacidad de empatía.
      Gracias por leerme, por los ánimos y por tus palabras, todo cuenta.
      Un fuerte abrazo

  2. Dios mío que duro! Disfruto de la suerte de ser muy puntuales esos momentos, y me pongo en tu lugar y me angustio … Me encantaría poder darte una solución mágica, y lo único que se me ocurre es paciencia, y comprensión.

    Mucho ánimo

  3. Sé que lo que expones tiene que ver con el respeto a los ritmos de cada niño y a la angustia que deviene de no estar segura de si, en este caso concreto de la escolarización, estáis haciendo las cosas que le convienen a Marco o si le estáis dañando de un modo que, en tus peores momentos, consideras enorme e irreparable. Leyéndote, también percibo que una parte importante de tu malestar proviene de la sensación de que, por primera vez en vuestra relación, le estás fallando de un modo que te resulta intolerable. Creo que Marco acabará adaptándose al entorno escolar y disfrutando de él en unos días más. Si le resulta difícil es porque, seguramente (yo también lo creo), es demasiado pronto para su desarrollo y también porque nunca se ha tensado tánto el vínculo tan fuerte que habéis ido construyendo en estos tres años. Pero, reitero, confío en que su potencial de adaptación y su capacidad para disfrutar de las cosas acabarán imponiéndose y pronto le veremos levantarse de lunes a viernes con la ilusión de pasar otra mañana con su seño, con sus compañeros y con sus amigos cocineros. Como afirma una profesora en un comentario anterior, este proceso inicial nos causa dolor por igual a los niños y a los adultos.

    Cuando Marco era un bebé, tratabais de estar disponibles continuamente y responder a sus necesidades con la mayor presteza posible. Tan pronto como lloraba, probabais a alimentarlo, a acurrucarlo en vuestros brazos, a cambiarle el pañal, a hacer cualquier cosa que pensabais que iba a ayudarle a sentirse mejor. Le habéis mostrado que su entorno es seguro y que alguien le cuida y se preocupa por su bienestar.

    Lo que ocurre es, por necesidades personales y laborales, mayor autonomía del niño, exigencias impuestas por la sociedad, vais descubriendo (cada familia a su ritmo particular) que este nivel de atención y cuidado es cada vez más difícil de mantener. No pienso que esto os convierta en peores madres y padres. Tal vez los niños necesiten que sus madres (o su cuidador principal, que suele ser la madre) les comiencen a fallar poco a poco de un modo tolerable, de modo que también empiecen a aprender y a asumir que viven en un mundo imperfecto. Cada vez que no escucháis lo que os dicen a la primera o no prestáis toda la atención que ellos esperan, cada vez que les decís que este no es momento para sacar las pinturas, cada vez que les servís aquella verdura que sabéis que no les gusta con la esperanza de que, por fin, se la coman, les estáis preparando para funcionar en un entorno donde la frustración y la decepción (entre otras muchas cosas, maravillosas unas y no tanto las demás) van a ser moneda de cambio corriente.
    Creo que los niños necesitan aprender, en pequeñas dosis cada día, que el mundo no gira únicamente a su alrededor sino que hay otros muchos ejes de rotación, que no todas sus peticiones van a ser concedidas ni todas sus esperanzas se van a alcanzar, y que sus comportamientos y los de otros se afectan entre sí de modos que cada vez percibirán como más complejos. Creo que necesitan aprender, a través de la experiencia controlada por las personas que los quieren, que la vida puede volverse dura o muy dura, que habrá momentos en que se sentirán decepcionados o abandonados, que la existencia no siempre les sonreirá, y que, a pesar de todo (o puede que debido a eso mismo) es posible conservar intacta, o incluso reforzada, la capacidad de rehacerse y de seguir disfrutando de las cosas.

    En esos momentos oscuros en los que os angustiáis terriblemente pensando que estáis fallando a quienes más queréis y que la tarea os agota, confunde y abruma por momentos, pensad que, si vuestros hijos no se fuesen exponiendo a estas experiencias, puede que les estuvieseis impidiendo o retrasando el desarrollo de la resiliencia necesaria para afrontar los retos que, inevitablemente, se les presentarán en sus vidas. Deben aprender que la tristeza, la contrariedad y la decepción son parte de la existencia. Deben aprender que la vida será a veces dolorosa y frustrante y que esos momentos se pueden superar. La perfección en la paternidad no es una opción. No es necesario explicar que resulta imposible satisfacer todas y cada una de las necesidades de vuestros hijos, sean estas zamparse otro plato de macarrones con queso, adornar las paredes con sus rotuladores o pasarse la noche viendo un episodio tras otro de Dora la Exploradora; el resultado puede que fuese una criatura frágil incapaz de tolerar la más mínima contrariedad. Ninguno de vosotros desea tal cosa para vuestros hijos.

    • HOla,tu comentario aporta mucho sin embargo quería matizar en lo que dices que no es lo mismo pintar la pared ,ver televisión, insultar a una persona….que quedarse sin las figuras de referencia en un entorno desconocido con dos años…para mí.
      No juzgo a las personas que escolarizan pero tampoco nos engañemos sobre las necesidades reales de los niños.

    • Me quedo con tu primer párrafo, está lleno de esperanza y positividad, además has sabido leer perfectamente mi pesadumbre.
      Por lo demás ya sabes lo que pienso, no se hacen “prácticas de frustración para preparar”, eso me parece terrible, la frustración está por doquier, no hace falta buscarla, no es necesario contrariar a un niño continuamente para que acepte un desamor futuro. Sin proponérnoslo frustramos a los niños, nosotros y el entorno, eso es así, no voy a dejar que Maia se coma una servilleta, aunque le encante, o la torre de piezas que se desploma, o la rampa resbaladiza del tobogán, o la lluvia o el frío, o un mal día de mamá, o, o, o… Si vivimos con miedo al futuro, nos bloqueamos, los dos tememos que su capacidad de reacción a la adversidad futura le hagan sufrir, dejemos de temer y hagamos simplemente lo que sea mejor para él ahora, dentro de nuestras posibilidades que no son infinitas para nada. Marco no es un mimado es un bebé que está saliendo de ese estado, el cole le está obligando a hacerlo con prisa. Acompañémosle.
      Un abrazo infinito, sabes que eres muy importante para nosotros, otra pieza del puzzle que nos nutre y nos conforma.

      • Yo tampoco me lo creo, y no me creeré lo del primer párrafo hasta que compruebe que ha ocurrido. Siempre quiere uno ayudar, aunque no siempre salga del todo bien.

  4. Hola bonita. Comprendo que estéis sufriendo…Si crees que es lo mejor para vosotros dadas vuestras circunstancias personales sigue adelante y confía en Marco y su inteligencia para sacar lo mejor de esta nueva situación.
    Tampoco olvides que muchas veces hay mas de un camino aunque solo vemos uno…hay muchas posibilidades y si quizá no es el momento de escolarizar a Marco y todos lo sentis asi en el fondo de vosotros podeis lanzaros a otras posibilidades con creatividad,fuerza y valentía.
    Hagas lo que hagas estará bien hecho.

    • Gracias Rocío, por tu comprensión y tu escucha.
      Es muy difícil elegir, por suerte también es reversible. Ningún camino carece de trabas y hemos decidido transitar éste, una escolarización mejorable, pero aún así creativa y respetuosa. Apuesto por creer en nosotros de este modo. Vamos a por ello!!
      Miles de besos!

  5. Silvia cielo, miremos a nuestro interior para mejorar y ofrecer a nuestros hijos el mejor espejo donde mirarse. Si confías en el centro, en su profesora y en el personal que atiende a Marco, veamos que podemos mejorar en casa, en tu actitud, en las tardes juntos. Marco es un niño sensible, emocional, burbujeante, y el colegio aportará un recorrido muy interesante para él. Pero bien es cierto que se debe hacer amablemente, sin forzar y respetando sus ritmos. Como te dije, espero poder ayudarte en el camino. Y sino, al menos acompañarte. Un beso.

  6. Sigo tu blog desde hace ya un tiempo, y te leo, pero nunca te he comentado, pero hoy leyendo este post, me he visto reflejada con la situación que describes, casi al dedillo has contado lo que le viene pasando a mi pequeña desde que empezó el cole, ella es una niña expresiva, abierta, cariñosa, y le pasa igual, parece que no se lo pasa mal del todo en el cole, pero no soporta alejarse de mi, viene contenta del cole, pero ya por la noche despues del baño empieza a decirnos que no quiere ir al cole, y por la mañana ya se hace insostenible, me dice que siempre quiere estar con mami, y que me echa de menos, hasta tal punto hemos llegado que yo no soy capaz de dejarla en el cole y la tiene que llevar su papá, que al parecer con él no llora y consiente en quedarse, siento el rollo que te he contado, y solo decirte que ánimo, y si creeis que es lo mejor para él seguid adelante, yo por ahora no termino de tenerlo claro…

    Un gran saludo.

  7. Oh querida mami corchea lo han tenido que pasar falta. Se me queda el corazón en un puño después de leerte. Este mundo loco de adultos con horarios largos e imposibles en el que hemos involucrado a nuestros críos. Tu cole es una auténtica maravilla. Él mío que es genial se me ha quedado chico después de leerte. Menos mal que marco juega con eso a su ventaja. En un centro “normal” no quiero ni pensar en lo que hubiese pasado. Muchos besos y muchísimos ánimos

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