Si me reflejo

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GrafitiYa te he entregado al mundo. No puedo controlar como es tu vida durante esas horas, ni tan siquiera puedo verlo, vas al colegio cada día y lo más intenso de tu rutina yo me lo pierdo. Cualquier esbozo de palabra respondía a una historia de tu imaginario y aún fuera de contexto, siempre te podía traducir. En cada instante, en toda vivencia, en todo momento y en todo lugar, ahí estaba yo. Y cuando no era mamá siempre te rodeabas de los más fieles y cariñosos testigos. Pero ya no más. Te hemos entregado al mundo y cruzamos los dedos.

Escuchamos tus historias con atención y leemos las crónicas del día con avidez. Esas crónicas que gentilmente escribe tu maestra para abrirnos una ventanita por la que tirar del hilo que nos conduce a tu discurso y a tus impresiones.

Y es que me he dado cuenta de que tengo miedo. Miedo de que seas como yo, Marco. Con “teorías de apego” quería comprar a un niño inmune a lo malo y permeable a lo bueno. Fuerte, seguro, resiliente. Quería un niño feliz, pero feliz a lo “tonto”, sin “ton ni son”, inocente y sonriente que además sería un adulto con notables habilidades sociales y si me apuras de liderazgo. En mi plan no sufrirías, serías tan maravilloso, como de hecho eres, con el añadido de que todo el mundo podría verlo. Pero mi plan si que era “feliz a lo tonto”.

A tus tres años ya hay niños que no quieren que te sientes a su lado y yo no estoy junto a ti para abrazarte si esto te afecta, ya no estoy para defenderte si te muerden, ya no estoy, al menos en ese momento. El juego ha empezado y de todas las opciones que tienes vas eligiendo las que habría elegido yo.

Esponja de emociones, radar de comportamientos, sabes siempre que danza bailan los que te rodean. Ese no era el plan, sólo debías montar un puzzle, pero lo montas a la vez que compruebas que x se ha calmado y que z se está crispando. Así que llevo algunos días aceptando una terrible certeza, vas a sufrir. Vas a sufrir tanto como yo o más y esto me arrastra por un camino de auténtico dolor, me reflejo en ti constantemente, revisito mi infancia, mis errores, mi presente y constato con terror que no soporto la idea de que seas como yo y de que eso encierra una negación de mí misma brutal.

Pero no todo está perdido porque me revelo ante esa idea y me estás ayudando a amar a esa niña, a esa Silvia y la abrazo y la lloro y con júbilo la encuentro y la reencuentro. He sufrido, pero he amado tanto que ha merecido la pena. Reza en mi bio de Twitter “cosechadora de amor y emoción” y así es y ha sido e imagino que seguirá siendo.

Éste es solo mi trabajo, no el tuyo. Amar y aceptar cada destello de mí que pueda encontrar en ti.

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  1. Hace un tiempo descubrí algo tan parecido a lo que describes que al leerte tengo un deja vú automático. No podemos salvar a nuestros hijos del mundo y, lo peor, no podemos salvarlos de nosotras mismas. Tal vez por que somos, con ellos incluidos, una consecuencia de todo lo vivido. Y en medio de la desesperación y la negación, buscando alejarnos, solo nos acercamos cada vez más al abismo. Y cuando estamos al borde, solo en ese momento, entendemos que no se trata de huir sino de dejarse caer, de entregarse, de aceptar, de reencontrarse, de sanar con valentía y con dolor. Por qué en ese reencuentro con nosotras mismas, en esa sanción, esta el aprendizaje para nosotras y para ellos. Y en ese camino no podemos saltarnos el dolor, por mucho que queramos, es imposible para nosotros y también para ellos. Solo entonces entendemos que el dolor es necesario, antiséptico, curativo y necesario. Un abrazo gigante. Te entiendo tanto, que casi te siento mientras te leo.

  2. uf qué profundidad… y es que no podemos evitar pensar lo que tu piensas… lo pienso en voz bajita para no darle la importancia suficiente. Todos hemos crecido y el sufrimiento siempre estará ahí, aunque intentaré que sea en dosis pequeñas. Si después del primer chichón ya me di cuenta de lo que era sufrir, no quiero pensar en el momento en que no pueda verlo todas las horas del día…
    Debemos intentar no proyectar pero es inevitable. Un abrazo fuerte! Venceremos!

    • Hola preciosa! Tu respuesta es muy vitalista y la acojo con mucho cariño y conciencia, el drama es mi vehículo, me ayuda a llegar a respuestas muy profundas pero en ocasiones emponzoño lo que encuentro. Espero que sea cuestión de tiempo.
      Besos y más besos

  3. Ánimo Silvia! Sufrirá porque el sufrimiento forma parte de la dualidad de la vida, pero también gozará y se llenará de felicidad y en eso se parecerá también a ti, que vives intensamente y lo demuestras escribiendo cosas tan profundas como esta. Un abrazo enorme!

  4. Me gusta saber que tú también tienes estas emociones y eres lo suficientemente valiente para compartirlas 🙂

    Yo he sufrido mucho (por tener una naturaleza muy sensible) de niña, de adolescente y de más vieja, jeje, cuando me converti en madre dejé de sufrir por mí y empecé a sufrir por mi hija (aunque no le ha pasado nada malo en concreto), ahora trato de aceptar que el sufrimiento es parte de la vida, es necesario. Debemos vivir con él y aprender a valorarlo porque tratándolo con respeto puede ser un gran maestro 🙂

    ¡Qué tengas un día estupendo!

    • Gracias madrexilio por compartir tu experiencia y acompañarme con esa frase “dejé de sufrir por mí y empecé a sufrir por mi hija”, así es y ahora puedo ver que no solo me reflejo en Marco, también lo hago en mi madre, me observo repitiendo miedos y angustias y debemos soltar como bien dices.
      Gracias y un enorme abrazo.

  5. la clave como bien dices, es visitar a tu niña interna, abrazarla y entenderla y llorarla si hace falta. Y claro que no podemos salvarles, intentemos salvarnos nosotras….y ellos ya no tendrán que ser nuestros espejos. Un abrazo y graciassss

    • Gracias a ti por tu comprensión y por el cariño que pones en tu respuesta, eso quiero pensar, si nos salvamos nosotras limpiamos ese espejo en el que no tendrán que mirarse, o al menos no demasiado.
      Un fuerte abrazo!

  6. Sólo pensar que nuestros hijos puedan sufrir nos descompone. Pero es imposible evitar el sufrimiento, y tampoco es sano estar en una burbuja. Creo que a pesar de todo os tiene ahí,puede hablar con vosotros, expresarse y tener el consuelo que necesita. Sólo tiene 3 años, pero vosotros con vuestro amor y compresión le hacéis fuerte y sabio.
    Y por supuesto no está de más reconciliarnos con nuestra niña interior.

    Un besazo

    • A veces puedo ver como me enfrento a él cuando realmente quiero enfrentarme a mí, “no hagas eso, a mí no me resultó”, pero puede que si me resultara, no se, observaré con calma y a ver que va saliendo.
      Besos Carol!

  7. Aún no he llegado a esa etapa y aun asi puedo imaginarmela y sentir tus emociones y miedos perfectamente. Pero leyendo tus palabras, Silvia, pienso que ojala sea capaz de vivirlo como tu. Porque eres consciente de tus miedos y de lo que estas viviendo; eres consciente de donde termina Silvia y donde empieza tu peque, y lo importante que es esa separacion, por dificil que resulte; y no solo no tratas de que él sea o no sea como tu, sino que ademas de darle su espacio buscas crecer tu en tu espacio gracias a él. Con esos ingredientes, seguro que ambos vais a ser felices. Habra momentos de sufrimiento, sin duda. Pero esos momentos son tambien parte de la felicidad, por muy complicados que nos resulten. Un besazo y ojala pronto puedas, no liberarte de esos miedos, pero si convivir con ellos como parte de la maternidad que hace que esta sea maravillosa, porque nos permite dar alas pero tambien raices, a seres humanos con su propia personalidad y toda una vida por delante.

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