Archivos Mensuales: diciembre 2013

De notas, fiestas y funciones navideñas

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abeto literarioHoy estoy muy contenta y quería contaros por qué, ha llegado el final del trimestre y con él la fiestecita navideña, las notas y los demás enseres del momento.

Tenía mis reservas pero ya se han disipado y ni en mis mejores pronósticos imaginé una resolución tan coherente de los acontecimientos.

A saber, un colegio laico con su fiesta navideña, verdaderamente una contradicción en sus términos, pero la esencia de la decoración eran copos blancos y el protagonista un simpático muñeco de nieve. El corpus del evento era la interpretación de un villancico por aula, pero no eran villancicos cualquiera, eran de nueva creación, sobre la música de los clásicos adaptamos una nueva letra que versaba sobre los protagonistas del colegio, los niños. Nada de pastores, ni “Jesuses”, ni estrellas. ¿Y qué hay de los intérpretes? Padres, madres, maestros y niños, juntos, nadie se exhibe, nadie se expone, todos compartimos un momento divertido ¿y por qué no decirlo?, también emotivo. Se me empañaron los ojos al sentir que era parte de algo en lo que mi hijo participaba, después de tantos malos momentos por la adaptación al cole nos estábamos divirtiendo y pertenecíamos jubilosos al grupo.

Las fiestas escolares que incorporan actuación infantil siempre me han provocado hurticaria, hunden sus raíces en espectáculos de gusto americano y, aun a riesgo de parecer exagerada, lo diré, me parecen una rutinaria mercantilización de los niños. El contacto de las familias y la escuela se reduce a esos días en los que la expectativa es grande y los niños muy pequeños, incluso en algunas guarderías se viene realizando “el bailecito”. Se fuerza a los niños a que demuestren “algo”, ¿psicomotricidad?, parecemos necesitar un “producto” que justifique sus largas horas de escolarización, que nos divierta y que, por supuesto, nos haga sentir muy, muy orgullosos. Además, nadie pregunta a los protagonistas si les apetece intervenir, habrá muchos niños que no solo estén dispuestos sino que lo desearán con vehemenia, en función de sus intereses o de la necesidad de subrayarse que tengan. Pero a otros infantes no les parecerá tan buena idea, incluso puede que les horrorice. ¿Colocarte delante de tanta gente y comprobar cómo sonrisas bobas y miradas atentas siguen el movimiento de tu pompis? Verdaderamente espeluznante.

Esta reflexión puede resultar paradójica viniendo de una persona que se sienta cada semana delante de desconocidos para mostrar su “cancioncita”, pero yo he elegido, e incluso me pagan por hacerlo.

Otro de los temas candentes cuando acaba el trimestre son las notas y calificaciones, y una vez más me siento satisfecha con el camino elegido por el colegio. Nos entregaron una carpeta con los dibujos de Marco con una importante advertencia: lo que un niño aprende y experimenta no cabe en una carpeta, tan sólo es una pequeña muestra de lo que se puede plasmar y guardar. Y es tan cierto que solo me queda compartirlo con vosotros. A veces las cosas son tan obvias que ni reparamos en ellas. Por otro lado, su maestra tuvo la enorme gentileza de escribir un detallado y extenso informe sobre cada uno de los niños, sobre su modo de relacionarse, sus capacidades, su desarrollo, sus peculiaridades, sus fobias y sus filias. Pero lo que más valoro es que lo hizo desde la virtud y no desde la carencia, poniendo énfasis en el respeto por el ritmo y la peculiaridad de cada niño. Apenas acaban de dejar el pañal, nos gustaría que fueran niños autónomos pero verdaderamente aún están en transición, conservan costumbres de bebés, algunos aún no tienen claro si son diestros o zurdos. Que los hayamos escolarizado no implica que hayan comenzado su “carrera hacia el cielo”, que estén listos para competir, producir, ser eficaces, o que haya un modo de medir y jerarquizar su valía, una valía  solo reseñable en áreas productivas como aritmética y lecto-escritura, signifique lo que signifique eso con tres años. Estoy muy agradecida porque parece que hemos encontrado un pequeño oasis en el que no sólo se mira, sino que se ve a cada alumno, a cada persona, como alguien único, en crecimiento y expansión de manera diferente a los demás.

Ya traté este tema hace un año en Qué esperamos de nuestros hijos y sin duda volveré sobre él porque es algo que me preocupa y que se me cuela por las rendijas.

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Adviento

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Calendario de AdvientoEs tiempo de Adviento, del latín adventus, llegada. Y esperamos.

Para la iglesia católica son las cuatro semanas que preceden a la Navidad, evento magno que se prepara con antelación, recogimiento y desvelo. Pero resulta que las costumbres son manoseadas por el vulgo, se transforman y se hacen paganas.

Me declaro no creyente. ¿Me quedo huérfana de costumbres y de cultura? ¿Alguna fiesta o tradición escapa a la religión? O lo que es más grave ¿alguna fiesta o evento se emancipa de su nuevo padre adoptivo “don dinero o el capitalismo”?

Vives, haces o deshaces, te cuestionas más o menos, a veces incluso te contradices con tus actos y palabras, pero cuando eres madre tus decisiones influyen a alguien más.

Caes en la cuenta de que los calendarios de adviento colonizan los supermercados, la red, publicidades y panfletos ¡y son tan bonitos! Adoro el concepto de “cuenta atrás”, la espera, los números, la sorpresa y la ilusión diaria. ¡Vamos a ver qué nos toca hoy! Para el nuestro saqué la idea de aquí.

Pero la cuenta atrás ¿a dónde nos conduce? ¿Por qué hay vacaciones? ¿Qué estamos celebrando? Luces, Belenes, Reyes Magos, estrellas fugaces, “santos Claus”, “Papás Noel” de todo tipo y color, villancicos y pastores. La locura iconográfica nos bombardea, de calado anglosajón, de raigambre latina, raíces varias ¡tótum revolútum!

Tengo la fea costumbre de pensar lo que hago, sé que no es de rigor en estos tiempos, pero nadie es perfecto. Digo esto porque ¿y ahora qué hacemos los raritos? ¿no podemos divertirnos? ¿no hay fiesta y algarabía para nosotros? ¡una solución quiero! Así que he llegado a una respuesta para calmar mi conciencia: es menester histórico que cada una de las religiones se apropie del ritual que le precede, lo solape y re-nomine haciéndolo suyo. Yo podría hacer lo mismo, de hecho la inercia es ésta, se desvirtúa la esencia de las costumbres para maquillarlas de otro modo. El problema, y aquí pienso de nuevo, es que los colores que adopta el solsticio de invierno no son terracotas si no más bien “verde-dinero”. Del pesebre a la montaña de juguetes y es que señores no tenemos mesura.

Una de las normas de casa es que todos merecemos y necesitamos una explicación, por supuesto que adaptada por edades, así que por aquí ya hemos hablado del bebé Jesús, de que su mamá “la Virgen” está contenta, aunque no tanto en Semana Santa porque su hijo Jesús es mayor y tiene bastante pupa, cuando las campanitas del calendario se gasten ya será Navidad y en Navidad se celebra un ilustre cumpleaños.

Aunque no creyentes, de tontos no tenemos un pelo y tendremos regalitos, tres para ser más exactos, a lo largo de las fiestas y que recibiremos de manera escalonada. Ni que decir tiene que los regalos serán recibidos sin chantajes porque aquí somos buena gente y nos portamos bien, siempre siempre, nos enfademos más o nos enfademos menos, porque ya sabéis que un mal día lo tiene cualquiera, pero buenos… buenos somos “a reventar”.

Me sincero de nuevo y me declaro una enamorada de la Navidad, si lo sé y me sigue encantando, la decoración hortera y también la sofisticada, adoro las manualidades relacionadas, las tarjetitas, los dulces, muero por los dulces y también me encanta hacer regalos, pensar en la gente que quiero y sorprenderles. Hay muchas otras historias relacionadas con esta fiesta que no me gustan tanto, por supuesto, y soy muy crítica ¿pero hay algo más maravilloso que ilusionarse con los niños, sus miradas y sus risas?

En resumen: vivimos la Navidad adecuadamente informados, no negaremos la cultura que nos impregna, pero tampoco nos llevaremos las manos a la cabeza ante la desvirtuación del evento, donde las dan las toman y sobre todo intentaremos vivir con mesura el frenesí.

¿Y vosotros, tenéis calendario de Adviento?