De mujeres y corcheas

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De mujeres y corcheas quería hablaros hoy. El feminismo es complejo y me consta que hay especialistas en la sala, así que corregidme si me equivoco, soy apenas una transmisora de trabajo de campo.

Tradicionalmente hay profesiones más masculinas que otras, nos puede sorprender encontrarnos con una conductora de autobús, una taxista o una directora de orquesta.

Los referentes son claros, en la Orquesta Filarmónica de Viena no fue hasta el 1997 que una mujer ingresara como miembro de pleno derecho, y porque el gobierno retiraría las subvenciones de lo contrario, o hasta 2005 que una mujer empuñara la batuta para dirigirles. Increíble pero cierto.

Cuando cruzas ciertas líneas, las de la profesionalización, y no eres soprano, se puede palpar el desdén andrógino. La situación se acentúa con las instrumentistas de viento y se subraya con las directoras de orquesta.

Mis vivencias cada día me demuestran cómo ellas, las directoras, deben demostrar mucho más, porque no sólo está en juego su valía musical sino sus formas y su contorno. Pero bueno, ésto tampoco es nada nuevo, sin embargo vengo observando algo curioso, hay otra línea de fuego y es la del rol. ¿Qué quiero decir con esto? Pues que el rol de un director es tan decididamente masculino, en términos tradicionales, que una mujer en ese puesto puede resultar “un marimacho” o “una cursi”, debe decidir ser rígida, seria, hasta hosca y gruñona, mientras mueve su batuta con movimientos secos y cortantes, o bien puede explayarse con ademanes flexibles, circulares, cerrar los ojos y dejarse llevar por el baile ancestral del artista, en cuyo caso, al ser mujer, será sobreactuado, amanerado y “femenino” en la peor de las acepciones. Me entristece esta bipolaridad, este maniqueísmo trasnochado, femenino/masculino, no se ve a las personas, a los individuos, el género tiene una importancia totalmente inapropiada.

Los directores, hombres, o son buenos o malos músicos, o se hacen entender con la batuta o no lo consiguen, pero no noto que los músicos que ejecutan sus versiones estimen si visten mal o bien, si son follables o no, si tienen toque masculino o lo tienen femenino, sencillamente hacen lo que hacen nadie juzga lo accesorio porque no importa.

Ahondando en el concepto de individuo, cuando una mujer se sube a la tarima, de repente se erige en representante de toda la “especie feminoide”, ha de defender el listón de sus compañeras de viaje, si lo hace mal, “las mujeres no saben dirigir” y bueno, si lo hace bien, tendrá un buen día. No soporto las generalizaciones.

En el poder está la clave, ese atributo intrínsecamente masculino en manos de una mujer. Imagino que las directoras de empresa, las presidentas de gobierno, las mujeres que ostentan el poder tienen mucho que justificar y serán encasilladas velozmente, incluso la excesiva belleza puede ser un lastre para que no se las tome verdaderamente en serio, muñequitas bonitas. Ni jóvenes, ni bellas, ni muy amaneradas, solo la “reina tradicional” quizás, solo quizás, puede ser tomada en serio, pero sobre una tarima…  Demasiado complicado, ¿una mujer mayor, rellenita dirigiendo una orquesta? Hasta ahí podríamos llegar, como mucho que cante algo.

Y las madres, ¿qué pasa con las madres? No bonita, ese tema ni lo hablamos, ¿te imaginas? ¿una carrera de triunfos y de pisar cabezas? Pero mañana que el niño tiene fiebre hoy.

Tremendo señores y señoras, mi crispación ya empieza a causarme indigestión así que me retiro a jugar con mis apilables.

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