La mamá helicóptero

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El patinete¿Sabéis a lo que me refiero? Esas mamás o esos papás que en los parques deambulan alrededor del niño a no más de veinte centímetros. Este término nos habla de la “hiperpaternidad”, propia de la clase acomodada. En La Vanguardia se hablaba sobre este tema, Cuidar a los hijos, sí, pero menos.

Profesionalizamos el oficio de la crianza y nada puede salir mal, los mejores padres tienen a los mejores niños, ahora los hijos son un proyecto en sí y no un complemento. Deviene la hiperprotección y ésta conlleva muchos riesgos: podemos infundir indecisión, miedo, falta de autonomía, desgana, dependencia y otros “grandes” valores. Es un resultado ingrato por tanta dedicación pero es un hecho.

Antes de continuar aclararé un par de conceptos importantes para mí. Las necesidades básicas de apego son cuestiones distintas que no están en tela de juicio, aquí estoy hablando de la intervención o la hiper-intervención sobre el desarrollo de las capacidades humanas. O lo que es lo mismo, portear, colechar, tetear, escuchar y empatizar, entre otros, siguen siendo valores al alza mientras el niño lo necesite y se den las circunstancias que lo propicien.

Algunos ejemplos personales arrojarán luz sobre el tema de “la mamá helicóptero” que soy a veces. Desde que Marco era muy pequeño no me despegaba de él en los parques, me inquietaba que un desacuerdo terminara en un inoportuno tirón de pelo. Siempre me ha costado distinguir en qué momento he de mediar y cuándo es adecuado dejar que resuelva él solo sus conflictos. Supongo que depende de la edad (3 años), así que ya me empiezo a relajar y procuro dejarle espacio. Las revoluciones del helicóptero son proporcionales al miedo que tengas, miedo a que le traten mal, a que sea él quien no respete a los otros, a que se sienta triste o inadaptado… Los parques, concretamente, son dignos de análisis, los padres helicóptero son muy numerosos y están especialmente obsesionados con la distribución de los bienes.

Con el tema de las habilidades físicas estoy gratamente sorprendida conmigo, observo y casi no intervengo. Procuro un espacio seguro y muy libre en casa, cuando Maia dio muestras de querer andar en todo momento la dejaba investigar, ha habido algún culetazo, pero sólo cuando me lo ha pedido he acudido a levantarla, con ocho meses caminaba torpemente y ahora con once lo hace con bastante maestría. El nuevo reto es bajarse sola de la cama y el sofá y lo cierto es que casi lo tiene dominado. Pero con Maia todo es más fácil porque hay menos miedo, no en vano es la pequeña benjamina.

La imagen que ilustra el Post es muy representativa. El patinete fue un regalo navideño, el primer día Marco lo probó y a los treinta segundos comprendió que se sentía inseguro y lo abandonó en el patio de la abuela. Nadie hizo más comentarios. De vez en cuando le propusimos su uso y durante unas semanas no le apeteció; después volvió a sentir curiosidad, pero no lo controlaba, aunque iba ganando en movimientos. Y así, paulatinamente, ha ido dominando al artefacto. Me descubro como feliz espectadora de su búsqueda y experimento, y me encanta, me encanta mirarles y ver cómo crecen en cada va y ven.

Pero no siempre soy tan paciente, en otras áreas soy mucho más invasiva. Me tengo que morder el labio para no terminar de colocar “esa pieza” del puzzle o para no hacer más comentarios sobre sus “usos” con las ceras: cógela así, ¿no prefieres ya otro color?, ¿por qué no dibujas…?, ¿y qué tal si…? Pongo demasiado interés y esto quizás merma su espontaneidad, nos crea expectativas mutuas y enlentece su propio divagar, el ensayo y error tan necesario para desarrollar cualquier actividad. Trato de sentarme junto a él y trabajar en mis propios asuntos pero en demasiadas ocasiones termino fijándome en los suyos.

He de decir que para los temas plásticos nos ha venido muy bien el colegio, allí trabaja a su aire y se rompe el tipo de relación inter-dependiente que desarrollamos en casa. Por cosas de la edad y por la fuerza de la costumbre, ¿por qué no decirlo? Marco siempre ha tenido a un adulto pendiente de él, y con esto no quiero decir un adulto en la misma habitación sino un adulto con el que compartir quehaceres. Su autonomía va en aumento y empieza a concentrarse en la labor que le ocupa, lo que me permite no estar encima de él, no me fijo tanto en los detalles del procedimiento y él puede campar a sus anchas, incluso creo que ya va siendo hora de que me sorprenda con sus travesuras. Por otro lado, creo que él ya ha percibido la importancia que le doy al dibujo y o bien intenta complacerme o enfadarme, según el registro que toque ese día, hay demasiada emocionalidad y no fluyen los trazos, se convierte en una pugna, en un “no tires las capuchas” y “¿ya has termindo?”.

En resumen, en algunas parcelas planeo y vuelo muy bajo, soy consciente y lo trabajo pero estoy aprendiendo algo, no es buena idea que aprenda música conmigo o que le yo le enseñe a conducir. En algunos campos si no sabes deleitarte con tan solo la observación, es mejor delegar y no intervenir.

En esto de la “hiperpaternidad” hay mucha tela que cortar, pero empezaremos con ésta.

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  1. Pues yo creo que debo ser el tipo de mamá más alejado al modelo helicóptero. De hecho a veces me crea cargo de conciencia de mala madre el pensar que no debo estar sobreprotegiendo a la bichilla ¡y eso que sólo tiene 2 meses y ahora sí que me necesita! Que yo creo que sí que aplico esto de la crianza con apego, pero algún minutito al día yo necesito mi espacio y ella interaccionar con su papá y sus muñequitos…

    • Bueno, con un bebé tan pequeñito no se me ocurre cómo aplicar lo de la “maternidad helicóptero”, pronto, cuando empiece a querer objetos si siempre se los acercas tú y no la dejas que repte o haga lo que tenga que hacer para llegar a ellos podría ser un ejemplo, pero aún es pequeñita. La sobreprotección de la hablo supone mermar la autodeterminación del niño porque tenemos prisa por que haga las cosas de un modo elaborado y terminamos haciéndolas por ellos. También me refiero a la obsesión porque el niño no viva conflictos, caídas etc. y en nuestro afán por evitar todo esto intervenimos provocando el efecto rebote de que sean dependientes o tarden más en aprender las cosas.
      Que una bebita pase tiempo con su padre es muy deseable, los niños necesitan varias figuras de apego aunque haya una principal.
      Besos bonita!

  2. Pingback: La mamá helicóptero - Educacion enpildoras.com

  3. Yo soy la típica madre que está todo el rato al lado y la verdad es que es algo muy consciente por mi parte. Puede ser que me exceda, pero soy de la opinión que con sólo tres años es mejor que esté a su lado. Me aterra que se caiga de los columpios de los más mayores (a unos 2m de altura) o relajarme y perderla de vista. A medida que va creciendo le voy dejando más espacio pero de momento… 🙂
    Un besote

    • Si claro, cada uno va ponderando cuando es el momento y depende de muchos factores. Caí en la cuenta leyendo a Rebeca Wild, a veces nos extralimitamos, pero somos cómo somos, y cómo dice Zary, más abajo, cada uno somos mas helicóptero en según que áreas. Lo suyo es que al menos ellos no noten demasiado nuestra intervención o nuestro miedo, en fin, da para mucho.
      Un besazo bonita!

    • Eso es así, una gran verdad, unas veces más conscientemente y otras menos, pero es imposible no impostar nuestros miedos y nuestras verdades sobre el comportamiento de nuestros hijos.
      Abrazos que vuelan y te aprietan bien fuerte 😉

  4. Pingback: Bievenidos a la hiperpaternidad: sobre padres helicóptero y otras especies

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