The Slap. La bofetada

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The Slap (La bofetada), es una serie australiana de tan solo ocho capítulos, pero es de esas, de las que se engullen, una buena experiencia televisiva. Os diré que soy “seriéfila” y no es que sea un gran mérito en los tiempos que corren, pero es así, me encanta devorar series si cumplen unos mínimos criterios estéticos y de contenido.

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¿Y por qué traigo ésta al blog? ¡Pues porque tenéis que verla! Bueno, no solo por eso, la trama está enraizada con temas de crianza y sale a la palestra la violencia hacia los niños y la “crianza con apego” entre otros.

El planteamiento es la típica fiesta de cumpleaños dónde el anfitrión reúne a sus amigos, amigos dispares que provienen de diferentes esferas y que apenas se conocen entre sí. He aquí que nos topamos con una pareja “new age” con un niño de cuatro años que tiene la tarde movida y que no solo mina la paciencia del espectador, también erosiona el “saber estar” de uno de los asistentes que termina propinándole un buen guantazo en la cara. La polémica está servida.

La historia es contada desde la perspectiva de un narrador omnisciente que nos presenta a uno de los invitados en cada uno de los capítulos. El aborto, la infidelidad, la adolescencia, la homosexualidad, la crisis de los ’40, la crisis de los ’70, la inmigración… aspectos vitales y diferentes puntos de vista, todo cabe y como dice Hernán Casciari “el infierno son los otros“, la serie te deja ese regusto, cada uno de ellos está convencido de que tiene la razón, se levantan muros y se interrumpe la comunicación porque remover determinadas convicciones hace mucha “pupa”.

¿Y cómo es el niño de la discordia? Pues es un niño travieso, de cuatro años, que aún no ha interiorizado las normas socialmente aceptadas de propiedad, que llama la atención de los adultos, que hace ruido y que no comprende qué es perder en un juego grupal, ¿os suena? Y ahora viene lo mejor, cuando se aflige su mamá le mima, le contiene y le da “tetita”. Baste decir lo obvio, el retrato de un niño con pocos límites se mezcla con la crianza “con apego” o respetuosa, o como queráis llamarla, de manera peligrosa. Comprendo que se caricaturice al personaje para ganar dramatismo fílmico, pero la verdad, me da mucha pena lo mal parada que resulta la crianza a contracorriente.

La lactancia prolongada parece la excentricidad de una madre neurótica, de la que descubrimos oscuros secretos en el transcurso de la trama.

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La imagen es la de un niño extremadamente mimado que se cobija en el regazo de una madre desquiciada.

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Corregidme si me equivoco, pero la crianza natural no es habitual en el cine y con escarceos de este tipo tampoco creo que vaya a mejorar su imagen. Sin caer en maniqueísmos es perfectamente posible que una madre esté desequilibrada, practique la lactancia prolongada, trabaje fuera de casa diez horas o haga las dos cosas a la vez, que también se puede, pero asociar estos dos conceptos contribuye a construir un icono grotesco de la crianza con apego.

Otro tema es la violencia que se ejerce sobre los niños, de algún modo se atisba su justificación por lo inapropiado del  comportamiento infantil en cuestión y esto, perdonadme el atrevimiento, es inadmisible, hay muchos otros modos para guiar a los niños, por molestos que sean, un guantazo, cachete, bofetada, colleja, NO, esto NO. La violencia habla única y exclusivamente de los recursos del adulto, que en no pocas ocasiones son nulos. No contemplo el humor negro sobre el tema, ni lo justifico en modo alguno. Cuando la violencia aparece el único discurso que debemos elaborar en nuestra mente es el del arrepentimiento y el de la construcción de alternativas. Entre nosotros, los adultos, es muy fácil compadrear, empatizar y “perdonar”nuestros deslices, pero con esta actitud sólo perpetuaremos los cultivos de agresividad que nos asolan por dentro y por fuera.

Estas son las palabras que Casciari pone en boca del protagonista cumpleañero: “En el fondo tú piensas que la criatura se estaba mereciendo un correctivo, pero también piensas que nadie tiene por qué pegarle a un niño ajeno. Piensas que la bofetada era necesaria porque el niño era insufrible”. NO Hernán, no era necesaria, hay otras opciones, pero lo triste es que ésta no es una opinión aislada. Revisitar nuestras convicciones acerca de los correctivos a los niños es de necesaria urgencia. Quizás sea demagógico pero volved a leer el texto entrecomillado y cambiad la palabra criatura por la palabra esposa. !!!

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  1. Yo también soy seriéfila y no, no se suelen ver a muchas madreas dando el pecho, en el cine tampoco.
    Me apunto la serie porque tiene pinta de joya desconocida. Gracias!

  2. No conocía la serie, pero está basada en un libro, La Bofetada, de Christos Tsiolkas, que fue todo un éxito en 2011.

    Me gustó mucho, pero efectivamente el personaje de la madre se retrata como si fuera una incapaz de criar a su hijo adecuadamente. Por lo que recuerdo, es un personaje débil, lleno de dudas, triste, agobiado… Entre líneas lees que se ha equivocada de cabo a rabo con su hijo. Por supuesto el niño es el típico desobediente, antipático, etc.

    Una pena que estos prejuicios estén tan a la alza…

    • Hola Bichilla! Sabía que había un libro pero no lo he leído y por lo que dices la serie ha sido bastante fiel, el hecho es que no deja títere con cabeza y todos los personajes tienen sus sombras, como la vida misma, pero me da pena que para una vez que se retrata la crianza natural se use este hecho para subrayar a un personaje detestable, en fin mucho que recorrer hasta que se normalice lo natural, increíble.Besos hermosa.

  3. Nosotros también somos más de series…sobre todo porque nunca hay nada en la tele. Me la apunto para verla y después te cuento mi opinión.
    Gracias por la recomendación
    Un besote

  4. Gracias, he visto la serie después de ver tu recomendación, me ha gustado mucho, acabo de ver el último capítulo, remueve muchas cosas.

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