La fascinación por lo temible

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Vampiro

Si tengo miedo ¿acaso huyo? Si tengo miedo ¿me escondo? ¿disimulo? 

Si tengo miedo, yo soy el más malo.

Este es mi gran descubrimiento, el típico “si no puedes con ellos, únete a ellos” o mejor, si no puedes con ellos se tú y no otro el objeto de temor.

Confieso que estuve preocupada, cuando leíamos un cuento, digamos Peter Pan, Marco quería ser el temible Capitán Garfio, que escuchábamos Pedro y el Lobo, sin duda, Marco era el lobo o casi peor, el abuelo que amenazante regaña. ¿Y qué pasó con el protagonista? ¿No quieres ser Pedro, no quieres ser Peter Pan? Ni hablar, eso no es tan interesante. Ya conocéis mi mente intrigante, empecé a darle vueltas, ¿se estaba gestando la maldad en él? ¿acaso era un morboso? Aquello debía tener un significado que se me escapaba.

Me remonté a través de sus iconos y el primero fue Humpty Dumpty, llegó antes que “el abuelo prokofiano” y si, su fascinación comenzó con el miedo que sentía por él. Humpty Dumpty, el huevo que se cae, se rompe, se daña, la herida, el dolor físico. Después vino su atracción por la reprimenda, por la coacción, por las consecuencias que tienen los actos, por lo que ocurre cuando contrarías a alguien, ya sea a propósito o accidentalmente. Durante meses jugábamos a que él era el abuelo, y yo el travieso Pedro que sale al bosque sin preocuparse de lobos ni demás alimañas.

Supongo que lo veis claro, pero yo seguía tejiendo. Cuando el bebé deja de serlo, comienza a elaborar su lenguaje y configura un mundo que poco a poco se llena de los significantes usados en su cultura, se abre un limbo de fantasía, su comprensión de lo que ve se acelera, colores, alimentos, personas… pero hay algo que no se ve, que se siente y que ha de colocar en esquemas apenas creados. Las emociones propias, las ajenas, el concepto de tiempo, el dolor, la muerte, la herida, lo moral, lo aceptable, lo peligroso, lo que podría ser pero no es, la condición, lo permitido, lo prohibido, lo desconocido, el temor, el miedo, el terror.

Con estas diatribas llegué a la maestra de Marco y ¡eureka! El miedo. El miedo se convierte en fascinación a partir de los dos años, es una actitud común entre los niños, “si tengo miedo del lobo, yo soy el lobo”, la manera de conocer lo que me desestabiliza es mirar con esas gafas, es vestir su piel, si soy quien muerde, no recibo el mordisco, tan fácil como eso. Quizás el niño con iniciativa y liderazgo, el que decide ser el tiburón en los juegos de rol es el niño que más miedo tiene, pero se le hace tan intolerable la posibilidad de sufrir que coquetea con ser el malo.

¿Reconocéis a estos niños? Muchos quieren ser caballeros y heroínas, pero ¿cuántos quieren ser el lobo, la bruja, el dragón, el tiranosaurio o el villano? Además se aprende por repetición, doy fe ¿cuántas veces seguidas es capaz de jugar a lo mismo un niño pequeño? Estamos en la fase del Tiranosaurio Rex, duerme con nosotros, ¡con esa cara y esos dientes! El juego de rol de moda en casa es que yo pasto con mis simpáticos dinosaurios herbívoros, y estamos felices, hay comida y luce el sol, pero de repente notamos que alguien nos acecha, ¡es el Rex! Aaaaaaarg ¡Qué miedoooo! Se nos abalanza y vuelta a empezar. Hasta el infinito. Necesita vivir esa sensación de control y eso hacemos, la vivimos, pero he de decir que el momento álgido del ataque es lo menos importante, es incapaz de comprender su verdadera magnitud, lo realmente importante es la preparación, esconderse en las sombras, agazapado, esperando el momento oportuno.

Es un mecanismo muy interesante de superación del miedo ¿por esto nos gustará tanto la literatura y el cine de terror? A mí, me fascina.

¿Y tú, eres el mas malo?

Si no lo eres cubre tus espaldas. Por si acaso.

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  1. Qué interesante lo que compartes! No se me había ocurrido mirarlo de ese modo y desde luego es inquietante si te toca vivirlo. La Cereza es de ser princesa (también habrá para darle vueltas al tema) y yo sólo recuerdo desear ser la mala de niña cuando jugábamos a V… pero era por otros motivos, estaba enamorada de Diana! Jajaja
    Muchos besos

  2. Yo debo andar aún superando esa fase, porque el cine de terror me encanta, pese a que debo ver todas las películas si puede ser con luz del día y con las manos tapándome la cara para mirar sólo por un agujerito.

  3. Reconozco que yo me habría preocupado también, pero es verdad que aunque Blanca suele ser princesa, de vez en cuando es la bruja. Supongo que es normal explorar todos los comportamientos a esa edad 🙂
    Un abrazo

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