Archivos Mensuales: mayo 2014

De aventuras, colonias y duendes

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Una de las actividades programadas para el curso escolar (1º Infantil) era una aventura campestre, dos días ¡con su noche! en unas cabañas.  A medida que se acercaba la fecha lo decidí, si le pregunto y no le apetece no irá, os podéis imaginar la escena, ¿qué sentido pedagógico tiene que un niño tan pequeño sufra porque echa de menos a sus padres? Lo veía inviable e innecesario así que dejé el agua correr y llegado el momento formulé la pregunta, “¿sabes lo que son unas colonias, quieres ir?” Sí a todo. Resignación por mi parte y máxima colaboración.

Para preparar un evento de este tipo con niños pequeños es necesario trabajar el concepto de tiempo. Para ello se ideó una cuenta atrás, los niños iban tachando y teniendo en cuenta cuántos días faltaban. En nuestro caso, cuando anunciamos planes futuros a Marco él espera que se lleven a cabo en el acto: “-En verano iremos a la playa, -¿hoy es verano?”… Y así todo el tiempo. Este fue nuestro calendario-cuenta atrás:

calendario

 

 

Otro hecho importante era preparar la noche, se distribuyeron los niños en tres dormitorios, eligieron el nombre de cada habitación y se le asignó un símbolo, sol, luna y estrella. También eligieron compañero de camita y se dibujaron a sí mismos durmiendo con su amig@ correspondiente, la famosa “visualización” que se emplea en psicología, anticiparse a lo que sucederá e imaginarlo con placidez tiene un efecto realmente potente. Además en clase había murales-organigrama con cada uno de los dormitorios y sus moradores.

Los niños fueron agentes activos de la preparación de la actividad, ésta es la lista de las cosas necesarias para el equipaje:

la foto 1-6

 

Así llegamos a la noche previa, se podía cortar el entusiasmo, imposible dormir, vueltas y vueltas. Sus palabras exactas fueron “mamá no puedo dormir, estoy emocionado, ¿cuándo es de día? ¿el cole está cerrado todavía? me quiero ir ya”. Por la mañana no quería desayunar por miedo a que se hiciera tarde. Y se fue con su papá en busca de aventuras.

Las 30 horas que transcurrieron después fueron efervescentes para mí. Ya sabéis que soy muy sentimental, cada vez que me lo imaginaba montadito en el autobús se me empañaban los ojos de felicidad. A lo largo de ese tiempo recibimos varios e-mail que nos relataban las hazañas campestres de los infantes, al punto, más lágrimas y emoción. Pero la alegría nerviosa se fue tintando de gris como el día,  y al llegar la noche, la hora del cuento se me hizo insoportable, no solo era una cuestión de dudas sobre su estado, es que lo echaba de menos de forma brutal, y me puse a llorar como una niña, no eran lágrimas, eran sollozos con su volumen razonable de decibelios, descargué tensión, conecté con mi zozobra y… y sonó el teléfono.

Era su maestra que llamaba para contarnos cómo iba todo, que estaba contento, colaborador y que no había preguntado por nosotros, ya eran las diez de la noche y se disponían a dormir en breve. Esto vino a demostrarme algo, que la persona encargada del cuidado de los niños tiene desarrollado un talento muy importante, la empatía, y eso me tranquiliza mucho, si supo leer mi necesidad por la impresión que le causé en los prolegómenos, también sabrá leer las necesidades de los niños.

Por fin llegó el viernes y con él Marco cargado de historias. El duende nocturno que buscaron con sus linternas, siguiendo pistas, recorriendo senderos, por fin lo hallaron entre los pinos, con la luna vacilante. Mariquitas naranjas, riachuelos helados, pompas de jabón, su bolsa repleta de piedras y palos, grandes tesoros, cuentos al caer la noche, risas y canciones. En definitiva, estaba feliz, se sentía mayor y valiente.

Esta edad marca el paso entre el niño-bebé y el niño-pequeño, estas experiencias los cargan de orgullo y heroísmo, consiguen sus primeros hitos hacia la independencia. También destaca su tendencia a la fantasía por lo que barnizar la experiencia de duendes y cuento me parece mágico y acertadísimo.

También yo estoy feliz con la experiencia y he aprendido dos cosas, Marco es más capaz y competente de lo que suponía, me maravillo ante su crecimiento y su sabiduría interior, ésa que va desarrollando a cada paso, y bueno, yo soy menos capaz de que él, su ausencia me resulta insoportable, conecté con el hueco que dejaría en mi vida si algo le sucediera y fue un abismo aterrador.

 

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Lactancia acrobática

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Cada hijo cuenta una historia de nuestro cuerpo, cada uno tiene su sabor y deja su huella.

Con Marco la teta era siempre paz, remedio y consuelo, cobijo y calidez donde refugiarse, dejaba de tener prisa junto a mamá, el tiempo se detenía.

Nuestra conexión irrompible, difícil saber dónde empezaba uno y terminaba la otra. Sus ojos de pura empatía conocían siempre mis mareas emocionales. Quizás por eso finalizar nuestra lactancia no fue sencillo, los dos temíamos que nuestro vínculo se resintiera. Con algo más de perspectiva y tras los coletazos contemplo nuestra historia de amor, intacta, segura, siempre compleja y muy muy intensa. Complacida y feliz por lo vivido.

Así, sin prisa, Maia ha ido ganando espacio y ahora vivimos nuestra lactancia, la de las dos y es un privilegio. Su carácter de raíz muy diferente no es tan rápido ni tan lento, es siempre allegro. De difícil soborno, no gozo de su exclusividad, ni hay una solución única a sus industrias y desventuras.

Nuestra lactancia siempre fue pura acrobacia. Al principio éramos tres, encajados sobre cojines y dificultad en las madrugadas pues yacer  y lactar se nos resistía. Pero pronto, Maia, te revelaste dueña del movimiento y no podías perder un segundo. Siempre preparada para salir corriendo me regalas un amplio repertorio de posiciones “lácticas”.

En mi rigidez y mi costumbre no dejaba de sorprenderme, creo que hasta me molestaba por lo inesperado. Es más fácil contar las veces en las que mama de modo convencional que en las que no lo hace. Ahora me divierte, me embelesa, espero que trepe hasta mí y se acople con esa frescura suya. Temía remover sombras en su hermano pero con mucha madurez ni repara en nuestras jerigonzas, entonces… nos hemos relajado, acepto sus preferencias y me deleito con lo nuevo que me trae.

Como toda una prestidigitadora no hay escote que se le resista, coge lo que es suyo en cualquier momento y circunstancia y después continúa con sus quehaceres, celebra que no me cubra, le gusta contar en todo momento con la posibilidad, ésa es mi chica, sabe lo que quiere y cómo conseguirlo y la adoro por ello y por mucho más.

¿Y qué hay de mí? Aunque no lo creáis soy tímida para esto, aún estando solas tengo la manía de taparme apenas abre la boca cada vez que termina De algún modo retorcido me resisto a mi función de madre nutricia, de verdad, en serio, esto es una confesión. Los senos son un “símbolo demasiado patriarcal”, demasiado tiempo pensando que su función es la de excitar al hombre y no sólo eso, además en tal caso sería “pecado”, algo sucio. Mi cabeza sabe que no, por eso reviso mis costumbres y deconstruyo lo andado y almacenado. Mi cuerpo grita y también mis tetas lo hacen, me siento a cada paso más libre y mi pequeña acróbata me ayuda con eso, su indocilidad y su espontaneidad me reconcilian con mis fronteras sinuosas, nutricia y exultante ésa también soy yo.