De aventuras, colonias y duendes

Estándar

Una de las actividades programadas para el curso escolar (1º Infantil) era una aventura campestre, dos días ¡con su noche! en unas cabañas.  A medida que se acercaba la fecha lo decidí, si le pregunto y no le apetece no irá, os podéis imaginar la escena, ¿qué sentido pedagógico tiene que un niño tan pequeño sufra porque echa de menos a sus padres? Lo veía inviable e innecesario así que dejé el agua correr y llegado el momento formulé la pregunta, “¿sabes lo que son unas colonias, quieres ir?” Sí a todo. Resignación por mi parte y máxima colaboración.

Para preparar un evento de este tipo con niños pequeños es necesario trabajar el concepto de tiempo. Para ello se ideó una cuenta atrás, los niños iban tachando y teniendo en cuenta cuántos días faltaban. En nuestro caso, cuando anunciamos planes futuros a Marco él espera que se lleven a cabo en el acto: “-En verano iremos a la playa, -¿hoy es verano?”… Y así todo el tiempo. Este fue nuestro calendario-cuenta atrás:

calendario

 

 

Otro hecho importante era preparar la noche, se distribuyeron los niños en tres dormitorios, eligieron el nombre de cada habitación y se le asignó un símbolo, sol, luna y estrella. También eligieron compañero de camita y se dibujaron a sí mismos durmiendo con su amig@ correspondiente, la famosa “visualización” que se emplea en psicología, anticiparse a lo que sucederá e imaginarlo con placidez tiene un efecto realmente potente. Además en clase había murales-organigrama con cada uno de los dormitorios y sus moradores.

Los niños fueron agentes activos de la preparación de la actividad, ésta es la lista de las cosas necesarias para el equipaje:

la foto 1-6

 

Así llegamos a la noche previa, se podía cortar el entusiasmo, imposible dormir, vueltas y vueltas. Sus palabras exactas fueron “mamá no puedo dormir, estoy emocionado, ¿cuándo es de día? ¿el cole está cerrado todavía? me quiero ir ya”. Por la mañana no quería desayunar por miedo a que se hiciera tarde. Y se fue con su papá en busca de aventuras.

Las 30 horas que transcurrieron después fueron efervescentes para mí. Ya sabéis que soy muy sentimental, cada vez que me lo imaginaba montadito en el autobús se me empañaban los ojos de felicidad. A lo largo de ese tiempo recibimos varios e-mail que nos relataban las hazañas campestres de los infantes, al punto, más lágrimas y emoción. Pero la alegría nerviosa se fue tintando de gris como el día,  y al llegar la noche, la hora del cuento se me hizo insoportable, no solo era una cuestión de dudas sobre su estado, es que lo echaba de menos de forma brutal, y me puse a llorar como una niña, no eran lágrimas, eran sollozos con su volumen razonable de decibelios, descargué tensión, conecté con mi zozobra y… y sonó el teléfono.

Era su maestra que llamaba para contarnos cómo iba todo, que estaba contento, colaborador y que no había preguntado por nosotros, ya eran las diez de la noche y se disponían a dormir en breve. Esto vino a demostrarme algo, que la persona encargada del cuidado de los niños tiene desarrollado un talento muy importante, la empatía, y eso me tranquiliza mucho, si supo leer mi necesidad por la impresión que le causé en los prolegómenos, también sabrá leer las necesidades de los niños.

Por fin llegó el viernes y con él Marco cargado de historias. El duende nocturno que buscaron con sus linternas, siguiendo pistas, recorriendo senderos, por fin lo hallaron entre los pinos, con la luna vacilante. Mariquitas naranjas, riachuelos helados, pompas de jabón, su bolsa repleta de piedras y palos, grandes tesoros, cuentos al caer la noche, risas y canciones. En definitiva, estaba feliz, se sentía mayor y valiente.

Esta edad marca el paso entre el niño-bebé y el niño-pequeño, estas experiencias los cargan de orgullo y heroísmo, consiguen sus primeros hitos hacia la independencia. También destaca su tendencia a la fantasía por lo que barnizar la experiencia de duendes y cuento me parece mágico y acertadísimo.

También yo estoy feliz con la experiencia y he aprendido dos cosas, Marco es más capaz y competente de lo que suponía, me maravillo ante su crecimiento y su sabiduría interior, ésa que va desarrollando a cada paso, y bueno, yo soy menos capaz de que él, su ausencia me resulta insoportable, conecté con el hueco que dejaría en mi vida si algo le sucediera y fue un abismo aterrador.

 

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  1. Me dejas la cara con una gran sonrisa y surcos de lágrimas saladas. Gracias una vez más por tu compartir.

  2. Tienen tanta avidez de experiencias que cuando viven una aventura así la recuerdan toda la vida. Yo recuerdo mis colonias infantiles tal y como la vivió tu peque, con linternas buscando duendes y esas cosas, la mar de emocionante. Nosotras las madres sufrimos mucho más que ellos.

    • Sin duda lo recordaremos como una gran experiencia, los dos. Yo fui de colonias pero era mucho más mayor y eso muy diferente. Imagino que las colonias del año que viene las llevaré algo mejor 😉
      Un abrazo!!

      • pues sí mamacorchea 🙂 Imagino que cada año es diferente y se vive de forma distinta…a no ser que ya el niño sea mayorcete y ya lo de las colonias sea algo más que habitual.
        Un abrazo!

  3. Silvia qué bien!!! Y como profe que soy te digo que has encontrado un cole como pocos. Porque por mucho que queramos empatizar con los padres no es lo mismo…por lo que sea…por falta de tiempo a veces más que de otra cosa.Y en una excursión ponerse a llamar a los papis para que estuvieran tranquilos es de 10!!

    • Hola Encarni!! Me encanta verte por aquí! La maestra de Marco es un cielo, qué te voy a decir, pero no llamó a todos los padres, solo a dos familias, jajaja imagino que seríamos las más pavicas.
      Mil besos bonica!

      • Quizá las que mas lo necesitabais…Y eso ya te digo yo que no es “lo normal” Enhorabuena!

  4. Los felicito!!! Sara aún no tiene esas salidas y confieso que me muero del susto en mandarla sin mi a alguna parte. Ya llegará la edad y el momento. Se nota que el colegio tiene bastante experiencia en el tema, me encantó la organización y cómo los mantienen al tanto de todo. Besos!!

    • Gracias Zary! El colegio tiene mucha experiencia, si, cada año van los tres cursos de infantil y también tengo que confesar que si no fuera una actividad escolar ni me lo habría planteado. Poco a poco 😉
      Mil besos bella!

  5. Guauuu…Silvia. Para variar, una vez más me siento identificada en cada una de tus líneas.
    Mañana llegan nuestras segundas colonias.
    Las del año pasado las sufrí mucho, porque Gonzalo no quería ir. Sentí que le forcé por una parte, pero por otra sabía que se lo iba a pasar genial e iba a ser una experiencia maravillosa para él. Medio entendió que en cualquier momento le podía pedir a su maestro que me llamara y yo iría a recogerlo. Finalmente, como sospechábamos, no hizo falta. No preguntó por mí y se lo pasó en grande.
    Pero yo lloré mucho, y, al igual que tú, sentí el abismo aterrador de no tenerlo a unos metros.
    Mañana se va a sus segundas colonias. Está entusiasmado.
    Dice que este año no hace falta que se lleve a su perrito de peluche Sócrates porque ya es mayor….
    Qué rápido crecen….

  6. Pingback: Dos liebster y sus 11 preguntas | Let's Rock Mami

  7. Siempre nosotras somos más reacias que ellos a la aventura (su aventura). Mi bebé de 14 años salió por primera vez con sus amigos el otro día y estuve enviándole wassaps toda la tarde. Por fin me demostró que su responsabilidad y buen hacer bien se merecía un voto de confianza por mi parte. Cuando son pequeñitos, pues peor aún, pero normalmente nos demuestran su arrojo y capacidad de adaptación. Siempre que tengan ilusión, se sientan capaces de hacer algo y creamos que comprenden lo que van a hacer (como tú muy bien hiciste) hay que darles la oportunidad. ¡Un saludo!

    • Eyyyy gracias por pasarte! Qué ilusión 🙂
      14 años! Qué vértigo! Menuda montaña rusa es esto, habremos de relajarnos y confiar en ellos, qué remedio.
      Un abrazo!

  8. Madre mía, con lo pequeños que son!!!! :O En el colegio de Blanca hacen eso en primero de primaria, lo de pasar una noche fuera, y por lo visto ellos se hacen responsables de sus enseres, de asearse, de ponerse el pijama, de vestirse… Este año ha sido una convivencia de un día, a la que podíamos ir los padres, y menos mal, porque yo lo estoy pasando mal sólo con pensar lo que me espera de menos de tres años 😉 Me alegro mucho de que todo haya sido tan feliz y satisfactorio.
    Un besote

  9. El año que viene, con la edad de Marco tienen en el cole programada una salida similar, espero que nuestra experiencia sea tan buena como la vuestra! Da miedo, pero si a ella le apetece ahí estaremos apoyando.

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