Nadie sabe

Estándar

Nobody Knows

Nobody Knows (2004) es el retrato fílmico de cuatro niños que literalmente subsisten solos en la atronadora Tokio.  Traigo esta película al blog porque sus imágenes son pura poesía y la naturalidad con la que se presenta la infancia es sublime, las miradas, las risas, las lágrimas contenidas, los silencios que gritan caos, toda ella se nos muestra como una suerte de música para la conciencia.

Visito por primera vez a este director japonés Hirokazu Kore-eda y es sin duda un gran hallazgo, recientemente ha estrenado Like Father, Like Son (2013) que será la próxima de mi lista, también de temática filial y roles familiares, y bueno, como ya sabéis estar a vueltas con la crianza es mi debilidad.

Insisto en delicadeza de la realización, ritmo lento, detalles que siempre suman información, ningún plano es gratis y un naturalismo que te abochorna, sientes que estás allí, escondido y observando la intimidad de sus vidas, y he de decir que es un alivio después de tanto maquillaje a lo Hollywood.

Una madre, sus cuatro hijos y pocos medios, Kore-eda los presenta con humor, parece divertido hasta que las ausencias de la progenitora se dejan notar, el mayor de los niños, con doce años, se erige en cuidador, responsable de la casa y de sus hermanos. A nivel práctico el protagonista consigue llegar a todo, se convierte en la madre de sus hermanos, pero en el plano emocional la situación se deteriora paulatinamente, la madurez no era más que un reflejo de su verdadera alma, su niño interior ruge y reclama calladamente su espacio hasta que la historia torna y se convierte en un Señor de las moscas que se vale esta vez de una jungla de hormigón y luces de neón.  Los protagonistas son conmovedores y tiernos, los adoras en todo momento, acentuando así lo insoportable de su desamparo, pero el joven Yuya Yagira es fantástico en su papel de hermano mayor, incluso resultó ganador del Palmarés en el Festival de Cannes a la mejor interpretación masculina en 2004.

Yuya Yagira

 

La invitación a un mundo sin adultos es muy sugerente, sin embargo el experimento no termina de resultar, aunque a veces, francamente, pienso que el “experimento” tampoco termina de resultar con adultos, de todos modo podréis llegar a vuestras propias conclusiones al ver la película. Basada en hechos reales, y esto es aún más descorazonador.

No puedo dejar de mencionar el cariz oriental de la película, esa sensación de que “algo más” va a pasar aunque ya sea tremendo lo que estoy viendo, esa emoción contenida, ese drama sin gritos, esa sonrisa perenne en sus gestos, ese contento hueco, ese cariz tan japonés, me viene a la cabeza Cuentos de Tokio en ese sentido.

¿Y qué decir de esa madre? La madre, la eterna juzgada, la eterna portadora de la culpa. Sin duda en este caso el abandono es un acto de egoísmo inconmensurable, pero no me gustaría obviar que los niños ya tenían un padre que previamente les había abandonado, sin embargo lo fácil es cargar las tintas con ella, como siempre.

Infancia, ensoñación y puro arte fílmico, no os la podéis perder, siempre viene bien sacudir los resortes de lo común y de lo convencional para asomarse a ese otro  espacio en el que no te sientes tan cómodo y es inevitable pensar.

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