Archivos Mensuales: agosto 2014

Gales sí es país para niños

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image-He visto un vuelo estupendo a Cardiff.

-¿A Cardiff? ¿Y qué hay en Cardiff?

-Gareth Bale es de allí.

-¿Bale?

Este fue mi primer contacto con Gales pero la cosa fue mejorando por momentos. Ha sido nuestro primer viaje, fuera de España, como familia de cuatro y venimos realmente emocionados y gratamente sorprendidos por las posibilidades de la zona. Gales cuenta con tres maravillosos Parques Nacionales orlados de castillos, abadías, aldeas de cuento, dólmenes, iglesias y puentes medievales… tanto de todo que fue mucho lo que se quedó en el tintero.

¿Por qué es un destino apropiado para viajar con niños? Además de lo obvio, la exuberancia de la naturaleza y un clima amable en verano, hemos encontrado que la amabilidad de la gente es definitoria y que todos los lugares son “amigos de la infancia”. Restaurantes, cafeterías y Pubs, en todos ellos cuentan con tronas, te las ofrecen antes de que tengas tiempo de preguntar por ellas y además cuentan con un buen surtido de juguetes, puzzles, lápices y cuentos en muchos de ellos, te sientes realmente bienvenido incluso yendo con dos niños muy pequeños, nadie se asusta si un niño se levanta de su silla, siempre hay una sonrisa cómplice. Además está la gran cantidad de parques infantiles exteriores con mesas tipo merendero junto a ellos, es sencillo hacer una parada para el asueto de los niños. Lo normal es encontrar un tobogán en las inmediaciones de un impresionante castillo y una acogedora cafetería donde comprar dulces viandas; para una amante de los cafés distendidos, Gales es un verdadero paraíso.

Capítulo aparte merecen los alojamientos, la oferta de albergues jóvenes es muy amplia y sí, las familias somos bienvenidas. Cuentan con habitaciones de cuatro, de seis y con barracones claro, pero lo mejor de los albergues son las zonas comunes y sus grandes cocinas comunitarias, pienso que para los niños es enriquecedor el ambiente cooperativo, donde compartes espacio y respetas al prójimo, mientras unos cocinan, otros lavan sus platos en animada conversación. También dormimos en B&B y Guest House, en una de ellas dejaron una caja de Lego en nuestra habitación y la otra era una granja. Desayunar junto a los caballos y las vacas ha sido muy emocionante para los niños, la bebé no dejaba de señalarlos mientras daba grititos.

Totalmente recomendable, Gales sí es país para niños, un cóctel de naturaleza e historia llevada con amabilidad y buenos zumos de manzana.

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Nota: No he querido alargarme porque no suelo hacer guías de viaje, pero si queréis saber mas cosas o tener alguna dirección no dudéis en preguntarme.

Celos: las comparaciones son odiosas

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Niños en la terraza

Los celos entre hermanos es un tema que me preocupaba incluso antes de tener niños. En la literatura, en el cine o en casa de otros, los celos pueden resultar enigmáticos y apasionados, pero en el entorno inmediato los celos dificultan la convivencia en varios niveles. La tensión se puede generar con un incidente o ante la “posibilidad” del mismo y así comienza el juego de interpretación de intenciones, todos nos ponemos a la defensiva y se puede crear un clima espeso, emponzoñado y desagradable.

Puede que sentir celos sea natural o que incluso forme parte del plan que la evolución nos tiene reservado, pero para mí subyace un sentimiento de dolor, de que no eres tan valioso como otro, de que percibes atenuada tu ración de amor, y eso es algo que no quiero para mis hijos. Nadie puede evitar los sufrimientos que la vida nos tiene reservada, pero si afrontarlos de manera mas sencilla fuera posible, cualquier herramienta es bienvenida.

A vueltas con el tema he encontrado un libro, Hermanos, no rivales de Adele Faber y Elaine Mazlish y es bastante estimulante, tanto, que he decidido dedicar una serie de Posts desarrollando las ideas más interesantes.

Hermanos, no rivales

Las comparaciones. De todos es sabido que las comparaciones son odiosas, mucho, sin embargo es muy habitual que se nos escapen comentarios, unas veces por despiste y otras por impaciencia cuando queremos conseguir algo: “Marta ya se lo ha comido todo”, “Pues Alejandro ya sabe vestirse solo, no pones interés”. Con estas actitudes generamos sentimientos negativos entre los niños, de competitividad y rencor.

El texto propone la DESCRIPCIÓN del problema del modo más objetivo posible, se confirma un hecho sin juicios. Somos quienes somos y no en función de nadie más, de manera que cometemos nuestros propios errores y en momentos de vulnerabilidad no necesitamos pensar en nadie más, este hábito se puede generar cuando somos muy pequeños y acompañarnos por demasiado tiempo.

En cuanto a los halagos, las autoras proponen que se realicen en privado con cada niño, no es necesario privarles de las muestras de orgullo y cariño que suscitan en nosotros pero se pueden comentar los logros por separado. Ésto me parece muy buena idea, les podemos dedicar a los niños toda nuestra atención sin que vaya en detrimento de nadie más. No usaría los éxitos de un hijo para “motivar” a otro, de este modo promoveríamos la competitividad en detrimento de la cooperación, valor más preciado, que derivaría en más respeto hacia los demás y en una mayor confianza en uno mismo.

¿Y qué ocurre cuando comparamos de manera positiva? Que “ninguneamos” al otro, normalmente al pequeño, para que el mayor se sienta mejor, quizás el bebé no perciba en ese momento que se le está menospreciando, pero el hermanito mayor si aprenderá a sentirse mejor a costa de otros y ése no es el mejor camino para estar contentos con nosotros mismos.

De Hermanos, no rivales.

Puede que todo sea una obviedad pero yo me he descubierto en alguna ocasión vanagloriando a mi hijo mayor porque ya no usa pañal, o lo que es peor, porque “ya no toma tetita”, como si tomar tetita fuera algo malo, después de una lactancia prolongada tan satisfactoria. En fin, propongo revisar algunos de nuestros hábitos o al menos repensarlos.

 

¿Es descortés la extroversión?

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Parqueando

Con diferente estilo pero igual resultado se podría decir que Marco y Maia son muy extrovertidos.

La pequeña Maia llega al parque, decide quién le conviene y se acopla, sin palabras, no las necesita, con miradas, gestos y conexiones sutiles. ¿Que los compañeros de juego son mayores? ¡estupendo! ¿Que hay un bebé pequeñito? ¡aún mejor! ¿Chicas adolescentes? ¿Madres con sus hijos? ¡Todo vale! ¿Ancianos con perritos? ¡Qué más se puede pedir! Una auténtica delicia. He presenciado momentos realmente tiernos y emotivos con ella, en una ocasión estableció un vínculo especial con otra niña, los ademanes de saludo y cariño se sucedieron como en una danza muda, se miraron a lo lejos, se encontraron y se volvieron a separar, y en la despedida había tristeza, pareciera que se conociesen desde siempre. La otra madre me miró y conmovidas nos dimos un abrazo sordo, un abrazo de humanidad en la distancia.

Los lances de Marco son de otro color, el lenguaje aparece como eje fundamental, a todos saluda, con todos habla, con el caballero que lee su periódico en un banco, con la señora que limpia la escalera, con cada uno de los policías que se cruzan por nuestro camino, con los vecinos, con los padres de los niños que hay en el parque, con los niños del parque, con todos los camareros y tenderos del barrio, con todos. Rompe el hielo contando aquello que ocupe su pensamiento en ese preciso instante, da por entendido el contexto y espera una absoluta comprensión del otro lado. Siempre atento al estado emocional del prójimo, cariñoso y atento. Otra delicia. Me cuesta tanto dejar de sonreír cuando le escucho hablar de caracoles, súper-héroes o el mar con el jardinero que poda los setos… Es mi debilidad.

Sin embargo, le cuesta comprender la ironía, aceptar las bromas o entender las convenciones sociales del mundo adulto. Marco es el típico niño sincero y honesto, ése que podría parecer descortés o muy divertido, dependiendo de las gafas con las que miremos. Si no quiere dar un beso, lo demuestra enfáticamente; si huele mal, lo comunica; siempre que duda o no comprende, pregunta; cuando se sorprende, describe lo que sucede.

Ejemplos prácticos:

Al vecino de la abuela: ¡Qué barrigota, te estás poniendo muy grande!

¿Qué te llamas cómo? ¡Qué nombre tan feo! 

¡Mira, un hombre bebé! (Esto es, hombre calvo que se cruza por nuestro lado)

¿Y por qué tienes el pelo blanco? ¿Y por qué estás arrugado?

A todas la personas que llegan a casa con una bolsa: ¿Qué llevas ahí, qué me has traído?

Al tío de mamá que ha comido ali-oli y pretende darle un beso de despedida: ¡Qué peste hueles!

Éstos son sólo algunos ejemplos en solitario, después tengo los ejemplos a dúo, como cuando llega un bebé, -muy bebé, recién nacido- al parque con su primeriza madre y mis dos tesoros se abalanzan sobre el carro del desconocido, con sus manos llenas de polvo y sus mas tiernas intenciones; o en la playa, esta es mi favorita, papá lleva para merendar la “frutita”partida, variada y deliciosa y ellos con su radar detectan cualquier bolsa de gusanitos o paquete de galletas ajeno y muy ufanos se aproximan, Maia tiende su mano y parpadea encantadora, Marco sentencia con la frasecita, “¿me das?”.

Y sientes vergüenza, primero por la situación y después por haber sentido vergüenza, por dejar en la estacada a tus vástagos. Algunas veces “el blanco” de la honesta extroversión es muy simpático y te sientes aún peor, “tierra trágame”; y otras puedes ver cómo se escandalizan, entonces paso por dos estados, primero soy una niña herida y avergonzada y después me enfado, me enfado muchísimo y maldigo las normas de la “buena educación”, ésa que nos atenaza a todos y que sólo representa a unos pocos.

Para los niños las leyes de la propiedad no están claras, un bebé de quince meses ve un plátano y lo quiere, sencillamente, no le importa de qué mochila sale. Si se sienten tiernos, quieren acariciar; si quieren compañía, se sientan junto a otros, esto es así. Pero a medida que van creciendo puedes ver como se modifica lo que puede ser sencillo. En demasiadas ocasiones he escuchado a niños mayores hablar así de mis hijos: “nos persigue, ¿qué quiere? ¡qué niño/a tan raro/a”. Demasiado pronto no somos capaces de ver las buenas intenciones de los demás, nos cerramos en nuestro grupúsculo y nos molesta lo desconocido. Crecer, a veces, es una pena.

 

Pintemos con globos de agua

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globos de agua

Días de pueblo, de hogar, de calor, donde el tiempo transcurre dulce y lento, donde las siestas se alargan, la compañía se reparte y te conectas con tus raíces, con tu madre, con tu padre, con tu tierra, con tu acento. El sol es cegador, entornas los ojos, ocres eternamente amarillos y cielos rasos tan celestes de tanto usarlos.

Entre otras muchas ventajas vengo a hablaros de algo tan sencillo como el patio, el espacio cómodo, amplio y seguro que representa el patio. Así que llegué bien aprovisionada de material para hacer aquello que en nuestro espacio urbano nos está negado: ¡íbamos a pintar con globos de agua! Y así lo hicimos.

La idea se la debemos a Garabatos y Dibujos -una fantástica web que nos ayuda a comprender mejor las experiencias plásticas de los niños- en este Post 6 Actividades de dibujo al aire libre que fascinarán a tu hijo encontramos nuestra pequeña aventura pictórica.

Materiales:

  • Papel continuo
  • Témpera líquida
  • Globos de agua
  • Una jeringa y un alfiler

La dificultad radica en llenar los globos con la pintura, quizás funcionaría con un embudo pero desconfío de que ofrezca la presión necesaria para estirar la goma del globo. Nosotros utilizamos una jeringa. Debo añadir que la jeringa que usamos era demasiado pequeña porque el globo ha de llenarse de una vez, ya que cuando abres la boca del globo para añadir un segundo jeringazo la pintura sale propulsada -la cortinilla de la cocina da buena fe-, así, y en vista de que si salpicaba agua no tendríamos inconveniente, llenamos un poquito el globo sólo con agua y después añadíamos la porción de pintura que nos cabía en la jeringa.

explosion

Trabajamos con tres conceptos, reventar por contacto, reventar por pinchazo y rociar la pintura pinchando cerca del nudo.

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La experiencia fue estupenda y de manera sorprendente nos ceñimos a la elaboración de la pintura. Yo ya tenía en mente los revolcones sobre el papel, la impaciencia de la pequeña Maia o cualquier otro escollo rupestre, pero no fue así, los niños se concentraron en los efectos del color y en su manipulación cual científicos entregados.

Altamente recomendable, ¡atreveos!

Nota: La próxima vez buscaremos una jeringa más grande para que la pintura sea más pura y no necesitemos tanta agua.image

¿Cerrado por vacaciones?

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la orillaComo una piedra que devuelven las olas, que rueda, gira y se arrastra. Pero se arrastra con tanta gracia y armonía que nadie diría que se erosiona, suaviza o modifica. Vuelve una y otra vez. No me canso de mirarla.

Hoy es tiempo de una reflexión de bolsillo a cuenta de mi mutismo. Puede resultaros familiar. La primera semana transcurre sin apenas tiempo, quizás también la segunda, la vida familiar es absorbente y los conciertos de final de temporada apremian, sin embargo tengo esa llamada en el estómago, deseo escribir, volver a este lugar, nunca me olvido. Los días se amontonan y se levanta el muro del miedo, ése que te visita cuando pierdes el hábito, no me faltan los Posts en la cabeza, deslabazados pero presentes, sin embargo siempre encuentro la excusa para no sentarme al teclado, trato de convencerme de que hay otras prioridades, pero ya sabemos que las prioridades dependen de aquel que las define.

Continúa deshojándose el calendario. Ya dudo de todo. “¿Pero a quíen puede importarle lo que yo opine de una película?” “¿Y qué más da si mis criaturas duermen en mi cama o en sus literas? ¿a quién le importa?” Me acuso de ególatra, ¿por qué tengo un blog? Un día pienso en una nueva sección sobre cuentos infantiles y al siguiente me lastimo por imaginarlo siquiera. Caústica e implacable conmigo, para no perder la costumbre. Mis Posts informativos me resultan intrusistas, no soy matrona, asesora de lactancia, doula, pedagoga, psicóloga o escritora. Mis Posts personales, mis reflexiones de bolsillo, mis divagaciones tales como esta, ¿a qué responden? ¿de qué se trata? ¿de un diario público? ¿desde cuándo un diario es algo que se publica en Twitter? (Seguramente desde que existe Twitter, Facebook y otras). ¿Qué nos pasa? ¿Por qué algunos aireamos nuestra intimidad?

Francamente, no lo sé y a veces me asusta, sin embargo aquí estoy, hoy me he sentido valiente y he querido asomarme a mi bitácora, romper el hielo, ser vuestro espejo, sentiros al otro lado, compartirme y recibiros también, porque es mucho lo que encuentro y no he cambiado de fase vital, sé que necesito este blog y que me mueve el mismo viento que me empujó a la plataforma wordpress con la intención de abrirme en canal.

La mamá corchea no ha cerrado por vacaciones, anhelaba las letras de ida y vuelta, anhelaba incluso las palabras que no se dicen, las que sólo se leen y bueno… quería agradeceros vuestra presencia, vuestra energía, a los que comentáis bajo el texto, a los que lo hacéis de manera privada, a los que lo hacéis en persona, a los que me reconocéis por la calle, a los que vienen y se quedan, a los que vienen y se van, a todos los que me habéis regalado vuestro tiempo, a todos gracias.