Archivos Mensuales: septiembre 2014

La vuelta al cole. El niño “retador”

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Ya soy toda una madre veterana en los ardides de la escolarización, pero los días van pasando y el “Post-guía” que quería dedicar a todos los que pasáis por ahí por primera vez, la verdad, se me está atragantando.

Bebés y niños lloran cuando les dejas allí, ya se que no todos, pero ése sería un claro síntoma de inadaptación al medio escolar, evidente y duro pero sencillo a nivel emocional, sientes pena, derramas compasión, empatía y mimos, pero… ¿y si ese no es el síntoma? ¿y si te dicen que ya les gusta el cole, van contentos y animados pero te traes a casa al “demonio de Tasmania”? Esto ya complica la respuesta paterna. Te pones por montera la paciencia, pero no es un salto de altura, es una carrera de fondo y como tal, conforme van pasando las horas, el cansancio y la dificultad se van acumulando.

Creo que a veces no se habla claro de niños de ciertas edades. Abundan los blogs de bebés, con sus cólicos, sus lactancias, sus sociabilidades, y demás características pero cuando estos niños crecen y sus mamás superan los puerperios se difuminan sus andanzas en las redes y perdemos esos referentes, esos espejos, esa conexión de tribu que tanto hace falta, sobre todo desde el respeto a la infancia.

Las rabietas no son causadas por el escaso manejo del lenguaje verbal, todo lo contrario, empiezan a ser elaboradas y derivan en lo que yo denomino “el niño/a retador”. Describiré un ejemplo: “se que no es apropiado escupir, ya me lo has manifestado en varias ocasiones, aún así podríamos decir que estoy experimentando con mis fluidos, pero deliberadamente no permito que ignores que estoy mezclando mi saliva con el agua del vaso; y después de esto, otra cosa y después otra“. Traducción: “a nivel físico estoy agotado, realmente cansado en una nueva etapa de niño mayor dónde no se contempla la siesta. ¿Y a nivel emocional? estoy extra-excitado, a ratos mi pereza social me abruma, son muchos los estímulos. Conflictos y alegrías entre iguales, relación piramidal con mis maestros, bregar con límites y normas en un entorno menos previsible que el de casa, recolocar mis expectativas, mis capacidades, mis destrezas, mis intereses… ¿Acaso se reconocer toda esta vorágine en mi interior? Necesito saber que hay algo que yo pueda controlar en mi vida, ¿qué pasa si hoy no me lavo los dientes? ¿por qué no puedo decidir yo cuando se apaga la televisión? Siento rabia, estoy de mal humor y no puedo controlarlo, no se poner palabras a mi malestar por más que me lo preguntes, ¿y qué me encuentro? Caras de decepción, de frustración, solo quiero un abrazo y !”pelillos a la mar”! Dejad de inventar teorías, de buscar explicaciones o culpables, contenedme y abrazadme una vez más, y otra y otra“.

Así que no sé, Septiembre es un mes difícil, me reitero, pero no pierdo la esperanza, los comienzos son complejos y la sensibilidad es nuestro fuerte. Muta nuestra reacción, mutan nuestras dificultades, mutan nuestras respuestas y hasta muta nuestro amor, pero espero que para hacerse más maduro y contundente. De modo que si hoy, después de este día tan estrafalario, me miráis a los ojos esperando alguna frase que alivie peso en vuestra alma, lo único que se me ocurre es daros un abrazo fuerte que me consuele a mi también.

Este texto de Elena Mayorga es imperdible Conflictos en la crianza con apego: crisis de crecimiento.

Septiembre

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Ya es septiembre y un escalofrío recorre mi espalda. Confío en que este año será diferente, mejor, pero recuerdo el año pasado y con dolor transito a través de mi mente cada momento vivido, su dolor, sus pesadillas, pesadillas incluso en la siesta, Jake y los piratas de Nunca Jamás para desconectar, su angustia y sus intermitentes y constantes preguntas, su nana favorita en ese momento, sus tomas de cobijo, su teta de niño grande, su retorno a la cama grande, su pérdida de apetito.

Los primeros días permanecía en estado de alerta, yo no sabía si era mejor hablar del tema o no recordárselo en absoluto. Pienso que la incertidumbre era su peor aliada, él necesitaba saber qué iba a pasar, necesitaba rutina para calmarse pero la concepción del tiempo y su medida eran ,y apenas son, muy abstractas para su entendimiento. Para los que llegáis por primera vez al blog, Marco estaba por cumplir tres años y era la primera vez que se escolarizaba separándose de nosotros.

Para ayudarle en este sentido hicimos un calendario como éste:

calendario semanal

Cada día de la semana tiene un color -el mismo sistema que usan en su colegio- los fines de semana son rosas y cada día se divide en tres secciones, mañana-tarde-noche, así podía ver qué cantidad de tiempo estaba en el colegio y qué cantidad de tiempo estaba en casa. Cada día al regresar le preguntaba que qué tal lo había pasado, si me respondía que bien pintábamos una carita sonriente. Siempre me contestaba que había estado contento, de manera que reafirmábamos ese hecho, lo categorizábamos, así fue perdiendo el miedo. En el espacio de la tarde dibujábamos algo que aludiese a cómo habíamos gastado el tiempo y las noches tenían lunas. Funcionó, Marco comprendía qué iba a suceder y aunque no fuese lo que más deseaba la angustia se redujo considerablemente. Lo usamos unas tres semanas y conservamos uno, de vez en cuando me pedía verlo, se situaba en la semana, hacía memoria y sabía que a pesar de su incertidumbre lo cierto era que disfrutaba en el colegio. De hecho, una de sus estrategias cuando ya mediaba el curso, después de Navidad, fue hacer una “huelga de disfrute”, deliberadamente se sentaba sólo en el patio y luchaba por no divertirse, así podría contarme después que no lo había pasado bien, “mami hoy no lo he pasado bien, no he jugado, será mejor que mañana no vaya más”.

Los niños necesitan sinceridad, saber qué va a pasar en cada momento, que les expliquemos que nosotros también les echamos de menos, que siempre, siempre les recogeremos, nunca es demasiado, han de escuchar, han de saber. Si algún día olvidaba decirle que le recogería después del cole él mismo me lo recordaba. También hemos de animarles a que expresen sus emociones aunque no estemos nosotros, recordarles que les queremos todo el tiempo, cuando están con nosotros y cuando no lo están, cuando están enfadados y cuando están contentos.

Septiembre ha llegado de nuevo, espero que os sirvan algunos de estos consejos, y bueno suelo pensar que lo que nos hace sufrir no debe caer en saco roto, cuando algo es nuevo o difícil, ése es el momento de aprender de nosotros mismos y por supuesto de los niños, esos grandes maestros.

Os dejo un Post muy interesante de la Pedagogía Blanca: Consejos para preparar el nuevo curso

¿Y vosotros, cómo estáis viviendo los prolegómenos del curso?