Archivos Mensuales: diciembre 2014

Los dinosaurios cobran vida

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El tiempo corre deprisa, y ya no viene ni a cuento, pero no quería dejar de contaros nuestra experiencia de #Dinovember. No es una sorpresa para nadie que los niños pequeños confunden  realidad y fantasía, de esto nos valemos, por ejemplo, para la operación Papá Noel, Reyes Magos o ambas. La configuración de lo abstracto en pleno proceso y la extremada imaginación del niño dan como resultado una rica visión del mundo donde las posibilidades son infinitas y las reglas de lo posible una falacia.

La otra cara de la moneda son los miedos a monstruos, brujas, lobos parlantes y demás personajes del imaginario de nuestra cultura, ¿entonces? ¿es adecuado alimentar su confusión? No lo sé, me encontraba en esta diatriba y decidí fomentar la magia, el juego simbólico, la ilusión y la sorpresa. Adoptamos #Dinovember como nueva tradición en casa.

#Dinovember surge en el mundo anglosajón en 2013 y supone que los dinosaurios de los niños cobran vida durante las noches de Noviembre, así cada mañana los encontramos en situaciones insólitas.

Dinos comiendo galletas

Esta fue nuestra primera experiencia y cual no fue mi sorpresa cuando Marco se mostró escéptico, “mamá los dinosaurios no comen galletas” y es que no sé si lo sabéis pero los dinosaurios son carnívoros o herbívoros, según el caso. Pero insistí.

Dinos maquillándose

Dinos viendo la tele mientras comen gusanillos

Dinos dentro del frigo

Dinos con papel higiénico

La expectación iba en aumento, una noche antes de dormir Marco me dijo a media consciencia “ay mami ¿qué trastada estarán haciendo los dinos?”

Al abordaje

Dinos suspendidos en la lámpara

También Maia disfrutó de la charada, salía cada mañana buscando a los traviesos Dinos. El balance ha sido muy positivo, nos hemos divertido mucho y el tránsito a la normalidad ha sido fácil porque cuando acaba Noviembre empieza el calendario de Adviento, así que tenemos sorpresas para rato. Me da la sensación de que en algún punto intermedio de la consciencia los niños se dejan llevar por la magia pero saben de sobra qué son cuestiones inverosímiles, algo así como una inocencia voluntaria. No dejo de admirarme del modo en el que entienden el mundo los niños pequeños, son pura sabiduría.

Podéis ver experiencias muy inspiradoras en este Post o buscando el hashtag #Dinovember en Instagram por ejemplo, hay cosas muy creativas, no dejéis de verlo.

 

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Negociar la lactancia

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A veces me agoto, quiero desaparecer, hacer una elipsis, cerrar los ojos y dormir profundamente. No es ninguna novedad que las madres no descansan mucho pero yo ya empiezo a pagar mi factura y me siento terriblemente triste por ello.

La crianza de un bebé es entregada y absorbente y transitamos esta etapa primal, sin descanso entre un niño y otro. Sumo cuatro años y dos meses de lactancia ininterrumpida, el hilo es frágil a veces, por eso cuando me topo con un escollo: mastitis, hongos, grietas o alteraciones varias de la flora del pecho, llega el dolor y entonces, entonces me agoto. ¿A estas alturas? Si, a cualquier altura, exactamente igual que mi garganta, mi tobillo o mi muñeca, mi pecho puede fallar y se enferma.

Llegan las tomas dolorosas, temes los despertares, te muerdes el labio para aguantar la punzada y te das de bruces con la negociación con una bebé de 22 meses que mama mucho y come poco. “Mamá tiene pupita, mejor de ésta, mejor de la otra, ¿y no quieres agua? ¿te preparo un sandwich?” La razón te dice que nos es el momento de poner fronteras, de negociar, pero el cuerpo se repliega en otra dirección, la lactancia a demanda ha de reestructurarse para que respete el ritmo de las dos.

El momento difícil de nuestra travesía ya ha pasado y el dolor ha remitido pero la reticencia se ha instalado y a mayor resistencia más demanda. Maia siente que necesito espacio y eso le da miedo. Yo siento que tiene miedo y necesidad de maternaje y ahí ando, buscando el modo de negociar de manera respetuosa entre su inercia y la mía.

Y estoy tan triste y confusa. Frustrada. ¿Por qué ya? Quisiera ser complaciente con ella en el infinito sentido de la palabra, pero le pongo excusas, quisiera cuatro grandes tomas a lo largo del día y no veinte pequeñas y dos extenuantes. Quisiera no escribir esto, quisiera ni pensarlo, igual mañana quiero otra cosa, que mi bebé no crezca, que su mirada no cambie, que las caricias que me dedica fueran eternas. Así es la espiral de mi mente, quizás sólo me agote, quizás estoy cansada. Dormiré al tick-tack de su respiración, al olor de su cabello, al calor de su blandura; entonces y sólo entonces recuperaré mi energía, la suficiente para negociar, aunque no me apetezca y me dé pereza, porque eso lo complica todo, o quizás no.

Sin la duda, hay confianza; la confianza trae naturalidad, sosiego; el sosiego, paciencia; paciencia yo con ella, paciencia ella conmigo. Sin destete, sin disponibilidad absoluta a cualquier hora y en cualquier sitio. Habrá un lugar a mitad de camino, para nosotras, dónde dibujemos corazones de leche, dónde nos comprendamos y encontremos, habrá un lugar.