Archivos Mensuales: febrero 2015

2 años de Maia

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Me he quedado sin bebés, definitivamente, eso es lo que ha estado pasando durante todo este tiempo. Así que voy a saborear poco a poco este último año junto a ti, pequeña Maia.

Ya pisabas fuerte y rápido cuando despuntaba Febrero y esa fue tu tendencia, no caminas, correteas, das saltitos que emocionan a tus rizos, y así, felices, te imprimen ese halo de alegría que tanto te caracteriza.

Y es que tienes dos estados, el de máxima concentración y el de felicidad sosegada de manera casi permanente. Tus carcajadas no son las más contagiosas, ni las más efusivas pero tu sonrisa sí es inmensa, luminosa y constante. Irradias energía y vitalidad y haces muy difícil el enfado o la pena cerca de ti.

¿Cuándo te concentras? Siempre que experimentas, compruebas y realizas. El mundo es un gran laboratorio y la hora de la comida el gran momento de las texturas, las sensaciones, quizás hasta de la química y en escasa medida el momento de los sabores. Comer no ha sido tu mayor preocupación, aunque piano piano has ido ganando terreno. Adoras las sopas, los yogures bífidus desnatados, el jamón serrano y la mantequilla hasta en cucharadas. Y siempre, siempre, siempre comes sola, no consientes ni una cucharada que no venga de tu mano, ya tienes mucha destreza pero no siempre la tuviste, sin embargo no ha sido un gran problema, paño en mano y mucho practicar, pasó volando y ya tenemos mucho bagaje. Aún así agradecimos mucho el verano porque podías jugar con arena y agua libremente, podías amasar contenta, mancharte, mojarte, tus intereses se vieron colmados.

De modo prematuro adquiriste grandes habilidades físicas y esto supuso una gran locura, a todos sitios llegas, todo lo coges, imitas, investigas y curioseas, pero explicarte “esto no, esto si, porque…” era una tarea titánica, no comprendías, ponías tu sonrisa o tu carita de asombro y vuelta a empezar, una vez, otra vez y todas las veces.

Independiente y resuelta, sociable y generosa esa eres Maia, y no dejo de maravillarme. Siempre compartes ¿y con esta edad? Si te doy una galleta han de ser dos, una para ti y otra para Marco; si alguien quiere un juguete que tienes tú, tan solo debe pedírtelo con cariño y gustosa se lo cederás, pero siempre con cariño, las órdenes con gritos nunca acaban bien. Que sepas estas cosas tan pequeñita hacen que me derrita de amor, ¿podremos mantenerlo ahora que empiezan los dos años?

El binomio Marco-Maia /Maia-Marco camina despacito pero con fluidez, ¿sabes? No dejas de imitarlo, de admirarlo, de preguntar por él cuando no está, el mejor momento del día es cuando vamos a recogerle juntas, es entonces cuando no te importa sentarte en el carrito, porque tenemos prisa y el tiempo apremia. Has crecido rápido y ya podéis interactuar mucho más, vuestros intereses empiezan a confluir y Marco deja de verte como un obstáculo, ya no tiras sus torres y sabes jugar al escondite y eso es un gran plus. Os dais muchos besitos y muchos abracitos, cortos pero constantes a lo largo del día. Aunque aún quedan algunos momentos de más tensión, siempre los habrá, hemos rebajado mucho el vapor oscuro que a veces nos nublaba, en ocasiones a unos, en ocasiones a otros, a veces a todos. Se respira esa paz y es reconfortante.

Cuando me preocupa lo rápido que estás creciendo, la prisa que tienes, lo poco de bebé que hay en ti, me tranquiliza pensar en nuestra lactancia, esa lactancia acrobática en la que ya negociamos pero que nos regala nuestras noches de chicas, ésas que nos pertenecen, ésas que nos unen con el color de la leche, con el rubor de lo diferente, de lo necesario, porque es nuestro remanso, nuestra canción, nuestro espacio exclusivo. Aunque a veces me queje o me canse, puedo ver que es un privilegio para nosotras vincularnos de este modo. Quedan muchas noches en las que gozar de nuestro amor bañadas de luna. Te abres al exterior, caminas hacia tu independencia y después te repliegas con mamá, te cobijas y alimentas, nutres tu espíritu de seguridad para después nadar en mar abierto, tú que eres una sirena.

Y qué decir de la luna de miel que vives con papá, más arriba hablaba de nuestras noches romanceras porque los días, a la luz del sol, él es tu lucero, a él acudes cuando te caes, cuando te pones triste, cuando te asustas. Vuestra relación es fuerte, intensa, sincera, de muchas horas al día, porque cuando yo trabajo vosotros estáis juntos, los dos, sin nadie más, y el resto del tiempo ya somos tres o cuatro. Papá es tu héroe, tu caballero y tú su estrella, ahora que no nos lee nadie, yo he visto como te mira y el brillo de sus ojos es cegador.

Felicidades Maia, feliz cumpleaños, gracias por ser y estar, nos endulzas la vida a todos con tu luz, tan sólo esperamos estar a la altura.

La señora Carnaval

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La señora Carnaval

Hoy he vivido una de esas experiencias que por su cualidad mágica nunca se olvida, hoy he prestado mi carne a la Señora Carnaval.
¿Y quién o qué es ella o él? Espectro que se deja palpar aunque vive, late y siente en el mundo de la imaginación.
Esta es su historia: cada carnaval una enigmática figura se sienta en su sillón y nos regala su presencia y esencia durante toda una semana. Los días se suceden bajo las consignas de carnaval: un regalo harás, algo azul traerás, viandas que comerá… Los niños le sirven el desayuno, la cuidan, le hablan, la tocan, la aprietan, la investigan, curiosean a su alrededor, la magia está servida hasta que llega el día, ¡la fiesta de carnaval!

El sol nos abrigaba con su generosidad, el patio lucía las mini-bancadas y la señora Carnaval ya respiraba tras la máscara esperando a los niños.
Fijé la mirada en un tronco y noté como el pulso se aceleraba, los niños caminaban con cautela sin quitar ojo a la señora. Los más pequeños no podían esperar, tocaban su pierna, tocaban su mano y salían corriendo, la expectación se espesaba.
Fue entonces cuando empezó la música, los sones que los niños habían preparado, cantaban felices y miraban. Miraban tanto y tanto.

Alegría y luz la sacaban de su letargo, “¿ha movido un ojo? ¡Si, ha movido un ojo!” “¡La cabeza, mueve la cabeza!” Con parsimonia fue cobrando vida, movió la pierna, movió sus manos y ceremoniosa se alzó en pie no sin ayuda. La excitación ya era irrefrenable, todos querían tocar, querían preguntar, querían saber. Con mímica se fue explicando, lenta, muy lentamente. Juntos recorrieron el patio y después la calle Berma hasta el momento de la despedida en el que niños y señora dividieron sus caminos pero no sus corazones.

Diré que me siento como una impostora, recogí un amor que no era para mí como yo misma, pero en ese momento era todo lo que ellos querían, pura fantasía. Me sorprendían con sus abrazos, con sus besos en la mano, con su cariño infinito, con lo genuino del ser humano, con la generosidad y afecto de los niños, ese modo de sentir que sólo ellos pueden, esa inocencia, esa entrega, esa alegría desmedida, esos ojos claros, ese amor gratis. Fue muy difícil contener las lágrimas en ocasiones, no devolverles los abrazos o sencillamente no desayunar con ellos en alegre cháchara y compañía. También añadiré que Marco me agarró la mano y no me la soltó durante todo el proceso, me miraba extasiado, bueno, a la Señora.

Hoy es uno de esos días en los que me maravillo ante la infancia y sus cualidades casi místicas, la capacidad de asombro y de ilusión. He pensado en figuras mágicas como Papá Noel o los Reyes Magos, en los actores que los encarnan en Navidad y en la cantidad de historias y cariño que deben recibir de los niños. Sin embargo la señora Carnaval no venía a darles regalos, tan solo cristalizaba de manera física aquello que estaba en sus imaginaciones, la fantasía por la fantasía, sin grandes fastos, sin ruido, despacito, a fuego lento. La Señora Carnaval tan solo se ha dejado querer, ha recibido y se ha movido en un momento dado. Quizás este recurso humano de maravillarse ante lo inexplicable o desconocido sea el germen de la religión.

No tengo palabras para agradecer la oportunidad de haber estado ahí, de haber puesto por un día la piel a lo enigmático. Atesoro cada palabra de cariño, las preguntas de los más grandes, la espontaneidad de todos ellos y no puedo dejar de pensar en la profesión del educador que cada día convive con todas esas personitas mágicas que no dejan de dar amor y que no ahorran ni un poquito de curiosidad.