Maia va al cole

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Hoy vengo dispuesta a mostrar un poco más mi humanidad. Ya hace casi dos meses  que Maia ha empezado un nuevo camino, está escolarizada, asiste de lunes a viernes a un taller matinal de dos horas y media sin padres, podría llamarse guardería a efectos prácticos pero nosotros no lo sentimos así, es “otra cosa”.

Mi viaje interno en este sentido ha sido agitado. La iniciativa la tuvo su padre, principal cuidador de Maia por las mañanas y tuvo miedo para plantear el tema, noté sus titubeos, sus rodeos, su miedo a mi respuesta, estaba a la defensiva esperando mi ofensiva. Entonces me di cuenta de lo dogmática que debo ser, no soy la propietaria de nadie, salvo de mí misma y una mirada mas abierta era necesaria en ese momento. Por aquél entonces comencé a pensar en la figura del padre y me salió este Post, acompañar a una mamífera empoderada no ha de ser sencillo, eso seguro, y a final de cuentas yo no he renunciado a mi trabajo es él el que tiene una reducción de jornada para hacerse cargo de su hija. Solté lastre, accedí pero me desentendí de la adaptación, mi cara contaba historias, “la llevas al matadero”.

¿Cómo reaccionó Maia? Él lo podría contar mejor, pero se despedía y se quedaba jugando aparentemente bien. Nos cuentan sus maestras que al principio observaba mucho y participaba poco. Después cuando la recogíamos tenía grandes rabietas, se enfadaba y lloraba, un día más de cuarenta minutos, tenía que expresar su malestar, estaba contrariada porque la habíamos dejado sola. La primera vez que yo la llevé, entonces lloró al quedarse, la puerta se cerró y podía escuchar cómo me llamaba, me fui desolada. Ahora sí, culpaba a su padre con la mirada, con ciertos comentarios, estábamos estropeando nuestro tesoro, habíamos sucumbido, no sé bien a qué, muy dramático, mis confidentes escuchaban los relatos de rabietas que les traía, las rabietas de todos.

Siempre he pensado, aunque esto ya lo sabéis, que los niños intuyen nuestras emociones y las hacen propias, somos sus referentes y yo no estaba convencida, me sentía culpable, tenía miedo. Si la experiencia de separarse de sus figuras de apego es complicada para una niña de dos años, sentir el temor materno lo hace aún más difícil.

El día del llanto fue el quinto día, el viernes, durante el fin de semana nos alimentamos de presencia, de teta, de leche, de cuentos, de caricias, de risas y como por arte de magia todo ha ido como la seda desde entonces. Maia no ha enfermado ni un solo día a lo largo de estos dos meses, va contenta, me habla de sus compañeros, de sus maestras, de sus juegos; en casa escenifica la partida, coge su mochilita y se despide contenta, todo un milagro.

Mi cerebro digiere esta información, me siento feliz y tranquila con el paso que hemos dado, ¿qué hemos ganado? algo de tiempo, poco, pero el suficiente para encontrar algún desayuno romántico, organizar las comidas con sosiego, lectura u horas de estudio que ya tocaban.

¿Qué gana Maia? Algo de independencia, juegos diferentes, compañías diferentes, estoy encantada con el lugar, ocho niños, a veces diez de cero a tres, juntos, dos maestras, a veces cuatro a la vez. Tienen mucha atención y se relacionan con niños de diferentes edades. Maia adora a sus compañeras bebés, las de menos de un año, porque ella a su manera también es un bebé, y admira la pericia de los mayores. En serio, es un lugar maravilloso, con especial atención al desarrollo armónico psicomotriz. Pensaréis que estoy loca pero ahora empiezo a pensar que ese proyecto habría beneficiado a Marco, que no se escolarizó hasta comenzar el cole y le costó muchísimo. No hay manera de saberlo, no podemos retroceder en el tiempo y una cosa es segura, cada niño es diferente y las circunstancias que les rodean también. Hemos de escuchar a nuestros hijos y responder a sus necesidades de expansión o de fusión hasta que ellos mismos se sientan seguros para avanzar. Maia florece como la primavera, Marco necesitaba sentirse seguro porque su hermana acababa de nacer y ya eran suficientes cambios para él. Así lo siento en este momento.

Hay tantas soluciones como familias y cada vez detesto más los dogmas, quizás sólo me quedo con parte del lote de la crianza con apego, pero no podemos encadenarnos a una idea, debemos hacer honor a la característica esencial del cerebro humano, su plasticidad. Sí con principios, no con imposiciones.

Nota: si os interesa conocer el proyecto educativo del que hablo, contactad conmigo.

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  1. Que razón tienes, cada niño es distinto y las situaciones que nos rodean cambiantes constantemente. Habéis tomado una buena decisión y por lo que parece salís ganando todos 🙂

    Un abrazoo!!

    • Muchas gracias y bienvenida de nuevo! He visto que has retomado el blog, ¡me alegro muchísimo!
      La capacidad de adaptación es el fuerte del ser humano ¿verdad?
      Besos!

  2. Estoy tan de recuerdo contigo!! Yo no paro de culparme por no seguir estrictamente una determinada forma de criar, en nuestro caso, crianza con apego. Otras veces pienso que cada nido familiar tiene sus propias circunstancias, que debemos coger esas directrices y adaptarlas a nuestras condiciones, no flagelarnos por no seguirlas a pies juntillas. Un vaivén de sentimientos, de dudas… Pero supongo que todo forma parte de nuestro aprendizaje como padres. Con respecto al tema concreto de si escolarizar, estamos pasando precisamente estos días por el dilema, por el hecho de solicitar o no guardería para Martín. Me pasa igual que a ti, por un lado me niego rotundamente, por otro, pienso que sería bueno para él. En nuestro caso, sólo aspiramos a la opción de guardería pública (si es que nos conceden la subvención y la plaza) , a mi me gustaria algo como el cole de tu niña, pero por nuestra situación económica, no podemos permitirnos otra cosa… Me alegro que todo haya ido bien y Maia sea feliz.Un beso!!

    • El corsé es demasiado fuerte, parece que hemos de hacer todos los ítems, punto por punto y hemos de dejar de juzgarnos o de dejarnos juzgar para ser creativos y encontrar soluciones que nos hagan felices, además siempre podemos cambiar de idea.
      Mil besos y ya nos contarás que tal ha ido con Martín.

  3. 🙂 cuanta razón tienes. Me encantó este post. Veo que todo toma su curso, el curso partícular que tus niños y ustedes necesitan.
    Besos!

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