Una escuela libre y democrática

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En pocos días empieza Septiembre, ya sabéis a lo que me refiero, horarios, adpataciones, síndrome post-vacacional para grandes y chicos, algunos miedos empiezan a rondar y también ilusiones, muchas ilusiones. En este entorno personal os traigo una de mis últimas lecturas, Summerhill hoy de la editorial Litera.

La educación de mis hijos y el sistema educativo español es un tema que me preocupa, que duda cabe, así que indago y siempre me gusta hacerlo volviendo a las semillas de la revolución, recuperar los sueños de grandes pedagogos de la historia para salvar las ideas que se puedan aplicar a mi entorno, o sencillamente para crear debate, se pueden sacar algunas conclusiones de la confrontación de ideas.

¿Y qué es Summerhill? Summerhill es una escuela situada al sur de Inglaterra fundada en 1923 por Alexander Sutherland Neill, es una Escuela Libre pionera, entre sus muros conviven niños de primaria y secundaria de manera interna por lo que cuentan con amplios espacios, hectáreas de campo, dormitorios colectivos, aulas, comedores…

Sus preceptos fundamentales son rousseinianos, confianza en la naturaleza del niño, por lo que las necesidades y opiniones de los infantes son un valor de primer orden, ellos mismos deciden si quieren ir a clase y que materias les interesan, no hay exámenes ni calificaciones pero sí aprendizaje. El concepto es rompedor, si un niño considera que tiene un asunto más importante que asistir a clase, como sus propios proyectos o construir una cabaña en el bosque, no hay ninguna disputa, esta elección atiende a una necesidad legítima que confluirá donde deba confluir, el hecho de respetarles hace que se sinceren con sus temores, por ejemplo, o que cuando decidan esforzarse con una asignatura sea de manera automativada, lo que, en principio, dará buenos resultados ya que es un objetivo auto-impuesto libremente.

Otro de sus pilares fundamentales son las asambleas, el funcionamiento de la escuela se rige por normas y límites que se eligen entre todos, los votos son igual de valiosos, desde el jardinero, a la directora o al niño más pequeño, y por supuesto cualquier tipo de decisión está sujeta a modificaciones posteriores, si así se decide entre todos.

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El principio de felicidad ha de regir la vida del ser humano, por lo que cada uno debe encontrar por sus propios medios y sin intromisiones lo que le hace feliz, una educación que frustra produce seres humanos con baja autoestima y conformistas, pero si la satisfacción es desmesurada se obtienen ciudadanos ególatras incapaces de vivir en sociedad. Así nos topamos con otro valor fundamental, la cooperación y la convivencia, decidir entre todos lo que más nos beneficia como grupo, ser humano como ser social y feliz ante todo.

A mi me suena maravillosamente bien pero como madre le pongo esencialmente una pega, los niños están internos, ven a sus padres en fiestas y los fines de semana, y eso, es demasiado para mí. La razón no es una razón cualquiera, los preceptos se pueden conseguir sólo sin la interferencia continua de los padres, porque asumámoslo, ponemos expectativas en los niños incluso sin proponérnoslo, los gestos reprobatorios son casi inconscientes, les presionamos o esperamos mucho de ellos o quizás todo lo contrario, no dejamos de guiarles, de invalidar sus decisiones, de terminar nosotros sus frases o acciones, “así no…” “mejor esto” “¿y no sería mejor aquello?” “¿estás seguro?”… Para Neill la independencia y la autonomía, la confianza, son el camino directo al éxito como personas y esto puede ser convertirnos en catedráticos, en virtuosos del violín o en repartidores de pizza, pero con una sonrisa, con una convicción, conectados con nuestra esencia, totalmente plenos.

En el libro de Summerhill hoy la actual directora del centro Zoë Neill Readhead, hija del fundador, relata con sencillez la historia de la escuela y responde a las preguntas más frecuentes, el texto es ameno, ligero y muy esclarecedor, totalmente recomendable. A despertado en mí algunos cambios con respecto a los niños, no es posible llevarles a un lugar así, pero sí se podrían adoptar algunas de sus premisas tanto en casa como en los colegios.

Summerhill es confianza absoluta en el individuo: “Una escuela, por muy buena que sea, no puede crear personas de éxito. Solo los propios individuos pueden hacer eso, y solo ellos pueden decidir si han tenido éxito o no.” Zoë Neill Readhead

 

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Yo adquirí este y otros títulos en la colección de Esta por mamá, si venís a Granada no dejéis de ir.

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