Archivo de la categoría: Embarazo

De percentiles, cuerpos, kilos y yardas

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percentilesLos percentiles, esa guía, línea o límite que designa la normalidad y en la que buscamos más bien la excelencia. Desde fetos ya hay un concepto de lo adecuado y de lo mejor. En esta carrera de fondo, de alta competición que es nuestra enferma sociedad, es motivo de orgullo pensar en un bebé intrauterino de grandes dimensiones, aunque a esto haya que sumar los bienintencionados comentarios que vaticinan una cesárea o un heroico parto.

Después viene el gran momento del bebé. Pesarlo semanalmente y “consultas de niño sano” donde el todopoderoso pediatra nos da la “absolución” y pone nombre a lo que nosotros ya vemos, que está sano. ¿Qué se espera socialmente? Que el bebé sea un “bebote”, rollizo, gordito, con preciosos michelines y roscas en toda articulación que se precie. Empezando el calvario de madres con niños delgaditos, “va a ser que tu leche no alimenta”, escucharán continuamente. En el caso del biberón también comenzarán los sudores fríos, “el envase ha de estar vacío”.

De este modo entramos en la etapa de los sólidos, papillas para algunos y trocitos para otros. Este tema da para mucho y lo dejaremos para otro momento, pero la percepción general sigue siendo casi la misma, los bebés que comen todo cuanto se les ofrece sin rechistar son adorados, con puntos extra si comen espinacas, aunque el “look rollizo” empieza a caer lentamente.

Y así, casi sin enterarnos llegamos al  niño pequeño, digamos a partir de los dos años. Todos podemos ver como los niños sienten predilección por dulces e hidratos de carbono. ¡A quién se le ocurre!. Además pasan por fases en las que pierden el apetito. En cada hogar se resuelve de una manera, algunos optan por que coman cualquier cosa que les guste y mañana será otro día, otros empiezan contiendas muy duras para ambas partes y otros últimos se conforman con el ayuno que el momento trae consigo.

Puedo observar que la correlación entre lo que a los padres les gustaría que sus hijos comieran y lo que de verdad comen empieza a distanciarse. Pero hay un fenómeno curioso, al margen de la alimentación, de repente, en algún punto de esta secuencia de etapas se integra al niño en esta locura del “cuerpo perfecto/cuerpo delgado”. Ya está, ¿y lo mono que es? si parece un hombrecito. Ya no nos importan los percentiles, ni falta que hace, ni ahora, ni antes.

¿Y qué pasa con los niños que comen con normalidad? Con los que prueban alimentos nuevos, con los que se terminan el plato, con los que quieren repetir. Son “raros” y parecen tener un foco. Y tener un foco es tan, tan molesto. Estar en la misma línea del percentil que ya te caracterizaba en el propio útero de tu madre es un problema, y esto no, hasta ahí podríamos llegar.

Los niños aún son puros, inocentes, están aprendiendo del entorno y el entorno debe proporcionarles respeto. Adultos del mundo, ¿a cuántos de vosotros os gusta que la gente que os rodea esté pendiente de la cantidad que ingerís? “Come más, no tanto”. ¿Cuántos de vosotros, un día especial, coméis más de lo habitual u otro tipo de alimentos? ¿Y qué os hace pensar que un niño de dos años no pueda hacerlo? “Yo comeré un pastel de postre, o dos, pero tú una manzana” o mejor aún ” tu hermanita se come tres porque no ha probado la sopa, pero tú ya tienes suficiente”.

Ese foco que no para de alabar lo bien que comes, lo campeón que eres o lo “mucho” que te gusta comer. Y todos comentamos los hábitos alimentarios delante del interesado. Pero resulta que el interesado no tiene madurez suficiente para atravesar críticas o valoraciones y por agradar, por responder a una expectativa o por llamar la atención puede modificar su conducta natural frente a los alimentos. No hay  nada mejor que  poner una etiqueta para que se responda a ella.

Cómo nos relacionamos los adultos con la comida no es algo libre de subjetividad. Todos tenemos nuestra personal e íntima relación con  la alimentación y es nuestra obligación permitir a los niños que vivan su propia vida para que establezcan hábitos saludables. Ellos no tienen la culpa de que te sintieras el gordito de la clase, o de que fueras el bajito, o el flacucho.

La comida es todo un tema, cómo nos socializamos en torno a ella, cómo impacta en nuestro cuerpo, en nuestra mente, en nuestra salud. La excelencia no existe, simplemente somos y la variedad es un hecho, fijémonos en los juegos olímpicos, personas altamente saludables que no se parecen entre sí, una jugadora de baloncesto o una gimnasta rítmica.

Pongamos alimentos saludables al alcance de los niños y lo demás que lo hagan ellos, libres de etiquetas o preconceptos.

¿Qué piensas tú?

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Y la sirena llegó nadando

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El nacimiento de la sirenaSi, la sirena surcó las aguas de su madre y llegó al mundo acogida por la tibieza de otras aguas. Aguas que se mezclaron con las propias y que en calma la abrazaron. Y no fue en otro sitio que en brazos de madre donde su pecho inhaló la fuerza aérea del nuevo mundo que se expandía en derredor.

Así llegó Maia al mundo, este fue su camino. Casi un mes de pródromos, un susurro, estoy aquí, pero aún no. Su madre no siempre supo leerla, desesperó, caminó, la esperó. Pero también aprendió de la fuerza de la naturaleza, de la fuerza del propio cuerpo, donde no sirven las agendas, donde no importan los planes, ni lo conveniente, ni lo inconveniente.

Aquella mañana su madre lo supo, con más fuerza que otros días que “también” lo había sabido. Y es que la sirena daba pistas pero se tomaba su tiempo, quería decidir sobre su propio momento, su momento único. Y aquella mañana había contracciones desorganizadas, como siempre, pero que le “picaban” incluso recostada. Ocho y cuarto, “hoy si Antonio, lo puedo sentir”, atravesó el pasillo, “hoy si mamá”. Todo el mundo arriba, “¿unos crepes?”, se toman su tiempo pero ella sabe que no lo tiene, amamanta a su tesoro y el dolor se agrava, Marco sumó su propia inyección de oxitocina. Ella decide darse una ducha caliente y después tan solo un bocado dulce, “taxi ya”, llamada telefónica y unas escaleras de pronto infinitas.

En el hospital, otra vez. Cuánta desconfianza, después de la experiencia anterior, parecía tener que demostrar que si, que ahora si. Monitores. “Estas contracciones no son regulares, pero te exploraremos”. “Dilatación completa, el agua clara, la bolsa intacta, se puede ver el pelito”. Y ella, lloró y lloró, olvidó su ropa y descalza fue conducida hasta el paritorio, flotando y llorando…

Un grupo de matronas la recibe, aún sola, y le ofrecen parir en la bañera, dudas y contracciones “¿decidir ahora?” No pensó que tendría tanta suerte y esa posibilidad no estaba apenas considerada. Pero cuando su pareja llegó y la animó, ya no hubo mas dudas, ansiaba ese agua caliente rodeándola.

Las contracciones le dolían pero eran mucho mas orgánicas, si se sentaba en el fondo el agua le llegaba hasta los hombros, la poderosa esfera no tenía que lidiar más con la gravedad. Casi dos horas de expulsivo, lento, de un ir y venir como la marea. La sirena nadaba en su propia bolsa, rebotando en sus propios confines y sin quedar atrapada hasta que fuera el verdadero momento de cruzar de mar a mar.

La madre pudo conectar con sus emociones, con su dolor, con su respiración, con ese “planeta parto” del que se habla. Entre contracciones hablaba con su sirena, “cariño, confío en ti, haz tu camino, te estoy esperando, eres fuerte, eres valiente”, luz tenue, la mejor compañía, Aquarius y Handel. Así llegó el momento de pujar, fuerte, salvaje, intenso. Pero también hubo debilidad, ella se perdía en la vorágine y desconfiaba de su cuerpo, de su fuerza, se disculpaba por sus gritos, el peso de la costumbre era fuerte. Pero la vida se abría paso y ante propios y extraños las aguas se abrieron y Maia sacó su cabecita, sus hombros su torso, su vientre sus piernas, con tiempo pausado, tranquila.

Ojos abiertos bajo el agua y sin nadie que la tocara que no fuesen las entrañas de su madre, que al apenas sentirla salir, alzó con sus manos y tendió sobre su pecho. Y así llegó al mundo la sirena, sin prisa, sin pausa, con calma, con mucha calma. El ambiente que se respiraba no era un estallido de emoción si no un estado milagroso de estupefacción.

 

Como apéndice de este cuento, que si fuera mentira no te lo cuento, me gustaría dar algún dato técnico, durante todo el tiempo que permanecí en la bañera, regularmente, una matrona escuchaba con un aparato de mano sumergible el ritmo cardíaco del bebé. Una vez el cordón umbilical dejó de latir, se cortó y yo pasé a una camilla con una sábana plástica, sin separarme de recién nacida y alumbré la placenta y demás membranas, hasta ese momento la sangre no había aparecido. Tras un pequeño debate de su necesidad o no, me dieron un par de puntos internos y otro externo. También hice uso de óxido nitroso pero no el suficiente tiempo, no podía concentrarme y estar pendiente de inhalarlo.

Mi parto, fue un Parto Respetado y estoy agradecida con el Hospital Clínico de Granada y con el servicio de matronas que me atendió. No es común vivir una situación tan gratificante en un hospital y recibir el alta a las veinticuatro horas, es lo más parecido a un parto en casa a lo que podía aspirar en un centro hospitalario y me siento muy afortunada por ello. Por supuesto, si me lee alguna futura madre, le aconsejaría este tipo de parto si se dan las condiciones, es una experiencia inolvidable en el maravilloso sentido de la palabra.

Pródromos. El cuento de Pedro y el lobo

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Silvia embarazadaVengo viviendo unos días de bastante agitación uterina. Tanto, que en tres ocasiones las contracciones fueron rítmicas y dolorosas. El tercero de estos días la intensidad y frecuencia fueron mayores, cada dos minutos con vigor, así que decidimos desplazarnos al hospital. Las correas no mentían “estaba de parto”, así que primera exploración, solo un centímetro y medio pero buen ritmo, ingresada. La emoción no me dejaba respirar, iba a conocer a mi niña.

Entonces entras en el círculo hospitalario. Te transformas por completo, te vistes con ese enorme saco-camisón y la cara y la actitud es otra, la de paciente. Ya que estás en planta, segundo tacto, dos centímetros y medio, casi tres, “en hora y media otra exploración y para paritorio”. Contracciones y paseos por el pasillo. Llegan las compañeras de habitación, las compañeras de pasillo, gritos y más gritos. “No puedo”, “me quiero morir”, “¡no puedo, me quiero morir!”… ¿Por qué no me traje unos cascos? ¿por qué vine tan pronto? Yo si que no puedo con este ambiente. Mas paseos y paseos, cada vez me duele menos y van 8 horas de contracciones. Dos de la mañana, tercer tacto, tres centímetros, todo igual. Aconsejada por la matrona decido dejar de caminar y me tumbo en la cama, las contracciones dolorosas me abandonan. Cambio de compañera, más cuñadas, más maridos, más cronómetros. Amanece que no es poco, cambio de turno, más correas, más tactos, me voy a casa no sin antes esperar varias horas, hasta las tres de la tarde, para obtener mi parte de alta.

Cuántos consejos, cuántas emociones, cuántos sanitarios diferentes te pueden llegar a ver en 18 horas. Balance, caos total. Miedo.

Vuelvo a casa frustrada, sin mi bebé en los brazos, con dudas, acobardada, dolorida. ¿Cuándo entonces? ¿sabré esperar hasta el momento oportuno la próxima vez? Movilizo a mi familia para nada, lo cierto es que los necesito cerca, para sentirme segura, estar tranquila, confiar en que Marco estará bien acompañado cuando surja, ¿pero cuándo surge? Pasan los días y nada serio, contracciones irregulares al medio día y al atardecer, he expulsado el tapón mucoso, toda una experiencia mística y gelatinosa, pero nada.

El hospital con sus olores, sus visiones, sus sangres ajenas y sus sonidos me han tocado. La fuerza y la ilusión con la que anhelaba el día han abierto paso al miedo y la impaciencia. No me gusta quejarme de esta manera, pero así es como me siento, pequeña frente a una montaña que he de escalar. Defraudada conmigo misma, ¿por qué se paró? Defraudada conmigo misma, dejé a mi niño por primera vez por la noche para nada.

Pródromos o el cuento de Pedro y el lobo. La próxima vez esperaré, pero ¿y si viene el lobo? No se cuándo me puedo quejar, cuándo es dolor, ¡cuándo!

Siento Maia que algún día leas esto, mamá se está permitiendo la cobardía, mamá es humana, ¡tan humana! Pero seguro que expresar esta pesadumbre abre las puertas al amor infinito que nos une y que me guiará en el tránsito que nos reúna.

Girar y girar

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Moxibustión caseraMomentáneamente es el tema de “moda”, la cesárea. Pero mas allá del mundo del famoseo, voy a contar mi historia. Estoy de casi 38 semanas de gestación y allá por la 33 pudimos ver en la ecografía que Maia se encontraba en posición transversa.  posicion-parto-bebe-transversal

Aún quedaba tiempo y aunque no era alentador pensarlo, aparqué la idea mientras tramitaba mi baja laboral y durante la Navidad. Pero los días corrían y el tiempo apremiaba por lo que la idea se instaló en mi cabeza y comencé a pensar en las consecuencias, la irremediable cesárea. Básicamente no deseo un parto de este modo, aún no tengo a la niña entre mis brazos y podría ocurrir cualquier cosa, pero mi energía se dirige hacia un parto vaginal. Sueño con una segunda oportunidad para vivir mis contracciones y sentir cómo a través de la expansión de mis fronteras se abre la vida y de cómo en virtud de la gravedad y de la fuerza que me dota y une a la tierra, puedo facilitar el trabajo que ella realizará para encontrarse de otro modo con nosotros.

Reinicié los encuentros con mi círculo de mujeres y empecé a sentirme incómoda. Bajo la espada de Damocles. No me sentía merecedora de realizar los ejercicios que me guiarían en los trabajos de parto, estaba obstaculizando a mi propia esperanza. Me llovían las sentencias, ya era demasiado tarde y ella no tenía espacio. En definitiva, era muy grande para girar.

Palabras de aliento oportunas y una lección para guardar en el joyero: conectarte con tu cuerpo, escucharlo, aprender a dejarte llevar, liberar la tensión y transformar el dolor no es algo que sólo sea útil durante un parto, son preceptos básicos para vivir una vida.

Pues bien, lo conseguimos, en tres días lo conseguimos, espero que de manera definitiva. Los ingredientes son los que siguen. Atraje a la esperanza de nuevo, abrazándola y guardándole un lugar en el sofá. Nos pusimos en manos de la moxibustión, una de las ramas de la medicina tradicional china que consiste en la estimulación de un punto de acupuntura mediante la aplicación de calor utilizando un puro de moxa (artemisa), en este caso el punto se encuentra en el dedo meñique del pie, se calienta durante quince minutos en cada pie a lo largo de cuatro días. Se puede realizar en casa, dada la imprecisión del foco de calor, no es como el pinchazo de una aguda aguja, es sencillo una vez se aprenden las premisas. Durante estos treinta minutos puse en práctica la meditación y la visualización aprendida en el taller de Mónica Felipe, entre otras cosas imaginaba mi parto ideal, con la cabecita de Maia buscando la luz, sintiéndola, conociéndola y guiándola. A todo esto, supongo, he de añadir la buena suerte, ¿por qué no? el azar también tiene su espacio en el devenir de los acontecimientos. Ahora contamos con tres semanas de “libertad” antes de la próxima ecografía, con las mismas preocupaciones que cualquiera en estado de “buena esperanza”.

Ha sido duro barajar opciones como cesárea programada, versión cefálica externa con todos lo riesgos que conlleva, o iniciar un parto de manera espontánea para terminarlo irremediablemente con cesárea. Difícil decidir cuando cada opción entraña riesgos y beneficios, ponderar qué es más importante, asumir la responsabilidad de las consecuencias de cada una de ellas.

Ahora me viene a la cabeza el tema de la semana, el nacimiento de Milan Piqué Mebarak y me quedaré con estos tres relatos. El análisis de El Parto es Nuestro con cuya escritora me siento totalmente identificada ya que se encuentra en una situación similar a la mía. La visión de Una maternidad diferente que apuesta por ser respetuoso con la opción de cualquier madre, si pedimos respeto por nuestras decisiones, debemos tenerlo con los demás. Y con la revisión de Miriam Tirado, no debemos olvidar que los famosos son un escaparate y tienen muchísima influencia.

Debo añadir que hoy es un gran día para mi, un respiro, una luz que me acerca aún más a mi bebé y así lo estoy viviendo.

El día que nací yo

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ManosHoy es mi cumpleaños, han pasado 32 años desde aquel cambio de paradigma, pasé de sirena intrauterina a mamífera hipnotizada. Y de esto quería hablaros, de aquel parto que hoy conmemoro, de mi madre, protagonista y heroína de mi vida.

El parto continúa siendo propiedad de cualquiera menos de la madre que esta pariendo, pero hace tres décadas era una cuestión aún más peregrina.

Una jovencita de 21 años ingresa en el hospital, sola y asustada, cuatro días antes del alumbramiento, la razón “parto viejo”, supongo que haciendo referencia a un embarazo prolongado mas allá de la semana 40. La solución, cuatro días de pastillas sublinguales que desembocaron al quinto día en un parto de apenas dos horas y media. La situación hospitalaria fue la siguiente, habitaciones de siete pacientes obstétricas de todo tipo, madres recientes, madres inminentes, madres dilatando y mujeres que acaban de abortar, por citar algunos ejemplos. El tiempo de visita del que disponen estas “pacientes” es de dos horas al día, tiempo en el que no está incluido, por supuesto, el parto.

Un parto inducido y no informado me trajo a este mundo, nuestra valiente no contaba con el favor de la epidural para hacer frente a las tremendas contracciones que suponen la inducción, ni que decir tiene, no podía moverse de la cama mientras tanto, en la temida y dolorosa posición de litotomía (tumbada boca arriba) durante la dilatación y el expulsivo. Tampoco pensaba que tuviera derecho a gritar, entre susurros se agarraba a los barrotes de la cama para sobrellevar las contracciones, delante de sus compañeras que no dudaban ni un minuto en opinar: “eso no es nada… la que te espera”, siempre dando ánimos, somos así.

Rompió aguas en su cama, sin idea de lo que significaba aquello, aguas sucias que la avergonzaron, esperando reprimenda. Sin pedir ayuda, sin dar noticia de su estado, esperando que alguien se diera cuenta de que ya estaba de parto, sin molestar a los demás.

Cuando ya coronaba, la matrona la llevó a paritorio. En el potro le ataron las piernas, le realizaron la maniobra de Kristeller en varias ocasiones y la episiotomía, técnicas que se realizaban de serie. Entonces llegué yo. Me dieron un buen baño, me vistieron y me depositaron en la cuna mientras mi madre era “tricotada” sin anestesia. Ella jura que nunca me recuperé del frío que pasé ese 9 de enero.

Volvimos a nuestra acogedora habitación de siete más vástagos. Allí le dieron a mi madre la gran noticia de que su recién nacida sufría displasia de cadera, sin mas información que esta me llevaron para realizarme pruebas, y sola se quedó, llorando, preguntándose la envergadura de la noticia y sin nadie de confianza con quien compartir las grandes emociones vividas en las últimas horas. La estancia en el hospital aún se alargó otros cuatro días por protocolo, con las escasas dos horas de visita en rigor. A esto se sumaron “luminosos” consejos como: “no te duermas, cuida que no te desangres” y “cuidado, la niña puede vomitar y ahogarse”, consejos bienintencionados de las visitas, esos momentos en los que te podías comunicar con los tuyos en entorno de confianza.

Todo esto es lo que yo llamo un parto robado, época oscura en la que no se informaba a la mujer de sus derechos, no se le daba la oportunidad de “participar” en sus propios procesos. Mujeres infantilizadas y apocadas en medio de la vorágine de la sacrosanta medicina, y dando gracias.

Pero mi madre es una heroína, estableció la lactancia, superó un largo principio de lágrimas, culpa y dudas. Tan joven, tan bonita, tan vulnerable, tan inconsciente aún de todo lo que le robaron, tan sin saber lo fuerte que es y lo valiente que fue.

Te quiero mamá, porque tú me diste la vida, tú eres vida, tú fuiste mi alimento, mi refugio, mi consuelo y supiste encontrar el andamiaje que nos sostiene aunque tú no lo hubieras tenido, porque construir sin ayuda es muy complicado y tú has sabido cómo.

Hoy es tu 32 aniversario de madre, gracias por ello y por todo.

Y para ti ¿qué es el feminismo?

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AutorretratoLlevo unos días pensando en qué es el feminismo. Las personas que no están familiarizadas con el tema huyen ante el propio concepto, tiene mala prensa y como siempre está rodeado de muchísimos prejuicios, pero bueno, a esta nefasta tendencia ya estoy acostumbrada. Lo que me crispa un poco mas es que desde el propio seno del feminismo, no se tengan en cuenta los preceptos del “feminismo de la diferencia” como válidos y qué decir de la opinión pública que directamente nos tacha de machistas. Así, he tenido que escuchar este tipo de cosas “si tu ginecóloga es feminista tendrás que trabajar hasta el parto, el embarazo no es una enfermedad”… y ya estamos a vueltas con lo mismo.

Es cierto que estoy siendo reduccionista, hay muchos mas matices, no es un “igualdad-vs-diferencia”, pero me serviré de este maniqueísmo para simplificar.

Quiero dejar clara mi postura. Ha hecho falta tiempo, mucho tiempo para que las mujeres optemos a lo mismo que los hombres y desgraciadamente aún no lo hemos conseguido. Si, en teoría podemos estudiar en la universidad lo que nos plazca, pero en la práctica las estadísticas nos gritan cómo los puestos de relevancia jerárquica están en manos masculinas. Todo esto y más es cierto e injusto hasta decir basta, pero nos esta llevando a un lugar de difícil retorno. Nos mimetizamos sin juicio crítico y todos a una anhelamos lo mismo: éxito y dinero; entendamos éxito como reconocimiento y pleitesía social. Esto supone para las personas que no son de “sangre azul” o casi, mucho esfuerzo en tan solo un plano personal y mucha frustración cuando no se consigue. Utilizaré la jerga, estos son los valores del patriarcado, decididos mucho tiempo atrás, radicalizados a cada paso y deseados por hombres y mujeres. Sin embargo estos valores tienen unos costes y no solo para las mujeres, aunque en nuestro caso sean mas evidentes, por lo que creo que urge un cambio de paradigma.

¿Qué supone el feminismo de la diferencia? Ni más ni menos que la aceptación de lo femenino, lo intrínsecamente femenino, no la objetualización del cuerpo, si no aceptar los “tempos” del ciclo femenino. Me estoy refiriendo concretamente a embarazo, parto y puerperio.

El embarazo lleva consigo la creación de un ser humano y esto no es una actividad más, que se pueda agendar en la trepidante vida de la mujer contemporánea. Mujer que rendida al capitalismo, al patriarcado y a su sistema de imagen y valores pasa de puntillas por una fase importantísima de su sexualidad con el objetivo de que el impacto de la gestación, en su vida y en su cuerpo, sea el mínimo. De este modo también he tenido que escuchar en múltiples ocasiones, como si fuera una gran gesta “de espaldas no dirías que está embarazada” o “trabajó hasta que rompió aguas”. Todo esto es estupendo, pero implica una negación de nuestra naturaleza. Permeables a estos comentarios y actitudes, emprendemos sin elegirlo, una lucha con nuestro cuerpo y nuestras emociones acalladas una vez más. ¿Hasta cuándo caeremos de red en red? ¿Hasta cuándo dejaremos que elijan por nosotras? ¿Hasta cuándo?

Hemos de humanizar nuestra sociedad sin que suponga que la mujer vuelva al hogar y se recluya en él a la par que el hombre permanezca fuera de sol a sol. Humanizar nuestra sociedad supone un reparto de actividad dentro y fuera casa, que tenga en cuenta las necesidades del ser humano que en sus primeros meses de vida permanece por subsistencia y prioridad cerca de mamá y que poco a poco necesita a un papá comprensivo, que sepa mirar dentro y que le guíe hacia la independencia. El cariño, el abrazo, el beso, la caricia, la canción, la escucha, la risa, el baile… no son propiedad de la mujer, son propiedad de todos; sin embargo están quedando en tierra de nadie, el hombre a lo suyo y la mujer también, ¿y bebés y niños?

Como mujer embarazada y directamente implicada con el tema, no siento que se respete ni el embarazo, ni sus consecuencias físicas. Si escucho mi cuerpo y los avisos directos que me transmite entro en pugna con la sociedad y el aparato burocrático, ni se nos cuida, ni se nos escucha, ni se nos entiende, a menos que agachemos la cabeza y “juguemos todos a lo mismo”.

Círculo de mujeres

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Danza de mujeres 2011Como ya os contaba en el Post anterior, este embarazo se desarrollaba más fuera de mí que dentro, mi cabeza estaba en el trabajo y en Marco y mi cuerpo saturado de náuseas fieles cada día.

Consciente de mi actitud y de que debía parar y reparar en mi pequeña interior decidí asistir a unas clases de relajación para embarazadas, con la grandísima suerte de que Mónica Felipe vive en Granada y es la persona que está dispuesta a llevarnos de la mano. Las sesiones se desarrollan en Esta por mamá que mas que una tienda es un proyecto, un espacio de encuentro, una maravillosa iniciativa, de esas que ves en las grandes capitales y que de pronto es un tesoro en tu pequeña ciudad, que no se duerme en lo antiguo. Muchas gracias grandes mujeres, por no solo pensar, si no también realizar y por tanto cariño a cada centímetro. Tenía que decirlo, es difícil de explicar pero cuando giro y tomo esa calle ya siento regocijo, ya me siento conectada y feliz.

Nos reunimos una vez por semana, una hora y media larga, nos sentamos en círculo con nuestras barriguitas y nuestras redondeces y tras la ronda del baño (ahí ya sientes que estas en tu sitio, cuando la micción es una urgencia generalizada) hablamos, una tras otra, narramos nuestros sentires, cada día mas confiadas, cada día mas expuestas, pero mas y mas escuchadas y comprendidas. Bálsamo de la montaña rusa, poder de la conversación empática, poder de un círculo de mujeres que no se saben poderosas pero que están a punto de descubrirlo.

Esta frase de Mónica produjo un click en mi consciencia “el bebé que encontrareis fuera es el mismo que ya esta dentro” sencillo, puede que obvio, pero era justo lo que necesitaba, una oleada de emoción me subió por la cara, calor y rubor ante el simple descubrimiento de que Maia estaba ahí conmigo y ya es ella, y ya me siente, y me escucha y hasta me padece. De forma súbita ya la noto más cerca, la noto casi en mis brazos, me estaba perdiendo esa magia y no nos lo merecíamos, acaricio mi vientre y lo miro impresionada todos los minutos que puedo y estoy tan fascinada como la primera vez, cuando lo único que tenía que hacer era dormir y sentir en un estado de ensoñación único.

La experiencia de compartir es única, el contagio de emociones, la atmósfera. Surgen ideas sobre las que pensar, el último día apareció el tema del contratiempo, cuando no sucede lo que esperamos, ¿estamos de algún modo preparados? Me aventuré a afirmar que ser madre es finalmente el “arte de la improvisación”, sé que es mucho más, pero esa grandeza inabarcable que es el descontrol subyace en su idiosincrasia. Siempre en movimiento, siempre sorprendiéndonos para bien y para mal, haciéndonos más flexibles y permitiéndonos aprender. Mi gran sobresalto fue su ingreso a escasas horas de llegar al mundo, pero ya solo queda lo bueno que hubo en esa vivencia. Y aquí sigo, moviéndome e improvisando.

Al hilo de la “danza femenina” subrayar su importancia, el empoderamiento que supone estar entre iguales. Es un recurso humano de sobra conocido pero que muy pocas veces ponemos en práctica. Miramos desde nuestros cubículos y en demasiadas ocasiones ni vemos. Los músicos necesitan encontrarse con músicos, los estudiantes con compañeros y las mujeres con otras mujeres. Necesitamos llamar a cada cosa por su nombre y el útero es el gran músculo que nos centra, nos da placer, deja espacio para nuestras crías en gestación y abre el camino a la vida. Hablemos de nuestro útero, sintámoslo y cuidémoslo.