Archivo de la categoría: Iconos de mujer

¿Rosa o malva?

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Todas las madres tienen sus manías, yo tengo las mías y hoy os desvelaré una de ellas: me declaro anti-princesas, anti-rosa, picores que me suben desde la planta de los pies, ¿anti-purpurina? ¿anti-hadas? Igual con los dos últimos aspectos tengo mayor tolerancia, pero en general la fobia me supera.

La cuestión es la siguiente, Maia va a cumplir dos años en unos días y quería dejar constancia de mis pensamientos antes de que la realidad nos coja y las princesas sean inevitables en casa.

Mi postura es sencilla y hay millones de lecturas buenísimas sobre el tema, pero os daré mi versión. No soporto la sexualización de ropa y juguetes, para niñas todo rosa (y sus variantes) y para niños el resto de universo de color. No comprendo como desde tan pequeños, bebés recién nacidos, ya hemos de segregarles por su sexo; las mujeres aprendemos que ése es nuestro color porque no dejamos de verlo a nuestro alrededor. En algunas tiendas como H&M, me resulta complicadísimo encontrar ropa que no sea rosa, lo que me lleva a pensar que no sólo es cuestión de que sea una manía mía, es que realmente se merma nuestra libertad de elección.

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¿Y qué nos cuenta la Psicología del color acerca del rosa? Vulnerabilidad, deseo de no crecer, desconexión con la realidad, preferencia por las cosas fáciles, adaptabilidad, ternura, docilidad… El asunto es que no hablamos de una presencia del rosa si no de una predominancia. Irremediablemente llenamos al color rosa de un valor social nuevo-generado, de lo “femenino”, y a su vez ése carácter nos es devuelto con su uso. ¿Alguno de vosotros vestiría a su hijo de rosa? Ciertamente ya no es color para niños.

Quería expresar mi opinión ahora, porque quiero ser valiente, quiero mostraros el estado de la cuestión en casa, ahora. El color rosa está censuradísimo, no quiero que la niña se identifique con ese color por la fuerza de la costumbre, porque se le adjudique por el mero hecho de ser mujer. Los que me conocéis ya tenéis esto en cuenta a la hora de hacer regalos y os lo agradezco mucho.

Mi “manía” es bastante acusada, os mostraré dos excepciones en el atuendo de Maia no exentas de debate interior, un Buff y unas botas.

 

Algunas mujeres sabias me contáis que se trata de algo biológico, que la fascinación de vuestras hijas por lo rosa y las princesas es algo visceral, que sin referentes previos, ni intoxicación de los medios, ellas se sienten atraídas por estos elementos. Otras personas no dejan de advertirme de que la fase “princesa de fresa” llegará, por eso quería escribir este Post, para poder escribir también como “no fue suficiente” con las medidas de precaución que tomé, prometo confesarme si llega ese día.

Para vuestra tranquilidad diré que si la niña empieza a mostrar su inclinación, libremente elegida, por el fenómeno princesil la dejaré fluir, pero no lo reforzaré, soy demasiado consciente de los valores que representa. En este sentido leía hace unos días una Reivindicación de las princesas rosas.

El icono de mujer que representa la princesa lo desarrollaré en otra entrada, hoy solo quería abrir boca con el color rosa.

Os dejo alguna lectura, Evitemos la cosificación e hipersexualización de nuestras hijas, sobre este tema y la alucinante experiencia de una madre estas navidades cuando eligió un juguete rosa, no tiene desperdicio.

 

El cambio de armario

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Urgar en los armarios te devuelve lo guardado, el ayer al hoy, ahora. Con el cambio de estación desanidas lo anidado, con esmero o con descuido impúdico se te revela.

Tu cuerpo grande y también el pequeño, prendas premamá, también postmamá.

Camiseta brillante, la que usabas cuando la noche era una posibilidad. Tus Converse verdes, pantalón de yoga y hasta de capoeira.

Ahí están todas ellas, las que son y fueron, debiste deshacerte mucho antes de las pruebas.

La eterna estudiante, curso de cine, pintura de tardes.

La dura y oscura, tatuaje de brazo, raya en el ojo.

La eco-new-age, verde, color y fantasía.

La embarazada orgullosa, la madre lactante, embarazada lactante y madre orgullosa, que a veces se oculta, que a veces ni se ve, ¿qué se ve y quién lo ve?

Es ridículo verte en ellas y no encontrarte en ninguna.

La maternidad te horada en lo más profundo y tras regurgitarte te arroja en un nuevo limbo.

Siento que el atuendo es frívolo, pero los objetos a su vez nos representan, o quizás no,  qué se yo.

Me siento más sabia pero no lo suficiente.

Me miro y no me veo, me intuyo.

Es difícil estar y no pertenecer.

La famosa mochila en aras de confundirme, la miro a la cara pero ríe más fuerte.

Me conozco hermosa pero me inclino sobre mis hombros.

Busco el suelo, me marchito.

Pesan mis párpados, pesan mis pómulos.

El cambio de armario o una buena fogata.

The Slap. La bofetada

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The Slap (La bofetada), es una serie australiana de tan solo ocho capítulos, pero es de esas, de las que se engullen, una buena experiencia televisiva. Os diré que soy “seriéfila” y no es que sea un gran mérito en los tiempos que corren, pero es así, me encanta devorar series si cumplen unos mínimos criterios estéticos y de contenido.

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¿Y por qué traigo ésta al blog? ¡Pues porque tenéis que verla! Bueno, no solo por eso, la trama está enraizada con temas de crianza y sale a la palestra la violencia hacia los niños y la “crianza con apego” entre otros.

El planteamiento es la típica fiesta de cumpleaños dónde el anfitrión reúne a sus amigos, amigos dispares que provienen de diferentes esferas y que apenas se conocen entre sí. He aquí que nos topamos con una pareja “new age” con un niño de cuatro años que tiene la tarde movida y que no solo mina la paciencia del espectador, también erosiona el “saber estar” de uno de los asistentes que termina propinándole un buen guantazo en la cara. La polémica está servida.

La historia es contada desde la perspectiva de un narrador omnisciente que nos presenta a uno de los invitados en cada uno de los capítulos. El aborto, la infidelidad, la adolescencia, la homosexualidad, la crisis de los ’40, la crisis de los ’70, la inmigración… aspectos vitales y diferentes puntos de vista, todo cabe y como dice Hernán Casciari “el infierno son los otros“, la serie te deja ese regusto, cada uno de ellos está convencido de que tiene la razón, se levantan muros y se interrumpe la comunicación porque remover determinadas convicciones hace mucha “pupa”.

¿Y cómo es el niño de la discordia? Pues es un niño travieso, de cuatro años, que aún no ha interiorizado las normas socialmente aceptadas de propiedad, que llama la atención de los adultos, que hace ruido y que no comprende qué es perder en un juego grupal, ¿os suena? Y ahora viene lo mejor, cuando se aflige su mamá le mima, le contiene y le da “tetita”. Baste decir lo obvio, el retrato de un niño con pocos límites se mezcla con la crianza “con apego” o respetuosa, o como queráis llamarla, de manera peligrosa. Comprendo que se caricaturice al personaje para ganar dramatismo fílmico, pero la verdad, me da mucha pena lo mal parada que resulta la crianza a contracorriente.

La lactancia prolongada parece la excentricidad de una madre neurótica, de la que descubrimos oscuros secretos en el transcurso de la trama.

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La imagen es la de un niño extremadamente mimado que se cobija en el regazo de una madre desquiciada.

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Corregidme si me equivoco, pero la crianza natural no es habitual en el cine y con escarceos de este tipo tampoco creo que vaya a mejorar su imagen. Sin caer en maniqueísmos es perfectamente posible que una madre esté desequilibrada, practique la lactancia prolongada, trabaje fuera de casa diez horas o haga las dos cosas a la vez, que también se puede, pero asociar estos dos conceptos contribuye a construir un icono grotesco de la crianza con apego.

Otro tema es la violencia que se ejerce sobre los niños, de algún modo se atisba su justificación por lo inapropiado del  comportamiento infantil en cuestión y esto, perdonadme el atrevimiento, es inadmisible, hay muchos otros modos para guiar a los niños, por molestos que sean, un guantazo, cachete, bofetada, colleja, NO, esto NO. La violencia habla única y exclusivamente de los recursos del adulto, que en no pocas ocasiones son nulos. No contemplo el humor negro sobre el tema, ni lo justifico en modo alguno. Cuando la violencia aparece el único discurso que debemos elaborar en nuestra mente es el del arrepentimiento y el de la construcción de alternativas. Entre nosotros, los adultos, es muy fácil compadrear, empatizar y “perdonar”nuestros deslices, pero con esta actitud sólo perpetuaremos los cultivos de agresividad que nos asolan por dentro y por fuera.

Estas son las palabras que Casciari pone en boca del protagonista cumpleañero: “En el fondo tú piensas que la criatura se estaba mereciendo un correctivo, pero también piensas que nadie tiene por qué pegarle a un niño ajeno. Piensas que la bofetada era necesaria porque el niño era insufrible”. NO Hernán, no era necesaria, hay otras opciones, pero lo triste es que ésta no es una opinión aislada. Revisitar nuestras convicciones acerca de los correctivos a los niños es de necesaria urgencia. Quizás sea demagógico pero volved a leer el texto entrecomillado y cambiad la palabra criatura por la palabra esposa. !!!

De mujeres y corcheas

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De mujeres y corcheas quería hablaros hoy. El feminismo es complejo y me consta que hay especialistas en la sala, así que corregidme si me equivoco, soy apenas una transmisora de trabajo de campo.

Tradicionalmente hay profesiones más masculinas que otras, nos puede sorprender encontrarnos con una conductora de autobús, una taxista o una directora de orquesta.

Los referentes son claros, en la Orquesta Filarmónica de Viena no fue hasta el 1997 que una mujer ingresara como miembro de pleno derecho, y porque el gobierno retiraría las subvenciones de lo contrario, o hasta 2005 que una mujer empuñara la batuta para dirigirles. Increíble pero cierto.

Cuando cruzas ciertas líneas, las de la profesionalización, y no eres soprano, se puede palpar el desdén andrógino. La situación se acentúa con las instrumentistas de viento y se subraya con las directoras de orquesta.

Mis vivencias cada día me demuestran cómo ellas, las directoras, deben demostrar mucho más, porque no sólo está en juego su valía musical sino sus formas y su contorno. Pero bueno, ésto tampoco es nada nuevo, sin embargo vengo observando algo curioso, hay otra línea de fuego y es la del rol. ¿Qué quiero decir con esto? Pues que el rol de un director es tan decididamente masculino, en términos tradicionales, que una mujer en ese puesto puede resultar “un marimacho” o “una cursi”, debe decidir ser rígida, seria, hasta hosca y gruñona, mientras mueve su batuta con movimientos secos y cortantes, o bien puede explayarse con ademanes flexibles, circulares, cerrar los ojos y dejarse llevar por el baile ancestral del artista, en cuyo caso, al ser mujer, será sobreactuado, amanerado y “femenino” en la peor de las acepciones. Me entristece esta bipolaridad, este maniqueísmo trasnochado, femenino/masculino, no se ve a las personas, a los individuos, el género tiene una importancia totalmente inapropiada.

Los directores, hombres, o son buenos o malos músicos, o se hacen entender con la batuta o no lo consiguen, pero no noto que los músicos que ejecutan sus versiones estimen si visten mal o bien, si son follables o no, si tienen toque masculino o lo tienen femenino, sencillamente hacen lo que hacen nadie juzga lo accesorio porque no importa.

Ahondando en el concepto de individuo, cuando una mujer se sube a la tarima, de repente se erige en representante de toda la “especie feminoide”, ha de defender el listón de sus compañeras de viaje, si lo hace mal, “las mujeres no saben dirigir” y bueno, si lo hace bien, tendrá un buen día. No soporto las generalizaciones.

En el poder está la clave, ese atributo intrínsecamente masculino en manos de una mujer. Imagino que las directoras de empresa, las presidentas de gobierno, las mujeres que ostentan el poder tienen mucho que justificar y serán encasilladas velozmente, incluso la excesiva belleza puede ser un lastre para que no se las tome verdaderamente en serio, muñequitas bonitas. Ni jóvenes, ni bellas, ni muy amaneradas, solo la “reina tradicional” quizás, solo quizás, puede ser tomada en serio, pero sobre una tarima…  Demasiado complicado, ¿una mujer mayor, rellenita dirigiendo una orquesta? Hasta ahí podríamos llegar, como mucho que cante algo.

Y las madres, ¿qué pasa con las madres? No bonita, ese tema ni lo hablamos, ¿te imaginas? ¿una carrera de triunfos y de pisar cabezas? Pero mañana que el niño tiene fiebre hoy.

Tremendo señores y señoras, mi crispación ya empieza a causarme indigestión así que me retiro a jugar con mis apilables.

Lactancia en tándem

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Siesta a tresMás de cinco meses llevamos en el sendero de la lactancia en tándem, ¿y qué es esto de la lactancia en tándem? pues amamantar a dos bebés o más en el mismo periodo de tiempo.
El entorno de la Semana Mundial de la Lactancia Materna 2013, me parecía la excusa idónea para contaros nuestra experiencia hasta el momento.
Una decisión consciente y un deseo irrefrenable de ser madre nos embarcó en el puzle de cuatro que somos ahora. Mi bebé tenía un año y medio cuando la vida de su hermana comenzaba a latir en mí. Marco no estaba preparado, ni debía estarlo, para ser destetado, así que no interferí en el proceso y atravesamos un embarazo con lactancia materna, con sus luces y sus sombras.
Yo había visto imágenes maravillosas de mujeres dando el pecho a sus dos hijos y me parecían de un poder intenso y femenino. Quería compartir con mis hijos esa experiencia tan llena de amor, ternura y generosidad.
Por otro lado, la salud es un tema que me preocupa muchísimo, sobretodo después de vivir el ingreso de mi bebé recién nacido. Esa sensación de que aquello que no se puede ver, miles de microorganismos, te ganan la partida y te hacen más y más pequeño, cuando no puedes controlar nada, cuando nada depende de ti. De este modo pensé que si me esperaba demasiado, Marco se habría destetado para cuando tuviera un hermano y éste estaría en contacto con virus y bacterias condecoradas, ¿cómo podría defender a mi pequeño bebé? Yo lo tenía claro, con la lactancia en tándem, mi cuerpo fabricaría anticuerpos para mis dos bebés y la llegada al mundo sería más llevadera para todos, (por si acaso y para no tentar mi suerte la guardería también quedaba fuera de la ecuación).
Otro de los motivos fue suavizar, en el plano emocional, la llegada del bebé para su hermano mayor, que los cambios fueran mínimos, que continuara en casa con nosotros, no era el momento de la escolarización, que continuara en la cama con nosotros y que continuara su lactancia.
También tenía entendido que se amortiguaban los celos, ya que el mayor tendría lo mismo que el pequeño.
Al margen de mi tendencia a controlarlo todo, o intentarlo, debo decir que es una experiencia brutal, no la describiría desde un solo punto de vista. La entrega es muy intensa, siempre estás atendiendo a alguien, y cuando estás con uno crees que deberías estar con el otro y al revés. Hemos tenido episodios de agitación del amamantamiento ya desde el embarazo y esto traía consigo un concepto totalmente novedoso, que amamantar a mi hijo mayor me suponía un esfuerzo y no del tipo “ya llevas una hora y media, necesito que termines” o del tipo “en lo mejor del sueño me has despertado” si no del tipo “puff es la hora de la siesta y ahora tengo que darte teta”. Ese “tengo que” merece otro Post, o incluso varios, ha supuesto la ambivalencia más grande que he vivido nunca.
Así que sí, esto también nos ha acompañado. Es complicado a nivel físico y emocional. Pero sí, también hay muchas ventajas, desde que conoces a tu bebé la lactancia y todo lo que la rodea ha sido el modo en el que nos hemos relacionado, ha sido el bálsamo para los momentos difíciles, como la incorporación al trabajo, el miedo a la separación, el estrés que supone para un niño crecer, cambiar y conocer el mundo, la enfermedad… y qué duda cabe, la llegada de un nuevo miembro a la familia es también muy difícil de encajar. Así, después de una rabieta o de un día duro de incertidumbre volvía a mi pecho, al sosiego, a la calma primigenia, a sentirse amado como siempre.
¿Cómo ha resultado el tema de la salud? Pues según lo previsto, para la bebé solo han supuesto algún que otro episodio de mocos. Ya tiene cinco meses y no será lo mismo enfermar ahora. No conseguiremos retrasar la primera fiebre tanto como con Marco, ya que los factores del entorno cambian mucho teniendo un bebé, o teniendo dos, pero estamos muy contentos con el resultado hasta ahora. La leche materna funciona y mucho.
¿Qué ocurre con los celos? Los hay, pero no en el contexto de la lactancia, si toman a la vez incluso se acarician y si lo hacen por separado encuentran ese momento de exclusividad con mamá que tanto necesitan. Además debo decir que habíamos iniciado un destete gradual que no ha hecho otra cosa que incrementar la inestabilidad del niño, así que seguimos en la senda del tándem. Para nuestra familia es la solución que mejor funciona.
No obstante, si os planteais la lactancia en tándem, no quiero engañar a nadie, es dura y complicada, aunque tiene muchas ventajas. Y claro, también depende de la personalidad de los integrantes.
Aún así tener algo que calma y reconforta siempre a tus hijos es un arma muy poderosa y “un gran poder, conlleva una gran responsabilidad”.

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La primera fotografía es de la revista Time y la segunda de la fotógrafa Isa Sanz.

No podría haberlo hecho sin el apoyo tan grande que tengo, y que espero siga estando. Así que comulgo cien por cien con el lema de la SMLM 2013 “Apoyo a las madres que amamantan, cercano, continuo y oportuno”.

Equilibrio

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Lactancia playera¿Cómo se siente una madre reciente en verano? O más bien, ¿cómo me siento yo, madre reciente, en verano?

Como una funambulista, que busca el equilibrio. Equilibrio entre las verdades profundas que me grita mi instinto y lo aprendido y vivido a lo largo de los años.

La brisa es fresca cuando cae la noche y sientes como algo se mueve. Las veladas musicales se suceden en Granada, el evento del año, el Festival de Música y Danza. Las corcheas se apresuran entre los insignes muros de la Alhambra. Las terrazas bullen entre conversaciones y cervezas, pero para mi un lunes de marzo no es distinto a un viernes de julio. Parece que se crea una elipsis y tu sigues flotando en tu propia burbuja balanceante. Yo he elegido y compensa, pero eso no me exime de tener sentimientos, deseos o añoranzas.

Después viene ese otro tema, la biología perfecta que se enfrenta al concepto de lo oportuno, la belleza oportuna, el cuerpo canónico en los tiempos que corren. El intelecto constata lo absurdo de la uniformidad, constata que todos tenemos un cuerpo adecuado, deseable y único. Llevas tiempo sin ver apenas publicidad, sin frecuentar tiendas de moda, pero el hábito hace al monje. Eres la típica mujer del s. XXI que no ha estado contenta con su contorno, con su tono de piel, con su altura, con su cabello, con sus pecas, con su ropa, con su, con su, con su… Y tu intelecto lo vuelve a constatar pero te imaginas en ropa de baño y te estremeces, quizás te avergüenzas.

Son muchos años preparando el momento que une la toalla con la orilla del mar y en este impás de debilidad, de sombra, te sientes blanda, blanca y redonda. La biología tiene maravillosos planes para ti,  has engendrado y alumbrado a un nuevo ser. Te ha cualificado para alimentarlo, protegerlo y amarlo con tu propia leche, se trata de un gran milagro ¿por qué pierdes el tiempo lamentando que no encajas en un contexto social que invisibiliza y menosprecia a las madres? Quizás porque siempre te lamentaste, al margen de una reciente maternidad, nunca encajaste en el molde que había en tu cabeza o en el que pusieron en tu cabeza, ahora eso ya no importa, el daño está hecho y la inseguridad camina de tu mano por cualquier sendero al que te expongas.

De nuevo mi intelecto constata que debe haber otros planes para mi. Que no puede ser tan malo estar a la sombra en la playa, porque así protejo a mi bebé del brillante sol. Que no puede ser tan mala la voluptuosidad, porque así proveo de alimento a mi bebé. Que no puede ser tan malo acompañar cada noche a mis hijos en el tránsito al sueño. No puede serlo.

La sombra está ahí, ¿por qué negarla? Aunque la luz se proclama vencedora, pero esa es otra historia. Amarnos como seres únicos que somos, amar nuestro cuerpo y nuestras circunstancias, no es algo que debamos hacer a propósito de nuestros hijos, si no a propósito de nuestra propia existencia.

Quiero traer a este espacio lecturas que me han conmovido e inspirado estos días.

La soledad de la crianza, de Madres Cabreadas, cuando el mundo gira y tú lo observas.

Un cuerpo bonito. Retratos de madres reales realizados por Jade Beall.

Modelos a seguir. El peso extra que va a parar a nuestras hijas. Estupenda reflexión de Kasey Edwards, que escribe una carta a su madre proponiendo una herencia del concepto corporal preconcebido.

El día que nací yo

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ManosHoy es mi cumpleaños, han pasado 32 años desde aquel cambio de paradigma, pasé de sirena intrauterina a mamífera hipnotizada. Y de esto quería hablaros, de aquel parto que hoy conmemoro, de mi madre, protagonista y heroína de mi vida.

El parto continúa siendo propiedad de cualquiera menos de la madre que esta pariendo, pero hace tres décadas era una cuestión aún más peregrina.

Una jovencita de 21 años ingresa en el hospital, sola y asustada, cuatro días antes del alumbramiento, la razón “parto viejo”, supongo que haciendo referencia a un embarazo prolongado mas allá de la semana 40. La solución, cuatro días de pastillas sublinguales que desembocaron al quinto día en un parto de apenas dos horas y media. La situación hospitalaria fue la siguiente, habitaciones de siete pacientes obstétricas de todo tipo, madres recientes, madres inminentes, madres dilatando y mujeres que acaban de abortar, por citar algunos ejemplos. El tiempo de visita del que disponen estas “pacientes” es de dos horas al día, tiempo en el que no está incluido, por supuesto, el parto.

Un parto inducido y no informado me trajo a este mundo, nuestra valiente no contaba con el favor de la epidural para hacer frente a las tremendas contracciones que suponen la inducción, ni que decir tiene, no podía moverse de la cama mientras tanto, en la temida y dolorosa posición de litotomía (tumbada boca arriba) durante la dilatación y el expulsivo. Tampoco pensaba que tuviera derecho a gritar, entre susurros se agarraba a los barrotes de la cama para sobrellevar las contracciones, delante de sus compañeras que no dudaban ni un minuto en opinar: “eso no es nada… la que te espera”, siempre dando ánimos, somos así.

Rompió aguas en su cama, sin idea de lo que significaba aquello, aguas sucias que la avergonzaron, esperando reprimenda. Sin pedir ayuda, sin dar noticia de su estado, esperando que alguien se diera cuenta de que ya estaba de parto, sin molestar a los demás.

Cuando ya coronaba, la matrona la llevó a paritorio. En el potro le ataron las piernas, le realizaron la maniobra de Kristeller en varias ocasiones y la episiotomía, técnicas que se realizaban de serie. Entonces llegué yo. Me dieron un buen baño, me vistieron y me depositaron en la cuna mientras mi madre era “tricotada” sin anestesia. Ella jura que nunca me recuperé del frío que pasé ese 9 de enero.

Volvimos a nuestra acogedora habitación de siete más vástagos. Allí le dieron a mi madre la gran noticia de que su recién nacida sufría displasia de cadera, sin mas información que esta me llevaron para realizarme pruebas, y sola se quedó, llorando, preguntándose la envergadura de la noticia y sin nadie de confianza con quien compartir las grandes emociones vividas en las últimas horas. La estancia en el hospital aún se alargó otros cuatro días por protocolo, con las escasas dos horas de visita en rigor. A esto se sumaron “luminosos” consejos como: “no te duermas, cuida que no te desangres” y “cuidado, la niña puede vomitar y ahogarse”, consejos bienintencionados de las visitas, esos momentos en los que te podías comunicar con los tuyos en entorno de confianza.

Todo esto es lo que yo llamo un parto robado, época oscura en la que no se informaba a la mujer de sus derechos, no se le daba la oportunidad de “participar” en sus propios procesos. Mujeres infantilizadas y apocadas en medio de la vorágine de la sacrosanta medicina, y dando gracias.

Pero mi madre es una heroína, estableció la lactancia, superó un largo principio de lágrimas, culpa y dudas. Tan joven, tan bonita, tan vulnerable, tan inconsciente aún de todo lo que le robaron, tan sin saber lo fuerte que es y lo valiente que fue.

Te quiero mamá, porque tú me diste la vida, tú eres vida, tú fuiste mi alimento, mi refugio, mi consuelo y supiste encontrar el andamiaje que nos sostiene aunque tú no lo hubieras tenido, porque construir sin ayuda es muy complicado y tú has sabido cómo.

Hoy es tu 32 aniversario de madre, gracias por ello y por todo.