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De destetes

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El caudal se fue disipando, almíbar lácteo que tan poderosa me hizo. Todas las razones y todas las soluciones que ya hemos de sustituir, que ahora son otras porque ya no soy una madre de leche.

Maia ya no toma teta, Maia se ha destetado, nos hemos destetado.

Allá por mayo del 2015 empezamos el proceso, aquí hablaba de ello, del destete nocturno. Y si me retrotraigo aún más en esto otro, justo en mayo del 2014, ya “negociábamos la lactancia”, nuestro destete ha sido un proceso largo muy gradual, una cuestión de más de dos años de los tres y medio que ha durado.

Una amiga me dijo una vez que “nosotras” las grandísimas defensoras de la lactancia materna hablamos mucho en nuestros blogs de los dones de nuestras ubres y de como conseguir establecer la lactancia con los recién nacidos, pero… ¿qué hay del destete?

Verdaderamente destetar a un niño@ no es tarea fácil en general, por una sencilla razón, somos nosotras, las madres, las que decidimos que ya es suficiente, que hemos cumplido, “¡pero si la OMS recomienda seis meses de lactancia exclusiva y ya están rebasadísimos!”. Pero los bebés o niños pequeños no entienden de organizaciones mundiales de la salud, saben lo que quieren y lo que les gusta y nosotras empezamos con “las rebajas”, es tan duro como real, es una decisión unilateral y como tal hay que lidiar con ella.

El proceso de destete no solo lo viven los niños de “teta” también damos a los pequeños, chupetes, mantitas y doudous para un buen día decidir que ya son mayores y que con nuestros superpoderes sabemos de qué tipo de cosas pueden prescindir. La aduldez nos confiere esa “dudosa sabiduría” que debería estar contrarrestada con infinitas cantidades de paciencia para acompañar el proceso.

Una vez “rota la lanza” por los niños rompamos una por las madres. Los esfuerzos sociales para que las lactancias fracasen son altos, pero ocurre que una vez franqueados emerjan los deseos individuales de libertad, nos asalte el cansancio, nos domine la frustración y queramos dormir, o sentir que no somos tan imprescindibles. A mí, personalmente, me abrumaba la responsabilidad de ser tan sumamente necesaria para conciliar el sueño. Si dejas a un lactante al cuidado de otra persona realmente les buscas un problema a los dos, el llanto dramático puede ser intenso y concienzudo. Los tempos de las crías humanas son así, el apego y la seguridad requiere tiempo para evolucionar pero como dice Bei de Tigriteando, “los días son largos y los años cortos”.

Nuestro proceso de destete nocturno, nuestro primer objetivo, comenzó en la primavera del año pasado pero se hizo demasiado difícil y duro, ninguna estábamos preparada y lo dejamos estar. Seis meses después comenzamos de nuevo para por fin conseguirlo, los despertares se redujeron y dormimos del tirón, todo un logro.

Maia pasó dos fines de semana con su padre y su hermano sin problemas, sin dramas ni preguntas pero en cuanto llegaba a casa solo quería “tetita”. He podido comprobar como cuando llega cierta edad la necesidad sólo se asocia a la presencia de la madre y el tipo de vínculo con ella es indisoluble a la lactancia. Ésto me traía de cabeza, yo ya no quería ser madre lactante y que solo se vinculase conmigo para tomar teta me molestaba, me hacía estar alerta, quería contarle un cuento sin darle teta, quería consolarla sin darle teta, quería acariciarla para dormirla sin darle teta. Lo ansiaba, pero no antepondría mis deseos a los suyos, tenía que ser tolerado por las dos aunque fuera mi decisión.

Ya os he mencionado nuestra experiencia con el destete nocturno, cuando comenzamos a negociar la lactancia y el destete  de Marco en su momento, ahí podéis encontrar consejos por si os ayudan o inspiran pero no puedo terminar este Post sin hablaros de la feliz idea de Miriam Tirado, La fies-TETA, creo que para los niño@s son muy importantes los rituales, les ayudan a fijar los momentos. Animada por la lectura de Miriam le propuse a Maia hacer una fiesta cuando estuviera preparada para dejar la tetita, no se mostró muy interesada y cada tanto se lo recordaba hasta que un día la idea conectó con ella, buscamos una tarta juntas, decoramos el salón e hicimos una fiesta íntima en la que Maia nos contó que ya era mayor y que íbamos a celebrarlo, todo fue sobre ruedas, fue realmente emotivo, un momento que no olvidaremos.

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No os voy a engañar, al día siguiente a la hora de dormir me propuso tomar algo de teta, le recordé la fiesta y me pidió meter la manita en el escote, así lo hicimos y se durmió plácidamente. Ya hace mas de dos semanas de eso, 3 años y 5 meses ha durado su lactancia, 5 años y 9 meses ininterrumpidos llevaba yo de lactancia sumando a mis dos cachorros con 10 meses de tándem.

¿Y cómo me siento? ¿tengo nostalgia? Más bien tengo la sensación de que debería tenerla pero no hay angustia, hay alivio, me siento más ligera y más enamorada de mi pequeña, descubriéndonos en otra faceta, nos damos más besos que nunca, nos abrazamos continuamente y nuestra complicidad es un gran tesoro que florece imparable. Estoy muy contenta y pienso que ella también, aunque a veces nos pide ir en carrito, cosa que ya no hacía, crecer es difícil y está bien echar la vista atrás de vez en cuando.

Destete nocturno

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Pronto haremos tres semanas intentando cambiar de fase, intentando el destete nocturno Maia y yo. Veintisiete meses de feliz lactancia pero algo empezaba a rondarme ¿y si descansamos mejor por la noche? Bueno, al menos yo. Mi experiencia previa fue con un Marco algo más pequeño y un embarazo que ya pesaba y reclamaba su espacio. Fue muy sencillo eliminar las tomas “intra-noche”, le ofrecía agua cuando despertaba, lloró la primera vez que le dije que “las tetitas dormían” y cambiamos de nivel. Me animé a tomar la decisión cuando leí este Post de Miriam Tirado.

Pero en esta ocasión no ha sido fácil, sigue siendo difícil. Quizás no confié en su capacidad para ganar independencia o quizás sea la maldita culpabilidad.

La secuencia de los acontecimientos es la siguiente: Después de unas semanas agotadoras de muchos, muchísimos despertares y de que una de las tomas fuera demasiado distendida, de una hora o mas sobre las cuatro de la madrugada, sentí que había llegado mi momento y pensé en tantearla. La primera noche fue infernal unas tres rabietas interminables en las que me sentí como una bruja, su llanto era una clamor de rabia y dolor, mantuve la calma y la acompañé en su llanto pero no me dejaba tocarla, no me dejaba consolarla se volvía de espaldas y lloraba y lloraba, “no papá, no agua, no dormir ¡a levantar!”. Tremendo. La segunda noche no fue mejor, mucho llanto, aunque ya encontramos una solución, con su mano sobre mi pecho lograba dormirse. La tercera noche fue milagrosa no se despertó hasta las 7 de la mañana. He de aclarar que la toma de las 7 cuenta como diurna, ahí he cedido, es nuestro momentito de paz, de tregua, y nuestro último sueñecito después de tanto ir y venir durante la noche. Pero esa tercera noche tan solo fue un espejismo, imagino que fruto del puro agotamiento. Aunque hemos mejorado mucho, las noches se suceden, normalmente, con una mini-rabieta y la toma del amanecer, los días no son sencillos, nuestra relación es presa del recelo, yo tengo miedo de que me guarde rencor por no darle lo que necesita y ella se siente impotente, frustrada e inicia luchas de poder por cualquier nimiedad, necesita reafirmarse más que nunca, soy consciente y no lucho, la comprendo e intento darle espacio, si no quiere carrito pues andamos, aunque lleguemos tarde, aunque llueva, aunque se detenga el mundo.

Pero me siento perdida, dicotómica y absolutamente bipolar. Me llega a decir durante la noche “necesito tetita” y me rompe o rompo el alma, deseo no haber empezado nunca con esta situación, deseo eliminar de mi memoria los llantos que le he causado, deseo haber sido otra madre, diferente, más fuerte, más segura o esa mamífera sencilla que se deleita en los encuentros nocturnos con su cría y no desfallece.

Y entonces me descubro haciendo lo que quería hacer, convencida de que es el momento, de que la lactancia debe ser hermosa para los dos miembros del binomio y de que yo ya necesitaba un pequeño paréntesis de entrega, algunas horas de sueño ininterrumpido. Unos inmensos ojos azules me dijeron que yo sabía lo que estaba haciendo, calmaron mi alma y me dieron aliento. Puedo sonar exagerada pero realmente mi yo zigzagcea sin descanso. Por eso, es por esto que se nos está haciendo tan largo y difícil y vuelve la culpa, Maia y yo aún somos una y no hay pensamiento que me atraviese que ella no presienta, por eso lucha y no me deja ir, tampoco se siente segura, conecta con mi angustia y yo me siento atrapada, con esa desagradable sensación de hacerlo todo mal.

No quería escribir este Post así, de hecho podría ser de cualquier color, de cualquier color que anduviera cruzándome en el preciso instante en el que tamborileara sobre el teclado.

Imagino que solo me queda aceptar mis incongruencias y la inseguridad que me nubla para que se torne en alguna otra cosa.

Nota: Marco duerme con nosotras y no se ha despertado ni una sola vez durante nuestros mini-dramas.

Negociar la lactancia

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A veces me agoto, quiero desaparecer, hacer una elipsis, cerrar los ojos y dormir profundamente. No es ninguna novedad que las madres no descansan mucho pero yo ya empiezo a pagar mi factura y me siento terriblemente triste por ello.

La crianza de un bebé es entregada y absorbente y transitamos esta etapa primal, sin descanso entre un niño y otro. Sumo cuatro años y dos meses de lactancia ininterrumpida, el hilo es frágil a veces, por eso cuando me topo con un escollo: mastitis, hongos, grietas o alteraciones varias de la flora del pecho, llega el dolor y entonces, entonces me agoto. ¿A estas alturas? Si, a cualquier altura, exactamente igual que mi garganta, mi tobillo o mi muñeca, mi pecho puede fallar y se enferma.

Llegan las tomas dolorosas, temes los despertares, te muerdes el labio para aguantar la punzada y te das de bruces con la negociación con una bebé de 22 meses que mama mucho y come poco. “Mamá tiene pupita, mejor de ésta, mejor de la otra, ¿y no quieres agua? ¿te preparo un sandwich?” La razón te dice que nos es el momento de poner fronteras, de negociar, pero el cuerpo se repliega en otra dirección, la lactancia a demanda ha de reestructurarse para que respete el ritmo de las dos.

El momento difícil de nuestra travesía ya ha pasado y el dolor ha remitido pero la reticencia se ha instalado y a mayor resistencia más demanda. Maia siente que necesito espacio y eso le da miedo. Yo siento que tiene miedo y necesidad de maternaje y ahí ando, buscando el modo de negociar de manera respetuosa entre su inercia y la mía.

Y estoy tan triste y confusa. Frustrada. ¿Por qué ya? Quisiera ser complaciente con ella en el infinito sentido de la palabra, pero le pongo excusas, quisiera cuatro grandes tomas a lo largo del día y no veinte pequeñas y dos extenuantes. Quisiera no escribir esto, quisiera ni pensarlo, igual mañana quiero otra cosa, que mi bebé no crezca, que su mirada no cambie, que las caricias que me dedica fueran eternas. Así es la espiral de mi mente, quizás sólo me agote, quizás estoy cansada. Dormiré al tick-tack de su respiración, al olor de su cabello, al calor de su blandura; entonces y sólo entonces recuperaré mi energía, la suficiente para negociar, aunque no me apetezca y me dé pereza, porque eso lo complica todo, o quizás no.

Sin la duda, hay confianza; la confianza trae naturalidad, sosiego; el sosiego, paciencia; paciencia yo con ella, paciencia ella conmigo. Sin destete, sin disponibilidad absoluta a cualquier hora y en cualquier sitio. Habrá un lugar a mitad de camino, para nosotras, dónde dibujemos corazones de leche, dónde nos comprendamos y encontremos, habrá un lugar.

Vuela el tiempo

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Esta imagen es de la semana pasada, Maia tomando biberón ¡y en mi presencia!

Estuvo malita y tenía muchas aftas en la boca, perdió el apetito, le dolía al mamar y esto desencadenó una huelga de lactancia. Para los que no sepáis qué implicaciones puede tener en la madre, las huelgas de lactancia suponen la no ingesta de la leche que se produce y provocan hinchazón y dolor en el pecho por la sobreabundancia. Esta situación puede provocar mastitis y otras molestias y la mejor manera de evitarlas es utilizar el sacaleches para vaciar el pecho.

Por un lado contaba con el mejor sacaleches del mundo, mi niño mayor, pero como os contaba en el Post anterior, nos encontramos en pleno destete y no me parecía ético ofrecerle el pecho cuando casi ni se acuerda de él, porque a mi me viniera bien.

Y por otro lado, la niña llevaba muchas horas sin comer apenas, así que su padre le ofreció un biberón con cereales. Ella se lo acopló en una esquinita de la boca y se lo tomó enterito probando dos cosas: que la succión del biberón es mucho más sencilla, (de ahí el peligro de ofrecer tetinas a recién nacidos ya que se pueden confundir y perder el interés por la teta) y que dar el biberón es placentero, o eso cuenta su padre.

Mi pareja me narró con entusiasmo cómo se había sentido, “Silvia ha sido tan bonito… me acariciaba el pelo, me miraba con ternura a los ojos, notaba como se iba relajando…” De nuevo comprobé dos cosas: estaba celosa, eso era justo lo que yo sentía dando el pecho, ésa era mi parcela, mi lugar, mis sensaciones, mi oasis,  mi divina conexión, ¿se habría acabado? ¿implicaría algo importante ese biberón? Neurosis total. Y no estaba aprovechando mi tiempo.

Desde entonces trato de estar más presente en cada tetada. Era y es algo tan cotidiano que lo hago andando por la calle, cocinando, haciendo puzzles con Marco, tuiteando… hay días que casi a cada hora doy el pecho. De tan orgánico, familiar y frecuente estaba perdiendo su magia. De nuevo me detengo y me conecto en ése, nuestro acto de intimidad y amor. Soy más consciente que nunca de lo fugaz del momento, pronto dejará de ser un bebé y comenzaremos otro tipo de lactancia, llena de conversaciones cómplices y sosiegos compartidos, y después… después habremos de descubrirnos y reencontrarnos en seno tibio sin leche que nos riegue.

Cada acto cotidiano merece nuestra atención y presencia, apuesto por ello y lo convierto en objetivo. Al menos la enfermedad de Maia ha servido para algo, traer conciencia y tiempo pausado.

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Destete

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la fotoÉste es uno de esos Post que cuesta, de los que escribes y re-escribes en tu cabeza sin valentía para publicarlo ni teclearlo. Este Post es sobre el destete. Experiencia tremenda que ha llegado a nuestras vidas.

La lactancia es una forma de vida, es un modo de criar que habla de disponibilidad, de amor, de comunicación, de entrega, de consuelo, que nutre, que nos nutre, que inmuniza y minimiza. Pero ¿y cuándo se acaba? ¿cómo se acaba?

En mis pronósticos cuando mis hijos quisieran, cuando estuvieran preparados, de forma progresiva, orgánica y pacífica. Abanderé y abandero la lactancia materna, no dejaré de escribir entradas que promuevan sus beneficios y denuncien los efectos de la desinformación, el rencor de los “no practicantes” y la desnaturalización del cuerpo femenino.

Por éstas y por otras muchas razones me resulta tan duro hablar de mis flirteos con el destete.

La alegría que supuso la llegada de Marco a nuestra vida, la plenitud que sentía, el modo en el que me descubría y reafirmaba como persona y mujer me alentaron a quedarme embarazada de nuevo y vivir una crianza doble. Una llama de confianza y deseo; quería construir una familia de cuatro, con tándem en todo, lactancia, colecho, porteo si era preciso, amor y caricias multiplicadas. Y así fue; pero lo que era confianza se tornó en duda y agotamiento. El famoso “puerperio de sombras” postulado por Laura Gutman me golpeaba en la cara con mi segundo hijo.

La Agitación del amamantamiento llegó para quedarse en el segundo trimestre de embarazo, cuando Marco contaba dos años. Por etapas, cada toma se hacía más dura que la anterior y nuestro camino ya no era más un sendero, subimos y bajamos montañas, escalamos escarpadas paredes y nos deslizamos también por hermosas laderas.  Noe del Barrio lo explica a piel descubierta en esta entrada, que siempre me emociona al verme entre sus líneas, qué es y qué se siente con la agitación del amamantamiento.

¿Cómo era posible? ¿Cómo podía ocurrirme algo así? Aún no he encontrado respuesta, solo he conseguido cierta aceptación de la circunstancia.

Un año después, este verano, inicié un destete progresivo. Había llegado el momento, Marco tenía casi tres años, pero  la tristeza inundaba el momento porque él no había tenido la iniciativa.

Mis razones: sin duda la principal era la intermitente y subterránea agitación,  hacer algo que no me apetecía estaba perdiendo su esencia, no quería hacerlo por obligación, pero hay algo que sí tenía muy claro debía ser de la manera más respetuosa posible. También quería ganar terreno en cuanto a su independencia, ya que habíamos decidido escolarizarlo este otoño. Otro tema era la angustia que me causaba que se despertasen los dos a la vez, ya que en la práctica, en la cama no podían lactar los dos simultáneamente sin acrobacias con cojines que terminaban de espabilar a uno o a los dos, cuando eres madre de dos, parece que siempre le fallas a alguien.

El procedimiento: la primera fase, sin duda, fue el destete nocturno, y fue relativamente fácil, cuando se despertaba le ofrecía agua y le explicaba que las “tetitas” tenían sueño, hubo algún llanto pero imperaba el cansancio. Para reducir las tomas diurnas recurrí al consabido “no ofrecer, no negar” y a la técnica del “chupito“, ésto no fue tan sencillo de comprender al principio, yo ponía el final a la toma y a los dos nos costó trabajo digerirlo, hubo llantos, enfados bilaterales y mucha negociación. Mantuvimos en el tiempo y en la duración la toma previa al sueño, siesta y noche, ésos seguían siendo nuestros momentos. Pero con el tiempo la ansiedad por que este momento no se acabara terminó tiñéndolo todo, cuando parecía dormido y sacaba el pezón de su boca, Marco se despertaba enajenado por la rabieta, las tomas podían durar más de 40 minutos en los que otra persona debía cuidar de Maia, fue un tiempo muy complicado, duro, difícil, no quiero engañar a nadie, escribo este Post por si alguna madre se ve reflejada, compartir este tipo de experiencias siempre ayuda entre comadres. Empecé a temer la hora del sueño, dormir sin peleas era una gran victoria porque nunca era suficiente. Esta situación duró unos tres complicados meses.

Sin embargo hubo un click en su cabeza y un buen día se olvidó de pedir “tetita” antes de dormir, aproveché la coyuntura  y cuando sí se acordaba le ofrecía un “chupito” que él aceptaba con deportividad.

En ese punto estamos, chupito a chupito cuando él los considera necesarios. Admitiré que las primeras  veces que no pedía me sentía terriblemente triste, entré en un estado de psicosis, cualquier cosa que sucediera, cualquier enfado, cualquier rabieta me la achacaba, “era fruto de la frustración y el enfado que yo le causaba con el destete”.

Me faltan las palabras para describiros cómo me he sentido. Admito haber estado en un limbo emocional, agridulce, dulce-salado, amargo.

La nebulosa se empieza a aclarar y ya puedo expresarme al respecto. Volveré sobre el tema con la venia de la audiencia.

Os recomiendo la lectura de Destetar sin lágrimas de Pilar Martínez, sabios consejos y normalización del tema.

Conversaciones con la teta

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20130923-220648.jpgUna bonita iniciativa de ECVLactando me incentivó para hablar de la lactancia prolongada o a término, pero esta vez desde la perspectiva del niño. El tema es Frases de niños: Lactancia. Marco habla desde hace un tiempo ¿qué ha supuesto eso para nuestra lactancia? ¿En qué términos se refiere a ella?

Primero llegó el nombre, “tetita” y con él la cosificación de la demanda. Ni un llanto, ni un tirón de escote más fueron necesarios, solo un “mami tetita”. Unas veces por hambre, otras por sed, quizás por sueño, o tal vez consuelo, recogimiento, conexión. También me atrevería a invocar al placer, si señores, bebés y niños también se benefician del placer cuando lo encuentran y lo encuentran con la succión.

El pecho de una madre es algo único y maravilloso, polivalente, que contiene y llena a la vez. El único “problema” es que va unido a una mujer, que veces está enferma, cansada, ausente, enfadada, impaciente, o que sencillamente no está.

La expresión oral nos ha traído la petición concreta, pero también nos ha traído la negociación. En nuestro caso no siempre coincide mi disponibilidad con su necesidad. Este desfase de conexión se unió al discurso una vez embarazada, pues Marco desarrolló el lenguaje cuando ya contaba dos años. De este modo teníamos que llegar a acuerdos, naciendo así la modalidad del “chupito”, muy socorrido para unas prisas o para quitar el gusanillo, aunque no quedó exento de disputas hasta que unificamos el concepto. O para las tetadas largas que inducen al sueño, “marco, ya es pis pas”, “no, yo quiero más”, “cuando mamá dice pis pas es pis pas”, “no, yo quiero más”, “bueno venga…”. ¡No iba a ser tan fácil! Ésta es sin duda la parte más dura de “las conversaciones con la teta” y el mejor negociador de la familia no soy yo precisamente.

Bueno, ¿y a qué sabe la teta?, “es dulce y está calentita, me gustaaaaa y yo quiero más!” Vale, esto ya me lo has dicho.

Cuando Maia nació volvieron los chorros a borbotones y en uno de éstos, Marco apartó la boca y ¡oh prodigio! “¡Hay leche, sale leche de bebé!”, si, ¿quién lo hubiera imaginado? Algo que hacía a diario cobró otro nivel de consciencia.

Siempre que me ve con el sacalaches se asegura de que estoy bien, “¿tienes pupita mami?”, no, pero podría, ¡vaya instrumento de tortura!

Los tres primeros meses de Maia, o quizás más, siempre había una pregunta para mi pequeño: ¿y la hermanita? A lo que él siempre contestaba, “está tomando tetita” parecía un mantra, lo uno y lo otro.

Pero lo más inquietante sucede desde hace un par de meses, a la pregunta de ¿Marco, tomas tetita? “no, yo soy un niño grande”. Una vez superado el pasmo inicial, ahora lo interpreto como una disputa interna entre el deseo de crecer y la necesidad real en los momentos de vulnerabilidad. Fantasía y realidad se mezclan en la psique de los niños pequeños. También cuando necesita protección o está triste, como estos días de inicio del cole, me dice “quiero tetita mami, soy un bebé, cuídame, no quiero ir al cole”.

Para no acabar con tristeza, y aún a riesgo de estropear mi imagen personal, ayer estábamos gamberreando y le dije a Marco “¡huele aquí!” indicando mi axila, “¿cómo huele?” Risas. “Huele a tetita” Estupefacción. Risas de nuevo. El verano está siendo duuuro.

Lactancia en tándem

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Siesta a tresMás de cinco meses llevamos en el sendero de la lactancia en tándem, ¿y qué es esto de la lactancia en tándem? pues amamantar a dos bebés o más en el mismo periodo de tiempo.
El entorno de la Semana Mundial de la Lactancia Materna 2013, me parecía la excusa idónea para contaros nuestra experiencia hasta el momento.
Una decisión consciente y un deseo irrefrenable de ser madre nos embarcó en el puzle de cuatro que somos ahora. Mi bebé tenía un año y medio cuando la vida de su hermana comenzaba a latir en mí. Marco no estaba preparado, ni debía estarlo, para ser destetado, así que no interferí en el proceso y atravesamos un embarazo con lactancia materna, con sus luces y sus sombras.
Yo había visto imágenes maravillosas de mujeres dando el pecho a sus dos hijos y me parecían de un poder intenso y femenino. Quería compartir con mis hijos esa experiencia tan llena de amor, ternura y generosidad.
Por otro lado, la salud es un tema que me preocupa muchísimo, sobretodo después de vivir el ingreso de mi bebé recién nacido. Esa sensación de que aquello que no se puede ver, miles de microorganismos, te ganan la partida y te hacen más y más pequeño, cuando no puedes controlar nada, cuando nada depende de ti. De este modo pensé que si me esperaba demasiado, Marco se habría destetado para cuando tuviera un hermano y éste estaría en contacto con virus y bacterias condecoradas, ¿cómo podría defender a mi pequeño bebé? Yo lo tenía claro, con la lactancia en tándem, mi cuerpo fabricaría anticuerpos para mis dos bebés y la llegada al mundo sería más llevadera para todos, (por si acaso y para no tentar mi suerte la guardería también quedaba fuera de la ecuación).
Otro de los motivos fue suavizar, en el plano emocional, la llegada del bebé para su hermano mayor, que los cambios fueran mínimos, que continuara en casa con nosotros, no era el momento de la escolarización, que continuara en la cama con nosotros y que continuara su lactancia.
También tenía entendido que se amortiguaban los celos, ya que el mayor tendría lo mismo que el pequeño.
Al margen de mi tendencia a controlarlo todo, o intentarlo, debo decir que es una experiencia brutal, no la describiría desde un solo punto de vista. La entrega es muy intensa, siempre estás atendiendo a alguien, y cuando estás con uno crees que deberías estar con el otro y al revés. Hemos tenido episodios de agitación del amamantamiento ya desde el embarazo y esto traía consigo un concepto totalmente novedoso, que amamantar a mi hijo mayor me suponía un esfuerzo y no del tipo “ya llevas una hora y media, necesito que termines” o del tipo “en lo mejor del sueño me has despertado” si no del tipo “puff es la hora de la siesta y ahora tengo que darte teta”. Ese “tengo que” merece otro Post, o incluso varios, ha supuesto la ambivalencia más grande que he vivido nunca.
Así que sí, esto también nos ha acompañado. Es complicado a nivel físico y emocional. Pero sí, también hay muchas ventajas, desde que conoces a tu bebé la lactancia y todo lo que la rodea ha sido el modo en el que nos hemos relacionado, ha sido el bálsamo para los momentos difíciles, como la incorporación al trabajo, el miedo a la separación, el estrés que supone para un niño crecer, cambiar y conocer el mundo, la enfermedad… y qué duda cabe, la llegada de un nuevo miembro a la familia es también muy difícil de encajar. Así, después de una rabieta o de un día duro de incertidumbre volvía a mi pecho, al sosiego, a la calma primigenia, a sentirse amado como siempre.
¿Cómo ha resultado el tema de la salud? Pues según lo previsto, para la bebé solo han supuesto algún que otro episodio de mocos. Ya tiene cinco meses y no será lo mismo enfermar ahora. No conseguiremos retrasar la primera fiebre tanto como con Marco, ya que los factores del entorno cambian mucho teniendo un bebé, o teniendo dos, pero estamos muy contentos con el resultado hasta ahora. La leche materna funciona y mucho.
¿Qué ocurre con los celos? Los hay, pero no en el contexto de la lactancia, si toman a la vez incluso se acarician y si lo hacen por separado encuentran ese momento de exclusividad con mamá que tanto necesitan. Además debo decir que habíamos iniciado un destete gradual que no ha hecho otra cosa que incrementar la inestabilidad del niño, así que seguimos en la senda del tándem. Para nuestra familia es la solución que mejor funciona.
No obstante, si os planteais la lactancia en tándem, no quiero engañar a nadie, es dura y complicada, aunque tiene muchas ventajas. Y claro, también depende de la personalidad de los integrantes.
Aún así tener algo que calma y reconforta siempre a tus hijos es un arma muy poderosa y “un gran poder, conlleva una gran responsabilidad”.

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La primera fotografía es de la revista Time y la segunda de la fotógrafa Isa Sanz.

No podría haberlo hecho sin el apoyo tan grande que tengo, y que espero siga estando. Así que comulgo cien por cien con el lema de la SMLM 2013 “Apoyo a las madres que amamantan, cercano, continuo y oportuno”.