Celos II: las etiquetas.

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Necesitamos categorizar el mundo, las palabras nominan lo que percibimos de nuestra realidad, pero son insuficientes, son parciales y son traicioneras, muy traicioneras. Estoy  hablando de las PALABRAS-ETIQUETA y del modo en el que nos pueden hacer sus prisioneras.

¿Cuándo usamos las etiquetas? Cuando definimos y cuando comparamos, y en este contexto las traigo, las etiquetas entre hermanos, las etiquetas que pueden acentuar los celos y encorsetar personalidades.

Es de lo más habitual decir este tipo de cosas: “es tan nervioso por las noches, no duerme bien, en cambio su hermana lo hacía del tirón desde los cuatro meses”, “el mayor come de todo, ¿pero el pequeño? es caprichoso y sólo bebe leche”, “ella es tan sociable, sin embargo él, pobre mío, es tímido, no saluda, se esconde detrás de mí”, ahora mi favorita “el niño es listísimo, pero muy vago, ¿su hermana? muy trabajadora, le cuesta, pero como trabaja tanto…”, o esta “las niñas son más habilidosas, qué buena psicomotricidad fina tiene la mía, pero los niños… torpes con las manos y tan brutos…”

Podríamos seguir enumerando, quizás recordéis con dolor las vuestras. Yo era “¡tan responsable y estudiosa, una niña de diez!”. Y si para mí era una carga mi propia etiqueta, imaginaos para mi hermana, suerte que nos llevamos bastantes años. No sé por qué, pero una vez que nos definen nos esforzamos muchísimo por cumplir esa expectativa, ya sea en virtud o en defecto: “si soy un niño malo y se espera de mí que no comparta o que pegue a mis amigos, no decepcionaré a nadie, no hay sorpresas, esto es mío o ZAS!

No puedo soportar el extendido uso de este niño “es un bicho”, o “eres un niño malo”, desde que somos bebés nos estamos juzgando unos a otros. Pero si hay un “niño malo” también ha de haber un “niño bueno” y esto no es necesariamente mejor. Para un niño recordar continuamente lo bueno (obediente, sumiso y a-problemático) que es, también le encadena, merma su capacidad de reacción para defenderse. Esto también me pasaba a mí y debo admitir que había una especie de placer al comprobarte absolutamente bondadosa, a pesar del tirón de pelo recibido, porque después siempre encontraba el abrazo reconfortante, “pobrecita tan buena y tan dulce, ven cariño que yo te arropo”, de algún modo merecía la pena.

¿Qué sucede con los hermanos? Que la etiquetas vienen a pares y antagónicas, obediente-desobediente, aplicado-vago, sedentario-deportista, tímido-extrovertido, listo-tonto, frío-sensible, cariñoso-desapegado, bueno-malo… víctima-verdugo, y ésto si que no.

No se a vosotros, pero a mi se me cuelan algunas etiquetas por los rincones y ya me he plantado. Liberemos a los niños. Vamos a reparar en un ejemplo cotidiano, un niño que empuja a otro:

“Eres un pegón, eres malo, eso no se hace” Y “pobrecita mi pequeña, ¿te duele?” Estamos reforzando las etiquetas de agresor y agredido, de víctima y verdugo y hemos de considerar que lo que practicamos en casa es lo que vuela fuera, formando parte de la personalidad que se va gestando. No queremos ni víctimas ni verdugos.

La situación es injusta para la víctima, pero confiamos en que se podría resolver de otro modo, esto es: “Dile que no quieres que te  pegue, que te hace daño” y “estoy segura de que la próxima vez podrás resolverlo de otro modo, yo se que eres amable, ¿pensamos una solución juntos? ¿qué se te ocurre?”. No hay víctimas, no hay verdugos, o al menos en teoría.

Otra etiqueta que por su simplicidad puede pasar inadvertida es la de mayor-pequeño, el concepto de primogénito, el del medio o el de benjamín, en sí mismo encierra unas características de personalidad concretas, ¿por qué el mayor ha de ser el más responsable? ¿20 meses de adelanto se pueden traducir en un modo de actuar para siempre? ¿o por qué el más pequeño ha de ser más mimado o dependiente? ¿y el del medio, libre o ignorado, siempre pugnando por su lugar? Los padres podemos condicionar más de lo que pensamos.

Ahora el juego consiste en ser creativos para liberar a los niños de sus etiquetas, eliminar los NUNCAS y SIEMPRES de nuestro vocabulario, ofrecerles alternativas, ya sabéis, también paciencia y bla-bla-blá.

¿Pero y los adultos? todo esto está muy bien para los niños, ellos tienen una mente plástica, en movimiento, en plena ebullición… Pero ¿y nosotros? ¿y nuestra pareja? ¿y nuestros amigos y familiares? Liberémonos todos de las etiquetas, atrevámonos a ser y confiemos en los demás. Ejemplo: “siempre estás cansada a estas horas, no se puede contar contigo después de la cena, eres aburrida, tienes poca batería” a “veo que hoy estás cansada, ¿puedo ayudarte de algún modo?, seguro que mañana nos animamos a ver una película después de dormir a los niños”. Creo que esta actitud es más creativa, ¿os animáis?

POR UNA ABOLICIÓN DE LAS ETIQUETAS

Para saber más: Las terribles consecuencias del “efecto pigmalión“.

¿Y tú? Do you speak english?

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Marco mano englishHoy os traigo una pequeña historia que habla de expectativas, y es que os voy a hablar de nuestra particular relación con el inglés en casa.

Hasta no hace mucho, el gran objetivo de toda una generación de padres era que sus hijos estudiasen una carrera, que sus hijos fuesen a la universidad, sin embargo, los padres contemporáneos esto ya lo damos por hecho y lo que esperamos son universitarios bilingües, mínimo. (Lease este texto con cierto tono de ironía, pero solo con “cierto tono”).

Nuestro plan de ataque fue el siguiente, Marco solo veía la televisión en inglés, cuando la veía, hasta casi los tres años. Alrededor de sus ocho meses, una jovencita de confianza, con perfecto inglés americano, venía a jugar con el pequeño un par de tardes a la semana y aunque aún no hablaba respondía perfectamente a los estímulos en otro idioma. El tiempo pasó y nuestro tesoro de confianza voló libre, se hizo azafata de vuelo y nos dejó sin nuestra primera inmersión inglesa. Era difícil encontrar otra nativa/o en la que confiáramos y nos aventuramos en una Escuela de inglés que comenzaba con un proyecto en el que los bebés asistían a las clases en compañía de sus padres (dos años tenía mi rubio y como ya sábeis no estaba escolarizado). Ésto funcionó muy bien, el niño nos sorprendía con vocabulario nuevo a cada momento, pero el grupo no era costeable para la Escuela porque sólo contaba con dos alumnos, y una baja supuso la extinción del grupo. Había otro grupo de la misma edad, pero sin padres, sospecho que para ellos era más provechoso hacer la compra mientras tanto, la cuestión es que lo probamos y a la tercera clase fue inviable, sólo acercarnos al perímetro de la academia suponía un llanto desconsolado.

El tiempo fue pasando y su contacto con el inglés era algún cuento, algunos dibujos y compartir alguna siesta en el sofá al sonido de un cine en versión original.

Este verano fuimos de viaje al país de Gales y los niños experimentaron la inmersión linguísica. Maia aún no habla, razón por la que utiliza otros medios para comunicarse, pero Marco deseaba hablar y jugar con otros niños y adultos y se topó con la temida barrera lingüística, a veces se enfadaba de pura frustración y otras lograba una suerte de mímica suficiente para reír en compañía durante un ratito.

La conciencia sobre los idiomas fue profunda por parte del niño, me pedía hablar en inglés, ver la televisión en inglés y tenía muchas preguntas acerca del fenómeno lingüístico, de manera que decidí, unilateralmente, apuntarle a clases de inglés en una fantástica escuela de método revolucionario, con profesores nativos, donde se descalzan, saltan, se mueven y no tienen ni sillas. Pero… no deja de ser una actividad extraescolar en un contexto de adaptación al colegio. Si, más leña al fuego. Lo sé, “he pecado” y encima me enfadé y frustré cuando no funcionó.

Marco fue a la primera clase, con cierta expectación y ya no fue a más, me dijo: “Mami al cole si voy, pero al cole de inglés no quiero, me duele el corazón, te echo de menos y quiero estar contigo en el parque”. Lo sé, es un amor y encierra más sabiduría que yo en un millón de años. En mi obcecación, lo intenté un segundo día, era un lugar tan estupendo…, así que lo volvimos a negociar, seguía en sus trece y no lo quise forzar. Volvimos a casa sin hablar y con velocidad frenética, lo dejé con su padre y me fuí a tomar un café muy azucarado. No dejaba de escuchar en mi cabeza: “se cerrará la ventanita, todo el esfuerzo será en vano, no será bilingüe, ni tendrá buen acento inglés, será un español de la media, osea, “como yo”, esto era el apocalipsis, se me revelaba la verdad en mis narices y seguía sin verla.

Suerte que la tarta de zanahoria funcionó, bueno, eso y algunos whatsapps bastante sabios: “¿qué quieres, un niño que sepa inglés o un niño libre?” CATACRACK algo se rompió dentro de mí.

El problema, como siempre que hay una expectativa, es que la necesidad de saber inglés es propia, y también el complejo ¿por qué no decirlo? Quizás debería matricularme yo en Inglés Divertido, esto es así. Los españoles tenemos demasiado complejo con el inglés, pienso que ya es hora de abrazar nuestro propio acento, nuestras particularidades con la lengua británica y potenciar su valor comunicativo por encima de cualquier otra cuestión. A veces el sentido del humor castellano, ése humor negro, ésa sorna cuando algún famoso habla en inglés nos hace un flaco favor, después nos sentimos ridículos, y para los andaluces que además no pronunciamos las eses se hace aún más impostado.

He de andar mi propio camino, mis pasos no son capitales para mis hijos, ellos han de manejar sus propios hitos. Así nacen mis nuevos objetivos: sacudir las telarañas a mi inglés, aceptar y acompañar a Marco y Maia en sus necesidades, proponer para después adaptar a sus respuestas y bueno, lo más importante, amarlos más allá de mis expectativas, sin condiciones, verdaderamente sin condiciones.

El próximo “plan de ataque” es practicar “nuestro inglés” en casa, cuentos y canciones, así, castizos, cantadas y contados por no-nativos.

¿Y vosotros? ¿Tenéis un plan de ataque o de no-ataque con el inglés?

4 años de Marco

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Desde hace cuatro años palabras como rutina, inercia o apatía desaparecieron de mis posibilidades vitales, la intensidad nos colma, una nueva vida llegó a nosotros y no dejamos de danzar desde entonces, creo que nunca he estado tan viva, tan emocional, el amor se ha tintado de colores desconocidos para mí y en este ir y venir, de manera sorprendente, alcanzo también unas cotas de paz y sosiego, de calma, de madurez que me turban.

Me había propuesto no hablar de mí en esta entrada, pero me resulta imposible, aún somos indisolubles, yo navego con mi nueva cría, me busco y encuentro, a mí a Silvia, a solas, pero ya siempre seré Lamamácorchea por encima de todas las cosas, una nueva identidad, mutable a cada paso e inquebrantable en cada respiración. Marco vino a darle la vuelta a mi piel, a mi pellejo, dejóme en carne viva, para encallecerme poco a poco. Soy la misma pero tan diferente.

“Este cuarto regalo, este nuevo año a tu lado nos ha traído grandes y nuevas experiencias, el destete fue una de ellas, nuestro modo de relacionarnos se fue transformando poco a poco hasta mutar por completo, pero no hay dolor en el balance, no siento pérdida, ni tan siquiera melancolía porque cada día me regalas tus palabras, tus caricias y tus miradas y soy muy afortunada porque ésa una de tus características, eres cariñoso hasta “el filillo del cielo”, hasta decir basta,  y no me canso de recibir todo el azúcar que me dedicas.

Otro gran hito con el que has lidiado este año ha sido la escolarización, duro, muy duro por momentos pero a pesar de ello has sabido desplegar tu capacidad de supervivencia y te has afianzado como un niño muy sociable, seleccionas pero no excluyes. Te acercas a niños y niñas, grandes y chicos, ofreces tu compañía, compartes tu curiosidad por dónde vas. Aún te cuesta digerir la contrariedad y la frustración. La sociedad también te ofrece ésto, el conflicto, el juicio externo, la burla, pero no te apures, creceremos juntos.

Este año también nos ha traído la explosión de tu imaginación, el gusto por los cuentos y las historias. Tu juego favorito es puro teatro, repartes roles y vivimos mil y una aventuras, o tal vez la misma mil y una veces. Ya no te aferras a los objetos, lo haces a las ideas y tu curiosidad lo inunda todo, desgranas con tus “por qués” aquello que te preocupa y consigues la llave que te procura el sueño. Ni el señor don gato, sentadito en el tejado, puede escapar a tus preguntas, y es que ¿siete vidas tiene un gato? ¿cómo ha de ser un tejado para resbalar? ¿de qué material está hecho? ¿por qué el gato espera en el tejado y no en cualquier otro sitio? Dar las cosas por sentadas, ése no es tu estilo. Al hilo de tus preguntas, al hilo de la muerte, viene tu fascinación por lo temible, y es que la curiosidad mató al gato o como poco algún que otro susto se llevó.

Adoro tus construcciones, o acumulación de muebles en lugares insólitos, adoro tu pinza “aún en pañales”, no adoro tu desinterés por el dibujo, pero lo haré, lo prometo. Ésto seguro que ya te lo he dicho, pero adoro tus rizos, también tu risa, tus pies, tus ojos, tus profundos y sensibles ojos. Reconozco que aún me bloqueo cuando te contrarías y estallas, pero ése es mi trabajo, reconocer que es un estado transitorio y que yo no soy el epicentro del tornado.

Ay Marco… qué fácil es cuando estás feliz, qué hermosa es tu alegría y cuánta es tu empatía para reconocer las emociones ajenas.

Gracias amor, gracias por aquella primera mirada que cuatro años hace ahora y por todas las que vinieron después. Gracias.” 

La vuelta al cole. El niño “retador”

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Ya soy toda una madre veterana en los ardides de la escolarización, pero los días van pasando y el “Post-guía” que quería dedicar a todos los que pasáis por ahí por primera vez, la verdad, se me está atragantando.

Bebés y niños lloran cuando les dejas allí, ya se que no todos, pero ése sería un claro síntoma de inadaptación al medio escolar, evidente y duro pero sencillo a nivel emocional, sientes pena, derramas compasión, empatía y mimos, pero… ¿y si ese no es el síntoma? ¿y si te dicen que ya les gusta el cole, van contentos y animados pero te traes a casa al “demonio de Tasmania”? Esto ya complica la respuesta paterna. Te pones por montera la paciencia, pero no es un salto de altura, es una carrera de fondo y como tal, conforme van pasando las horas, el cansancio y la dificultad se van acumulando.

Creo que a veces no se habla claro de niños de ciertas edades. Abundan los blogs de bebés, con sus cólicos, sus lactancias, sus sociabilidades, y demás características pero cuando estos niños crecen y sus mamás superan los puerperios se difuminan sus andanzas en las redes y perdemos esos referentes, esos espejos, esa conexión de tribu que tanto hace falta, sobre todo desde el respeto a la infancia.

Las rabietas no son causadas por el escaso manejo del lenguaje verbal, todo lo contrario, empiezan a ser elaboradas y derivan en lo que yo denomino “el niño/a retador”. Describiré un ejemplo: “se que no es apropiado escupir, ya me lo has manifestado en varias ocasiones, aún así podríamos decir que estoy experimentando con mis fluidos, pero deliberadamente no permito que ignores que estoy mezclando mi saliva con el agua del vaso; y después de esto, otra cosa y después otra“. Traducción: “a nivel físico estoy agotado, realmente cansado en una nueva etapa de niño mayor dónde no se contempla la siesta. ¿Y a nivel emocional? estoy extra-excitado, a ratos mi pereza social me abruma, son muchos los estímulos. Conflictos y alegrías entre iguales, relación piramidal con mis maestros, bregar con límites y normas en un entorno menos previsible que el de casa, recolocar mis expectativas, mis capacidades, mis destrezas, mis intereses… ¿Acaso se reconocer toda esta vorágine en mi interior? Necesito saber que hay algo que yo pueda controlar en mi vida, ¿qué pasa si hoy no me lavo los dientes? ¿por qué no puedo decidir yo cuando se apaga la televisión? Siento rabia, estoy de mal humor y no puedo controlarlo, no se poner palabras a mi malestar por más que me lo preguntes, ¿y qué me encuentro? Caras de decepción, de frustración, solo quiero un abrazo y !”pelillos a la mar”! Dejad de inventar teorías, de buscar explicaciones o culpables, contenedme y abrazadme una vez más, y otra y otra“.

Así que no sé, Septiembre es un mes difícil, me reitero, pero no pierdo la esperanza, los comienzos son complejos y la sensibilidad es nuestro fuerte. Muta nuestra reacción, mutan nuestras dificultades, mutan nuestras respuestas y hasta muta nuestro amor, pero espero que para hacerse más maduro y contundente. De modo que si hoy, después de este día tan estrafalario, me miráis a los ojos esperando alguna frase que alivie peso en vuestra alma, lo único que se me ocurre es daros un abrazo fuerte que me consuele a mi también.

Este texto de Elena Mayorga es imperdible Conflictos en la crianza con apego: crisis de crecimiento.

Septiembre

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Ya es septiembre y un escalofrío recorre mi espalda. Confío en que este año será diferente, mejor, pero recuerdo el año pasado y con dolor transito a través de mi mente cada momento vivido, su dolor, sus pesadillas, pesadillas incluso en la siesta, Jake y los piratas de Nunca Jamás para desconectar, su angustia y sus intermitentes y constantes preguntas, su nana favorita en ese momento, sus tomas de cobijo, su teta de niño grande, su retorno a la cama grande, su pérdida de apetito.

Los primeros días permanecía en estado de alerta, yo no sabía si era mejor hablar del tema o no recordárselo en absoluto. Pienso que la incertidumbre era su peor aliada, él necesitaba saber qué iba a pasar, necesitaba rutina para calmarse pero la concepción del tiempo y su medida eran ,y apenas son, muy abstractas para su entendimiento. Para los que llegáis por primera vez al blog, Marco estaba por cumplir tres años y era la primera vez que se escolarizaba separándose de nosotros.

Para ayudarle en este sentido hicimos un calendario como éste:

calendario semanal

Cada día de la semana tiene un color -el mismo sistema que usan en su colegio- los fines de semana son rosas y cada día se divide en tres secciones, mañana-tarde-noche, así podía ver qué cantidad de tiempo estaba en el colegio y qué cantidad de tiempo estaba en casa. Cada día al regresar le preguntaba que qué tal lo había pasado, si me respondía que bien pintábamos una carita sonriente. Siempre me contestaba que había estado contento, de manera que reafirmábamos ese hecho, lo categorizábamos, así fue perdiendo el miedo. En el espacio de la tarde dibujábamos algo que aludiese a cómo habíamos gastado el tiempo y las noches tenían lunas. Funcionó, Marco comprendía qué iba a suceder y aunque no fuese lo que más deseaba la angustia se redujo considerablemente. Lo usamos unas tres semanas y conservamos uno, de vez en cuando me pedía verlo, se situaba en la semana, hacía memoria y sabía que a pesar de su incertidumbre lo cierto era que disfrutaba en el colegio. De hecho, una de sus estrategias cuando ya mediaba el curso, después de Navidad, fue hacer una “huelga de disfrute”, deliberadamente se sentaba sólo en el patio y luchaba por no divertirse, así podría contarme después que no lo había pasado bien, “mami hoy no lo he pasado bien, no he jugado, será mejor que mañana no vaya más”.

Los niños necesitan sinceridad, saber qué va a pasar en cada momento, que les expliquemos que nosotros también les echamos de menos, que siempre, siempre les recogeremos, nunca es demasiado, han de escuchar, han de saber. Si algún día olvidaba decirle que le recogería después del cole él mismo me lo recordaba. También hemos de animarles a que expresen sus emociones aunque no estemos nosotros, recordarles que les queremos todo el tiempo, cuando están con nosotros y cuando no lo están, cuando están enfadados y cuando están contentos.

Septiembre ha llegado de nuevo, espero que os sirvan algunos de estos consejos, y bueno suelo pensar que lo que nos hace sufrir no debe caer en saco roto, cuando algo es nuevo o difícil, ése es el momento de aprender de nosotros mismos y por supuesto de los niños, esos grandes maestros.

Os dejo un Post muy interesante de la Pedagogía Blanca: Consejos para preparar el nuevo curso

¿Y vosotros, cómo estáis viviendo los prolegómenos del curso?

Gales sí es país para niños

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image-He visto un vuelo estupendo a Cardiff.

-¿A Cardiff? ¿Y qué hay en Cardiff?

-Gareth Bale es de allí.

-¿Bale?

Este fue mi primer contacto con Gales pero la cosa fue mejorando por momentos. Ha sido nuestro primer viaje, fuera de España, como familia de cuatro y venimos realmente emocionados y gratamente sorprendidos por las posibilidades de la zona. Gales cuenta con tres maravillosos Parques Nacionales orlados de castillos, abadías, aldeas de cuento, dólmenes, iglesias y puentes medievales… tanto de todo que fue mucho lo que se quedó en el tintero.

¿Por qué es un destino apropiado para viajar con niños? Además de lo obvio, la exuberancia de la naturaleza y un clima amable en verano, hemos encontrado que la amabilidad de la gente es definitoria y que todos los lugares son “amigos de la infancia”. Restaurantes, cafeterías y Pubs, en todos ellos cuentan con tronas, te las ofrecen antes de que tengas tiempo de preguntar por ellas y además cuentan con un buen surtido de juguetes, puzzles, lápices y cuentos en muchos de ellos, te sientes realmente bienvenido incluso yendo con dos niños muy pequeños, nadie se asusta si un niño se levanta de su silla, siempre hay una sonrisa cómplice. Además está la gran cantidad de parques infantiles exteriores con mesas tipo merendero junto a ellos, es sencillo hacer una parada para el asueto de los niños. Lo normal es encontrar un tobogán en las inmediaciones de un impresionante castillo y una acogedora cafetería donde comprar dulces viandas; para una amante de los cafés distendidos, Gales es un verdadero paraíso.

Capítulo aparte merecen los alojamientos, la oferta de albergues jóvenes es muy amplia y sí, las familias somos bienvenidas. Cuentan con habitaciones de cuatro, de seis y con barracones claro, pero lo mejor de los albergues son las zonas comunes y sus grandes cocinas comunitarias, pienso que para los niños es enriquecedor el ambiente cooperativo, donde compartes espacio y respetas al prójimo, mientras unos cocinan, otros lavan sus platos en animada conversación. También dormimos en B&B y Guest House, en una de ellas dejaron una caja de Lego en nuestra habitación y la otra era una granja. Desayunar junto a los caballos y las vacas ha sido muy emocionante para los niños, la bebé no dejaba de señalarlos mientras daba grititos.

Totalmente recomendable, Gales sí es país para niños, un cóctel de naturaleza e historia llevada con amabilidad y buenos zumos de manzana.

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Nota: No he querido alargarme porque no suelo hacer guías de viaje, pero si queréis saber mas cosas o tener alguna dirección no dudéis en preguntarme.

Celos: las comparaciones son odiosas

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Niños en la terraza

Los celos entre hermanos es un tema que me preocupaba incluso antes de tener niños. En la literatura, en el cine o en casa de otros, los celos pueden resultar enigmáticos y apasionados, pero en el entorno inmediato los celos dificultan la convivencia en varios niveles. La tensión se puede generar con un incidente o ante la “posibilidad” del mismo y así comienza el juego de interpretación de intenciones, todos nos ponemos a la defensiva y se puede crear un clima espeso, emponzoñado y desagradable.

Puede que sentir celos sea natural o que incluso forme parte del plan que la evolución nos tiene reservado, pero para mí subyace un sentimiento de dolor, de que no eres tan valioso como otro, de que percibes atenuada tu ración de amor, y eso es algo que no quiero para mis hijos. Nadie puede evitar los sufrimientos que la vida nos tiene reservada, pero si afrontarlos de manera mas sencilla fuera posible, cualquier herramienta es bienvenida.

A vueltas con el tema he encontrado un libro, Hermanos, no rivales de Adele Faber y Elaine Mazlish y es bastante estimulante, tanto, que he decidido dedicar una serie de Posts desarrollando las ideas más interesantes.

Hermanos, no rivales

Las comparaciones. De todos es sabido que las comparaciones son odiosas, mucho, sin embargo es muy habitual que se nos escapen comentarios, unas veces por despiste y otras por impaciencia cuando queremos conseguir algo: “Marta ya se lo ha comido todo”, “Pues Alejandro ya sabe vestirse solo, no pones interés”. Con estas actitudes generamos sentimientos negativos entre los niños, de competitividad y rencor.

El texto propone la DESCRIPCIÓN del problema del modo más objetivo posible, se confirma un hecho sin juicios. Somos quienes somos y no en función de nadie más, de manera que cometemos nuestros propios errores y en momentos de vulnerabilidad no necesitamos pensar en nadie más, este hábito se puede generar cuando somos muy pequeños y acompañarnos por demasiado tiempo.

En cuanto a los halagos, las autoras proponen que se realicen en privado con cada niño, no es necesario privarles de las muestras de orgullo y cariño que suscitan en nosotros pero se pueden comentar los logros por separado. Ésto me parece muy buena idea, les podemos dedicar a los niños toda nuestra atención sin que vaya en detrimento de nadie más. No usaría los éxitos de un hijo para “motivar” a otro, de este modo promoveríamos la competitividad en detrimento de la cooperación, valor más preciado, que derivaría en más respeto hacia los demás y en una mayor confianza en uno mismo.

¿Y qué ocurre cuando comparamos de manera positiva? Que “ninguneamos” al otro, normalmente al pequeño, para que el mayor se sienta mejor, quizás el bebé no perciba en ese momento que se le está menospreciando, pero el hermanito mayor si aprenderá a sentirse mejor a costa de otros y ése no es el mejor camino para estar contentos con nosotros mismos.

De Hermanos, no rivales.

Puede que todo sea una obviedad pero yo me he descubierto en alguna ocasión vanagloriando a mi hijo mayor porque ya no usa pañal, o lo que es peor, porque “ya no toma tetita”, como si tomar tetita fuera algo malo, después de una lactancia prolongada tan satisfactoria. En fin, propongo revisar algunos de nuestros hábitos o al menos repensarlos.