Archivo de la etiqueta: adultocentrismo

Invizimals

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No se por qué extraña razón mis hijos siempre terminan poniéndome en mi sitio, o al menos en algún sitio.

La historia sucedió así: Marco es un fan incondicional de Star Wars, mención exclusiva merece esta filia pero queda pospuesta de momento, pues bien, tenemos un álbum de pegatinas con fotogramas de la saga, 324 sin ir más lejos. Después del gran estreno del Episodio VII el pasado mes de diciembre las hemos ido coleccionando con avidez e ilusión, tenemos dominadas las cifras de tres números y el álbum a puntito de caramelo, casi listo; pues bien desde hace algunas semanas el niño llegaba a casa con unas horrendas cartas, las “repes” de sus amigos de Batalla de cazadores. Invizimals. No le concedí demasiada atención, o más bien no quise hacerlo, ¿he dicho ya que son horrendas?

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Hasta que un día llegó la petición oficial,

-Mamá quiero el álbum de Invizimals y sus cartas.

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¿Es indispensable ir a la escuela?

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En estas fechas que corren elegir escuela es lo urgente, las solicitudes de centro se han abierto y debemos seleccionar con cuidado las opciones que tenemos, pero ¿y si no elegimos ninguna? “Yo nunca fui a la escuela” es el libro del que vengo a hablaros, escrito por André Stern que nos cuenta su propio testimonio, nunca fue a la escuela y ha encontrado el modo de realizar el trabajo que le gusta en diferentes etapas de su vida.

La narración se articula en dos partes diferenciadas, la enumeración de intereses del protagonista y cómo los fue desarrollando, y la batería de preguntas frecuentes que le suelen hacer.

Del texto se deduce que la motivación se convierte en la energía que lleva a André al conocimiento, cuando eliges qué te interesa inviertes todo tu tiempo en conseguir tus objetivos, la clave en este caso sería no interferir y poner los medios adecuados al alcance Lee el resto de esta entrada

Niños de cristal

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Arlo y su padre En no pocas ocasiones me pregunto si estamos creando ciudadanos de cristal con nuestra mejor voluntad. En no pocas ocasiones escucho a muchos padres que censuran los cuentos clásicos por su aberrante contenido y por su alto voltaje. No seré yo, sin embargo, quien exima de juicio y consideración cualquier cosa que pase por mis manos, pero ¿es necesaria la censura? Con toda nuestra blancura, los padres de ahora tan cultos y formados, terminamos dando la rodea a fin de no tocar temas peliagudos y con el objetivo de ahorrar a nuestros querubines feos momentos de zozobra. ¿Es acaso necesario? ¿sale gratis esta actitud con la psique de nuestros hijos? Como me ha ocurrido ya con otras cuestiones blandí con fuerza la bandera de lo políticamente correcto. Para muestra un botón, mi análisis de un curioso libro infantil allende el 2012. Los clásicos de los Hermanos Grimm no ocuparían jamás nuestras estanterías, brujas y lobos con particulares apetitos, damiselas en apuros a expensas de sus caballeros, todo un horror ¿es que nadie más lo ve? Lee el resto de esta entrada

Una escuela libre y democrática

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En pocos días empieza Septiembre, ya sabéis a lo que me refiero, horarios, adpataciones, síndrome post-vacacional para grandes y chicos, algunos miedos empiezan a rondar y también ilusiones, muchas ilusiones. En este entorno personal os traigo una de mis últimas lecturas, Summerhill hoy de la editorial Litera.

La educación de mis hijos y el sistema educativo español es un tema que me preocupa, que duda cabe, así que indago y siempre me gusta hacerlo volviendo a las semillas de la revolución, recuperar los sueños de grandes pedagogos de la historia para salvar las ideas que se puedan aplicar a mi entorno, o sencillamente para crear debate, se pueden sacar algunas conclusiones de la confrontación de ideas.

¿Y qué es Summerhill? Summerhill es una escuela situada al sur de Inglaterra fundada en 1923 por Alexander Sutherland Neill, es una Escuela Libre pionera, entre sus muros conviven niños de primaria y secundaria de manera interna por lo que cuentan con amplios espacios, hectáreas de campo, dormitorios colectivos, aulas, comedores…

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Desempolvemos la confianza

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Cruzando el puente

Os traigo algunos pensamientos a propósito de un libro de Naomi Aldort, Aprender a educar, sin gritos, amenazas ni castigos. En mi búsqueda constante, en la reiterada revisión de mis creencias topé con esta autora que no dejaba de resonar en mis círculos, probablemente la hayáis leído, si no lo habéis hecho es urgente, la tenéis pendiente. Es la enésima lectura de crianza que visito y sin embargo me ha resultado novedosa, no venía a repetirme lo que ya sabía, me sorprendía y estimulaba párrafo a párrafo, cada pensamiento se me traducía en un tuit y cada enseñanza me dejaba rumiando ideas.

Sin duda su perspectiva, válida con hijos o con cualquier otra relación social, es la consciencia: si me remueves o enfadas en qué medida la situación habla más de mí que de ti, no dejar que los automatismos hablen por nosotros, ser dueños de cada una de las palabras que pronunciamos, o al menos intentarlo. Con este objetivo desarrolla la fórmula A.P.E.G.O. que ampliamente desarrolla en el libro pero que se puede resumir así: Aislarse de la situación de estrés o comportamiento del niño cuando provoque nuestra reacción y escuchar mentalmente las palabras que vienen a nuestra boca de manera automática; Prestar atención, después, a su genuina necesidad; Escuchar de nuevo promoviendo con preguntas la total expresión del niño; Garantizar la VALIDACIÓN de sus sentimientos y Otorgar poder para que él mismo pueda resolver su propio dilema o malestar.

Es posible que miremos con recelo el tema de VALIDAR cualquier tipo de emoción, pero si el niño está viviendo un sentimiento negativo, (miedo, ira, celos, impotencia…) podemos ocultarlo, pero no borrarlo, con valentía hemos de mirarnos en los ojos de nuestros hijos y aceptar todas las facetas de la experiencia humana, en ellos y en nosotros. Al hilo de este tema escribí No llores recientemente.

Otro tema tradicionalmente peliagudo es el de otorgar PODER, de manera automática imaginamos tiranos que nos doblegarán, pero la ALDORT (que para mí ya ha subido al limbo de las divas) nos mostrará cómo se trata de una indefensión aprendida que promueve justo eso, inseguridad y temor. El texto es una apuesta por la bondad innata del ser humano en libertad, siempre que recorramos ése mismo camino y nos liberemos de nuestras respuestas automáticas podremos acompañar a personas amables y genuinas sin necesidad de recetas que coaccionen, chantajeen, atemoricen o dobleguen a los niños.

En diversos cuadernos he ido anotando frases que me calaban hondo:

-Hemos de “aprender a vivir con las personas y a tomar decisiones que no requieran controlar a los demás“, ser padre puede confundirse fácilmente con la necesidad de control, de control de otras personas, la dificultad es titánica ¿no creéis?

-“El niño cuenta con nuestro liderazgo, no quiere que nos quedemos atrapados en su drama, cuenta con nosotros para conseguir que emerja su parte poderosa“, la no victimista.

-“La vida no proporciona cambios de la realidad para satisfacer los deseos humanos, alterando omnipotentemente las circunstancias no deseadas acabamos con los retos y los desengaños del camino del niño, que de lo contrario, saldría fortalecido“. Dejemos de ser “padres helicóptero” y confiemos. Y confiar implica no transmitirles que son “demasiado débiles para manejar la situación. Algo va mal y hay que cambiarlo” si no más bien, “confío en ti. Tienes la fuerza para salir de esta dificultad y para aceptarla o resolverla“.

-La postura de la Aldort ante las mentiras es la siguiente: “Incluso cuando se miente por miedo a la represalia no debemos empujar más allá de sus límites, no demostrar que ha mentido. Si esconde la verdad es porque no se siente seguro. Nuestro objetivo es ALIVIAR la causa del miedo“.

-¿Cuándo se siente un niño seguro? “cuando se le trata con amabilidad y respeto ante la expresión de sus sentimientos y cuando observa que sus padres son vulnerables y ve que otras personas pueden expresarse con seguridad” en sus momentos flacos.

Éste es el tono y ésta la tendencia de este fabuloso texto de Naomi Aldort, no dudo que volveré sobre sus páginas y os animo a que también las visitéis, hay demasiadas creencias que se dan por sentadas y una nueva mirada, amable y llena de experiencia y sabiduría es siempre de agradecer.

¿Lo habéis leído? ¿Qué os ha parecido?

 

No llores

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¿Qué es el llanto? Quejido del alma, agua dolorosa, materialización del sentimiento, cuerpo que se comunica y ya deja de intuirse para mostrarse. Le damos la vuelta a nuestra piel, no podemos contener más, empujamos el dique y el agua se desborda.

El recién nacido de piel transparente, sin mas subterfugios ni palabras clama presencia y necesidad con su llanto, sin agua, llanto seco y penetrante, provisto de cualidades que lo hacen visible y urgente. Sin embargo este llanto primal, que tanto nos molesta, ya es inaceptable en nuestra sociedad, aprendemos a obviarlo, “quiere brazos, déjale que ensanche los pulmones, no lo malcríes” y así comienza la rueda del olvido, la rueda de necesidades desatendidas, la rueda de frustración. Pero no es cierto que aprendamos a ignorar el llanto, aprendemos a paralizar nuestra respuesta natural y eso nos rompe por dentro.

Después viene el llanto de niños pequeños, ésos que ya saben expresar de mil maneras, con miradas, gestos y hasta palabras. Este llanto también nos molesta, pensamos que les hace débiles, “no es para tanto, no pasa nada”, pero los débiles somos nosotros, incapaces de empatizar buscamos una solución rápida, con urgencia, nos ponemos nerviosos, enfadados, puede que furiosos, “¡No llores!”

¿Conocéis la sensación? Llegas tarde, tu bebé de dos años tiene sueño aún, y llora, un llanto tenue y constante, no quiere que lo vistas, no quiere calcetines, no quiere pañal limpio, no quiere chaqueta, los minutos pasan, te desesperas, alzas la voz “¡Venga ya!”, ahora el llanto no es tenue, se enciende, es llanto ofendido, llanto traicionado, te enfadas más aún pero no dices nada, solo te mueves de manera enérgica, os alejáis emocionalmente. La rueda debe parar, la incomprensión que nos dedicamos debe parar, no son los lloros los que han de parar, son las razones que los producen, el concepto de tiempo, tan ajeno a los niños, y la frustración, tan familiar para el adulto. Limitar la brecha y extender puentes que transitar. Sería ideal disponer de paciencia infinita acompañada de una comprensión honesta, de esa mirada hacia el “otro” tan necesaria, pero el plano de las ideas solo puede ser eso, inspiración y no imposición. Quizás esa incomodidad que sentimos cuando los niños lloran es evolutiva, mueve nuestros resortes y nos hace reaccionar, sería oportuno pensar en ello, después del incidente, con calma, averiguar que parte de nosotros se estresa para calmarla sin culpar de nuevo al “otro” por su inmadurez. Nosotros somos los adultos y nuestro trabajo es guiar a los niños sobretodo con ejemplo.

¿Aceptamos el llanto? Ya no hablo de las emociones de los niños. ¿Aceptamos el llanto adulto? Unas veces nos da vergüenza que otra persona llore, “¿cómo consolarla? que acabe rápido”, algunas otras nos parecen ridículas o exageradas, puede que hasta nos hagan enfadar, provoquen piedad en nosotros, avancemos para abrazarlas, contenerlas, escucharlas; o quizás no podamos dejar de hablar, de dar soluciones, de no aceptar la explosión emocional, de querer arreglarlo todo.

Llorar es un tabú social, si eres un artista, o “una mujer” igual se te “perdona”, porque bueno, va integrado en el pack, sin embargo, ¿qué nos distingue de los demás animales? La inteligencia y las emociones, una vaca no llora ni pinta, pero una persona si. Pienso que anular una parte tan importante de nosotros trabaja en nuestra contra, introyectamos los sentimientos “incómodos” hacia dentro comportándonos como algo que no somos, autómatas, no nos damos permiso para sentir de verdad, para sufrir de verdad, para superar de verdad aquello que nos atenaza. La alfombra está sobre una mole mugrienta. ¿Intentamos barrerla aunque se nos estropee un poco el peinado?

Llora, llora todo lo que quieras hasta que se te sequen los ojos y solo brote la sal.

El chico de la corbata

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Tie

Marco siempre ha sentido debilidad por las camisas, las pide expresamente cuando quiere “estar elegante como los vampiros”, es una cuestión de estilo. Una tarde fuimos juntos de compras y tuvo un flechazo, aquella corbata debía ser suya. Mi impulso inicial fue disuadirle, ¿una corbata, para qué? no vamos a ningún evento. Sin embargo estaba convencidísimo, aquella corbata formó parte del paquete del día.

A los dos días declaró “mami quiero una camisa, me pondré la corbata esta tarde para el cumpleaños de César y mañana para la clase de música”. Entonces cundió el pánico en su padre y en mí misma, ¿se reirán de él? ¿se pondrá triste si esto sucede? Nuestras proyecciones planearon por la habitación. En fin, nos parecía una cuestión de estado.

Inmortalizamos el momento, su carita de ilusión y satisfacción era extraordinaria.

Llegamos a la fiesta, Marco saludó a sus amigos y ni repararon en atuendos, respiramos tranquilos. Cuando mas distendidos estábamos llegó el chico de la corbata llorando y gritando “¡arráncamela no quiero llevarla!”, “¿pero qué ha pasado?”, “El padre de Cesar se ha reído de mí, no quiero llevarla más”.

Aquí está la moraleja del Post, somos los adultos los que nos movemos entre parámetros similares, castrantes, homogéneos; somos los adultos los que cargamos con los prejuicios, sentimos vergüenza o inseguridad ante lo diferente, por eso nos burlamos, el desconcierto por lo inesperado nos lleva a usar el humor de manera defensiva, como máscara, la sátira nos permite permanecer en esa zona de confort que tanto anhelamos, donde nada cambia, donde sabemos a qué atenernos, dónde sentimos que controlamos.

Los niños pequeños, todavía, están abiertos a cualquier posibilidad, no se extrañarían de que un hombre usara tacones si lo vieran con asiduidad, al igual que les parece buena idea llevar sandalias en pleno invierno o un disfraz de spiderman para salir al parque un día cualquiera.

Al hilo de esta argumentación me gustaría comentar un vídeo de Youtube The eyes of a child, (puedes pinchar sobre la imagen para verlo) en el que se les pide a un niño y a un adulto que imiten lo que ven y bueno, el resultado muestra la desinhibición de unos y otros, la espontaneidad y falta de prejuicios y juicios por parte de los niños para los que todos somos iguales.

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Podemos trabajar el tema de la diversidad con los niños por ejemplo con cuentos, para ello qué mejor que la saga de Elmer, podéis  leer un buen Post sobre ellos en este enlace de Tigriteando.

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O bien el siempre divertido Petit Poilu y su  La planète Coif tif  donde nos recuerda que debemos escucharnos a nosotros mismos y no hacer caso de influencias que se alejan de nuestro sentir. Este libro es francés pero se trata de un pre-cómic y no tiene palabras, es realmente maravilloso.

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Hubo una segunda oportunidad para el chico de la corbata, la usó al día siguiente para la clase de música sin ningún tipo de incidencia. Desearía para mis hijos un mundo donde la mofa y la burla no existieran, donde pudieran usar cualquier cosa que les pareciese bien sin miedo y con absoluta naturalidad.

De nuevo me reflejo en ellos así que haré lo propio ¿vosotros también? ¡Atrevámonos!