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Crónica de un asesinato anunciado

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A veces necesitamos a un niño cerca para darnos cuenta del grado de violencia al que estamos sometidos y acostumbrados. Elevamos el tono de voz con falicidad, nuestro repertorio de tacos es florido y el uso del sarcasmo es un habitual, pero cuando un niño anda cerca tomas conciencia de que te puede malinterpretar, la ironía o las bromas sarcásticas están fuera de lugar, demasiado artificio. “¡Qué cabrón, qué bien te lo montas“.

Esta violencia es representativa de nuestro adulto-céntrico mundo pero no es la única. ¿Qué ocurre cuando la propia cultura es violenta? ¿Qué ocurre cuando la religión imperante está representada por una persona crucificada? Esto es, un hombre clavado en una cruz, con clavos si, de hierro, sangrante, torturado, derrotado. Nosotros ya sabemos lo que pasa, hemos decidido que categoría le asignamos, si mito, si símbolo cultural, artístico o de fe. Pero ¿y los niños? ¿cómo le explicamos a un niño curioso y sensible, de tres años, el tinglado que se monta en su ciudad esta semana? “Semana Santa, semana de Pasión”.

No es fácil evitar el tema, bares y escaparates están llenos con los pósters que promocionan las cofradías y seamos francos, no anuncian aceite de oliva, muestran imágenes de hombres maltrechos y moribundos y mujeres que lloran amargamente. Quizás para nosotros no signifiquen tanto de pura habitualidad pero repito, para un niño de tres años se abren grutas de imaginación oscuras y terroríficas.

La imagen que ilustra este Post está tomada en la puerta de casa y atrae al niño como a un imán. Cristo es para Marco “Jesús que tiene pupa” y la Virgen es “la mujer que llora”. Intentamos dar respuestas sencillas pero sinceras a sus infinitas preguntas pero no queda satisfecho. Recuerda las procesiones del año pasado, las que vimos de lejos porque le aterraba el ruido de los tambores, lo relaciona y todas las noches antes de dormir vuelven las preguntas: “¿los tambores no entrarán en casa? ¿tampoco los escucharemos en el cielo? (imagino que eso es a lo lejos) No quiero que vengan, me da pena, me da pena el Jesús que tiene pupa, ¿le duele? ¿y se va a curar? ¿y quién le ha hecho pupa? ¿y por qué? pero… ¿los tambores no vienen no? ¿tú les pegas a los tambores para que no me hagan daño?”

Y es que si lo pensamos tanta pasión no es apta para cardíacos, ¿qué es la cuaresma, año tras año, sino la crónica de un asesinato? Las manifestaciones culturales del pueblo son lícitas pero invasivas y no somos conscientes del grado de violencia y dolor que muestran. No comprendo como en tantos y tantos colegios de Andalucía se realizan procesiones de infantes, entiendo que los niños son hijos de su cultura pero igual que le pongo a Marco los dibujos de Pepa Pig y no Walking dead, no comparto esta inmersión prematura con determinados aspectos de la vida como es la tortura y el asesinato. Basta de asustar a los niños de ese modo, o lo que es peor, inmunizarlos ya frente a la barbarie. Una cosa es imaginar que el lobo se come a caperucita y otra bien distinta es contemplar el rostro sangrante de una persona que muere mutilada.

Otras culturas antiguas fueron particularmente escabrosas, como los mayas, pero eso no las/nos exime de reflexión y auto-crítica. No reniego de mi lugar en el mundo, la Semana Santa ha alumbrado grandes obras de arte como las pasiones de Bach por citar solo un ejemplo y entiendo que la muerte, la pena y la angustia son circunstancias humanas, pero reniego de la invasión del espacio, invito a la reflexión y califico a mi cultura, o parte de ella, como sanguinaria y extremadamente expansiva, afectada y subrayada.

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A mi abuelo. In memoriam

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La temida llamada llegó esta mañana.

Mi abuelo nos dejaba.

Vivió tiempos convulsos, de guerras, hambrunas, cortijos y dictaduras. Solía recordar emocionado cómo siendo un chiquillo su hermano lo cogió en brazos para despedirse y jamás volvió de la contienda que enfrentó a un país en dos bandos. En su bicicleta recorría kilómetros subiendo puertos de montaña, para trabajar en las minas a diario. Cogía a sus hijos y nietos en brazos y caminaba hasta el pueblo más cercano en busca de un médico, cuando la enfermedad se instalaba en su casa.  Siempre fue un hombre fuerte, alto y delgado, de nariz aguileña, con mirada profunda. Su rostro estaba marcado por la vida pero siempre tenía palabras dulces para nosotros. Cariñoso. Con su pelo blanco desde que puedo recordar y sus sonsonetes almibarados.

Nos llevaba a la cocina y nos mostraba “toicas las cosicas” que había para comer, incluso abría el frigorífico para que no perdiéramos ni un detalle de las viandas. En las fiestas del pueblo nunca me faltaban las almendras dulces, de esas que están rellenas. Allá donde estuviera, me buscaba y me obsequiaba con ellas.

 

Qué duro es enfrentarte a la muerte, a la senectud. Padre de la mujer que me parió, me diste tu ADN, me diste tu carinño. Nos diste tus historias, tus circunstancias, tu presencia y tu sonrisa.

Siempre te recordaré sonriendo abuelito, buen viaje. Te guardo en el corazón y en la memoria.

Tiempo de pasión y sol. Cultura popular

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Tambores redoblantes llevan meses tensando sus cueros. Tronos vacíos, mecidos por la ciudad, ya conocen el camino. Dulces dorados colman vitrinas y sol tibio hora si, hora no saluda tras las nubes.

La expectación se puede masticar. Se arremolinan las gentes por las esquinas y se va generando el clima. El clima de pasión.

No quería dejar pasar la ocasión de expresar mi relación con la Semana Santa. Me declaro no creyente y sin embargo abrazo estas fechas con emoción, el maestro Morente participaba también de este sentir. Estos días no dejan de remover en mí, experiencias de la infancia que a día de hoy sigo entretejiendo y sumando. Nacer en Andalucía, sin duda, ha marcado mis vivencias, no puedes pasarlo por alto, o te gusta o lo aborreces. Las ciudades se paralizan, se transforman, se entregan.

Hasta allí donde recuerdo, siempre he formado parte de la música que vela Vírgenes y Cristos. Ansiaba que llegara el momento de compartir, lo que con tantos meses y mimo preparábamos en el local de ensayo. El esfuerzo confluía en muy pocas fechas al año, era mucha la ilusión y poco lo que pesaban las horas procesionando, que ahora me producen vértigo. Vivías desde dentro la pasión, el fervor, los nervios, los olores que te impregnaban. Incienso y vela.

He pensado mucho sobre ello y vislumbro dos pilares que magnifican la recepción de los eventos relacionados con la Semana Santa. El tratarse de actos que se desarrollan en masa y la vinculación de un pesar particular con una pasión trascendental, global. Me explico, el individuo cuando forma parte de un conjunto social o aglomeración, multiplica su actitud, Elias Canetti, entre otros, habla de esto en su Masa y poder. Muchas personas confluyen en una voluntad única, siendo un instrumento importante en política, por ejemplo. Nunca me ha gustado el fútbol y durante un tiempo viví junto a un estadio y cuando miles de voces se expresaban a una me embargaba la emoción, permanecía en silencio esperando escucharles para participar de ese espíritu colectivo, macrocósmico. Lo mismo siento cuando esperando el paso de la figura procesional se hace el silencio y la concurrencia se estremece al unísono. Los ojos se empañan de emoción, y no sabes muy bien por qué, pero estás contagiado.

Del mismo modo vivir emociones tan dolorosas como un martirio, una condena, una traición, un entierro, una madre desolada, así, en plena calle, subrayadas todas ellas por la belleza de la escultura y exaltadas por la emoción de la música, hace que conectemos con sensaciones internas transformando lo que nos embarga por fuera en metáfora de lo que nos llena por dentro: experiencias de enfermedad o pérdida vividas en primera persona o tristeza abstracta que no se nos permite vivir en el día a día.

Todo ello conforma un espectáculo del pueblo y para el pueblo. Carácter latino que necesita vivir las emociones hacia fuera. Carácter que a fuerza de sol se forja en la calle y que como toda actividad humana se forra de arte, de expresión de cultura.

 

INFIERNO Y GLORIA

 Nieve ondulada reposa.
Olalla pende del árbol.
Su desnudo de carbón 
tizna los aires helados.
Noche tirante reluce.
Olalla muerta en el árbol
Tinteros de las ciudades
vuelcan la tinta despacio.
Negros maniquís de sastre
cubren la nieve del campo
en largas filas que gimen
su silencio mutilado.
Nieve partida comienza.
Olalla blanca en el árbol.
Escuadras de níquel juntan
los picos en su costado.
           ***
 Una Custodia reluce
sobre los cielos quemados,
entre gargantas de arroyo
y ruiseñores en ramos.
¡Saltan vidrios de colores!
Olalla blanca en lo blanco.
Ángeles y serafines
dicen: Santo, Santo, Santo.

Romancero Gitano Federico García Lorca

 

Carmen Linares al cante y Rafael Riqueni a la guitarra. Honra de los macarenos.

 

Ahora solo me queda, romper una lanza por mi tierra. Alma gitana, música y poesía, cultura y arte que brama, sea cual sea el signo político que la tercia.

Ya se escuchan los tambores. Redoblan e inundan la tierra. Llorando por la injusticia, penando por el delirio. Delirio del hombre que al hombre agrede. Temblando por los confines. Quejío del desvarío.