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Vuela el tiempo

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Esta imagen es de la semana pasada, Maia tomando biberón ¡y en mi presencia!

Estuvo malita y tenía muchas aftas en la boca, perdió el apetito, le dolía al mamar y esto desencadenó una huelga de lactancia. Para los que no sepáis qué implicaciones puede tener en la madre, las huelgas de lactancia suponen la no ingesta de la leche que se produce y provocan hinchazón y dolor en el pecho por la sobreabundancia. Esta situación puede provocar mastitis y otras molestias y la mejor manera de evitarlas es utilizar el sacaleches para vaciar el pecho.

Por un lado contaba con el mejor sacaleches del mundo, mi niño mayor, pero como os contaba en el Post anterior, nos encontramos en pleno destete y no me parecía ético ofrecerle el pecho cuando casi ni se acuerda de él, porque a mi me viniera bien.

Y por otro lado, la niña llevaba muchas horas sin comer apenas, así que su padre le ofreció un biberón con cereales. Ella se lo acopló en una esquinita de la boca y se lo tomó enterito probando dos cosas: que la succión del biberón es mucho más sencilla, (de ahí el peligro de ofrecer tetinas a recién nacidos ya que se pueden confundir y perder el interés por la teta) y que dar el biberón es placentero, o eso cuenta su padre.

Mi pareja me narró con entusiasmo cómo se había sentido, “Silvia ha sido tan bonito… me acariciaba el pelo, me miraba con ternura a los ojos, notaba como se iba relajando…” De nuevo comprobé dos cosas: estaba celosa, eso era justo lo que yo sentía dando el pecho, ésa era mi parcela, mi lugar, mis sensaciones, mi oasis,  mi divina conexión, ¿se habría acabado? ¿implicaría algo importante ese biberón? Neurosis total. Y no estaba aprovechando mi tiempo.

Desde entonces trato de estar más presente en cada tetada. Era y es algo tan cotidiano que lo hago andando por la calle, cocinando, haciendo puzzles con Marco, tuiteando… hay días que casi a cada hora doy el pecho. De tan orgánico, familiar y frecuente estaba perdiendo su magia. De nuevo me detengo y me conecto en ése, nuestro acto de intimidad y amor. Soy más consciente que nunca de lo fugaz del momento, pronto dejará de ser un bebé y comenzaremos otro tipo de lactancia, llena de conversaciones cómplices y sosiegos compartidos, y después… después habremos de descubrirnos y reencontrarnos en seno tibio sin leche que nos riegue.

Cada acto cotidiano merece nuestra atención y presencia, apuesto por ello y lo convierto en objetivo. Al menos la enfermedad de Maia ha servido para algo, traer conciencia y tiempo pausado.

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Destete

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la fotoÉste es uno de esos Post que cuesta, de los que escribes y re-escribes en tu cabeza sin valentía para publicarlo ni teclearlo. Este Post es sobre el destete. Experiencia tremenda que ha llegado a nuestras vidas.

La lactancia es una forma de vida, es un modo de criar que habla de disponibilidad, de amor, de comunicación, de entrega, de consuelo, que nutre, que nos nutre, que inmuniza y minimiza. Pero ¿y cuándo se acaba? ¿cómo se acaba?

En mis pronósticos cuando mis hijos quisieran, cuando estuvieran preparados, de forma progresiva, orgánica y pacífica. Abanderé y abandero la lactancia materna, no dejaré de escribir entradas que promuevan sus beneficios y denuncien los efectos de la desinformación, el rencor de los “no practicantes” y la desnaturalización del cuerpo femenino.

Por éstas y por otras muchas razones me resulta tan duro hablar de mis flirteos con el destete.

La alegría que supuso la llegada de Marco a nuestra vida, la plenitud que sentía, el modo en el que me descubría y reafirmaba como persona y mujer me alentaron a quedarme embarazada de nuevo y vivir una crianza doble. Una llama de confianza y deseo; quería construir una familia de cuatro, con tándem en todo, lactancia, colecho, porteo si era preciso, amor y caricias multiplicadas. Y así fue; pero lo que era confianza se tornó en duda y agotamiento. El famoso “puerperio de sombras” postulado por Laura Gutman me golpeaba en la cara con mi segundo hijo.

La Agitación del amamantamiento llegó para quedarse en el segundo trimestre de embarazo, cuando Marco contaba dos años. Por etapas, cada toma se hacía más dura que la anterior y nuestro camino ya no era más un sendero, subimos y bajamos montañas, escalamos escarpadas paredes y nos deslizamos también por hermosas laderas.  Noe del Barrio lo explica a piel descubierta en esta entrada, que siempre me emociona al verme entre sus líneas, qué es y qué se siente con la agitación del amamantamiento.

¿Cómo era posible? ¿Cómo podía ocurrirme algo así? Aún no he encontrado respuesta, solo he conseguido cierta aceptación de la circunstancia.

Un año después, este verano, inicié un destete progresivo. Había llegado el momento, Marco tenía casi tres años, pero  la tristeza inundaba el momento porque él no había tenido la iniciativa.

Mis razones: sin duda la principal era la intermitente y subterránea agitación,  hacer algo que no me apetecía estaba perdiendo su esencia, no quería hacerlo por obligación, pero hay algo que sí tenía muy claro debía ser de la manera más respetuosa posible. También quería ganar terreno en cuanto a su independencia, ya que habíamos decidido escolarizarlo este otoño. Otro tema era la angustia que me causaba que se despertasen los dos a la vez, ya que en la práctica, en la cama no podían lactar los dos simultáneamente sin acrobacias con cojines que terminaban de espabilar a uno o a los dos, cuando eres madre de dos, parece que siempre le fallas a alguien.

El procedimiento: la primera fase, sin duda, fue el destete nocturno, y fue relativamente fácil, cuando se despertaba le ofrecía agua y le explicaba que las “tetitas” tenían sueño, hubo algún llanto pero imperaba el cansancio. Para reducir las tomas diurnas recurrí al consabido “no ofrecer, no negar” y a la técnica del “chupito“, ésto no fue tan sencillo de comprender al principio, yo ponía el final a la toma y a los dos nos costó trabajo digerirlo, hubo llantos, enfados bilaterales y mucha negociación. Mantuvimos en el tiempo y en la duración la toma previa al sueño, siesta y noche, ésos seguían siendo nuestros momentos. Pero con el tiempo la ansiedad por que este momento no se acabara terminó tiñéndolo todo, cuando parecía dormido y sacaba el pezón de su boca, Marco se despertaba enajenado por la rabieta, las tomas podían durar más de 40 minutos en los que otra persona debía cuidar de Maia, fue un tiempo muy complicado, duro, difícil, no quiero engañar a nadie, escribo este Post por si alguna madre se ve reflejada, compartir este tipo de experiencias siempre ayuda entre comadres. Empecé a temer la hora del sueño, dormir sin peleas era una gran victoria porque nunca era suficiente. Esta situación duró unos tres complicados meses.

Sin embargo hubo un click en su cabeza y un buen día se olvidó de pedir “tetita” antes de dormir, aproveché la coyuntura  y cuando sí se acordaba le ofrecía un “chupito” que él aceptaba con deportividad.

En ese punto estamos, chupito a chupito cuando él los considera necesarios. Admitiré que las primeras  veces que no pedía me sentía terriblemente triste, entré en un estado de psicosis, cualquier cosa que sucediera, cualquier enfado, cualquier rabieta me la achacaba, “era fruto de la frustración y el enfado que yo le causaba con el destete”.

Me faltan las palabras para describiros cómo me he sentido. Admito haber estado en un limbo emocional, agridulce, dulce-salado, amargo.

La nebulosa se empieza a aclarar y ya puedo expresarme al respecto. Volveré sobre el tema con la venia de la audiencia.

Os recomiendo la lectura de Destetar sin lágrimas de Pilar Martínez, sabios consejos y normalización del tema.

Si me reflejo

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GrafitiYa te he entregado al mundo. No puedo controlar como es tu vida durante esas horas, ni tan siquiera puedo verlo, vas al colegio cada día y lo más intenso de tu rutina yo me lo pierdo. Cualquier esbozo de palabra respondía a una historia de tu imaginario y aún fuera de contexto, siempre te podía traducir. En cada instante, en toda vivencia, en todo momento y en todo lugar, ahí estaba yo. Y cuando no era mamá siempre te rodeabas de los más fieles y cariñosos testigos. Pero ya no más. Te hemos entregado al mundo y cruzamos los dedos.

Escuchamos tus historias con atención y leemos las crónicas del día con avidez. Esas crónicas que gentilmente escribe tu maestra para abrirnos una ventanita por la que tirar del hilo que nos conduce a tu discurso y a tus impresiones.

Y es que me he dado cuenta de que tengo miedo. Miedo de que seas como yo, Marco. Con “teorías de apego” quería comprar a un niño inmune a lo malo y permeable a lo bueno. Fuerte, seguro, resiliente. Quería un niño feliz, pero feliz a lo “tonto”, sin “ton ni son”, inocente y sonriente que además sería un adulto con notables habilidades sociales y si me apuras de liderazgo. En mi plan no sufrirías, serías tan maravilloso, como de hecho eres, con el añadido de que todo el mundo podría verlo. Pero mi plan si que era “feliz a lo tonto”.

A tus tres años ya hay niños que no quieren que te sientes a su lado y yo no estoy junto a ti para abrazarte si esto te afecta, ya no estoy para defenderte si te muerden, ya no estoy, al menos en ese momento. El juego ha empezado y de todas las opciones que tienes vas eligiendo las que habría elegido yo.

Esponja de emociones, radar de comportamientos, sabes siempre que danza bailan los que te rodean. Ese no era el plan, sólo debías montar un puzzle, pero lo montas a la vez que compruebas que x se ha calmado y que z se está crispando. Así que llevo algunos días aceptando una terrible certeza, vas a sufrir. Vas a sufrir tanto como yo o más y esto me arrastra por un camino de auténtico dolor, me reflejo en ti constantemente, revisito mi infancia, mis errores, mi presente y constato con terror que no soporto la idea de que seas como yo y de que eso encierra una negación de mí misma brutal.

Pero no todo está perdido porque me revelo ante esa idea y me estás ayudando a amar a esa niña, a esa Silvia y la abrazo y la lloro y con júbilo la encuentro y la reencuentro. He sufrido, pero he amado tanto que ha merecido la pena. Reza en mi bio de Twitter “cosechadora de amor y emoción” y así es y ha sido e imagino que seguirá siendo.

Éste es solo mi trabajo, no el tuyo. Amar y aceptar cada destello de mí que pueda encontrar en ti.

Sólo quiero dormirme al tic-tac de tu respiración

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PendientesHoy he vuelto a usar perfume. Dejé de hacerlo, las náuseas del embarazo me alejaban de almizcles dulzones . Después viniste tú, sirena. No quería confundirte, ni alejarte de tu esencia, la nuestra, la misma, porque somos una.

Pero he vuelto a trabajar. Me alejo poco tiempo, pero es el suficiente para oler otros perfumes cuando te abrazo. Y el corazón se me quiebra. Y es que te he perdido un poco, se que es poco, pero yo YA se que eso es principio y final de algo y he vuelto a usar perfume.

No se en que mundo siento como acude la leche que habrías de tomar y solo atino a escucharte llorar a través del teléfono. No se en que mundo, pero es el nuestro y lo he elegido.

Duele la despedida. Desde que empezó Septiembre siento que no hago otra cosa más que despedirme.

Me abro hacia fuera, despliego mis alas y vivo estados olvidados pero solo quiero llegar a casa y acurrucarme entre vosotros, y encontrar, besar, cantar, replegar.

Tengo miedo de hallarme sin vosotros y que no me guste lo que veo. Ya no soy la misma, ni puedo ni quiero.

Circulo por caminos desgastados, atuendos, peinados, prisas, agendas, pelos que sobran, sombras que faltan.

Paladeo lo que puedo y se hacer. Ese sabor ácido y excitante pero un peso me oprime el pecho. Es el cordón umbilical que aunque se estira y se estira mucho, aún nos envuelve.

Podría ser liberador, pero no quiero ser liberada, sólo quiero dormirme al tic-tac de tu respiración.

3 años de Marco

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Marco (3 años)Y aquí estamos una vez más. Octubre se deshoja, la noche se prolonga y el ocre se extiende.

Tres años ha que preñaste nuestra existencia de verdadera vida, convirtiendo cada acto cotidiano en algo único, en algo intenso. Tres años ha que tus ojos lo inundan todo.

Este último año te has ido transformando con esmero, dejaste que tus cuatro pelillos rubios se precipitaran en una brillante y rizada melena, esencia de tu aspecto, esencia de tu llama. Libre, enredada y luminosa tu alma y tu cabellera danzan por su espacio en el mundo.

Así, bailando y girando derrochabas tu energía, imprevisible, ligero. Cruzabas los parques, corrías las calles y al reír parecías engullir el aire para convertirlo en mil cristales de colores que te rodeaban con tu torbellino. Molinillo de café, ese era nuestro Marco de dos años.

Sin embargo, un elixir de plenitud te fue acallando. Empezaste a comprender los matices del lenguaje, empezaste a usarlo. Las palabras representaban realidades más complejas y necesitabas sentarte en el camino y respirar hondo para zambullirte en el lago de lo abstracto,  en el “digo una cosa, pero mi cuerpo indica otra”, el doble sentido, la percepción del entorno se complejiza, te sientes, te determinas, te configuras a ti mismo, se modifican los roles, nace en tu interior el deseo de independencia pero asomarse a la ventana asusta, ¿acaso puedes volar ya? Y es que, en otras palabras, ya piensas antes de actuar.

Me sorprendo cada día con tu sistema mental, con la elaboración de lo que bulle en ti,  relacionas fantasía, realidad y deseo y brotan maravillosas teorías que explican lo que ves.

Adoro tu lenguaje, las palabras que inventas, cuando no sabes que decir: “bocasica” y te vas por la tangente, tan fresco y tan resolutivo. Adoro tu lenguaje cuando hablamos de tu día, de la teta, del parque, de los niños, de los cuentos, de las historias que anidan en tus rizos. Adoro cuando preguntas a todo el mundo ¿y tú cómo te llamas? porque valoras a cada persona sin prejuicios y todos te parecen interesantes, adoro los bocetos de tus primeras preguntas que ya aparecen, adoro tu timbre, tu tono, tu voz y sobre todo, adoro tu risa.

Los temibles dos años, los terribles dos años. ¿Lo han sido? Sin duda complicados. Mi bebé nunca fue complaciente pero con mamá, contacto, presencia, todo fluía, ese remanso, ese limbo nuestro. Pero construir unas alas, separarnos progresivamente ha ido suponiendo grandes cambios. Puede que esté enfadado o frustrado y ya no es suficiente con un paseo piel con piel en nuestra desgastada mochila. Sus anhelos crecen con él y cambian su color. Si he de ser sincera, los terribles dos años no son un defecto o trámite de la edad, son un defecto o trámite que debe vivir el adulto. Con los años nos separamos de nuestra esencia mágica y cuando discutimos o debatimos con personas de nuestra edad son otras las estrategias. ¿Y ahora qué? ¿Cómo que no quieres? ¿Cómo que esa ropa no? ¿Cómo que no quieres dormir? ¡Cuánto aprendemos tu padre y yo cada día! ¡Cuántas veces nos pones ante el espejo! Ése en el que se proyecta un “yo” que no nos gusta y que no sabemos gestionar, o sí, pero que duele ver. Estoy convencida de que esta es una oportunidad única para ser mejor persona y sanar heridas olvidadas. Gracias por eso mi vida.

No ha sido un año fácil con la llegada de tu hermanita en pleno proceso de autoafirmación, por eso construimos unas alas más sólidas, quizás tardemos más, pero a cambio contamos los unos con los otros y somos cuatro, más opciones y más amor de distintos colores.

Este ha sido el año de Humpty Dumpty, Pedro y el Lobo, caracoles, tortugas y agua que se desliza. Tu imaginario crece y crece y nos dejamos llevar por él, brota la fantasía y brotan las historias que pueden surgir de una sencilla melodía.

Afortunados pasajeros que viajan contigo, agradecidos testigos de una vida que despierta.

Esta música sonaba en la sala de partos cuando pujábamos por el encuentro, no podía ser de otra manera.

Erik SATIE. Gnossienne Nº 5. Patrick Cohen (Piano).

#CrónicadeCole

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Salto al vacíoEste Post es muy difícil para mí. Si lo escribo por la mañana, estoy derrotada, abatida, deprimida. Si lo escribo por la tarde, la esperanza me ilumina, la ilusión me mueve, soy positiva y veo como caminamos por el sendero adecuado.

Ahora, en la mañana, hasta me siento ridícula, ¿a quién le pueden importar mis neuras? Le doy demasiada importancia. Puede que si, pero en verdad, el barniz que tinta ahora nuestra vida como familia es de color intenso.

Me ciño a los hechos. El primer día Marco fue con su papá, cada dos días se presentan dos niños nuevos en la asamblea matutina, con fotos, con historias, con palabras menudas, risas nerviosas y compañía, la compañía de la figura de apego durante una hora, mas otra hora sin la referencia cotidiana. Cuando papá recogió a  Marco, este constató un hecho: “papá me has dejado solito”,  y sobre este motivo hemos ido desarrollando el primer movimiento de nuestra particular sinfonía.

El segundo día hubo expectación, como la primera experiencia fue relativamente buena ya se quedó a comer y la hora de recogida pasó a ser las 13:30. Pero para el tercer día ya sabíamos qué esperar, cuáles serían los acontecimientos y apareció la resistencia, el llanto desde el despertar, la negación de la posibilidad y los mantras: “el cole está cerrado”, “cuídame, cuídame”. Me siento morir, por primera vez no remediamos su sufrimiento. Cuando necesitaba brazos, lo porteábamos; si necesitaba compañía para dormir, nos acurrucábamos; si necesitaba atención exclusiva y juego, se lo dábamos. Sus necesidades humanas básicas eran satisfechas en la medida en que podíamos brindárselas, cariño y mirada.

Pero ahora me mira con sus ojos verdes, enrojecidos y me lo pide: “mami no quiero cole, cuídame tú, en casa”, un día y otro día. Hoy es el día 11.

¿Y cómo está en clase? Ha evolucionado muchísimo, es cierto que el tercer día, sin duda el peor, estuvo muy bloqueado y llorando la mayor parte del tiempo, pero ya no llora allí, participa en las actividades, sonríe y juega. Es muy importante aclarar que el colegio es una maravilla y que merece un post por si mismo, fomenta el juego libre y la participación de la familia. La recepción de los alumnos es de nueve a nueve y media, momento en el que los padres entramos en el aula y departimos con la maestra y con la cuidadora, saludas a otros niños, a otros padres y nos integramos con naturalidad. Lo mismo se repite en el momento de la recogida, de tres y media a cuatro. Los niños duermen la siesta después de la comida y nosotros recogíamos a Marco para que descansara en casa, pero el quinto día su maestra nos propuso como estrategia pedagógica que permaneciese en el colegio con los demás, ya que esperaba con ansiedad la hora de la comida al comprobar que su padre le recogía tras esta. Muy a regañadientes accedí y se obró el milagro, duerme la siesta con otros niños, hasta el momento, sin necesidad de “teta” ni otros accesorios maternales. Deduzco que está tranquilo allí, pues el que pueda dormir me parece un gran medidor.

¿Cómo ha alcanzado la tranquilidad en el colegio? Pues sustituyendo a su figura de apego, buscando la complicidad adulta y en este sentido el centro ha sido impecable, necesitaba atención y se la han dado. Los primeros días llegó a hacer plastilina con los cocineros, charló con el director, cogía de la mano a su maestra y recibió y recibe besos y abrazos. Cuando llega a casa me cuenta de buen ánimo lo mucho que se divierte.

¿Pero qué ocurre por las tardes? Con abrumadora dulzura nos regala sus besos y nos reitera lo mucho que nos quiere, pareciera apreciarnos más por el tiempo que nos ha echado de menos. Pero conforme avanza la tarde y su cansancio empiezan sus elucubraciones y sus bucles, inventa excusas para no ir al colegio a la mañana siguiente, coge el teléfono y llama a su maestra para contarle que el colegio permanecerá cerrado, fabula con hacer las actividades programadas para la tarde por la mañana y se va angustiando cuando le presentamos la realidad de la situación, que tiene que ir al “cole”.

Duerme mucho peor, las noches son más ligeras y el despertar definitivo es cada vez más temprano. El desayuno supone la inminencia de salir de casa y vestirse le resulta insoportable, empieza el llanto, la súplica, que no rabieta, los abrazos, el CUÍDAME.

La idea de ganar autonomía y desvincularse de nosotros unas horas le angustia. Aunque la estancia en el colegio le resulte incluso gozosa a ratos, tiene miedo al abandono. ¿Y por qué no decirlo? Es tenaz, testarudo, expresivo, luchador, muy buenas cualidades, que si bien ahora nos lo ponen difícil, no quiero que las pierda, como tampoco quiero que piense que su opinión no cuenta o que no nos importa su bienestar.

Francamente, vivimos en una montaña rusa. Cuando vuelve tan contento y explicando que volverá feliz al colegio al día siguiente, respiramos aliviados. Pero cuando al día siguiente descubrimos que era una intención, no un hecho consumado nos frustramos terriblemente.

Los adultos han decidido. Sabemos lo que es mejor para ti, o eso quiero pensar. Pero la duda a veces se instala y flaquea mi alegría y mi paciencia, esa que tanto necesito ahora para responder a tus demandas y necesidades que se acentúan.

Las alternativas se arremolinan en mi cabeza y ninguna se me antoja ventajosa. Quiero acompañarte en el proceso y sufro cuando desespero. Perdóname Marco por pisar el acelerador de tu maduración. Yo también te quiero.

Esperanzas e inquietudes. La escolarización.

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El cole“Dulce Septiembre”. De llantos, incomprensión, rabietas, pesadillas, despedidas.

Valiéndome del drama que en ocasiones me caracteriza, me expreso como lo siento.

Marco comenzará su andadura escolar el día 18 de septiembre y de eso quería hablaros, de la zozobra y de la incógnita.

Muchas han sido las dudas pero esta es mi declaración de intenciones. No nos sentimos “homeschoolers”. Mi compañero permanecerá con Maia para facilitar mi incorporación laboral. El sonido brotará de mis entrañas, esta vez vacías, sin vida palpitante aferrada a mi vientre. Pero para que la música vuele, tenemos que encontrar también, nuestro propio vuelo cada uno de nosotros.

La idea siempre ha sido respetar el ritmo del niño, él mismo ha pedido dormir en su camita (aunque ese es otro cuento que ya os contaré con más premura que tardanza), también él mismo propuso dejar el pañal (ídem de ídem), pero no ha pedido ser integrado en un sistema educativo como el nuestro, a todas luces deficitario, en cuanto a recursos y sobre todo en lo que a ideales se refiere. No obstante, ya se interesa mucho por los niños, les pide jugar juntos, imita a los mayores en reuniones y parques varios, se sienta junto a ellos en la escalinata, los coge de la mano y se entusiasma cuando sabe que hay planes con niños. Pero esta es mi duda, ¿habrá llegado el momento? No es igual jugar con 5 niños que con 25. Las ratios me parecen infames y más en estas edades, Marco aún no tiene 3 años.

Por otro lado me inquietan las características naturales de los niños a esta edad y el modo en el que puedan disciplinarlos en el colegio. Las leyes de la propiedad aún son difusas y el autocontrol de la violencia para defender lo propio aún es prematuro, así como la importante necesidad de atención. Algunos pensaréis que “la vida es así, que vivimos en sociedad”, desde luego, pero la precocidad en estos asuntos no creo que sea una virtud.

Hemos encontrado un colegio fantástico, o al menos lo parece, con un proyecto educativo diferente, ya os hablaré de él cuando “entremos en harina”. Por lo pronto, enviaron una carta de bienvenida para Marco con una foto de su maestra y tuvimos una entrevista individual con ella, así el niño conoció el centro y el aula de su mano.

Pero hace dos días tuvimos una cruda reunión colectiva en la que la maestra nos aconsejaba para sobrellevar con paciencia y empatía los días venideros. De modo realista nos presentó un proceso complicado que puede mostrar dos caras, la silente y la extra-demandante. En ambos casos los niños necesitarán ración extra de comprensión, mirada y atención. Pueden sufrir retrocesos en el control de esfínteres. Paciencia. Posibles alteraciones del sueño, pesadillas y despertares. Paciencia. Irritabilidad, berrinches y rabietas. Mucha paciencia. Tampoco es buena idea alentarles con grandes ilusiones o expectativas porque la realidad es que es un cambio importante para ellos y no demasiado agradable al principio.

Ante este panorama que yo intuía y temía, he quedado desolada en primera instancia, pero con el paso de las horas estoy agradecida, ya no somos niños y no está mal mentalizarse, me ayudará a comprenderlo y a estar más accesible, no viviré la frustración en el momento en el que él más me necesite. Le acompañaremos y le ayudaremos a comprender el mundo.

Si pienso en mi primer día de colegio para mí fue un gran día, recuerdo los cajones de ceras y el olor del color, pero a tres meses de cumplir cinco años las cosas se ven de modo diferente. Pero hemos cambiado, las mujeres reivindican su lugar en el mercado laboral y las políticas de conciliación “están en pañales”, la solución es la escolarización temprana. Lo hemos retrasado todo el tiempo que hemos estimado oportuno. Ahora solo nos queda confiar en nuestro núcleo familiar y en la plasticidad de los niños con el apoyo adecuado.

Los prolegómenos nos están mostrando que la incertidumbre tampoco le gusta a los niños. Desconfía de que TODO el mundo le pregunte por lo mismo, cuando verdaderamente él no sabe qué va a pasar. Y ahora que el colegio ya ha empezado, vecinos y conocidos del barrio, e incluso desconocidos, TODOS le preguntan que por qué no está en el cole. Los días de sendas reuniones nos hemos enfrentado a sendas rabietas de 40 minutos interminables, pero he de decir que la resolución de la segunda fue mucho mejor que la primera, así que estamos animados, podemos atravesar paredes verticales con éxito, tranquilidad y cariño.

Pero no descarto buscar abrazos en Twitter para quién quiera dármelos ;-)

Lactancia en tándem

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Siesta a tresMás de cinco meses llevamos en el sendero de la lactancia en tándem, ¿y qué es esto de la lactancia en tándem? pues amamantar a dos bebés o más en el mismo periodo de tiempo.
El entorno de la Semana Mundial de la Lactancia Materna 2013, me parecía la excusa idónea para contaros nuestra experiencia hasta el momento.
Una decisión consciente y un deseo irrefrenable de ser madre nos embarcó en el puzle de cuatro que somos ahora. Mi bebé tenía un año y medio cuando la vida de su hermana comenzaba a latir en mí. Marco no estaba preparado, ni debía estarlo, para ser destetado, así que no interferí en el proceso y atravesamos un embarazo con lactancia materna, con sus luces y sus sombras.
Yo había visto imágenes maravillosas de mujeres dando el pecho a sus dos hijos y me parecían de un poder intenso y femenino. Quería compartir con mis hijos esa experiencia tan llena de amor, ternura y generosidad.
Por otro lado, la salud es un tema que me preocupa muchísimo, sobretodo después de vivir el ingreso de mi bebé recién nacido. Esa sensación de que aquello que no se puede ver, miles de microorganismos, te ganan la partida y te hacen más y más pequeño, cuando no puedes controlar nada, cuando nada depende de ti. De este modo pensé que si me esperaba demasiado, Marco se habría destetado para cuando tuviera un hermano y éste estaría en contacto con virus y bacterias condecoradas, ¿cómo podría defender a mi pequeño bebé? Yo lo tenía claro, con la lactancia en tándem, mi cuerpo fabricaría anticuerpos para mis dos bebés y la llegada al mundo sería más llevadera para todos, (por si acaso y para no tentar mi suerte la guardería también quedaba fuera de la ecuación).
Otro de los motivos fue suavizar, en el plano emocional, la llegada del bebé para su hermano mayor, que los cambios fueran mínimos, que continuara en casa con nosotros, no era el momento de la escolarización, que continuara en la cama con nosotros y que continuara su lactancia.
También tenía entendido que se amortiguaban los celos, ya que el mayor tendría lo mismo que el pequeño.
Al margen de mi tendencia a controlarlo todo, o intentarlo, debo decir que es una experiencia brutal, no la describiría desde un solo punto de vista. La entrega es muy intensa, siempre estás atendiendo a alguien, y cuando estás con uno crees que deberías estar con el otro y al revés. Hemos tenido episodios de agitación del amamantamiento ya desde el embarazo y esto traía consigo un concepto totalmente novedoso, que amamantar a mi hijo mayor me suponía un esfuerzo y no del tipo “ya llevas una hora y media, necesito que termines” o del tipo “en lo mejor del sueño me has despertado” si no del tipo “puff es la hora de la siesta y ahora tengo que darte teta”. Ese “tengo que” merece otro Post, o incluso varios, ha supuesto la ambivalencia más grande que he vivido nunca.
Así que sí, esto también nos ha acompañado. Es complicado a nivel físico y emocional. Pero sí, también hay muchas ventajas, desde que conoces a tu bebé la lactancia y todo lo que la rodea ha sido el modo en el que nos hemos relacionado, ha sido el bálsamo para los momentos difíciles, como la incorporación al trabajo, el miedo a la separación, el estrés que supone para un niño crecer, cambiar y conocer el mundo, la enfermedad… y qué duda cabe, la llegada de un nuevo miembro a la familia es también muy difícil de encajar. Así, después de una rabieta o de un día duro de incertidumbre volvía a mi pecho, al sosiego, a la calma primigenia, a sentirse amado como siempre.
¿Cómo ha resultado el tema de la salud? Pues según lo previsto, para la bebé solo han supuesto algún que otro episodio de mocos. Ya tiene cinco meses y no será lo mismo enfermar ahora. No conseguiremos retrasar la primera fiebre tanto como con Marco, ya que los factores del entorno cambian mucho teniendo un bebé, o teniendo dos, pero estamos muy contentos con el resultado hasta ahora. La leche materna funciona y mucho.
¿Qué ocurre con los celos? Los hay, pero no en el contexto de la lactancia, si toman a la vez incluso se acarician y si lo hacen por separado encuentran ese momento de exclusividad con mamá que tanto necesitan. Además debo decir que habíamos iniciado un destete gradual que no ha hecho otra cosa que incrementar la inestabilidad del niño, así que seguimos en la senda del tándem. Para nuestra familia es la solución que mejor funciona.
No obstante, si os planteais la lactancia en tándem, no quiero engañar a nadie, es dura y complicada, aunque tiene muchas ventajas. Y claro, también depende de la personalidad de los integrantes.
Aún así tener algo que calma y reconforta siempre a tus hijos es un arma muy poderosa y “un gran poder, conlleva una gran responsabilidad”.

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La primera fotografía es de la revista Time y la segunda de la fotógrafa Isa Sanz.

No podría haberlo hecho sin el apoyo tan grande que tengo, y que espero siga estando. Así que comulgo cien por cien con el lema de la SMLM 2013 “Apoyo a las madres que amamantan, cercano, continuo y oportuno”.

Un pequeño gran paso

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20130714-095857.jpg Quería hablaros de algo que me sucedió hace algunas noches. Un atisbo de independencia. Marco es cada día más y más mayor. Respetando su ritmo todo llega, con dulzura, tiempo y comprensión, aunque no siempre es fácil, hace tanto tiempo que dejamos de ser niños que en ocasiones confundimos necesidades genuinas con simples caprichos.

Marco siempre duerme a la tibieza de mi pecho, al arrullo de mi voz, enroscaditos, como trenzas, suaves y enredados. Las honrosas excepciones son las noches que pasamos en el hospital, cuando Maia anunció su llegada y cuando realmente lo hizo. Desde entonces los rituales que anteceden al sueño se suceden o se superponen, pero siempre se acompañan. El éxito de tal empresa es variado y siempre, siempre imprevisible. Hemos atravesado cólicos de recién nacido o llantos de desahogo al terminar el día, según se mire y la respuesta de Marco podía discurrir en dos sentidos, o bien se unía al desconsuelo, o bien esperaba paciente su porción de mamá.

Sin embargo, hace algunas noches, Maia conoció el bochorno de las noches de verano y su hermano con actitud resuelta, cogió a su padre de la mano y le pidió dormir, juntos, en su cuarto, mientras nosotras nos entendíamos con el abanico y con el lloro.

“¿Pero qué invento es este? No se dormirá sin mí”. Y sí, se durmió.

Como podéis ver, este post, habla más de mí que de él. Cuando hube dormido a la benjamina, con sigilo me robé a mi niño y lo llevé a mi vera, a mi otro costado, así pegadito a mí, oliendo su cabello, sintiendo su menudez serena. Y cuando estuvo, así, en su lugar, salí fuera con mi compañero, y me expliqué, aunque no sabía como hacerlo, sólo fingía tener motivos racionales, y lloré y me abrumé, cual niñita, ¿es posible querer tanto? La sensación de pérdida era tan intensa, no lo había imaginado así. Quiero un acuerdo convencido, meditado, compartido y feliz. Que lo vivamos como un logro y no como una rendición resignada, y así, mientras tanto, me voy haciendo a la idea.

Me aferro a no perderme ni un minuto de mis pequeños. Esquivo el hecho de que tan solo se llevan dos años y cuatro meses, quiero darles lo mismo que a dos hijos únicos, pero multiplicando la diversión. No es justo que tengan que resentirse sus periodos de fusión, el intenso vínculo que une a un bebé con su madre, especialmente en el caso de Marco, el hermano mayor. Ese es mi gran objetivo.

Sin embargo, y al margen de la circunstancia de tener una hermanita, el proceso de independencia habría empezado en algún momento, eso es impepinable pero ya nunca sabré cuanto habría durado nuestra lactancia sin Maia, ni hasta cuándo habríamos colechado, sólo tenemos las variables que tenemos.

Pero hay algo que sí se, he de soltar, he de permitir y he de acompañar de una forma nueva y diferente. He de escucharle y dejarme guíar por su sabiduría, esa que tienen los niños, esa que es instintiva e inagotable, para poder discurrir por caminos separados y sin embargo sembrados de puentes a cada paso.

Y es que este Post habla más de mi que de él.

“Gracias Antonio por no juzgarme en ese momento, por permitirme hacer, sin juicios,
lo que entonces me pedían las entrañas. Yo también daré ese pequeño gran paso, sólo dame tiempo”.

Bloqueos y desidia

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Caracoles¿Os ha pasado eso de que parece que no haces nada? Te levantas y todo el ritual de labores cotidianas que se concatenan. La particularidad es que discurre el tiempo y sigue todo sin hacer, miras en derredor y ves todas las tareas que empezaste y no acabaste. Te instalas en una especie de desidia y el tiempo se para más aún. ¿Dónde podemos ir? ¿Qué vamos a comer?

Entonces viene esa sensación de fracaso, te culpas de no ser dinámico, de no tener iniciativa. Y el tiempo es más espeso. Un llanto, una toma, un caracol de plastilina con una mano.

Una nana, un paseo por el pasillo. ¿Vamos a salir? Ya hace demasiado sol.

Cambio de pañal, dos vasos fregados. Este niño necesita correr y expandirse. Suspiro. Te sientas y otra toma.

Y yo que ya no pienso, “posteo”, posteo en mi cabeza que no en mis dedos, porque el tiempo vuela y sin embargo se puede cortar.

Lo curioso es que no es cuestión del número de adultos que levitan en el entorno. Puede ocurrir que a mayor número, mayor indecisión, peor comunicación y más, mucha más delegación.

Estar de buen humor, tomar la iniciativa y organizar de forma resolutiva es sin duda el estado al que aspiras. O no. Quizás solo quieres algo más de ese tiempo que se espesa para no hacer nada, o para hacer mucho, todo lo que en la práctica no puedes.

Encontré por la red este artículo sobre Qué hacer cuando dudas de todo y no te apetece hacer nada. Habla de la esfera laboral, es junio, empieza el calor y se acumula el cansancio. Pero en mi caso y solo puedo hablar por mí, es una sensación intermitente, derivada del puerperio. Todos deseamos, ¿por qué negarlo? Unos anhelan silencio y buena literatura, otros, orgasmos sublimes que les hagan volar, y yo, fundirme con mi niña, sin llanto ni cólico y sin calor ni frío, a sabiendas de que mi grandullón explora el mundo por nosotras entre risas y abrazos. El deseo es gratuito y está bien como objetivo si no te paraliza, si te pone en marcha para desarrollar estrategias que te ayuden a alcanzarlo. El problema es la frustración y la ínfima tolerancia cuando aparece.

La desidia, en parte, es fruto de la incomunicación, actuamos o dejamos de hacerlo sin pedir ayuda y sin nombrar nuestras expectativas. A veces me ocurre que me cargo de buenas intenciones e intento sin molestar a nadie hacerme cargo de todo, pero la bola interior se hace más grande. Otras, simplemente, no me hago cargo y me dejo llevar por el discurrir sin orden ni concierto. Otra vez la bola porque no obtengo tampoco lo que deseo. Y es que los demás no tienen por qué saber en qué estoy pensando.

Aún a riesgo de parecer un panfleto de psicología os contaré mis reflexiones. La comunicación, la expresión. Desde el más sencillo y genuino deseo, libre de juicios o reproches que puedan salpicar a la persona que está enfrente de ti, y no hablo solo de la pareja. La segunda parte de la receta es la aceptación de la realidad y  la tolerancia a la frustración. Sencillo y complicado, pero es un punto de partida. Quizás con ayuda conseguiste esas dos horas de intimidad con tu bebé y se las pasa llorando, dientes emergentes, o vas a la playa y el viento transforma el momento en una lucha desquiciante. Respira hondo. Además, no eres el único/a.

Otra cuestión es la organización. Siempre he pensado que esquematizar la jornada puede restar frescura y capacidad de improvisación, además siempre que no puedas realizar todo lo que has programado te enfrentas de nuevo al fiasco de no llegar. Pero con niños, compensa la previsión, cualquier cosa para aliviar el espesor de la indecisión. Y por supuesto, priorizar, tal vez no esté el suelo tan limpio como querrías, pero los niños y su bienestar son la prioridad, aunque no siempre sea fácil ponderarlos por encima de nuestras prioridades. Ése es el reto, la dávida y la generosidad como expresión.

Si aún así estás bloqueado/a pide un abrazo.

Me ayuda compartir mi desorden mental con vosotros, igual porque así lo ordeno. Pongo palabras y algo de estructura.

La foto es gentileza de @Mar_Herrero6