Archivo de la etiqueta: autocrítica

Muñecas

Estándar

IMG_2341

Las muñecas son las grandes protagonistas del juego simbólico. Son uno de los juguetes clásicos. Bloques de construcción, muñecas, pelotas, los imprescindibles.

Cuando los niños coquetean con la idea de crecer imitan a sus figuras de apego, es entonces cuando ellos mismos crían, acunan o cuidan; atribuyen características humanas a sus muñecos (también peluches o animalitos) e incluso a veces se proyectan a sí mismos en ellos, éste es el juego, la experimentación con las relaciones sociales en un entorno seguro, yo conmigo mismo.

¿Son las muñecas cuestión de género? No me atrevería a decir tanto, sólo os puedo contar nuestra experiencia en casa. Marco tuvo una muñeca antes de que naciera su hermana y en ocasiones le prestó atención, la porteó y acunó pero la mayoría de las veces jugaba con ella como si fuera una pelota, o la sentaba y le daba un empujoncito para desternillarse después. En cambio Maia adora a sus muñecas bebé, incluso les da tetita y las cura cuando se caen. Niños distintos, experiencias distintas.

Llegados a este punto y teniendo en cuenta que muñecas y muñecos son un elemento clave en el juego de niñas y niños, mi reflexión va encaminada a las características que han de tener para que sean el juguete de nuestros hijos, cualquiera no vale, debemos elegirlas con sumo cuidado ya que tendrán influencia en el imaginario visual, estético y ético de los pequeños, Es importante que no estén cargadas de valores inadecuados. ¿Y qué valores no son adecuados para mí? La frivolidad, la sexualización prematura, “adolescentizar” a las muñecas, adelantar etapas y subrayar valores como la coquetería, el glamour o bellezas y cuerpos imposibles.

Este es un Nenuco que tiene Maia. Puede que sea exagerada pero ¿no veis que tiene la cintura estrecha, pestañas larguísimas y ropa como para ser el más fashion del gimnasio? Por no mencionar que lleva el chupete de serie, cosido a la ropa, Maia jamás ha usado chupete y no veo razón para que se identifique con él, ¿así son los bebés?

Otro rasgo que he observado, a propósito de este muñeco, es que con el paso del tiempo esta saturación de la frivolidad en las muñecas se ha ido acrecentando.

Este es Nenuco hace veinte años:

Nancy antes y después:

Pin y Pon antes y después:

IMG_2376

Barriguita antes y después:

¿Es necesario frivolizar tanto a las muñecas? La creación de un referente tan alejado de la naturalidad, tan estereotipado, tan decorado. Esos ojos cada vez más grandes, esos rostros maquillados, esa preocupación por la moda, por un tipo de moda, el tipo de moda que convierte a la mujer en un objeto que exhibir. Son figuras sexualizadas, con ademanes de picardía, son auténticas vedette, Lolitas que a la vez que insinúan se convierten en espectros inalcanzables, etéreos llenas de candor “¿es a mi a quién miras? y una risita nerviosa e inocente sin serlo. Siento que el mensaje es confuso y totalmente inadecuado, lejos de acercar a las niñas a una sexualidad libre y placentera, que está por llegar, aún no es el momento, adelanta etapas para las que no están preparadas, ni saben gestionar. “¿Has de estar mona para gustar a quién?” Las niñas de siete años no viven enamoradas pero saben de sobra coquetear, ¿con quién con el príncipe azul?

¿A qué viene esta apresurización? Ah ya, las niñas no deben ni pueden escapar del mercado, desde bien pronto han de consumir maquillaje o al menos conocer que ése es su sino. ¿Pero son referentes válidos? ¿Cómo son las mujeres que rodean a esas niñas? Sus maestras y tías, sus madres y amigas.

Este análisis superfluo en cuanto a las muñecas de niñas pequeñas, pero ¿y las muñecas de niñas mayores?  Sin meternos en el campo de la pre-adolescencia, que se nos hace de noche. ¿Hablamos de Monster High, de Bratz, de Barbie? Mejor nos conformamos con un par de apuntes en estos interesantes artículos: Así son las muñecas Bratz sin maquillaje

y Lammily, la muñeca “normal” con celulitis que compite con Barbie. En este enlace podemos ver un vídeo muy interesante sobre las impresiones de los niños cuando ven por primera vez a Lammily, por poner sólo un ejemplo “Cuando se les pregunta por las profesiones que podría desempeñar Lammily entre sus respuestas figuran las de profesora, piloto, informática o nadadora. Sin embargo, Barbie sigue estigmatizada por su aspecto a pesar de que haya pasado por 150 profesiones hasta la fecha. “Modelo, maquilladora o profesora de natación” son los trabajos que los pequeños asocian al juguete de Mattel“.

Y para terminar, pero no para dejar de pensar, este otro artículo Las niñas objeto.

A veces me pregunto si sonaré muy alarmista pero igual entre varias alarmistas conseguimos mirar con otros ojos menos complacientes aquello que nos rodea y que nos está dañando.

Estoy pensando en un nuevo Post lleno de muñecas respetuosas con la naturaleza humana, ¿queréis ayudarme a seleccionarlas? Escribidme con vuestras sugerencias por favor, serán muy bien recibidas. (lamamacorchea@gmail.com).

Anuncios

¿Es descortés la extroversión?

Estándar

Parqueando

Con diferente estilo pero igual resultado se podría decir que Marco y Maia son muy extrovertidos.

La pequeña Maia llega al parque, decide quién le conviene y se acopla, sin palabras, no las necesita, con miradas, gestos y conexiones sutiles. ¿Que los compañeros de juego son mayores? ¡estupendo! ¿Que hay un bebé pequeñito? ¡aún mejor! ¿Chicas adolescentes? ¿Madres con sus hijos? ¡Todo vale! ¿Ancianos con perritos? ¡Qué más se puede pedir! Una auténtica delicia. He presenciado momentos realmente tiernos y emotivos con ella, en una ocasión estableció un vínculo especial con otra niña, los ademanes de saludo y cariño se sucedieron como en una danza muda, se miraron a lo lejos, se encontraron y se volvieron a separar, y en la despedida había tristeza, pareciera que se conociesen desde siempre. La otra madre me miró y conmovidas nos dimos un abrazo sordo, un abrazo de humanidad en la distancia.

Los lances de Marco son de otro color, el lenguaje aparece como eje fundamental, a todos saluda, con todos habla, con el caballero que lee su periódico en un banco, con la señora que limpia la escalera, con cada uno de los policías que se cruzan por nuestro camino, con los vecinos, con los padres de los niños que hay en el parque, con los niños del parque, con todos los camareros y tenderos del barrio, con todos. Rompe el hielo contando aquello que ocupe su pensamiento en ese preciso instante, da por entendido el contexto y espera una absoluta comprensión del otro lado. Siempre atento al estado emocional del prójimo, cariñoso y atento. Otra delicia. Me cuesta tanto dejar de sonreír cuando le escucho hablar de caracoles, súper-héroes o el mar con el jardinero que poda los setos… Es mi debilidad.

Sin embargo, le cuesta comprender la ironía, aceptar las bromas o entender las convenciones sociales del mundo adulto. Marco es el típico niño sincero y honesto, ése que podría parecer descortés o muy divertido, dependiendo de las gafas con las que miremos. Si no quiere dar un beso, lo demuestra enfáticamente; si huele mal, lo comunica; siempre que duda o no comprende, pregunta; cuando se sorprende, describe lo que sucede.

Ejemplos prácticos:

Al vecino de la abuela: ¡Qué barrigota, te estás poniendo muy grande!

¿Qué te llamas cómo? ¡Qué nombre tan feo! 

¡Mira, un hombre bebé! (Esto es, hombre calvo que se cruza por nuestro lado)

¿Y por qué tienes el pelo blanco? ¿Y por qué estás arrugado?

A todas la personas que llegan a casa con una bolsa: ¿Qué llevas ahí, qué me has traído?

Al tío de mamá que ha comido ali-oli y pretende darle un beso de despedida: ¡Qué peste hueles!

Éstos son sólo algunos ejemplos en solitario, después tengo los ejemplos a dúo, como cuando llega un bebé, -muy bebé, recién nacido- al parque con su primeriza madre y mis dos tesoros se abalanzan sobre el carro del desconocido, con sus manos llenas de polvo y sus mas tiernas intenciones; o en la playa, esta es mi favorita, papá lleva para merendar la “frutita”partida, variada y deliciosa y ellos con su radar detectan cualquier bolsa de gusanitos o paquete de galletas ajeno y muy ufanos se aproximan, Maia tiende su mano y parpadea encantadora, Marco sentencia con la frasecita, “¿me das?”.

Y sientes vergüenza, primero por la situación y después por haber sentido vergüenza, por dejar en la estacada a tus vástagos. Algunas veces “el blanco” de la honesta extroversión es muy simpático y te sientes aún peor, “tierra trágame”; y otras puedes ver cómo se escandalizan, entonces paso por dos estados, primero soy una niña herida y avergonzada y después me enfado, me enfado muchísimo y maldigo las normas de la “buena educación”, ésa que nos atenaza a todos y que sólo representa a unos pocos.

Para los niños las leyes de la propiedad no están claras, un bebé de quince meses ve un plátano y lo quiere, sencillamente, no le importa de qué mochila sale. Si se sienten tiernos, quieren acariciar; si quieren compañía, se sientan junto a otros, esto es así. Pero a medida que van creciendo puedes ver como se modifica lo que puede ser sencillo. En demasiadas ocasiones he escuchado a niños mayores hablar así de mis hijos: “nos persigue, ¿qué quiere? ¡qué niño/a tan raro/a”. Demasiado pronto no somos capaces de ver las buenas intenciones de los demás, nos cerramos en nuestro grupúsculo y nos molesta lo desconocido. Crecer, a veces, es una pena.

 

Internet, crianza y autocrítica

Estándar

playa

Algo se mueve en el 2.0 maternal y me gusta. Las redes se hacen eco de nuestra naturaleza, la conflictiva, la ególatra, la competitiva. Pero las mentes de mujeres sabias no se hacen esperar y llega la autocrítica, la búsqueda consciente de los mecanismos que nos mueven. ¿Por qué hacemos lo que hacemos? y ¿qué esperamos a cambio?

Ha sido un verano muy fructífero, para pensar y replantear.

Cuando nos sentimos atacados o simplemente en minoría y encontramos un grupo que nos sostiene y subraya, surge la idealización de los conceptos que nos unen. Puede suceder en política, en deporte, en religión, qué duda cabe, y también en torno a la crianza. De pronto te sientes escultor de una súper-raza humana, súper-cuerda, súper-feliz, súper-empática, súper-súper-súper. “La revolución del amor”. Ojo, que soy crítica, pero me agarro a ella como a un clavo ardiendo. ¿Qué sucede si a pesar del amor desmedido, el respeto del ritmo de cada niño, el colecho a demanda, la lactancia a demanda, el porteo a demanda, a veces nuestros niños lloran o no son felices? Ana María Constaín nos habla de los hijos perfectos que esperamos y de los niños reales que encontramos. Pero calma, para todos la vida tiene su cara y su cruz, es inevitable, todas las emociones forman parte de la vida. ¿Y cómo se refleja esto en nuestros blogs? ¿nos escondemos debajo de la alfombra? La sombra existe y no significa que hayamos fracasado, es parte del camino y compartirla nos ayuda a desahogarnos y también ayuda a otros padres y madres que atraviesan momentos similares.

La iniciativa de @Irae fue fantástica: Las sombras de la maternidad, carnaval de blogs donde numerosas madres expresaron sus pesares, un portal para saltar cogidas de la mano.

Siguiendo con la disyuntiva Armando de Bebés y más nos plantea dos cuestiones,  ¿a la crianza con apego le llega la fecha de caducidad cuando el bebé crece y se convierte en todo un niño? En este texto, resalta además, la búsqueda de la excelencia por parte de los padres, ¿es posible que busquemos hinchar nuestro ego realizando la actividad de criar con exquisita técnica? Y por otro lado, ¿es posible la crianza con apego con tres o más hijos?

El texto nos va llevando a la ETIQUETA. Etiqueta con mayúsculas. Aparecen una serie de criterios que definen a la crianza respetuosa o crianza con apego y dentro de la propia tendencia empiezan las riñas, no se admite ni una fisura en la definición, se pugna por conseguir ser el más “purista” o por inventar un nuevo estadio en la cumbre de la pirámide y que conste que yo ya llevo seis meses de lactancia en tándem, entiéndase esto desde cualquier perspectiva, todas me valen.

En ¿Somos comunidad?  Colo Villén declama con un exquisito alegato a la camaradería, apelando al tratamiento horizontal entre nosotr@s, olvidando a los grandes gurús que permiten la existencia del resto. A su vez Myriam Moya nos relata qué sucedió El día en que dejó de ver la sombra de las demás.

La Autocrítica de Ileana Medina no deja espacio a la vacilación, con honestidad certera despliega las cartas sobre la mesa, ¿acaso la competición y la envidia no es otro modo de perpetuar los viejos valores patriarcales que nos encadenan a la repetición de la insatisfacción, una y otra vez?

También Rocío Ayara nos advierte de que Nuestros bebés no van a salvarnos.

Un Post lleno de enlaces y de mucha reflexión. Sin meterme en temas de marcas, rankings y klouts varios. Internet es un fiel reflejo de la vida tangible, con la salvedad de que te acerca a golpe de click con grupos de personas y tendencias de pensamiento remotas de otro modo, pero aquí y allí funcionamos del mismo modo, con vileza. Me he preguntado en muchísimas ocasiones, ¿qué hago aquí? ¿merece la pena tener un blog? ¿qué está pasando en la red? Y por fin he hallado respuesta, aquí y allí hay sabiduría, hay personas que no dan nada por hecho y que cuidan y multiplican su razonamiento a cada paso, creciendo siempre y en continuo movimiento.