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Una escuela libre y democrática

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En pocos días empieza Septiembre, ya sabéis a lo que me refiero, horarios, adpataciones, síndrome post-vacacional para grandes y chicos, algunos miedos empiezan a rondar y también ilusiones, muchas ilusiones. En este entorno personal os traigo una de mis últimas lecturas, Summerhill hoy de la editorial Litera.

La educación de mis hijos y el sistema educativo español es un tema que me preocupa, que duda cabe, así que indago y siempre me gusta hacerlo volviendo a las semillas de la revolución, recuperar los sueños de grandes pedagogos de la historia para salvar las ideas que se puedan aplicar a mi entorno, o sencillamente para crear debate, se pueden sacar algunas conclusiones de la confrontación de ideas.

¿Y qué es Summerhill? Summerhill es una escuela situada al sur de Inglaterra fundada en 1923 por Alexander Sutherland Neill, es una Escuela Libre pionera, entre sus muros conviven niños de primaria y secundaria de manera interna por lo que cuentan con amplios espacios, hectáreas de campo, dormitorios colectivos, aulas, comedores…

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De notas, fiestas y funciones navideñas

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abeto literarioHoy estoy muy contenta y quería contaros por qué, ha llegado el final del trimestre y con él la fiestecita navideña, las notas y los demás enseres del momento.

Tenía mis reservas pero ya se han disipado y ni en mis mejores pronósticos imaginé una resolución tan coherente de los acontecimientos.

A saber, un colegio laico con su fiesta navideña, verdaderamente una contradicción en sus términos, pero la esencia de la decoración eran copos blancos y el protagonista un simpático muñeco de nieve. El corpus del evento era la interpretación de un villancico por aula, pero no eran villancicos cualquiera, eran de nueva creación, sobre la música de los clásicos adaptamos una nueva letra que versaba sobre los protagonistas del colegio, los niños. Nada de pastores, ni “Jesuses”, ni estrellas. ¿Y qué hay de los intérpretes? Padres, madres, maestros y niños, juntos, nadie se exhibe, nadie se expone, todos compartimos un momento divertido ¿y por qué no decirlo?, también emotivo. Se me empañaron los ojos al sentir que era parte de algo en lo que mi hijo participaba, después de tantos malos momentos por la adaptación al cole nos estábamos divirtiendo y pertenecíamos jubilosos al grupo.

Las fiestas escolares que incorporan actuación infantil siempre me han provocado hurticaria, hunden sus raíces en espectáculos de gusto americano y, aun a riesgo de parecer exagerada, lo diré, me parecen una rutinaria mercantilización de los niños. El contacto de las familias y la escuela se reduce a esos días en los que la expectativa es grande y los niños muy pequeños, incluso en algunas guarderías se viene realizando “el bailecito”. Se fuerza a los niños a que demuestren “algo”, ¿psicomotricidad?, parecemos necesitar un “producto” que justifique sus largas horas de escolarización, que nos divierta y que, por supuesto, nos haga sentir muy, muy orgullosos. Además, nadie pregunta a los protagonistas si les apetece intervenir, habrá muchos niños que no solo estén dispuestos sino que lo desearán con vehemenia, en función de sus intereses o de la necesidad de subrayarse que tengan. Pero a otros infantes no les parecerá tan buena idea, incluso puede que les horrorice. ¿Colocarte delante de tanta gente y comprobar cómo sonrisas bobas y miradas atentas siguen el movimiento de tu pompis? Verdaderamente espeluznante.

Esta reflexión puede resultar paradójica viniendo de una persona que se sienta cada semana delante de desconocidos para mostrar su “cancioncita”, pero yo he elegido, e incluso me pagan por hacerlo.

Otro de los temas candentes cuando acaba el trimestre son las notas y calificaciones, y una vez más me siento satisfecha con el camino elegido por el colegio. Nos entregaron una carpeta con los dibujos de Marco con una importante advertencia: lo que un niño aprende y experimenta no cabe en una carpeta, tan sólo es una pequeña muestra de lo que se puede plasmar y guardar. Y es tan cierto que solo me queda compartirlo con vosotros. A veces las cosas son tan obvias que ni reparamos en ellas. Por otro lado, su maestra tuvo la enorme gentileza de escribir un detallado y extenso informe sobre cada uno de los niños, sobre su modo de relacionarse, sus capacidades, su desarrollo, sus peculiaridades, sus fobias y sus filias. Pero lo que más valoro es que lo hizo desde la virtud y no desde la carencia, poniendo énfasis en el respeto por el ritmo y la peculiaridad de cada niño. Apenas acaban de dejar el pañal, nos gustaría que fueran niños autónomos pero verdaderamente aún están en transición, conservan costumbres de bebés, algunos aún no tienen claro si son diestros o zurdos. Que los hayamos escolarizado no implica que hayan comenzado su “carrera hacia el cielo”, que estén listos para competir, producir, ser eficaces, o que haya un modo de medir y jerarquizar su valía, una valía  solo reseñable en áreas productivas como aritmética y lecto-escritura, signifique lo que signifique eso con tres años. Estoy muy agradecida porque parece que hemos encontrado un pequeño oasis en el que no sólo se mira, sino que se ve a cada alumno, a cada persona, como alguien único, en crecimiento y expansión de manera diferente a los demás.

Ya traté este tema hace un año en Qué esperamos de nuestros hijos y sin duda volveré sobre él porque es algo que me preocupa y que se me cuela por las rendijas.

#CrónicadeCole

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Salto al vacíoEste Post es muy difícil para mí. Si lo escribo por la mañana, estoy derrotada, abatida, deprimida. Si lo escribo por la tarde, la esperanza me ilumina, la ilusión me mueve, soy positiva y veo como caminamos por el sendero adecuado.

Ahora, en la mañana, hasta me siento ridícula, ¿a quién le pueden importar mis neuras? Le doy demasiada importancia. Puede que si, pero en verdad, el barniz que tinta ahora nuestra vida como familia es de color intenso.

Me ciño a los hechos. El primer día Marco fue con su papá, cada dos días se presentan dos niños nuevos en la asamblea matutina, con fotos, con historias, con palabras menudas, risas nerviosas y compañía, la compañía de la figura de apego durante una hora, mas otra hora sin la referencia cotidiana. Cuando papá recogió a  Marco, este constató un hecho: “papá me has dejado solito”,  y sobre este motivo hemos ido desarrollando el primer movimiento de nuestra particular sinfonía.

El segundo día hubo expectación, como la primera experiencia fue relativamente buena ya se quedó a comer y la hora de recogida pasó a ser las 13:30. Pero para el tercer día ya sabíamos qué esperar, cuáles serían los acontecimientos y apareció la resistencia, el llanto desde el despertar, la negación de la posibilidad y los mantras: “el cole está cerrado”, “cuídame, cuídame”. Me siento morir, por primera vez no remediamos su sufrimiento. Cuando necesitaba brazos, lo porteábamos; si necesitaba compañía para dormir, nos acurrucábamos; si necesitaba atención exclusiva y juego, se lo dábamos. Sus necesidades humanas básicas eran satisfechas en la medida en que podíamos brindárselas, cariño y mirada.

Pero ahora me mira con sus ojos verdes, enrojecidos y me lo pide: “mami no quiero cole, cuídame tú, en casa”, un día y otro día. Hoy es el día 11.

¿Y cómo está en clase? Ha evolucionado muchísimo, es cierto que el tercer día, sin duda el peor, estuvo muy bloqueado y llorando la mayor parte del tiempo, pero ya no llora allí, participa en las actividades, sonríe y juega. Es muy importante aclarar que el colegio es una maravilla y que merece un post por si mismo, fomenta el juego libre y la participación de la familia. La recepción de los alumnos es de nueve a nueve y media, momento en el que los padres entramos en el aula y departimos con la maestra y con la cuidadora, saludas a otros niños, a otros padres y nos integramos con naturalidad. Lo mismo se repite en el momento de la recogida, de tres y media a cuatro. Los niños duermen la siesta después de la comida y nosotros recogíamos a Marco para que descansara en casa, pero el quinto día su maestra nos propuso como estrategia pedagógica que permaneciese en el colegio con los demás, ya que esperaba con ansiedad la hora de la comida al comprobar que su padre le recogía tras esta. Muy a regañadientes accedí y se obró el milagro, duerme la siesta con otros niños, hasta el momento, sin necesidad de “teta” ni otros accesorios maternales. Deduzco que está tranquilo allí, pues el que pueda dormir me parece un gran medidor.

¿Cómo ha alcanzado la tranquilidad en el colegio? Pues sustituyendo a su figura de apego, buscando la complicidad adulta y en este sentido el centro ha sido impecable, necesitaba atención y se la han dado. Los primeros días llegó a hacer plastilina con los cocineros, charló con el director, cogía de la mano a su maestra y recibió y recibe besos y abrazos. Cuando llega a casa me cuenta de buen ánimo lo mucho que se divierte.

¿Pero qué ocurre por las tardes? Con abrumadora dulzura nos regala sus besos y nos reitera lo mucho que nos quiere, pareciera apreciarnos más por el tiempo que nos ha echado de menos. Pero conforme avanza la tarde y su cansancio empiezan sus elucubraciones y sus bucles, inventa excusas para no ir al colegio a la mañana siguiente, coge el teléfono y llama a su maestra para contarle que el colegio permanecerá cerrado, fabula con hacer las actividades programadas para la tarde por la mañana y se va angustiando cuando le presentamos la realidad de la situación, que tiene que ir al “cole”.

Duerme mucho peor, las noches son más ligeras y el despertar definitivo es cada vez más temprano. El desayuno supone la inminencia de salir de casa y vestirse le resulta insoportable, empieza el llanto, la súplica, que no rabieta, los abrazos, el CUÍDAME.

La idea de ganar autonomía y desvincularse de nosotros unas horas le angustia. Aunque la estancia en el colegio le resulte incluso gozosa a ratos, tiene miedo al abandono. ¿Y por qué no decirlo? Es tenaz, testarudo, expresivo, luchador, muy buenas cualidades, que si bien ahora nos lo ponen difícil, no quiero que las pierda, como tampoco quiero que piense que su opinión no cuenta o que no nos importa su bienestar.

Francamente, vivimos en una montaña rusa. Cuando vuelve tan contento y explicando que volverá feliz al colegio al día siguiente, respiramos aliviados. Pero cuando al día siguiente descubrimos que era una intención, no un hecho consumado nos frustramos terriblemente.

Los adultos han decidido. Sabemos lo que es mejor para ti, o eso quiero pensar. Pero la duda a veces se instala y flaquea mi alegría y mi paciencia, esa que tanto necesito ahora para responder a tus demandas y necesidades que se acentúan.

Las alternativas se arremolinan en mi cabeza y ninguna se me antoja ventajosa. Quiero acompañarte en el proceso y sufro cuando desespero. Perdóname Marco por pisar el acelerador de tu maduración. Yo también te quiero.

Esperanzas e inquietudes. La escolarización.

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El cole“Dulce Septiembre”. De llantos, incomprensión, rabietas, pesadillas, despedidas.

Valiéndome del drama que en ocasiones me caracteriza, me expreso como lo siento.

Marco comenzará su andadura escolar el día 18 de septiembre y de eso quería hablaros, de la zozobra y de la incógnita.

Muchas han sido las dudas pero esta es mi declaración de intenciones. No nos sentimos “homeschoolers”. Mi compañero permanecerá con Maia para facilitar mi incorporación laboral. El sonido brotará de mis entrañas, esta vez vacías, sin vida palpitante aferrada a mi vientre. Pero para que la música vuele, tenemos que encontrar también, nuestro propio vuelo cada uno de nosotros.

La idea siempre ha sido respetar el ritmo del niño, él mismo ha pedido dormir en su camita (aunque ese es otro cuento que ya os contaré con más premura que tardanza), también él mismo propuso dejar el pañal (ídem de ídem), pero no ha pedido ser integrado en un sistema educativo como el nuestro, a todas luces deficitario, en cuanto a recursos y sobre todo en lo que a ideales se refiere. No obstante, ya se interesa mucho por los niños, les pide jugar juntos, imita a los mayores en reuniones y parques varios, se sienta junto a ellos en la escalinata, los coge de la mano y se entusiasma cuando sabe que hay planes con niños. Pero esta es mi duda, ¿habrá llegado el momento? No es igual jugar con 5 niños que con 25. Las ratios me parecen infames y más en estas edades, Marco aún no tiene 3 años.

Por otro lado me inquietan las características naturales de los niños a esta edad y el modo en el que puedan disciplinarlos en el colegio. Las leyes de la propiedad aún son difusas y el autocontrol de la violencia para defender lo propio aún es prematuro, así como la importante necesidad de atención. Algunos pensaréis que “la vida es así, que vivimos en sociedad”, desde luego, pero la precocidad en estos asuntos no creo que sea una virtud.

Hemos encontrado un colegio fantástico, o al menos lo parece, con un proyecto educativo diferente, ya os hablaré de él cuando “entremos en harina”. Por lo pronto, enviaron una carta de bienvenida para Marco con una foto de su maestra y tuvimos una entrevista individual con ella, así el niño conoció el centro y el aula de su mano.

Pero hace dos días tuvimos una cruda reunión colectiva en la que la maestra nos aconsejaba para sobrellevar con paciencia y empatía los días venideros. De modo realista nos presentó un proceso complicado que puede mostrar dos caras, la silente y la extra-demandante. En ambos casos los niños necesitarán ración extra de comprensión, mirada y atención. Pueden sufrir retrocesos en el control de esfínteres. Paciencia. Posibles alteraciones del sueño, pesadillas y despertares. Paciencia. Irritabilidad, berrinches y rabietas. Mucha paciencia. Tampoco es buena idea alentarles con grandes ilusiones o expectativas porque la realidad es que es un cambio importante para ellos y no demasiado agradable al principio.

Ante este panorama que yo intuía y temía, he quedado desolada en primera instancia, pero con el paso de las horas estoy agradecida, ya no somos niños y no está mal mentalizarse, me ayudará a comprenderlo y a estar más accesible, no viviré la frustración en el momento en el que él más me necesite. Le acompañaremos y le ayudaremos a comprender el mundo.

Si pienso en mi primer día de colegio para mí fue un gran día, recuerdo los cajones de ceras y el olor del color, pero a tres meses de cumplir cinco años las cosas se ven de modo diferente. Pero hemos cambiado, las mujeres reivindican su lugar en el mercado laboral y las políticas de conciliación “están en pañales”, la solución es la escolarización temprana. Lo hemos retrasado todo el tiempo que hemos estimado oportuno. Ahora solo nos queda confiar en nuestro núcleo familiar y en la plasticidad de los niños con el apoyo adecuado.

Los prolegómenos nos están mostrando que la incertidumbre tampoco le gusta a los niños. Desconfía de que TODO el mundo le pregunte por lo mismo, cuando verdaderamente él no sabe qué va a pasar. Y ahora que el colegio ya ha empezado, vecinos y conocidos del barrio, e incluso desconocidos, TODOS le preguntan que por qué no está en el cole. Los días de sendas reuniones nos hemos enfrentado a sendas rabietas de 40 minutos interminables, pero he de decir que la resolución de la segunda fue mucho mejor que la primera, así que estamos animados, podemos atravesar paredes verticales con éxito, tranquilidad y cariño.

Pero no descarto buscar abrazos en Twitter para quién quiera dármelos 😉