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Muñecas

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Las muñecas son las grandes protagonistas del juego simbólico. Son uno de los juguetes clásicos. Bloques de construcción, muñecas, pelotas, los imprescindibles.

Cuando los niños coquetean con la idea de crecer imitan a sus figuras de apego, es entonces cuando ellos mismos crían, acunan o cuidan; atribuyen características humanas a sus muñecos (también peluches o animalitos) e incluso a veces se proyectan a sí mismos en ellos, éste es el juego, la experimentación con las relaciones sociales en un entorno seguro, yo conmigo mismo.

¿Son las muñecas cuestión de género? No me atrevería a decir tanto, sólo os puedo contar nuestra experiencia en casa. Marco tuvo una muñeca antes de que naciera su hermana y en ocasiones le prestó atención, la porteó y acunó pero la mayoría de las veces jugaba con ella como si fuera una pelota, o la sentaba y le daba un empujoncito para desternillarse después. En cambio Maia adora a sus muñecas bebé, incluso les da tetita y las cura cuando se caen. Niños distintos, experiencias distintas.

Llegados a este punto y teniendo en cuenta que muñecas y muñecos son un elemento clave en el juego de niñas y niños, mi reflexión va encaminada a las características que han de tener para que sean el juguete de nuestros hijos, cualquiera no vale, debemos elegirlas con sumo cuidado ya que tendrán influencia en el imaginario visual, estético y ético de los pequeños, Es importante que no estén cargadas de valores inadecuados. ¿Y qué valores no son adecuados para mí? La frivolidad, la sexualización prematura, “adolescentizar” a las muñecas, adelantar etapas y subrayar valores como la coquetería, el glamour o bellezas y cuerpos imposibles.

Este es un Nenuco que tiene Maia. Puede que sea exagerada pero ¿no veis que tiene la cintura estrecha, pestañas larguísimas y ropa como para ser el más fashion del gimnasio? Por no mencionar que lleva el chupete de serie, cosido a la ropa, Maia jamás ha usado chupete y no veo razón para que se identifique con él, ¿así son los bebés?

Otro rasgo que he observado, a propósito de este muñeco, es que con el paso del tiempo esta saturación de la frivolidad en las muñecas se ha ido acrecentando.

Este es Nenuco hace veinte años:

Nancy antes y después:

Pin y Pon antes y después:

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Barriguita antes y después:

¿Es necesario frivolizar tanto a las muñecas? La creación de un referente tan alejado de la naturalidad, tan estereotipado, tan decorado. Esos ojos cada vez más grandes, esos rostros maquillados, esa preocupación por la moda, por un tipo de moda, el tipo de moda que convierte a la mujer en un objeto que exhibir. Son figuras sexualizadas, con ademanes de picardía, son auténticas vedette, Lolitas que a la vez que insinúan se convierten en espectros inalcanzables, etéreos llenas de candor “¿es a mi a quién miras? y una risita nerviosa e inocente sin serlo. Siento que el mensaje es confuso y totalmente inadecuado, lejos de acercar a las niñas a una sexualidad libre y placentera, que está por llegar, aún no es el momento, adelanta etapas para las que no están preparadas, ni saben gestionar. “¿Has de estar mona para gustar a quién?” Las niñas de siete años no viven enamoradas pero saben de sobra coquetear, ¿con quién con el príncipe azul?

¿A qué viene esta apresurización? Ah ya, las niñas no deben ni pueden escapar del mercado, desde bien pronto han de consumir maquillaje o al menos conocer que ése es su sino. ¿Pero son referentes válidos? ¿Cómo son las mujeres que rodean a esas niñas? Sus maestras y tías, sus madres y amigas.

Este análisis superfluo en cuanto a las muñecas de niñas pequeñas, pero ¿y las muñecas de niñas mayores?  Sin meternos en el campo de la pre-adolescencia, que se nos hace de noche. ¿Hablamos de Monster High, de Bratz, de Barbie? Mejor nos conformamos con un par de apuntes en estos interesantes artículos: Así son las muñecas Bratz sin maquillaje

y Lammily, la muñeca “normal” con celulitis que compite con Barbie. En este enlace podemos ver un vídeo muy interesante sobre las impresiones de los niños cuando ven por primera vez a Lammily, por poner sólo un ejemplo “Cuando se les pregunta por las profesiones que podría desempeñar Lammily entre sus respuestas figuran las de profesora, piloto, informática o nadadora. Sin embargo, Barbie sigue estigmatizada por su aspecto a pesar de que haya pasado por 150 profesiones hasta la fecha. “Modelo, maquilladora o profesora de natación” son los trabajos que los pequeños asocian al juguete de Mattel“.

Y para terminar, pero no para dejar de pensar, este otro artículo Las niñas objeto.

A veces me pregunto si sonaré muy alarmista pero igual entre varias alarmistas conseguimos mirar con otros ojos menos complacientes aquello que nos rodea y que nos está dañando.

Estoy pensando en un nuevo Post lleno de muñecas respetuosas con la naturaleza humana, ¿queréis ayudarme a seleccionarlas? Escribidme con vuestras sugerencias por favor, serán muy bien recibidas. (lamamacorchea@gmail.com).

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Gales sí es país para niños

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image-He visto un vuelo estupendo a Cardiff.

-¿A Cardiff? ¿Y qué hay en Cardiff?

-Gareth Bale es de allí.

-¿Bale?

Este fue mi primer contacto con Gales pero la cosa fue mejorando por momentos. Ha sido nuestro primer viaje, fuera de España, como familia de cuatro y venimos realmente emocionados y gratamente sorprendidos por las posibilidades de la zona. Gales cuenta con tres maravillosos Parques Nacionales orlados de castillos, abadías, aldeas de cuento, dólmenes, iglesias y puentes medievales… tanto de todo que fue mucho lo que se quedó en el tintero.

¿Por qué es un destino apropiado para viajar con niños? Además de lo obvio, la exuberancia de la naturaleza y un clima amable en verano, hemos encontrado que la amabilidad de la gente es definitoria y que todos los lugares son “amigos de la infancia”. Restaurantes, cafeterías y Pubs, en todos ellos cuentan con tronas, te las ofrecen antes de que tengas tiempo de preguntar por ellas y además cuentan con un buen surtido de juguetes, puzzles, lápices y cuentos en muchos de ellos, te sientes realmente bienvenido incluso yendo con dos niños muy pequeños, nadie se asusta si un niño se levanta de su silla, siempre hay una sonrisa cómplice. Además está la gran cantidad de parques infantiles exteriores con mesas tipo merendero junto a ellos, es sencillo hacer una parada para el asueto de los niños. Lo normal es encontrar un tobogán en las inmediaciones de un impresionante castillo y una acogedora cafetería donde comprar dulces viandas; para una amante de los cafés distendidos, Gales es un verdadero paraíso.

Capítulo aparte merecen los alojamientos, la oferta de albergues jóvenes es muy amplia y sí, las familias somos bienvenidas. Cuentan con habitaciones de cuatro, de seis y con barracones claro, pero lo mejor de los albergues son las zonas comunes y sus grandes cocinas comunitarias, pienso que para los niños es enriquecedor el ambiente cooperativo, donde compartes espacio y respetas al prójimo, mientras unos cocinan, otros lavan sus platos en animada conversación. También dormimos en B&B y Guest House, en una de ellas dejaron una caja de Lego en nuestra habitación y la otra era una granja. Desayunar junto a los caballos y las vacas ha sido muy emocionante para los niños, la bebé no dejaba de señalarlos mientras daba grititos.

Totalmente recomendable, Gales sí es país para niños, un cóctel de naturaleza e historia llevada con amabilidad y buenos zumos de manzana.

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Nota: No he querido alargarme porque no suelo hacer guías de viaje, pero si queréis saber mas cosas o tener alguna dirección no dudéis en preguntarme.

Celos: las comparaciones son odiosas

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Niños en la terraza

Los celos entre hermanos es un tema que me preocupaba incluso antes de tener niños. En la literatura, en el cine o en casa de otros, los celos pueden resultar enigmáticos y apasionados, pero en el entorno inmediato los celos dificultan la convivencia en varios niveles. La tensión se puede generar con un incidente o ante la “posibilidad” del mismo y así comienza el juego de interpretación de intenciones, todos nos ponemos a la defensiva y se puede crear un clima espeso, emponzoñado y desagradable.

Puede que sentir celos sea natural o que incluso forme parte del plan que la evolución nos tiene reservado, pero para mí subyace un sentimiento de dolor, de que no eres tan valioso como otro, de que percibes atenuada tu ración de amor, y eso es algo que no quiero para mis hijos. Nadie puede evitar los sufrimientos que la vida nos tiene reservada, pero si afrontarlos de manera mas sencilla fuera posible, cualquier herramienta es bienvenida.

A vueltas con el tema he encontrado un libro, Hermanos, no rivales de Adele Faber y Elaine Mazlish y es bastante estimulante, tanto, que he decidido dedicar una serie de Posts desarrollando las ideas más interesantes.

Hermanos, no rivales

Las comparaciones. De todos es sabido que las comparaciones son odiosas, mucho, sin embargo es muy habitual que se nos escapen comentarios, unas veces por despiste y otras por impaciencia cuando queremos conseguir algo: “Marta ya se lo ha comido todo”, “Pues Alejandro ya sabe vestirse solo, no pones interés”. Con estas actitudes generamos sentimientos negativos entre los niños, de competitividad y rencor.

El texto propone la DESCRIPCIÓN del problema del modo más objetivo posible, se confirma un hecho sin juicios. Somos quienes somos y no en función de nadie más, de manera que cometemos nuestros propios errores y en momentos de vulnerabilidad no necesitamos pensar en nadie más, este hábito se puede generar cuando somos muy pequeños y acompañarnos por demasiado tiempo.

En cuanto a los halagos, las autoras proponen que se realicen en privado con cada niño, no es necesario privarles de las muestras de orgullo y cariño que suscitan en nosotros pero se pueden comentar los logros por separado. Ésto me parece muy buena idea, les podemos dedicar a los niños toda nuestra atención sin que vaya en detrimento de nadie más. No usaría los éxitos de un hijo para “motivar” a otro, de este modo promoveríamos la competitividad en detrimento de la cooperación, valor más preciado, que derivaría en más respeto hacia los demás y en una mayor confianza en uno mismo.

¿Y qué ocurre cuando comparamos de manera positiva? Que “ninguneamos” al otro, normalmente al pequeño, para que el mayor se sienta mejor, quizás el bebé no perciba en ese momento que se le está menospreciando, pero el hermanito mayor si aprenderá a sentirse mejor a costa de otros y ése no es el mejor camino para estar contentos con nosotros mismos.

De Hermanos, no rivales.

Puede que todo sea una obviedad pero yo me he descubierto en alguna ocasión vanagloriando a mi hijo mayor porque ya no usa pañal, o lo que es peor, porque “ya no toma tetita”, como si tomar tetita fuera algo malo, después de una lactancia prolongada tan satisfactoria. En fin, propongo revisar algunos de nuestros hábitos o al menos repensarlos.

 

¿Es descortés la extroversión?

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Parqueando

Con diferente estilo pero igual resultado se podría decir que Marco y Maia son muy extrovertidos.

La pequeña Maia llega al parque, decide quién le conviene y se acopla, sin palabras, no las necesita, con miradas, gestos y conexiones sutiles. ¿Que los compañeros de juego son mayores? ¡estupendo! ¿Que hay un bebé pequeñito? ¡aún mejor! ¿Chicas adolescentes? ¿Madres con sus hijos? ¡Todo vale! ¿Ancianos con perritos? ¡Qué más se puede pedir! Una auténtica delicia. He presenciado momentos realmente tiernos y emotivos con ella, en una ocasión estableció un vínculo especial con otra niña, los ademanes de saludo y cariño se sucedieron como en una danza muda, se miraron a lo lejos, se encontraron y se volvieron a separar, y en la despedida había tristeza, pareciera que se conociesen desde siempre. La otra madre me miró y conmovidas nos dimos un abrazo sordo, un abrazo de humanidad en la distancia.

Los lances de Marco son de otro color, el lenguaje aparece como eje fundamental, a todos saluda, con todos habla, con el caballero que lee su periódico en un banco, con la señora que limpia la escalera, con cada uno de los policías que se cruzan por nuestro camino, con los vecinos, con los padres de los niños que hay en el parque, con los niños del parque, con todos los camareros y tenderos del barrio, con todos. Rompe el hielo contando aquello que ocupe su pensamiento en ese preciso instante, da por entendido el contexto y espera una absoluta comprensión del otro lado. Siempre atento al estado emocional del prójimo, cariñoso y atento. Otra delicia. Me cuesta tanto dejar de sonreír cuando le escucho hablar de caracoles, súper-héroes o el mar con el jardinero que poda los setos… Es mi debilidad.

Sin embargo, le cuesta comprender la ironía, aceptar las bromas o entender las convenciones sociales del mundo adulto. Marco es el típico niño sincero y honesto, ése que podría parecer descortés o muy divertido, dependiendo de las gafas con las que miremos. Si no quiere dar un beso, lo demuestra enfáticamente; si huele mal, lo comunica; siempre que duda o no comprende, pregunta; cuando se sorprende, describe lo que sucede.

Ejemplos prácticos:

Al vecino de la abuela: ¡Qué barrigota, te estás poniendo muy grande!

¿Qué te llamas cómo? ¡Qué nombre tan feo! 

¡Mira, un hombre bebé! (Esto es, hombre calvo que se cruza por nuestro lado)

¿Y por qué tienes el pelo blanco? ¿Y por qué estás arrugado?

A todas la personas que llegan a casa con una bolsa: ¿Qué llevas ahí, qué me has traído?

Al tío de mamá que ha comido ali-oli y pretende darle un beso de despedida: ¡Qué peste hueles!

Éstos son sólo algunos ejemplos en solitario, después tengo los ejemplos a dúo, como cuando llega un bebé, -muy bebé, recién nacido- al parque con su primeriza madre y mis dos tesoros se abalanzan sobre el carro del desconocido, con sus manos llenas de polvo y sus mas tiernas intenciones; o en la playa, esta es mi favorita, papá lleva para merendar la “frutita”partida, variada y deliciosa y ellos con su radar detectan cualquier bolsa de gusanitos o paquete de galletas ajeno y muy ufanos se aproximan, Maia tiende su mano y parpadea encantadora, Marco sentencia con la frasecita, “¿me das?”.

Y sientes vergüenza, primero por la situación y después por haber sentido vergüenza, por dejar en la estacada a tus vástagos. Algunas veces “el blanco” de la honesta extroversión es muy simpático y te sientes aún peor, “tierra trágame”; y otras puedes ver cómo se escandalizan, entonces paso por dos estados, primero soy una niña herida y avergonzada y después me enfado, me enfado muchísimo y maldigo las normas de la “buena educación”, ésa que nos atenaza a todos y que sólo representa a unos pocos.

Para los niños las leyes de la propiedad no están claras, un bebé de quince meses ve un plátano y lo quiere, sencillamente, no le importa de qué mochila sale. Si se sienten tiernos, quieren acariciar; si quieren compañía, se sientan junto a otros, esto es así. Pero a medida que van creciendo puedes ver como se modifica lo que puede ser sencillo. En demasiadas ocasiones he escuchado a niños mayores hablar así de mis hijos: “nos persigue, ¿qué quiere? ¡qué niño/a tan raro/a”. Demasiado pronto no somos capaces de ver las buenas intenciones de los demás, nos cerramos en nuestro grupúsculo y nos molesta lo desconocido. Crecer, a veces, es una pena.