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De destetes

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El caudal se fue disipando, almíbar lácteo que tan poderosa me hizo. Todas las razones y todas las soluciones que ya hemos de sustituir, que ahora son otras porque ya no soy una madre de leche.

Maia ya no toma teta, Maia se ha destetado, nos hemos destetado.

Allá por mayo del 2015 empezamos el proceso, aquí hablaba de ello, del destete nocturno. Y si me retrotraigo aún más en esto otro, justo en mayo del 2014, ya “negociábamos la lactancia”, nuestro destete ha sido un proceso largo muy gradual, una cuestión de más de dos años de los tres y medio que ha durado.

Una amiga me dijo una vez que “nosotras” las grandísimas defensoras de la lactancia materna hablamos mucho en nuestros blogs de los dones de nuestras ubres y de como conseguir establecer la lactancia con los recién nacidos, pero… ¿qué hay del destete?

Verdaderamente destetar a un niño@ no es tarea fácil en general, por una sencilla razón, somos nosotras, las madres, las que decidimos que ya es suficiente, que hemos cumplido, “¡pero si la OMS recomienda seis meses de lactancia exclusiva y ya están rebasadísimos!”. Pero los bebés o niños pequeños no entienden de organizaciones mundiales de la salud, saben lo que quieren y lo que les gusta y nosotras empezamos con “las rebajas”, es tan duro como real, es una decisión unilateral y como tal hay que lidiar con ella.

El proceso de destete no solo lo viven los niños de “teta” también damos a los pequeños, chupetes, mantitas y doudous para un buen día decidir que ya son mayores y que con nuestros superpoderes sabemos de qué tipo de cosas pueden prescindir. La aduldez nos confiere esa “dudosa sabiduría” que debería estar contrarrestada con infinitas cantidades de paciencia para acompañar el proceso.

Una vez “rota la lanza” por los niños rompamos una por las madres. Los esfuerzos sociales para que las lactancias fracasen son altos, pero ocurre que una vez franqueados emerjan los deseos individuales de libertad, nos asalte el cansancio, nos domine la frustración y queramos dormir, o sentir que no somos tan imprescindibles. A mí, personalmente, me abrumaba la responsabilidad de ser tan sumamente necesaria para conciliar el sueño. Si dejas a un lactante al cuidado de otra persona realmente les buscas un problema a los dos, el llanto dramático puede ser intenso y concienzudo. Los tempos de las crías humanas son así, el apego y la seguridad requiere tiempo para evolucionar pero como dice Bei de Tigriteando, “los días son largos y los años cortos”.

Nuestro proceso de destete nocturno, nuestro primer objetivo, comenzó en la primavera del año pasado pero se hizo demasiado difícil y duro, ninguna estábamos preparada y lo dejamos estar. Seis meses después comenzamos de nuevo para por fin conseguirlo, los despertares se redujeron y dormimos del tirón, todo un logro.

Maia pasó dos fines de semana con su padre y su hermano sin problemas, sin dramas ni preguntas pero en cuanto llegaba a casa solo quería “tetita”. He podido comprobar como cuando llega cierta edad la necesidad sólo se asocia a la presencia de la madre y el tipo de vínculo con ella es indisoluble a la lactancia. Ésto me traía de cabeza, yo ya no quería ser madre lactante y que solo se vinculase conmigo para tomar teta me molestaba, me hacía estar alerta, quería contarle un cuento sin darle teta, quería consolarla sin darle teta, quería acariciarla para dormirla sin darle teta. Lo ansiaba, pero no antepondría mis deseos a los suyos, tenía que ser tolerado por las dos aunque fuera mi decisión.

Ya os he mencionado nuestra experiencia con el destete nocturno, cuando comenzamos a negociar la lactancia y el destete  de Marco en su momento, ahí podéis encontrar consejos por si os ayudan o inspiran pero no puedo terminar este Post sin hablaros de la feliz idea de Miriam Tirado, La fies-TETA, creo que para los niño@s son muy importantes los rituales, les ayudan a fijar los momentos. Animada por la lectura de Miriam le propuse a Maia hacer una fiesta cuando estuviera preparada para dejar la tetita, no se mostró muy interesada y cada tanto se lo recordaba hasta que un día la idea conectó con ella, buscamos una tarta juntas, decoramos el salón e hicimos una fiesta íntima en la que Maia nos contó que ya era mayor y que íbamos a celebrarlo, todo fue sobre ruedas, fue realmente emotivo, un momento que no olvidaremos.

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No os voy a engañar, al día siguiente a la hora de dormir me propuso tomar algo de teta, le recordé la fiesta y me pidió meter la manita en el escote, así lo hicimos y se durmió plácidamente. Ya hace mas de dos semanas de eso, 3 años y 5 meses ha durado su lactancia, 5 años y 9 meses ininterrumpidos llevaba yo de lactancia sumando a mis dos cachorros con 10 meses de tándem.

¿Y cómo me siento? ¿tengo nostalgia? Más bien tengo la sensación de que debería tenerla pero no hay angustia, hay alivio, me siento más ligera y más enamorada de mi pequeña, descubriéndonos en otra faceta, nos damos más besos que nunca, nos abrazamos continuamente y nuestra complicidad es un gran tesoro que florece imparable. Estoy muy contenta y pienso que ella también, aunque a veces nos pide ir en carrito, cosa que ya no hacía, crecer es difícil y está bien echar la vista atrás de vez en cuando.

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Invizimals

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No se por qué extraña razón mis hijos siempre terminan poniéndome en mi sitio, o al menos en algún sitio.

La historia sucedió así: Marco es un fan incondicional de Star Wars, mención exclusiva merece esta filia pero queda pospuesta de momento, pues bien, tenemos un álbum de pegatinas con fotogramas de la saga, 324 sin ir más lejos. Después del gran estreno del Episodio VII el pasado mes de diciembre las hemos ido coleccionando con avidez e ilusión, tenemos dominadas las cifras de tres números y el álbum a puntito de caramelo, casi listo; pues bien desde hace algunas semanas el niño llegaba a casa con unas horrendas cartas, las “repes” de sus amigos de Batalla de cazadores. Invizimals. No le concedí demasiada atención, o más bien no quise hacerlo, ¿he dicho ya que son horrendas?

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Hasta que un día llegó la petición oficial,

-Mamá quiero el álbum de Invizimals y sus cartas.

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¿Es indispensable ir a la escuela?

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En estas fechas que corren elegir escuela es lo urgente, las solicitudes de centro se han abierto y debemos seleccionar con cuidado las opciones que tenemos, pero ¿y si no elegimos ninguna? “Yo nunca fui a la escuela” es el libro del que vengo a hablaros, escrito por André Stern que nos cuenta su propio testimonio, nunca fue a la escuela y ha encontrado el modo de realizar el trabajo que le gusta en diferentes etapas de su vida.

La narración se articula en dos partes diferenciadas, la enumeración de intereses del protagonista y cómo los fue desarrollando, y la batería de preguntas frecuentes que le suelen hacer.

Del texto se deduce que la motivación se convierte en la energía que lleva a André al conocimiento, cuando eliges qué te interesa inviertes todo tu tiempo en conseguir tus objetivos, la clave en este caso sería no interferir y poner los medios adecuados al alcance Lee el resto de esta entrada

Cuando las crisálidas vuelan

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Por fin me siento ante la pantalla, cristal que me refleja y que os devuelve mi imagen, una imagen. Este largo paréntesis del blog, el más largo, no responde a una crisis de la palabra o de mi persona, es más bien que se amontonan mis prioridades sin que por ello sea capaz de decidirme o reconocerlas. Esta situación debería ser interpretada, y es que creo que ahora si, ahora el puerperio no es mi realidad, no se cuando dejó de serlo pero mi persona despierta paulatinamente, cada una de sus facetas luchan por florecer y expresarse, el pasmo maternal en el que me cobijaba, el nido que habitaba se ha terminado de desenroscar.

Recientemente me acusaron de este modo “tienes muchos proyectos parece que te falta oxitocina”, mis sistemas de alarma saltaron, ¿cómo podía ser posible? ¿el centro de mi mundo ya no eran mis bebés? quizás mis bebés ya no lo eran tanto, quizás tengo la ilusión de que me despego de ellos y posiblemente sean ellos los que se desprenden de mí. Ayer fue la primera vez que no los recogí del cole, y no hubo drama, venían contentos, qué tontería ¿no? pues claro. Pude comprobar dos cosas, me apetecía hacer otra cosa y además no era necesaria la culpa, nadie sufre.

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5 años de Marco

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Cinco años y cada vez más tú, tanto que siento pudor al escribir sobre ti, pudor de abrir esa ventanita, pudor de contarte. Ya he hablado muchas veces de lo emocionante que es vivir a tu lado, asombrarme con tus ocurrencias, madurar contigo… pero ¿cómo no hacerlo? si eres, sois mi pensamiento puro.

Comparto mi lecho con vosotros, puedo oler tus rizos, calmar tu respiración cuando se agita, escuchar tus sueños, porque ¿sabes? hablas mucho cuando duermes, hilvanas tus historias y desmadejas tus miedos y me siento como una privilegiada espectadora. Ésa es la verdadera cuestión, cada vez más espectadora, cada vez menos actriz, y es que a cada paso tú eres más tú. Las horas se suceden sin que nos veamos, decenas de personas plantean un reto para ti y con tus jóvenes emociones resuelves, o no, y guardas tus experiencias, a veces me las cuentas y otras no. Trato de adivinar, trato de soltar.

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Sonata de Otoño

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Sonata de Otoño (1978) es una película del director sueco Ingmar Bergman, la traigo como invitada de honor a este espacio, no me he podido resistir a analizarla desde la perspectiva de la crianza y el género.

La protagonista, Charlotte, una madura Ingrid Bergman en su última interpretación en el cine, decide apostar por su carrera concertística; es una gran pianista que deja a sus hijas relegadas a un segundísimo plano en pro de una vida de éxito, sacrificio, viajes y excentricidad. Tenemos ante nosotros a la “clásica” mala madre que expiará sus pecados en uno de sus encuentros con su hija. La película enmarca este tiempo narrativo, ese encuentro en el que madre e hija dejan caer sus velos de cortesía y formalidad para enfrascarse en conversaciones intensas, llenas de reproches, en las que recrearán duras experiencias vividas, con todo el dolor que trae el recuerdo, con acusaciones descarnadas que desgarran la seda burguesa y sonrojan al espectador que se revela como un voyeur indiscreto que invade una bochornosa intimidad.

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La interpretación de las actrices protagonistas es magistral y si además conocemos los avatares de la vida real de Ingrid Bergman entrevemos otros matices más profundos y lacerantes. La actriz dejó su vida, su marido y a su hija pequeña en América para vivir con Roberto Rossellini en Italia y quedar embarazada de nuevo. El escarnio público fue tremendo, corría el año de 1949 y fue declarada persona non grata en Estados Unidos. La moral imperante truncó momentáneamente su brillante carrera. Al margen de la opinión que nos merezcan las tribulaciones de su vida, es poco probable que de haberse tratado de un hombre hubiese ocurrido lo mismo.

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¿Jugamos con pistolas?

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Muchos pensamientos invertidos en los iconos femeninos, en el modelo de mujer que quiero transmitir a Maia, libre para no ser la niña buena, la princesa sumisa o la “mujer perfecta”.

Preocupada de inculcar los valores adecuados a Marco para que no menosprecie a sus compañeras, para que sepa advertir lo verdaderamente importante que hay en ellas, y en ellos.

Mientras tanto los iconos masculinos se nos van colando por debajo de la puerta, no los coartamos, como sí haría con las princesas, y cuando menos me lo espero estoy rodeada de Jedis y superhéroes, un mundo fantástico de naves voladoras súper-rápidas y sables láser de luz y cañones ultrasónicos y pistolas y… Y entonces se me hiela la sangre, ¿no son muchas armas? “Mami porfi, una escopeta de policía”, pero todos sabemos que la delgada línea entre “el bueno” y “el malo” en juego de roles es tan etérea como el humo. Y claro, me preocupo.

¿Permitiendo esas lides potencio la violencia? Se trata del típico juego de rol a esta edad, “¿vale que tu eres?” Pero si jugar a maquillarse y a estar bonita deja el poso de la superficialidad ¿qué poso deja la beligerancia y el heroísmo?

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