Archivo de la etiqueta: cumpleaños

3 años de Maia

Estándar

IMG_7556

Tres años ha que te me deslizaste, tres años ha que me miraste y cómo brillas a mis ojos que soy tu madre. Contemplarte es lo que adoro cuando estoy contigo, siempre lo he hecho pero de un tiempo a esta parte te me apareces como un milagro, y te contemplo y me maravillo ¿de dónde has sacado esos ojos? ¿dónde aprendiste ese caminar de brincos y pura gracilidad? Pareces un hada, saltando, mirando, escuchando y ya también contando. Cómo me gusta escucharte, se que me descubres sonriendo ampliamente, pero no puedo disimular cuánto me maravilla tu parlamento y no me río de ti, es que me devienes irresistible, casi me hipnotizas.

¿Qué podría contarte de éste, tu tercer año? Ha sido sin duda el año en el que te dejamos ir un poquito, emprendiste tu camino por las escuelitas que elegimos para ti y completamente adaptada, feliz y segura también nos hiciste zozobrar, seguramente nos hicimos zozobrar. Mi espina siempre es esta ¿cuándo? ¿cuándo es el momento de dejaros marchar? La culpabilidad me toca más ahí que en cualquier otro sitio y aunque te adaptaste Lee el resto de esta entrada

5 años de Marco

Estándar

DSC_1681

Cinco años y cada vez más tú, tanto que siento pudor al escribir sobre ti, pudor de abrir esa ventanita, pudor de contarte. Ya he hablado muchas veces de lo emocionante que es vivir a tu lado, asombrarme con tus ocurrencias, madurar contigo… pero ¿cómo no hacerlo? si eres, sois mi pensamiento puro.

Comparto mi lecho con vosotros, puedo oler tus rizos, calmar tu respiración cuando se agita, escuchar tus sueños, porque ¿sabes? hablas mucho cuando duermes, hilvanas tus historias y desmadejas tus miedos y me siento como una privilegiada espectadora. Ésa es la verdadera cuestión, cada vez más espectadora, cada vez menos actriz, y es que a cada paso tú eres más tú. Las horas se suceden sin que nos veamos, decenas de personas plantean un reto para ti y con tus jóvenes emociones resuelves, o no, y guardas tus experiencias, a veces me las cuentas y otras no. Trato de adivinar, trato de soltar.

Lee el resto de esta entrada

2 años de Maia

Estándar

Me he quedado sin bebés, definitivamente, eso es lo que ha estado pasando durante todo este tiempo. Así que voy a saborear poco a poco este último año junto a ti, pequeña Maia.

Ya pisabas fuerte y rápido cuando despuntaba Febrero y esa fue tu tendencia, no caminas, correteas, das saltitos que emocionan a tus rizos, y así, felices, te imprimen ese halo de alegría que tanto te caracteriza.

Y es que tienes dos estados, el de máxima concentración y el de felicidad sosegada de manera casi permanente. Tus carcajadas no son las más contagiosas, ni las más efusivas pero tu sonrisa sí es inmensa, luminosa y constante. Irradias energía y vitalidad y haces muy difícil el enfado o la pena cerca de ti.

¿Cuándo te concentras? Siempre que experimentas, compruebas y realizas. El mundo es un gran laboratorio y la hora de la comida el gran momento de las texturas, las sensaciones, quizás hasta de la química y en escasa medida el momento de los sabores. Comer no ha sido tu mayor preocupación, aunque piano piano has ido ganando terreno. Adoras las sopas, los yogures bífidus desnatados, el jamón serrano y la mantequilla hasta en cucharadas. Y siempre, siempre, siempre comes sola, no consientes ni una cucharada que no venga de tu mano, ya tienes mucha destreza pero no siempre la tuviste, sin embargo no ha sido un gran problema, paño en mano y mucho practicar, pasó volando y ya tenemos mucho bagaje. Aún así agradecimos mucho el verano porque podías jugar con arena y agua libremente, podías amasar contenta, mancharte, mojarte, tus intereses se vieron colmados.

De modo prematuro adquiriste grandes habilidades físicas y esto supuso una gran locura, a todos sitios llegas, todo lo coges, imitas, investigas y curioseas, pero explicarte “esto no, esto si, porque…” era una tarea titánica, no comprendías, ponías tu sonrisa o tu carita de asombro y vuelta a empezar, una vez, otra vez y todas las veces.

Independiente y resuelta, sociable y generosa esa eres Maia, y no dejo de maravillarme. Siempre compartes ¿y con esta edad? Si te doy una galleta han de ser dos, una para ti y otra para Marco; si alguien quiere un juguete que tienes tú, tan solo debe pedírtelo con cariño y gustosa se lo cederás, pero siempre con cariño, las órdenes con gritos nunca acaban bien. Que sepas estas cosas tan pequeñita hacen que me derrita de amor, ¿podremos mantenerlo ahora que empiezan los dos años?

El binomio Marco-Maia /Maia-Marco camina despacito pero con fluidez, ¿sabes? No dejas de imitarlo, de admirarlo, de preguntar por él cuando no está, el mejor momento del día es cuando vamos a recogerle juntas, es entonces cuando no te importa sentarte en el carrito, porque tenemos prisa y el tiempo apremia. Has crecido rápido y ya podéis interactuar mucho más, vuestros intereses empiezan a confluir y Marco deja de verte como un obstáculo, ya no tiras sus torres y sabes jugar al escondite y eso es un gran plus. Os dais muchos besitos y muchos abracitos, cortos pero constantes a lo largo del día. Aunque aún quedan algunos momentos de más tensión, siempre los habrá, hemos rebajado mucho el vapor oscuro que a veces nos nublaba, en ocasiones a unos, en ocasiones a otros, a veces a todos. Se respira esa paz y es reconfortante.

Cuando me preocupa lo rápido que estás creciendo, la prisa que tienes, lo poco de bebé que hay en ti, me tranquiliza pensar en nuestra lactancia, esa lactancia acrobática en la que ya negociamos pero que nos regala nuestras noches de chicas, ésas que nos pertenecen, ésas que nos unen con el color de la leche, con el rubor de lo diferente, de lo necesario, porque es nuestro remanso, nuestra canción, nuestro espacio exclusivo. Aunque a veces me queje o me canse, puedo ver que es un privilegio para nosotras vincularnos de este modo. Quedan muchas noches en las que gozar de nuestro amor bañadas de luna. Te abres al exterior, caminas hacia tu independencia y después te repliegas con mamá, te cobijas y alimentas, nutres tu espíritu de seguridad para después nadar en mar abierto, tú que eres una sirena.

Y qué decir de la luna de miel que vives con papá, más arriba hablaba de nuestras noches romanceras porque los días, a la luz del sol, él es tu lucero, a él acudes cuando te caes, cuando te pones triste, cuando te asustas. Vuestra relación es fuerte, intensa, sincera, de muchas horas al día, porque cuando yo trabajo vosotros estáis juntos, los dos, sin nadie más, y el resto del tiempo ya somos tres o cuatro. Papá es tu héroe, tu caballero y tú su estrella, ahora que no nos lee nadie, yo he visto como te mira y el brillo de sus ojos es cegador.

Felicidades Maia, feliz cumpleaños, gracias por ser y estar, nos endulzas la vida a todos con tu luz, tan sólo esperamos estar a la altura.

4 años de Marco

Estándar

Desde hace cuatro años palabras como rutina, inercia o apatía desaparecieron de mis posibilidades vitales, la intensidad nos colma, una nueva vida llegó a nosotros y no dejamos de danzar desde entonces, creo que nunca he estado tan viva, tan emocional, el amor se ha tintado de colores desconocidos para mí y en este ir y venir, de manera sorprendente, alcanzo también unas cotas de paz y sosiego, de calma, de madurez que me turban.

Me había propuesto no hablar de mí en esta entrada, pero me resulta imposible, aún somos indisolubles, yo navego con mi nueva cría, me busco y encuentro, a mí a Silvia, a solas, pero ya siempre seré Lamamácorchea por encima de todas las cosas, una nueva identidad, mutable a cada paso e inquebrantable en cada respiración. Marco vino a darle la vuelta a mi piel, a mi pellejo, dejóme en carne viva, para encallecerme poco a poco. Soy la misma pero tan diferente.

“Este cuarto regalo, este nuevo año a tu lado nos ha traído grandes y nuevas experiencias, el destete fue una de ellas, nuestro modo de relacionarnos se fue transformando poco a poco hasta mutar por completo, pero no hay dolor en el balance, no siento pérdida, ni tan siquiera melancolía porque cada día me regalas tus palabras, tus caricias y tus miradas y soy muy afortunada porque ésa una de tus características, eres cariñoso hasta “el filillo del cielo”, hasta decir basta,  y no me canso de recibir todo el azúcar que me dedicas.

Otro gran hito con el que has lidiado este año ha sido la escolarización, duro, muy duro por momentos pero a pesar de ello has sabido desplegar tu capacidad de supervivencia y te has afianzado como un niño muy sociable, seleccionas pero no excluyes. Te acercas a niños y niñas, grandes y chicos, ofreces tu compañía, compartes tu curiosidad por dónde vas. Aún te cuesta digerir la contrariedad y la frustración. La sociedad también te ofrece ésto, el conflicto, el juicio externo, la burla, pero no te apures, creceremos juntos.

Este año también nos ha traído la explosión de tu imaginación, el gusto por los cuentos y las historias. Tu juego favorito es puro teatro, repartes roles y vivimos mil y una aventuras, o tal vez la misma mil y una veces. Ya no te aferras a los objetos, lo haces a las ideas y tu curiosidad lo inunda todo, desgranas con tus “por qués” aquello que te preocupa y consigues la llave que te procura el sueño. Ni el señor don gato, sentadito en el tejado, puede escapar a tus preguntas, y es que ¿siete vidas tiene un gato? ¿cómo ha de ser un tejado para resbalar? ¿de qué material está hecho? ¿por qué el gato espera en el tejado y no en cualquier otro sitio? Dar las cosas por sentadas, ése no es tu estilo. Al hilo de tus preguntas, al hilo de la muerte, viene tu fascinación por lo temible, y es que la curiosidad mató al gato o como poco algún que otro susto se llevó.

Adoro tus construcciones, o acumulación de muebles en lugares insólitos, adoro tu pinza “aún en pañales”, no adoro tu desinterés por el dibujo, pero lo haré, lo prometo. Ésto seguro que ya te lo he dicho, pero adoro tus rizos, también tu risa, tus pies, tus ojos, tus profundos y sensibles ojos. Reconozco que aún me bloqueo cuando te contrarías y estallas, pero ése es mi trabajo, reconocer que es un estado transitorio y que yo no soy el epicentro del tornado.

Ay Marco… qué fácil es cuando estás feliz, qué hermosa es tu alegría y cuánta es tu empatía para reconocer las emociones ajenas.

Gracias amor, gracias por aquella primera mirada que cuatro años hace ahora y por todas las que vinieron después. Gracias.” 

Un año de Maia

Estándar

Maia Potato

Qué fácil Maia, qué fácil es quererte.

Nos has regalado un año de presencia, de piel, de paz destilada y de sonrisa.

Llegaste como una sirena, nadando y emocionando a tu madre. Mojadas estábamos la primera vez que nos miramos, nos fundimos y nos abrazamos. Formamos una burbuja de éxtasis, de leche y de calor, el calor del amor, el amor de la sangre, la sangre de la vida.

La tranquilidad de la experiencia nos ha llenado de seguridad. Las convicciones nos dan respuesta, no hay duda, no hay angustia. Tuve el temor de que cogieras el “rol” que quedaba libre, ese de bebé tranquilo que no demanda porque ya hay suficiente demanda en tu hermano, pero no fue así, reclamaste tu espacio, brazos, contacto, piel, mucha piel y complacidos supimos dártela sin titubeos. Nunca tuviste una cuna que te separase de nosotros, cuando llorabas sabíamos que no había nada malo en ti, que buscabas lo que te correspondía, había necesidad primal y no manipulación.

Desde el principio creasteis una relación muy especial, Maia y papá, papá y Maia, en no pocas ocasiones él supo calmarte mejor que yo, sosegarte y dormirte. Quizás notabas mi dispersión o simplemente querías cambiar y completar el círculo. Cuando me incorporé al trabajo, ya tenías ocho meses y volviste a hacerlo fácil, nunca fue un problema, compartes tiempo a solas con papá, sin despedidas dramáticas y con sonrisa de bienvenida.

Tu sonrisa, si, tu sonrisa, siempre la has tenido, desde que contabas pocas horas sonreías y mucho, cuando soñabas, cuando mirabas, dulce y feliz, eres nuestro bebé feliz. Tardaste en dar carcajadas sonoras pero la luz de la placidez siempre te ha acompañado. A veces se desatan tormentas a tu alrededor pero tú no pierdes el aura de alegría que te envuelve.

Sin embargo Maia, te me escapas de los sentidos, quieres volar; tu curiosidad y tu prisa me arrebataron a mi pequeña bebé mas pronto que tarde, con cuatro meses te sentabas sin ayuda, con seis te levantabas y agarrabas a los muebles para con ocho empezar a caminar sola.  ¡No corras Maia, espera conmigo! Pero no es conmigo con quien quieres estar, persigues a Marco, le imitas, le acompañas, se iluminan tus ojos cuando le miras y escuchas. Apenas aparece por la puerta y ya gritas con algarabía, te zafas de mis brazos y sales corriendo a su encuentro. Juntos aprendéis el oficio de ser hermanos, habéis compartido pecho por once meses y el mismo lecho os alberga junto a mamá, aunque hay desencuentros, prima la armonía, de todos modos ¿qué malo puede haber en una disonancia? Nuestro lenguaje es complejo pero también rico. Vamos creciendo contigo sirena, porque cada día cambias las reglas del juego, creces rápido y te relacionas más y más y nosotros hemos de ensayar esta comunión nueva.

Me derriten tus dedos, tus pies, tus manos. Suave y blanda. Blanca y luminosa. Feliz y radiante. Qué fácil es quererte, todo un privilegio, ¡no corras Maia!

3 años de Marco

Estándar

Marco (3 años)Y aquí estamos una vez más. Octubre se deshoja, la noche se prolonga y el ocre se extiende.

Tres años ha que preñaste nuestra existencia de verdadera vida, convirtiendo cada acto cotidiano en algo único, en algo intenso. Tres años ha que tus ojos lo inundan todo.

Este último año te has ido transformando con esmero, dejaste que tus cuatro pelillos rubios se precipitaran en una brillante y rizada melena, esencia de tu aspecto, esencia de tu llama. Libre, enredada y luminosa tu alma y tu cabellera danzan por su espacio en el mundo.

Así, bailando y girando derrochabas tu energía, imprevisible, ligero. Cruzabas los parques, corrías las calles y al reír parecías engullir el aire para convertirlo en mil cristales de colores que te rodeaban con tu torbellino. Molinillo de café, ese era nuestro Marco de dos años.

Sin embargo, un elixir de plenitud te fue acallando. Empezaste a comprender los matices del lenguaje, empezaste a usarlo. Las palabras representaban realidades más complejas y necesitabas sentarte en el camino y respirar hondo para zambullirte en el lago de lo abstracto,  en el “digo una cosa, pero mi cuerpo indica otra”, el doble sentido, la percepción del entorno se complejiza, te sientes, te determinas, te configuras a ti mismo, se modifican los roles, nace en tu interior el deseo de independencia pero asomarse a la ventana asusta, ¿acaso puedes volar ya? Y es que, en otras palabras, ya piensas antes de actuar.

Me sorprendo cada día con tu sistema mental, con la elaboración de lo que bulle en ti,  relacionas fantasía, realidad y deseo y brotan maravillosas teorías que explican lo que ves.

Adoro tu lenguaje, las palabras que inventas, cuando no sabes que decir: “bocasica” y te vas por la tangente, tan fresco y tan resolutivo. Adoro tu lenguaje cuando hablamos de tu día, de la teta, del parque, de los niños, de los cuentos, de las historias que anidan en tus rizos. Adoro cuando preguntas a todo el mundo ¿y tú cómo te llamas? porque valoras a cada persona sin prejuicios y todos te parecen interesantes, adoro los bocetos de tus primeras preguntas que ya aparecen, adoro tu timbre, tu tono, tu voz y sobre todo, adoro tu risa.

Los temibles dos años, los terribles dos años. ¿Lo han sido? Sin duda complicados. Mi bebé nunca fue complaciente pero con mamá, contacto, presencia, todo fluía, ese remanso, ese limbo nuestro. Pero construir unas alas, separarnos progresivamente ha ido suponiendo grandes cambios. Puede que esté enfadado o frustrado y ya no es suficiente con un paseo piel con piel en nuestra desgastada mochila. Sus anhelos crecen con él y cambian su color. Si he de ser sincera, los terribles dos años no son un defecto o trámite de la edad, son un defecto o trámite que debe vivir el adulto. Con los años nos separamos de nuestra esencia mágica y cuando discutimos o debatimos con personas de nuestra edad son otras las estrategias. ¿Y ahora qué? ¿Cómo que no quieres? ¿Cómo que esa ropa no? ¿Cómo que no quieres dormir? ¡Cuánto aprendemos tu padre y yo cada día! ¡Cuántas veces nos pones ante el espejo! Ése en el que se proyecta un “yo” que no nos gusta y que no sabemos gestionar, o sí, pero que duele ver. Estoy convencida de que esta es una oportunidad única para ser mejor persona y sanar heridas olvidadas. Gracias por eso mi vida.

No ha sido un año fácil con la llegada de tu hermanita en pleno proceso de autoafirmación, por eso construimos unas alas más sólidas, quizás tardemos más, pero a cambio contamos los unos con los otros y somos cuatro, más opciones y más amor de distintos colores.

Este ha sido el año de Humpty Dumpty, Pedro y el Lobo, caracoles, tortugas y agua que se desliza. Tu imaginario crece y crece y nos dejamos llevar por él, brota la fantasía y brotan las historias que pueden surgir de una sencilla melodía.

Afortunados pasajeros que viajan contigo, agradecidos testigos de una vida que despierta.

Esta música sonaba en la sala de partos cuando pujábamos por el encuentro, no podía ser de otra manera.

Erik SATIE. Gnossienne Nº 5. Patrick Cohen (Piano).